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sábado, 22 de septiembre de 2018

Algo sobre "...una imagen muy perfecta".

El Señor de la Salud de Tabasco. 22 de septiembre.

La imagen de un hermoso Cristo de tez blanca que actualmente es venerado bajo el título de "Señor de la Salud" en el templo de Santa Teresa la Nueva, en la ciudad de México, es una imagen que originalmente perteneció y tuvo gran devoción en la catedral del Señor de Esquipulas en la ciudad de San Juan Bautista (actual Villahermosa), Tabasco, en el sureste mexicano.

En 1767 el obispo de Yucatán don Diego de Peredo y Navarrete realiza a la ciudad de San Juan Bautista de Tabasco una visita. Traía consigo una réplica del Santo Cristo de Esquipulas venerado en Guatemala, la cual obsequió al padre Francisco Barrera, quien con algunas familias funda una capilla para dicha imagen. Posteriormente se convertirá en el barrio de Esquipulas y dará nombre a la loma donde, el 15 de enero de 1776, se inaugura definitivamente el templo del Señor de Esquipulas.

Es en este templo del Señor de Esquipulas donde se albergara primeramente la imagen del Señor de la Salud sin embargo se desconoce con certeza cuál es el origen de la imagen del Cristo de la Salud o que fue lo que llevó a darle este título. Incluso las referencias más antiguas que hablan sobre el Señor de la Salud del templo de Esquipulas de la ciudad de san Juan Bautista son del siglo XIX; es así que en 1831 un viajero anónimo dejo un relato acerca de su paso por la ciudad de san Juan Bautista y su visita al templo de Esquipulas: "En el altar mayor está un crucificado, a quien se celebra bajo la advocación del Señor de Esquipulas… Pregunté a uno de los sacristanes porqué es de este color (negro) aquella imagen, y me respondió que porque así es el primitivo Señor de Esquipulas que se celebra en Centro América… En el costado izquierdo del templo vi otro crucificado que llaman Señor de la Salud; me pareció una imagen muy perfecta, y en esta no había la anomalía del color que nutren la otra. En un altar vi a san Juan Bautista, patrón de esta ciudad, y no era inferior en escultura a los dos crucificados".

Las fiestas que se celebraban a lo largo del año en el templo del Señor de Esquipulas era la primera el 15 de enero, celebrando al patrón de Esquipulas, la segunda era el segundo domingo de febrero cuando se festejaba al Señor de la Salud. El 19 de marzo se celebraba a San José de la Montaña de quien las referencias históricas mencionan era una de las imágenes más veneradas y más llenas de milagros en el templo, contando con su propia Cofradía. El 25 de marzo se celebraba a Santa María de la Victoria, imagen que Cortés dejó en Centla a los indios a manera de acción de gracias a la Virgen, pues creía que gracias a su intercesión fue ganada la batalla de Centla el 25 de marzo de 1519. El 24 de junio se celebraba a San Juan Bautista, patrón de la ciudad, y el 22 de septiembre, Octava de la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre) se conmemoraba una segunda fiesta en honor a la imagen del Señor de la Salud.

Debido a los diversos avatares de la historia que sufrió la ciudad de San Juan Bautista, actual Villahermosa, mucha documentación se perdió, así como el recuerdo del origen hasta ahora desconocido de la imagen del Señor de la Salud.

Es hacia 1923 cuando Tomás Garrido Canabal llega a la gubernatura del estado de Tabasco, poniendo su régimen anticlerical al máximo esplendor. En 1924 para apoyo a su campaña "desfanatizadora" crea el grupo de jóvenes "los camisas rojas" quienes se encargaban de revisar de casa en casa para decomisar las imágenes religiosas que encontraran y quemarlas en la plaza pública, y lo mismo hacían en los templos. En 1925 después de haber logrado que el obispo de Tabasco Pascual Díaz Barreto huyera de la entidad, Tomás Garrido tiene la idea de crear en Tabasco una iglesia católica mexicana a semejanza de la que en la ciudad de México a instancia del gobierno y del patriarca Joaquín Pérez Budar se había implementado en el templo de la Soledad. Para esto Garrido le ofrece el cargo de "obispo rojo" al párroco de la catedral del Señor de Esquipulas, el sacerdote Manuel González Punaro, quien rechazó la oferta y decidió huir del estado como otrora lo hiciera el Obispo de Tabasco. Es precisamente el padre González Punaro quien se encarga de llevarse consigo la imagen del Señor de la Salud que era venerada en la catedral de Esquipulas. Ignoramos como lo habrá podido transportar a escondidas para que los garridistas no se lo quitaran y lo quemaran, posiblemente el padre le haya hecho cortar los brazos para poder transportarle más fácilmente, sin embargo esta es solo una hipótesis.

El padre Manuel Gónzalez Punaro viaja a la ciudad de México y durante este tiempo la imagen del Santo Cristo estuvo bajo su resguardo, quien al ser nombrado en 1930 capellán del templo de santa Teresa la Nueva en la ciudad de México lleva consigo la imagen del Señor de la Salud y le pone a veneración, logrando rápidamente la devoción de los fieles. Existe en el mismo templo un libro de favores del Señor de la Salud firmado por el padre Punaro que inicia con los milagros hechos por el Señor de la Salud en 1930. 

