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viernes, 15 de enero de 2016

Si dormía, no le dejaban dormir.

San Alejandro el Acemeta, abad. 15 de enero.

La "vita" de Alejandro la escribió un discípulo suyo, así que nos llega de primera mano. Un tanto adornada y en estilo hagiográfico, pero válida. Según esta, Alejandro era asiático y se educó en Constantinopla y aunque parecía que se inclinaría hacia el estado clerical, entró al ejército, alcanzando grados militares. Nunca abandonó la lectura de las Escrituras y precisamente, cuando se preguntaba qué hacer con su vida espiritual, leyendo el Nuevo Testamento vino en su ayuda con la frase de Jesús al joven rico: "si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme" (Mateo 19, 21). Y fue lo que hizo nuestro Alejandro, vendió sus bienes, socorrió a los más necesitados y se internó en las soledades de Siria, donde vivió siete años en el desierto. Allí estuvo hasta que el celo apostólico le llevó al mundo. Entró en Edesa y habiendo una fiesta en honor de los dioses locales, incendió el templo. Por supuesto que fue capturado y llevado ante Rábulo, el gobernador, el cual le libró de las turbas airadas, metiéndole en la cárcel para juzgarle con calma y sin el calor del momento.

Todos los días Rábulo hacía ir a su presencia a Alejandro, para oír su doctrina. Alejandro le enseñaba la verdad que enseñan las Escrituras. Un día que leía el ciclo de San Elías (20 de julio; 12 de enero, la Ascensión al Paraíso, y 20 de junio, traslación de las reliquias a Constantinopla), leyó como el santo profeta hizo caer fuego del cielo para consumir su sacrificio (1 Reyes, 18). Al oír este pasaje Rábulo le dijo "Esos son cuentos. Si el Dios del que hablas ha hecho esas maravillas entonces Él podría obrar ahora. Clama a Él para que envíe fuego la tierra para que yo pueda ver y creer". Al instante, lleno de confianza, Alejandro, se volvió hacia Oriente, extendió sus brazos y oró a Dios. Entonces cayó fuego del cielo y consumió las esteras que habían sobre el suelo, sin dañar nada más. Y el gobernador dijo: "El Señor es Dios, el Señor es Dios!" Fue bautizado con toda su familia y esclavos. Además, renegó públicamente de la idolatría rompiendo todos los ídolos que había en sus casas. Posteriormente consagrado obispo de Edesa, y sería un gran apologeta de la fe cristiana.

Luego de esto Alejandro se fue al desierto, pues se había enterado de una banda de ladrones, y quiso salvar sus almas, como Jesús en la cruz había salvado al ladrón. Merodeó por el desierto hasta que los mismos ladrones le atraparon. Y no perdió el tiempo, pues les predicaba a tiempo y destiempo, logrando se arrepintiesen de sus pecados y quisieran cambiar de vida. Para empezar, Alejandro les bautizó. Cuando bautizaba al jefe de los ladrones, Alejandro vio que este musitaba unas palabras, y le preguntó que era aquello que rezaba. El ex ladrón le dijo: "He sido un gran pecador, y temo que mis viejos hábitos regresen. Pedí a Dios que, si era su voluntad, me dejara en paz, ahora que mis ojos han visto su salvación" (Cf. Lc. 2, 22-32). Y Dios, para salvarle del todo, lo llevó consigo a los ocho días del bautismo, vestido aún con la vestidura blanca que conservaba puesta. Alejandro quedó, de alguna manera, como jefe de aquellos cincuenta antiguos ladrones y neófitos, por lo que, para cuidar de su nueva fe y su vida espiritual, convirtió en improvisado monasterio la guarida de los ladrones. y allí, donde antes sólo había paganismo, peleas y delitos, ahora había una comunidad unida en el amor a Dios y entre ellos. Se iniciaron en el ayuno, la oración y la predicación en las aldeas y ciudades cercanas.

