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lunes, 12 de septiembre de 2016

La santa "letradillo"

Algunos santos parecen destinados a estar siempre a la sombra de otros, a ser permanentemente comparados o catalogados junto a otros santos. Casos como Beato Manés, hermano de Santo Domingo, el Beato Pacífico, discípulo de San Francisco, como si por si solos no tuvieran una excepcional santidad y virtudes abundantes como para brillar por sí mismos. Es el caso de nuestra beata, a la que siempre acompañará el sobrenombre de “letradillo de Santa Teresa”: 

Beata María de Jesús López Rivas, virgen carmelita. 12 de septiembre.

Nació María López en Tartanedo, pueblo de Guadalajara, el 18 de agosto de 1560 y, según la costumbre, fue bautizada muy pronto, el 25 del mismo mes. Su familia no era noble ni muy rica, su padre era un hidalgo con algunos bienes. Cuando tenía 5 años, quedó huérfana y sus tíos maternos la llevaron consigo a Molina de Aragón, en cuya casa la educaron como a una hija. Esta casa aún puede visitarse y venerar la capilla donde la niña María comenzó a inclinarse por la oración y la penitencia. Fue niña alegre, devota, obediente y muy caritativa.

En 1575 manifestó su vocación religiosa al jesuita Antonio de Castro, entusiasta de la obra fundacional de Santa Teresa de Jesús (15 de octubre y 26 de agosto, la Trasverberación) y al carmelo descalzo la orientó. Santa Teresa la envió a Toledo a fines de julio de 1577. Una supuesta carta de la Santa la encomienda con estas palabras: "Hijas ya se la envío con cinco mil ducados de dote, pero hágoles saber que ella es tal, que cincuentamil diera yo de muy buena gana por recibirla. Mírenla no como a las demás, porque espero en Dios que ha de ser un prodigio". Y el 12 de agosto del mismo año tomó el hábito. Al año siguiente, finales de febrero de 1578, la Santa Madre le escribe, confirmándole que haga caso a lo que, al parecer, sería una inspiración divina de María de Jesús: "Ya sé lo que pasa allá, y que Cristo Señor nuestro y su Madre Santísima le han mandado que dote dos fiestas, una del Santísimo Sacramento y otra de la Natividad de nuestra Señora. Dótelas, que es gusto de Dios, y yo tengo particular gusto en ello". La expresión "ya sé lo que pasa allá", parece aludir a la reticencia de la priora en dar la profesión a María de Jesús a causa de su mala salud. Otra supuesta carta de Teresa, fechada hacia 1578, dice tajantemente "miren hijas mías lo que hacen, pues si no dan la profesión a María de Jesús, yo me la traeré a Ávila, segura de que será más dichoso que todos el convento que la tenga; porque aun cuando sea para estar en una cama toda la vida, la quiero tener en mi casa". Finalmente las admitieron a la profesión y a finales de agosto de 1578 la Santa, escribe a la priora de Toledo, Ana de los Ángeles, invocando para María de Jesús la bendición de Jacob: "Esta es la licencia para que profese la hermana María de Jesús. Doila con mucho gusto. Alcáncele la bendición de rore coeli et de pinguedine terrae" (Génesis 27, 28). La profesión tuvo lugar el 8 de septiembre de 1578.

Esta salud endeble de María de Jesús nunca la arredró. Siempre dispuesta, siempre caritativa y siempre obediente en los oficios que le encomendasen, y tuvo muchos, pues fue enfermera, sacristana, portera, etc. No faltaba al coro salvo que la obediencia le mandara descansar. No le faltaron, según declaraciones del proceso de canonización, dones y gracias místicas. Tenía frecuentes arrobamientos ante el Sacramento, obtuvo de Dios algunos consuelos místicos e incluso se cuenta que el Niño Jesús de una imagen de San José se desprendió para abrazarla. 