Uno de estos milagros que se narra, quizás uno de los más sorprendentes, es de un joven que llega a dar gracias al Cristo de la Salud ya que cuando su madre estaba embarazada de él los médicos la desahuciaron y decían era inminente que fallecieran tanto la madre como el hijo o alguno de los dos. La suegra de la mujer se acordó en ese momento de invocar al Señor de la Salud del templo de santa Teresa y al poco tiempo su nuera pudo dar a luz sin más complicaciones. De ese modo el hijo que había nacido por ese milagro daba gracias al Señor de la Salud, haciéndolo patente el relato de su puño y letra. Así como este se narran diversos favores y milagros obrados al invocar al Señor de la Salud de Santa Teresa la Nueva.


Rostro del Santo Cristo.
En el protomonasterio de Santa Clara de Asís de la ciudad de México se conserva un cuadro de gran formato con una fotografía a blanco y negro del Señor de la Salud, que fue obsequiado por un médico benefactor del convento, según las religiosas dicen, y que era muy devoto del Señor de la Salud y había hecho promesa de regalar un cuadro suyo al monasterio. En esta fotografía de los años 40 se logra apreciar al Cristo de cuerpo entero y se puede ver el cendal y el sudario que la imagen lleva, llenos de milagros y ex votos metálicos en acción de gracias por los favores concedidos, lo que nos habla de que su devoción creció rápidamente. De la misma manera al pie de la imagen se puede leer claramente el nombre "Señor de la Salud de Tabasco venerado en el templo de santa Teresa la Nueva" con lo cual no queda más duda de que la imagen que hasta la actualidad se venera en el templo de santa Teresa es aquella de la cual hablan las crónicas decimonónicas era venerada en la catedral del Señor de Esquipulas de la actual ciudad de Villahermosa, Tabasco.

El título de "Señor de la Salud" en Tabasco es muy recurrido en varias imágenes de Cristo, de esta forma existen varias imágenes llamadas de esta forma y que son veneradas hasta la actualidad, las de mayor trascendencia con este título que aún se conservan corresponden al Señor de la Salud de Jonuta, Tabasco y al Señor de la Salud de Mecatepec, Huimanguillo, Tabasco.

Cabe destacar que sobre esta imagen del Señor de la Salud de Santa Teresa la Nueva, en Tabasco no se tenía idea de su paradero, incluso se creía haber sido destruida por Garrido cuando las imágenes del interior de la catedral fueron quemadas y destrozadas, por lo que saber que aún existe y conserva es un gran descubrimiento y alegría para los fieles de Tabasco que ya habían olvidado en el recuerdo al milagroso Señor de la Salud de la catedral de Esquipulas.

Lic. André Efrén Ordóñez Capetillo.


A 22 de septiembre además se celebra a: 

San Florencio de
Angers, eremita
.
San Emmeran,
obispo mártir
San Mauricio
y la Legión Tebana
.





miércoles, 17 de septiembre de 2014

El Santo Cristo de San Román.


El Santo Cristo de San Román
En el siglo XVI, después de la fundación de la villa de San Francisco de Campeche por Francisco de Montejo “El Mozo”, por orden de este personaje los indios fueron ubicados al occidente de la villa, donde formaron su propio barrio. Algunos años después que estaba organizado el barrio sucedió que fue asolado por una terrible plaga de langostas y acordaron entre todos echar a suerte a que santo deberían encomendarse para que terminara aquella plaga, y esta suerte le tocó a San Román mártir al que construyeron un templo y comenzaron a celebrarle su festividad, el 9 de agosto.

Posteriormente ya formadas algunas cofradías en el templo de San Román se decidió mandar a hacer un Cristo que estuviera en el altar mayor junto al mártir, el cual se mandó a hacer a Civitavecchia, Italia, en madera de ébano y se le confió al comerciante español de nombre Juan Cano de Coca Gaitán  que se encargara del traslado de la imagen al puerto de Campeche. Don Juan Cano recibió la imagen del Cristo en Alvarado, Veracruz. Posteriormente don Juan regresó al puerto de Veracruz para conseguir una embarcación que lo llevará con su preciado cargamento hasta su destino, pero su desconsuelo fue grande al ver que la mayoría de las embarcaciones en aquel puerto zarpaban con destino a España o a las Antillas, de todos modos don Juan continuó buscando alguna embarcación y al fin encontró dos que zarparían con rumbo de Campeche en la tarde del 13 de septiembre.

La primera embarcación estaba al mando de un capitán de origen inglés y de religión protestante, y al enterarse que don Juan llevaba consigo una imagen de Cristo se negó rotundamente a trasladarlo a pesar de tener suficiente espacio en el barco. Debido a eso don Juan Cano acudió a la otra embarcación que estaba a cargo de un capitán de origen catalán, que al enterarse que transportaría una imagen de Cristo aceptó, pero con ciertas reservas. Le dijo a don Juan Cano: “me ponéis en un aprieto, porque en mi vieja barca ya no cabe ni un alfiler. Más no se dirá que un catalán falta a su palabra; y por cuanto no se trata únicamente de llevaros a vos, sino también a Nuestro Señor Jesucristo, no seré yo quien niegue albergue al Hijo de Dios”, y ordenando el capitán bajar parte de su cargamento, personalmente designó un lugar para resguardar la imagen del Santo Cristo.