En Palmira, ciudad cristiana, les ocurrió que los habitantes cerraron las puertas de la ciudad, diciendo que esa gran cantidad de monjes devoraría todos los productos del mercado, y cómo vivían de limosnas, les arruinaría. Entonces Alejandro y sus monjes se detuvieron fuera de la ciudad durante tres días, y la gente pagana de alrededor les traía comida, que los monjes aceptaron y pagaron con el alimento de la Palabra de Dios, convirtiendo a muchos. Después de que Alejandro constatase que no les dejarían fundar su monasterio allí, tomó los Evangelios y gritó: "¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad". Y partieron todos hacia Antioquía, donde Pedro, hermano de Alejandro, era abad de un gran monasterio. Al llegar, el portero vio tantos monjes y dijo a Alejandro que esperasen fuera, que preguntaría al abad para que este les diese permiso de entrar, o no. Pero Alejandro se metió en el monasterio y fue tras él a la habitación de su hermano, que se echó a sus brazos. Pero Alejandro dijo: "Nuestro padre Abraham salió él mismo a recibir los extranjeros y los invitó a entrar, y nuestro Señor Jesucristo exhortó a sus seguidores a mostrar hospitalidad, pero tú echas fuera a los caminantes, ¡y crees que haces un favor al admitirlos!" Y se volvió, negándose a comer en el monasterio de su hermano. Además, tuvo problemas con el obispo Teodoto, que tampoco quiso permitirle la fundación en la ciudad de Antioquía, así que Alejandro y los monjes acamparon a las afueras de la ciudad y comenzaron a orar y cantar, atrayendo a los antioquenos, que les condujeron a una antigua casa de baños, donde les establecieron. Allí Alejandro fundó un hospital para atender a los enfermos y pobres. Pero poco le duró la paz, pues un diácono de la iglesia de Antioquía, llamado Malco, hizo barullo con otros clérigos, que protestaron ante el obispo y el gobernador por permitir que aquellos ladrones se establecieran en la ciudad. Y se fue el diácono y sus adeptos al recién fundado monasterio y Malco gritó a Alejandro: "¡Sal fuera, tú bribón!" Alejandro solamente citó el Evangelio diciendo: "El nombre del criado era Malco" (Juan 18, 10). Y entre todos les sacaron de la ciudad a pesar del pueblo. Y sin embargo, salieron más de los que entraron, pues muchos hombres de la ciudad se les unieron para profesar la vida monástica.

Todos se dirigieron a Crithene, donde veinticuatro monjes de Alejandro se unieron al monasterio que allí había, donde se vivía observantemente. De allí se fue a Constantinopla, seguido de trescientos monjes. Fundó un monasterio con la regla de San Basilio en Gomon, Bósforo, cerca Constantinopla. Alejandro estableció seis turnos de coro, divididos en monjes griegos romanos, y sirios que se sucedían uno a otro. Cada coro cantaba la salmodia dos veces al día durante dos horas. Así completaban las veinticuatro horas del día y a toda hora se alababa a Cristo, permaneciendo vigilantes los monjes, como las vírgenes que esperan al Esposo. Este modo de orar incesante, hizo correr la creencia que aquellos monjes eran acemetas, o sea, que no dormían nunca, pues siempre estaban en el coro. En Constantinopla estuvieron un tiempo, pero su modo de vida y su pasado agradaba a pocos. Así que los poderes civil y eclesiástico intervinieron y se disolvió el monasterio. Alejandro y los monjes fueron encarcelados y golpeados y maltratados en diversas formas. Al ser liberados, volvieron a reunirse y formaron una comunidad monástica, retomando su vida “insomne”. Se desconoce cuando murió Alejandro, que fue sepultado en el monasterio y su tumba se veneró durante siglos, hasta la caída de Constantinopla, cuando el monasterio fue saqueado y destruido. Ni siquiera la historia fue leal con Alejandro, pues muchos tuvieron a San Marcelo Studita (29 de diciembre) como el fundador de los acemetas, los cuales desaparecieron en el siglo VI.


Fuente: 
-"Vidas de los Santos". Tomo I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 


A 15 de enero además se celebra a 
San Bonet de Clermont, obispo. 
San Erembert de Arras, obispo. 

domingo, 25 de mayo de 2014

Santos Estilitas

Santos Juan y Simeón el Joven,
y su madre Santa Marta
Pregunta: Hola. he visto un par de veces su blog y me parece muy interesante, queria consultarle una duda: trabajo como médico, una vez escuché una historia de San expedito, que se pasó diez años predicando sobre las maravillas de Dios, subido en una columna en medio del desierto sin que nadie lo escuchara, me lo imaginaba como un anacoreta dedicado a la predicación, a veces en mi profesión cuando doy consejos a los pacientes, sobre hábitos saludables y me siento así: poco escuchado, y lo he utilizado de ejemplo, posteriormente, he intentado averiguar algo sobre este santo, y para nada está descrito como un predicador, era un soldado romano convertido, y en todos sitios esta referida la historia del cuervo que le instaba a no convertirse, quisiera saber que hay de realidad en las dos historias y a que santo corresponde el haber estado predicando subido encima de una columna en mitad del desierto. Muchas gracias.

Respuesta: Hola Doctor. Gracias por visitar la página. Sobre San Expedito, quien fue y lo que se sabe, le invito a leer esta entrada dedicada San Expedito, donde queda claro que no ese el predicador de la columna. 