Santa Teresa la amó mucho, y se confiaba de su buen juicio y dotes. De ahí el sobrenombre de "letradillo", que alude cariñosamente a su sabiduría e intuición. Fue la primera persona en leer el Libro de las Moradas, que la santa escribió precisamente en Toledo cuando María era aún novicia. Y no solo la santa la apreció, sino además, Nuestro Padre San Juan de la Cruz, quien estuvo escondido en Toledo luego de su fuga, o el P. Gracián, quien en su 'Peregrinación de Anastasio' escribe: "Una religiosa a quien la Madre cuando vivía amó con particularísimo amor, porque demás de haber sido santa desde niña y tener virtudes aventajadas y heroicas, pidiendo a Nuestro Señor le diese en esta vida algo que sentir de su pasión visiblemente, Su Majestad se le apareció y le puso una corona de espinas sobre la cabeza, de donde le resultó un tan extraordinario dolor de ella, que nunca se le quita, y es misterio cómo puede vivir con él y no faltar a las cosas de la Orden, y después de muerta la santa madre Teresa, prosiguiendo su deseo de padecer por Cristo en memoria de su pasión, le ha dado tan grandes dolores en pies y manos y costado que es admiración, a esta sierva de Dios la han acaecido muchas cosas dignas de considerar. Bien conozco yo esta religiosa, que es natural de Molina y se llama María de Jesús, y ha sido priora de Toledo, y podría decir tantas cosas de ella que te admirases". (Diálogo XVI)


Luego de la muerte de la Santa, en 1583 fue elegida maestra de novicias, cargo que también tendrá en la fundación del monasterio de Cuerva, en 1585. En 1587 y en 1607 fue elegida supriora, y de 1591 a 1595, en 1598 y de 1624 a 1627 fue priora de la comunidad. En esta época, ya fallecida la Madre Teresa, las monjas tienen que padecer al General Fray Nicolás Doria y sufren a causa su fidelidad a la obra de la santa, impidiendo las adiciones y cambios que este quiere introducir, como negar que las monjas elijan confesor libremente. Las hijas más fieles de la santa, como María de San José o la Beata Ana de San Bartolomé (7 de junio), padecen destierro, en el caso de la última, la envían a fundar a Francia para salir de ella. María de Jesús, como otras, es calumniada, acusada de rebelde y es depuesta como priora. Sufrió los desaires del provincial y algunas monjas con entereza cristiana, sin desobedecer ni atacar, pero siempre defendiendo la autenticidad carmelita-teresiana de la descalcez. Veinte años duró la persecución hasta que fue reelegida priora.

Tuvo una larga vida para su época y más aún estando casi siempre enferma. El 13 de septiembre de 1640 entró a la vida eterna, luego de gozar la beatificación de la santa Madre en 1614 y su canonización en 1622. Los procesos abundan en datos sobre la comunicación por medio de apariciones que mantuvo con la Santa Madre luego de la muerte de esta. María de Jesús, tenida como santa, fue sepultada en el interior del monasterio de Toledo, y no en el cementerio. Al mes de su muerte se comenzaron a recoger testimonios en vistas a su segura canonización algún día. En 1642 se exhumó el cuerpo, que se halló incorrupto, se volvió a sepultar pues las leyes canónicas prohibían la veneración pública de alguien no beatificado. Todo debía ir rápido, pero sin embargo, el proceso no se inició hasta el 15 de enero de 1914, cuando de nuevo fue exhumado el cuerpo y se comprobó que la incorrupción permanecía, además, se reflejó en la crónica redactada, que expelía un suave olor muy agradable. En 1920 se introdujo formalmente la causa y en 1929, con un nuevo impulso de la misma, por tercera vez se exhumó y pudo comprobarse la integridad del cuerpo. Fue beatificada ¡al fin!, el 14 de noviembre de 1976 por Pablo VI.


Fuentes:
-"Santa Teresa, San Juan de la Cruz y los carmelitas españoles". Pablo María Garrido. Universidad Pontificia de Salamanca, 1982.
-"Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000. ‎
-"Santa Teresa. Cartas". Editorial Monte Carmelo. Burgos, 1979. 
-"Obras del P. Jerónimo Gracián de la Madre de Dios". Editorial Monte Carmelo. Burgos, 1933.

A 12 de septiembre además se celebra a
El Dulce Nombre de María.
Beato Mirón, canónigo regular.

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