Cuatro horas después de haber zarpado del puerto de Veracruz se desató una terrible tormenta en altamar. Debido a que esta se tornaba cada vez más fuerte se volvía imposible mantener el timón del barco, al grado que en un momento el piloto soltó el timón y la nave comenzó a precipitarse. Como pudo se dio aviso al capitán de lo sucedido y este ordenó a tres subalternos ayudarle con la situación, pero a pesar de sus esfuerzos no lograban controlar el barco y estaban a punto de terminar en una tragedia. Se dice que de repente apareció un sujeto desconocido de tez morena que sin vacilar tomo el timón del barco y le hizo regresar a su camino sin problemas, y un viento soplo a popa hinchando las velas lo que hizo avanzar rápidamente al navío.


Procesión del Santo Cristo de San Román

Después de tan terrible situación los tripulantes del barco se quedaron dormidos, al despertar grata fue su sorpresa al ver que se encontraban ya en las cercanías del puerto de Campeche, por lo que el capitán dio órdenes de que avisaran al joven que la noche anterior había tomado el timón que los había salvado, pero nadie pudo encontrar al hombre de tez morena que la noche anterior había salvado al barco, la cabina donde había estado se encontraba vacía. Desembarcaron un 14 de septiembre en Campeche, donde ya eran esperados para darles la bienvenida, el capitán sorprendido preguntó que como sabían de su llegada y estos le respondieron que alguien en la noche había alertado a las autoridades de que un barco se aproximaba en busca de refugio, pues habían distinguido sus luces, cosa que al capitán sorprendió debido a que la tempestad había destruido las lámparas del barco. Al darse cuenta el capitán que era 14 de septiembre de 1565, sólo un día después de que habían zarpado lo concibió como un milagro.

Posteriormente el capitán narró a los habitantes todo lo que habían vivido en altamar y de repente pidió que se desembarcara la imagen del Cristo que traían consigo y grande fue el estupor de todos al percatarse que a pesar de estar la bodega totalmente seca así como la envoltura que cubría la imagen, el Santo Cristo chorreaba agua como si hubiera estado expuesto a la terrible tormenta. La misma leyenda dice que por otro lado el barco inglés que se negó a llevar al Cristo jamás logró llegar a tierra firme. Se cuenta que el capitán don Juan Cano poco antes de fallecer por une terrible enfermedad se encomendó al Santo Cristo de San Román y milagrosamente resucitó después de siete horas pronunciando las palabras: “¡Oh, Santo Cristo de San Román!”. Del mismo modo muchos contaban como después de haberse encomendado al Santo Cristo del barrio de San Román habían podido librarse de ser capturados por los piratas.

Se dice también de un hombre llamado Pedro Machuca que estando su mujer gravemente enferma visito el templo del barrio de San Román e imploró por la vida de su esposa ofreciendo la suya a cambio de su salud, al volver a su casa don Pedro sufrió un grave accidente en el que pereció y al poco tiempo su mujer se restableció por completo.

Debido a estos milagros el Señor de San Román fue invocado como patrón de los marineros y abogado contra los ataques piratas. A pesar de esto el barrio y el mismo puerto de Campeche no se libraron por mucho de los ataques piratas, puesto que hacia 1685 fue atacado el puerto por los piratas Lorencillo y Agramont, y por el temor de que la imagen del Cristo negro fuera profanada se sacó de Campeche y fue llevado a esconder a los montes de Samulá. Pronto llegaron noticias de que los piratas se acercaban a ese sitio y por el temor de ser aprehendida por los piratas la gente huyó abandonando la imagen del Cristo, por lo que un capitán de apellido Navarro llegó al lugar y disparando a los piratas pudo entretenerlos para que por mientras sus subalternos pudieran poner a salvo la imagen del Señor de San Román. El capitán Navarro fue herido en la pierna y mientras los piratas saqueaban Samulá este se arrastró hasta un puesto donde se encontraban algunos soldados españoles e informándoles la situación le ayudaron y volvieron a buscar la imagen del Cristo y le pusieron en un lugar seguro hasta que terminó el ataque pirata a la región.

En honor al Señor de San Román se celebran dos fiestas la primera en mayo conocida como “Rogativas al Señor de San Román” o “San Romanito” y la segunda y más importante la del 14 de septiembre.


Lic. André Efrén Ordóñez.

martes, 18 de septiembre de 2012

El Santo Cristo de las Ampollas

Stmo. Cristo de las Ampollas
en su retablo.
Durante el siglo XVII, época en la que nacieron muchas devociones en el territorio novohispano, en la península de Yucatán  no fue la excepción. Según nos cuentan las leyendas, en la población de Ichmul, Yucatán un vaquero vio durante varios viernes de cuaresma como un árbol resplandecía, lo que le hizo ir a avisarle al cura del pueblo de tal portento, quien acudió al lugar para observar con sus propios ojos tal prodigio por lo que se decidió cortar el árbol y llevarle a la casa cural. Estando en resguardo en la parroquia no volvieron a suceder los extraños resplandores ni ningún otro suceso extraño, hasta que un día apareció un escultor y el párroco le pidió que esculpiera el madero, a lo que el artista le dijo que haría un Cristo. El escultor se encerró en una habitación y a la mañana siguiente al ir a buscarle el sacerdote, el joven había desaparecido dejando la imagen del Cristo terminada que había sido realizada en una sola noche [1], por lo que el Cristo fue puesto en el altar inmediatamente y la noticia de aquel prodigio se hizo tan famosa que muchos llegaban a pedirle favores a la imagen. Hay que hacer notar que este milagro de la imagen que se realiza en una sola noche es algo muy común y repetitivo de ver en muchas advocaciones principalmente de Cristo y sobre todo las que son del periodo colonial, por lo cual puede ser que solo sea un agregado a sus leyendas para acrecentar el renombre de la imagen.

Hacia 1651 durante un novenario que se celebrara en el templo un incendio consumió por completo el lugar, lo que dio pie al nombre que lleva por título esta imagen, puesto que se realiza la maravilla de que las llamas respetan la imagen del crucificado, dejando solo como señas unas ampollas por todo el cuerpo del Cristo.

Al saber de este milagro de la preservación del Cristo, el obispo de Yucatán, Luis de Cifuentes y Soto Mayor decidió llevar al milagroso Cristo de Ichmul a la capital, Mérida, a pesar de la negación de los fieles de Ichmul. El obispo logró su cometido y al Cristo se le colocó en la catedral, en el altar de ánimas. El mismo obispo comenzó la realización de una capilla para contener la imagen, que fue terminada por su sucesor Luis Rodríguez de Villamil. Posteriormente un milagro hizo que la fama del Cristo creciera a un más, y fue el salvar a la ciudad de una  terrible peste con lo que se instituyó una procesión en su honor en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.



El Stmo. Cristo, adornado para la procesión.
En 1717 el papa Clemente XI aprobó la Hermandad del Santísimo Cristo de las Ampollas y lágrimas de San Pedro en la catedral de Mérida. Durante el siglo XX en 1915 durante la persecución religiosa en la entidad a manos del gobernador Salvador Alvarado, la imagen del Cristo de las Ampollas fue destruida, por lo que la actual es una réplica que se mandó a hacer a Querétaro por orden del arzobispo Martín Tritschler y Córdova. Las festividades en honor al Cristo de las Ampollas se realizan entre septiembre y octubre con una gran afluencia de devotos y procesiones de cofradías y gremios que le tienen por patrón, los principales días son del 14-17 de septiembre.


Lic. André Efrén Ordóñez Capetillo.

Tienes mucha razón en lo de la repetición del milagro en la hechura de la imagen. Tanto en la rapidez y desaparición del escultor, como en la procedencia de un arbol misterioso. Cuba tiene al menos, que yo conozca, dos casos, el Cristo de la Misericordia y el Cristo del Jacán, ambos en Matanzas, en la Catedral y en San Miguel de los Baños, respectivamente. Y quiero puntualizar que en este caso, la pregunta la realicé yo a nuestro querido André, intrigado por ese sobrenombre "de las ampollas". André nos hace este regalito en forma de artículo, dos veces bienvenido: por el artículo en si y porque me socorre en mi habitual falta de tiempo. Gracias, André.

Ramón

viernes, 14 de septiembre de 2012

La Santa Cruz. Poema

Stmo. Cristo. Seefeld, Alemania. Siglo XVII.
En la cruz están la vida y el consuelo,
y ella sola es el camino para el cielo.


En la cruz está el Señor  de cielo y tierra,
y el gozar de mucha paz, aunque haya guerra.
Todos los males destierra en este suelo,
y ella sola es el camino para el cielo.


De la cruz dice la Esposa a su Querido
que es una palma preciosa donde ha subido,
y su fruto le ha sabido a Dios del cielo,
y ella sola es el camino para el cielo.


Es una oliva preciosa la santa cruz
que con su aceite nos unta y nos da luz.
Alma mía, toma la cruz con gran consuelo,
que ella sola es el camino para el cielo.


Es la cruz el árbol verde y deseado de la Esposa, 
que a su sombra se ha sentado
para gozar de su Amado, el Rey del cielo,
y ella sola es el camino para el cielo.


El alma que a Dios está toda rendida,
y muy de veras del mundo desasida,
la cruz le es árbol de vida y de consuelo,
y un camino deleitoso para el cielo.


Después que se puso en cruz el Salvador,
en la cruz está la gloria y el honor,
y en el padecer dolor vida y consuelo,
y el camino más seguro para el cielo. 


Santa Teresa de Jesús.

miércoles, 2 de mayo de 2012

La Invención de la Santa Cruz.

La Invención de la Santa Cruz. 3 de mayo.

La Invención de la Cruz.
Douarnenez, Francia. Siglo XIX 
Esta festividad conmemoraba el hecho del hallazgo de la verdadera cruz en la que habría sido crucificado el Señor. Es decir, que trata del supuesto hecho histórico, más allá de las implicaciones litúrgicas y teológicas de esta festividad. Ha sido eliminada del Calendario Universal, aunque puede celebrarse allí donde haya arraigada devoción. Para hablar de esta memoria apropiadamente habría que diferenciar dos cosas: la leyenda comúnmente conocida de la Invención, y los datos que nos da la historia. Y entre ambas, además sucesos poco fiables y fechas incorrectas, hay varias contradicciones.

I. El rastro documental.
Sobre la Cruz del Señor, la referencia más antigua que tenemos la hallamos en San Cirilo de Jerusalén (18 de marzo), el cual siendo sacerdote, tenía entre sus deberes instruir a los catecúmenos de la ciudad. En algunas de estas enseñanzas, Cirilo menciona "el madero de la cruz verdadera, que se ve entre nosotros en el día de hoy". Más tarde, en 351, siendo ya patriarca de Jerusalén, escribe al emperador Constancio, afirmando claramente que "el madero de la salvación, fue encontrado en Jerusalén". Sobre la misma época San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal) hace referencia en su homilía 58 al hallazgo de la Cruz, y que fue identificada por el "títulum", pero ni hace referencia a los clavos, ni mucho menos a que fuera hallada por Santa Helena (13 y 18 de agosto).

Rufino, que vivió en Jerusalén entre el 374 y el 397, amplió en el año 400 la "Historia Eclesiástica" de Eusebio. En los capítulos 7 y 8 es donde se menciona por primera vez que dicha Invención o hallazgo habría ocurrido de tal manera: Sobre el Calvario se había construido un templo a Venus, para borrar la veneración a aquel sitio por los cristianos. Así que el sitio era conocido por todos como el del Calvario. Dice que Helena destruyó el templo, cavó entre las ruinas y encontró tres cruces, junto con el "títulum", pero que este estaba aparte de las cruces, y no se podía identificar la del Salvador. Entonces, por consejo del patriarca de Jerusalén, San Macario (10 de marzo), se tocó a un enfermo con las tres cruces, y al ser sanada con el contacto de una, se decidió que era la cruz de Cristo. También se encontraron los clavos, de los que dio dos a su hijo San Constantino (21 de mayo), el cual puso uno en la brida de su caballo, y otro en su corona. También relata que Elena envió una parte de la cruz a su hijo, mientras el resto se conservó en un cofre de plata en Jerusalén.

Esta leyenda sería ampliada en 488 por el presbítero Sócrates, en su ampliación de la "Historia Eclesiástica" (I, capítulo 13). Agrega que Constantino colocó el fragmento de la cruz que le dio su madre en un pilar de pórfido en el foro en Constantinopla (o sea, que NO lo llevó a Roma). Y se añade el detalle de que, durante el viaje por mar de regreso a Roma, se levantó una tempestad, Helena ató un clavo con una cuerda, lo lanzó al mar y este se calmó. Sozomeno, sobre la misma fecha, añade algunos detalles más, como que el lugar del Sepulcro del Señor fue descubierto por medio de un judío, cuyo padre le había dicho dónde estaba, y que la verdadera cruz fue distinguida de las otras dos la curación de una mujer enferma (ya no es un hombre), sino también por la vuelta a la vida de un muerto. La más solemne referencia al hallazgo de la cruz por Santa Helena, la hace San Ambrosio de Milán (4 y 5 de abril, muerte y entierro; 7 de diciembre, consagración episcopal) en el sermón fúnebre por el emperador San Teodosio I (17 de enero), dando el hecho por histórico sin dudar.

Constantino y Helena entregan
la Cruz a San Macario. 
Y desde ahí hasta hoy. Como suele suceder, a una referencia sencilla en origen, se van añadiendo detalles minuciosos, que convierten el hecho en una leyenda estrafalaria y llena de sin sentidos. Así nacieron las "Actas de Ciriaco", un judío llamado Judas y asistente al hallazgo, que se convirtió (y se puso de nombre Ciriaco) al ver los prodigios de la Santa Cruz. También se inventó una carta apócrifa del papa San Eusebio (26 de septiembre) a los obispos de Campania y Toscana, que dice: "La cruz de nuestro Señor Jesucristo, ha sido descubierta recientemente (…) el 4 de mayo. Mando a todos celebrar solemnemente el día mencionado la fiesta de la Invención de la Cruz". Anastasio el Bibliotecario, en su "Vidas de los Papas", al relatar la vida de San Eusebio, dice: "En su tiempo se descubrió la cruz de nuestro Señor Jesucristo el 4 de mayo, y Judas fue bautizado, que es el mismo es Ciriaco."

En el siglo V, el historiador armenio Moisés de Khorene dice que "Constantino envió a su madre, Helena, a Jerusalén, a fin de que pudiera buscar la cruz; Elena encontró el madero salvador, junto con cinco clavos". En el siglo VIII, San Andrés de Creta dice que todo ocurrió en el 303, y da una versión interesante: Santa Elena arrojó al judío Judas a un pozo, y lo mantuvo allí ayunando hasta que confesó cual cruz era la verdadera. Ya convertido a la fe cristiana, Judas (aquí no cambia de nombre) fue sacerdote y obispo de Jerusalén, y se celebra como San Judas Ciriaco (4 de mayo). Por esta misma fecha ya se sospecha de esta leyenda, como aparece en el decreto "Recipiendis de Libris", atribuido al papa San Gelasio I (21 de noviembre). Se dice claramente que aunque se pueden leer "los escritos sobre el hallazgo de la cruz y otras novelas sobre el hallazgo de la cabeza de Juan el Bautista, que son romances y algunos de ellos son leídos por católicos; pero cuando éstos lleguen a las manos de católicos, debe considerarse primero lo que dijo el Apóstol Pablo: 'Examinad todas las cosas, reteniendo lo que sea bueno'". Pero sin embargo, el "Corpus Iuris Canonici", una falsificación atribuida a San Isidoro, en un apartado llamado "De inventione Crucis", tilda estos relatos de apócrifos y modernos; y manda que no deben ser leídos por los católicos. Pero en vano llega la prohibición, pues ya gustaban del pueblo, eran leídos en la liturgia que ya desde antiguo conmemoraba el "hecho" del hallazgo. Las antífonas de Laudes en la fiesta de la Invención de la Cruz, en el Breviario de Tréveris, son un ejemplo. Toman datos de las obras apócrifas llamadas "romances" en el "Recipiendis de Libris", siendo esta es la única reliquia literaria que permanece en un oficio litúrgico.

Y ya entramos en plena Edad Media, cuando estas leyendas fueron aceptadas y aumentadas por muchos de los cronistas medievales, como Regino de Priim (siglo X), quien dice "La cruz de nuestro Señor fue encontrada por Judas, pero, como se lee en los Hechos de los Romanos Pontífices, fue en virtud de Constancio, el padre de Constantino, y se descubrió mientras que Eusebio fue el Papa de Roma. Este Judas era el hijo de Simón, hermano de San Esteban, el primer mártir, y nieto de Zacarías. Judas había oído de su padre Simón el sitio de en que se hallaban la cruz y la tumba, y fueron y lo revelaron a Santa Helena. Judas fue bautizado con el nombre de Ciriaco, por el papa Eusebio, o como algunos dicen, por el Papa Silvestre". O sea, que un sobrino de San Esteban aún vive ¡trescientos años después de Cristo, cuando supuestamente fue hallada la cruz!

II. Objeciones a la leyenda de la Invención.
La primera y más importante dificultad con que se enfrenta la "invención" es que Eusebio, que vivió en el momento en que se dice fue hallada la cruz y que, ciertamente, narra la expedición de Helena a Tierra Santa en su "Vida de Constantino", ¡no menciona para nada el hallazgo de la cruz! Es impensable que un suceso como ese no fuera registrado por él, habiendo narrado la construcción de una iglesia en Belén y otra en el monte de la Ascensión por obra de Helena. Y más aún: en el año 335, Eusebio que está presente en la dedicación de la iglesia de la Anástasis (la Resurrección), narra toda la ceremonia y describe el lugar, pero no hace una sola mención de la Cruz.

Por si fuera poco, se conserva el manuscrito original de un peregrino anónimo de Burdeos, que visita los Santos Lugares en el año 333. Describe las reliquias veneradas, como la mancha de sangre de San Zacarías (5 de noviembre) en el sitio de su martirio, la Columna de la Flagelación, y hasta una palma de la que se arrancaron ramos el Domingo en que Cristo entró a Jerusalén, pero no dice una palabra sobre la Santa Cruz, por lo que hay que deducir en este año, aún no se conocía dicha reliquia. Si Constantino murió en 337, el descubrimiento tenía que haber ocurrido entre el 335 (fecha de la visita de Eusebio) y el 337, pero sucede que el viaje de Helena a Jerusalén ocurrió entre el 326 y el 327. Por tanto, fue posterior a ellos (Helena, Constantino y Eusebio) cuando dicha Cruz fue inventada y venerada. Ya lo era en 345, como leímos antes el testimonio de San Cirilo de Jerusalén que menciona en sus catequesis la presencia de la Cruz, sin nombrar a Santa Helena. Sólo confirma la existencia y conocimiento de la Vera Cruz, que no es poco. Así que si dicha cruz hubiera sido llevada inventada y llevada a Roma por Helena y Constantino, no tendría sentido que Cirilo mencionara, casi 30 años después, la presencia de la cruz en Jerusalén al hijo de Constantino, pues Constancio y Roma entera lo habrían negado. Ya en el siglo IV, Egeria, la gran peregrina, narra la liturgia de la Basílica del Santo Sepulcro, y los oficios en torno a "la cruz", teniéndola todos allí por la Vera Cruz.

III. Breves consideraciones sobre la Cruz:
Conociendo un poco de historia y costumbres, tanto romanas como judías, se puede aseverar con bastante certeza que la cruz de Cristo nos es totalmente desconocida. Las cruces eran instrumentos usados una y otra vez, hasta que fueran inservibles, y aun así, hasta de leña servirían. Cristo fue crucificado en una cruz usada muchas veces antes y después de él. Una más. Es impensable que los apóstoles o discípulos la recogieran y escondieran, sabiendo como sabemos la aversión de los judíos a la sangre y a todo lo que tocara la sangre. Los apóstoles provenían del mundo judío y no hay que presuponer una veneración especial hacia el instrumento del martirio de su Maestro.

Por otro lado, el madero vertical solía estar clavado, por razones prácticas en el sitio del tormento, el reo solo llevaba el madero transversal. Así que sería más difícil aún que ambos maderos permanecieran juntos, cuando debieron usarse en múltiples ocasiones y no siempre formando ambos una misma cruz, sino que en ocasiones un madero formaría parte de una cruz, y otra vez de otra. Los clavos, como cualquier instrumento, eran muy preciados, por lo que también se usaban repetidas veces, afilándolos cuantas veces fuera necesario y se pudieran usar. Y siendo de hierro, es de pensar que sería muchas veces.

IV. La Veneración a la Cruz y sus reliquias.
Hasta hace unos años, como dije al inicio, existían las dos fiestas en el Calendario Universal. El 3 de mayo, se celebraba esta Invención de la Santa Cruz, y el 14 de septiembre se recordaba la Exaltación de la Santa Cruz, a partir de su recuperación de manos persas y su entrada triunfante en Jerusalén, en manos del emperador Heraclio, en 628. Pero curiosamente, el emperador eligió este día para entrar la Cruz por una memoria a la Santa Cruz que ya se celebraba previamente. Supuestamente se le fundió con la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre), aunque hallamos el caso de México, donde es la fiesta del 14 de septiembre la que pasa desapercibida, por el profundo arraigo de la fiesta de la Invención. Actualmente, más que al hecho histórico del hallazgo o la recuperación de la cruz material, la fiesta del 14 de septiembre hace referencia (con sus oraciones y lecturas), a la necesidad del sacrificio redentor de Cristo, y no tanto a la cruz, como instrumento, sino mas bien como signo. Aparte, existían otras fiestas de las iglesias particulares, como la Vera Cruz de Liébana, la de Caravaca, o la que celebraba la victoria de las Navas de Tolosa, a 17 de julio.

Sobre las reliquias relacionadas con la cruz y su veneración, me gustaría comenzar con este texto, que aclara muy bien el origen y desenlace de la excesiva devoción por las reliquias, que sin duda fue lo que movió a crear la leyenda del hallazgo de la Cruz:

"La excesiva devoción, deseo y celo indiscreto de los fieles por las reliquias, se veía ya en el siglo VI pues en el segundo Concilio Romano, que puede verse en el tomo V de la Colección general de Labbé, entre los Cánones que mandó observar el Papa San Gregorio el Magno, uno fue que cuando muriesen los Sumos Pontífices, se llevasen a enterrar sus cuerpos sin Dalmáticas, para evitar el que los fieles las quitasen y repartiesen entre sí, como solían hacerlo , guardándolas como reliquias sagradas (...) de [lo cual] se infiere , 1º cuan antigua es la devoción indiscreta de los fieles por las reliquias, y lo otro el cuidado que ha tenido siempre la Iglesia de contenerla y evitarla. Mas en el siglo X los grandes Señores compraban sin escrúpulo alguno las reliquias verdaderas o falsas a precio de plata, y las hacían venir del Oriente y otras partes para colocarlas en los lugares o ciudades más célebres de sus dominios, con el fin de hacerlas más brillantes, atrayendo de este modo a ellas los pueblos. Bajo de pretexto de devoción o peregrinación. (...) era tanto el deseo que había entonces por las reliquias, que esto era ocasión para que aquellos que na da tienen más estimable que el oro y la plata, fuesen a buscarlas por el Oriente y robarlas de todas partes, donde podían, y frecuentemente, para hacer más lucroso su tráfico, fingían falsas por verdaderas; y los Señores las compraban bien caro, no solamente por devoción, sino para enriquecer y hacer, como va dicho, célebres sus pueblos, por la multitud de gentes que iban a visitarlas.

(...) El deseo, pues, de los fieles por las santas reliquias, les hacía no aplicarse a examinar su autenticidad, atendiendo más que a ella a contentar su devoción. La Historia Eclesiástica nos da muchos ejemplos de esta desarreglada devoción: un soldado deseando vivamente tener algunas reliquias de Santo Tomas de Canterbury, las iba buscando por todas partes: un presbítero embustero le dio el freno de un caballo, haciéndole creer que era el mismo de que se servía el Santo; este soldado lo recibió con mucha devoción, e hizo edificar una Iglesia, y en ella puso por reliquias el freno que este mal sacerdote le había dado.

(...) A vista de estos fraudes, y de una multitud que se omiten (...) no solo resultaba que un particular fuese engañado , recibiendo una reliquia falsa por verdadera, sino que este error pudo extenderse a otros muchos, los cuales en adelante darían culto á aquella misma reliquia supuesta o falsa que había recibido el primero sin discernimiento alguno. (...) Hemos relacionado hasta aquí algunas de las causas por las que han llegado a hacerse inciertas o dudosas algunas de las reliquias; pero no faltan otras. 

Las desgracias de los tiempos, las sediciones domésticas y guerras extranjeras, el furor de los paganos y herejes, enemigos de la Iglesia, los incendios y otros estragos semejantes, han sido causa de que las Iglesias pierdan las reliquias verdaderas o su memoria, y se hayan supuesto por el tráfico y comercio de otras falsas. (...) Cualquiera puede reflexionar, si a vista de todo lo expuesto, será juicio temerario el decir que en algunas Iglesias habrá de estas reliquias supuestas o falsas, a las que a título de su antigüedad se les da culto religioso, (...) y aunque la Iglesia nuestra Madre ha tomado serias y acertadas providencias para evitar el que se de culto religioso a reliquia alguna antes de constar con certeza moral de su identidad; por lo que hace a las antiguas, no ha prohibido el que si se descubren prudentes fundamentos que las hagan inciertas o dudosas, o apócrifas; o se suspenda su culto, o que cada uno siga la opinión que le parezca más conforme á la verdad de las reliquias". ("Disertación Teológico-Canónica, en la que se trata de las reliquias de los santos y de las condiciones necesarias para que puedan exponerse a la pública veneración" Pbro. Francisco Couque, Capítulo XVIII)

Y ahora así vamos a las reliquias de la Pasión:

Clavo de la cruz
venerado en Carpentras. 
1. Los clavos.
Hallados los clavos por Santa Helena, pues le dio uno a Constantino, y este lo habría fundido y puesto en los arreos de su caballo, como protección, y del que por una parte se dice que se encontraba inserto en la corona del rey de Lombardía, pero no hay documentos anteriores al siglo XVI que avalen esto. Por otra parte, se dice que ese clavo es el que se venera en la catedral de Carpentras, Francia, donde tuvo fama de milagroso, dedicándole una fiesta propia "El Santo Clavo", el 2 de mayo. Ciertamente es un estribo de caballo del siglo IV, que se habría venerado en Santa Sofía, Constantinopla, se perdió y fue "inventado" en el siglo XIII, y llevado a Carpentras por Isnard, su obispo. Y, por si fuera poco, esto mismo se dice del venerado en Aix, que también habría pertenecido a Carlomagno. Y exactamente se repite del de Hofborg, Austria. El segundo lo habría llevado consigo Helena a Roma, y durante ese viaje, para librarse de una tormenta, lo habría arrojado al mar Adriático atado de una cuerda. Apenas tocó el agua, la tormenta se calmó. Sería el venerado en Roma, pero desde la Edad Media se venera en Viena uno del que se dice es este arrojado y rescatado de las aguas. El tercero se habría quedado en Jerusalén, y se venera en la actual iglesia de la Santa Cruz.

Pero, como suele suceder con las reliquias lejanas en el tiempo, los clavos se han multiplicado hasta contarse más de 50, dispersos por el orbe cristiano. Es muy importante decir que a partir del siglo XI sugió la costumbre de hacer copias de los tenidos por originales (a saber, el de Roma, de Jerusalén, de Viena o de Milán) y a distribuirse por diversas iglesias y catedrales. Incluso es factible que contuvieran limaduras de los "verdaderos". Se veneraban como como réplicas de los "verdaderos", y así constaba, hasta que el tiempo, la devoción y el interés por poseer reliquias auténticas los convirtieron en los auténticos. San Carlos Borromeo (4 de noviembre), en cuya catedral de Milán, reposaba uno de los clavos verídicos (?), hizo réplicas exactas para donarlos a algunas iglesias. Por ejemplo, constan como réplicas emanadas de Milán el de los carmelitas de Clermont, el de las clarisas de Venecia o el de la iglesia de San Antonio de Torricelli.

Otros clavos tenidos por los verdaderos son los de Torno, junto al lago Como; la capilla ducal de Venecia; la capilla palatina de Madrid (que salió ileso en el incendio de 1734, según Croisset. Cosa nada rara, siendo de hierro), la iglesia de San Patricio de Nápoles; la iglesia del Santísimo Redentor de Spoleto; el monasterio de San Lorenzo del Escorial (que en realidad se supone sea uno de los copiados por San Carlos), la catedral de Bruselas. Se veneraban en cuatro sitios de Colonia: una réplica en la Cartuja y tres porciones de uno "verdadero" en tres iglesias; ninguno está al culto hoy en día. En la catedral de Notre Dame de París se veneraban públicamente nada menos que ¡los tres clavos auténticos! hasta el siglo XIX, pues al regresar de la Exposición Universal de Londres en 1862 fueron guardados. Otros más se hallan en Siena, Colle, Jerez, Catania, Andechs, Tréveris, Toul, Cracovia y otros sitios. En la "Sainte Chapelle" de París, sobre la que regresaremos luego, se guarda uno que, según su leyenda propia, es el que Helena tiró al mar, pero regresó solo, flotando sobre las aguas.

Corona de Espinas de San Luis.
Hoy en Notre Dame. 
2. La Corona de Espinas.
Su Invención no aparece en la leyenda de Helena, hay que decir que su rastro se tiene desde el siglo VI, pero se pierde en la historia, para reaparecer en el siglo XIII, cuando el rey San Luis IX (25 de agosto) la obtiene de manos unos venecianos, que a su vez, la habían obtenido del emperador de Constantinopla, luego que este la empeñara por unas deudas. San Luis la introdujo en Francia en 1239, y le construyó una maravillosa iglesia gótica, la "Sainte Chapelle", consagrada en 1248, y donde pasaba largos ratos venerando la preciada reliquia. Tanto, que ha pasado a ser parte de su iconografía. Esta corona, actualmente en Notre Dame, tiene su festividad propia el 11 de agosto, mientras que en Colonia se celebra a 4 de mayo, por influencia de la Orden Teutónica. Otra corona, casi completa, se veneraba en Santa Cruz de Roma, pero también tienen trozos Santa Praxédes, San Marcos, el Vaticano, San Juan de Letrán, y otras iglesias. Otro pedazo, junto a algunas espinas, se conserva en Notre Dame en París.

Espinas sueltas (de las que de casi todas se dice vienen de la de San Luis) pues tenemos para sembrar un zarzal: Solo en España: Una en Santa María del Pi de Barcelona, con capilla propia del siglo XVI; una en las clarisas de Zaragoza, y otra en la abadía de Husillos. El monasterio de Nuestra Señora de Montserrat tiene dos, y el Escorial once. En Basilea se veneraban cinco, a las que para probar su veracidad, fueron echadas al fuego, ardiendo tres de ellas y quedando intactas las otras dos, que fueron veneradas por verdaderas. Una en la colegiata jesuita de Stonyhurst, Inglaterra. Y otras más por ahí.

3. El "titulum".
Se venera en Santa Cruz de Roma. Pero hay otros en Austria, Alemania y otras zonas de Italia.


A 3 de mayo además se celebra a

Santos Timoteo y Maura, esposos mártires.
Santos Alejandro y Antonina de Cadaurne, mártires.
San Alejandro I, papa.

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