Y este… quien fue? O mejor dicho, quienes fueron? Porque hubo más de un santo estilita, que es como se llaman estos que vivieron sobre una columna, tipo de vida ascética muy dura, a la que no se accedía sino después de años de preparación en la penitencia y la oración. Sobre los estilitas mucho se ha escrito, solo me limitaré a mencionar los santos conocidos:

Santos Juan (24 de mayo) y Simeón Estilita, el Joven. (23 de junio y 3 de septiembre). 
Viveron en el siglo VI. Desde joven Juan se subió a la columna en Taumastoro, donde predicaba a discípulos y peregrinos que acudían, hasta fundarse un monasterio. Todas las noches rezaba 30 salmos de memoria, completando así en 5 días, los 150. Fue maestro San Simeón el Joven, al que ya conocía desde mucho antes que llegara a él, por medio de visiones, en que Dios le había revelado su persona, vestido con una túnica blanca. 

Simeón era hijo de Santa Marta (4 de julio). Con 15 años, se hizo discípulo de Juan en el monasterio de Taumastoro; con esa edad se subió a una columna que estaba junto a la de su maestro. A los 20 años se trasladó a un pedestal más alto en la montaña. Allí reunió sus propios discípulos que vivían en chozas junto a su columna y eran atendidos por su madre, que fue quien le informó sobre la muerte de su maestro. En 551 se construyó un monasterio para los monjes y una hospedería para los peregrinos que acudían en busca de sus oraciones o consejos. En 554 fue ordenado sacerdote. En 566 se hizo construir una columna más alta aún, donde vivió hasta el año 592, con 75 años. A veces se le suele confundir con el Simeón famoso.

San Nicetas de Pereslav
San Nicetas de Pereslav, taumaturgo y mártir. 24 de mayo.
Vivió en el siglo XII y fue un recaudador de impuestos muy odiado en Pereslav, por su dureza con los pobres y su vida disoluta. Se convirtió oyendo en la iglesia el texto de Isaías "purificaos y lavaos, dejad de hacer el mal y aprended a hacer el bien". Dejó a su esposa y su familia, y se retiró a un monasterio para vivir en penitencia. Luego se puso una capa de cadenas de hierro sobre la piel desnuda y se subió a un pilar. Alli vivió durante un tiempo no conocido, pero debió ser bastante, para que el hierro, pulido por el uso y el roce pareciese plata; hecho por el cual fue derribado de la columna y asesinado por dos ladrones para robarle. Su sepultura se llenó pronto de peregrinos por los milagros constantes.


San Alipio de Adrianópolis. 26 de noviembre.
Desde la infancia anhelaba estar cerca de Diosy vivir para él, por ello se hizo una columna de piedra en el cementerio de la ciudad, lo que le llevó las burlas de sus amigos, la incomprensión hasta de su familia. Allí fue tentado duramente por el demonio, al que resistió a base de oración y humildad. A su vera se formó una comunidad de mujeres deseosas de vida espiritual, para las que construyó el monasterio de Santa Eufemia (16 de septiembre), cuya iglesia había fundado años antes. Durante toda su vida y desde la columna, fue su director espiritual.



San Daniel Estilita. 22 de mayo y 11 de diciembre.

San Lucas de Stiris. 7 de febrero y 3 de mayo (traslación de las reliquias). 
Después de ser monje, volver a casa, ser ermitaño y monje otra vez, fue discípulo de un estilita, aunque no hay certeza si lo fue él también, o si lo fue sólo un tiempo, puesto que se vuelve a saber de él retirado en la montaña Stirion, donde murió con 57 años. Sobre su tumba se construyó un monasterio adonde aún acuden peregrinos atraídos por su fama de milagroso.

San Lucas el Nuevo Estilita. 11 de diciembre.
Era soldado y ante la barbarie de la guerra, decidió abandonar las armas y ser monje. A los seis años de vida reclusa fue ordenado sacerdote y enviado como capellán del ejército, lo que hizo sin renunciar a su vida ascética y penitente, dando ejemplo a los soldados, que le querían mucho. Luego de unos años, en tiempo de paz, se retiró al monte Olimpo, donde comenzó penitencias más duras, como tener todo el día una piedra en la boca, para obligarse al silencio, o pasar toda una noche sobre un solo pie, orando. Soportaba con paciencia mosquitos y tábanos. Esto hizo que muchos se acercaran a él en busca de apoyo, oraciones y perdón, por lo que se hizo una columna para vivir más “cerca” de Dios. Allí pasó 45 años, llegando a la edad de 100 años.


San Simeón Estilita "el Viejo". 5 de mayo. 
San Teódulo de Edesa. 28 de mayo.

Y aún me queda uno más, en el que me gustaría extenderme algo, pues es, hasta donde sé, el único santo estilita en occidente, puesto que este estilo de vida se desarrolló en Oriente: 


San Walfroy o Wulfilak
San Walfroy o Wulfilak de Trier, estilita. 21 de octubre y 7 de julio (traslación de las reliquias). 
Su vida se conoce por la narración que el mismo Walfroy haría al historiador San Gregorio de Tours (17 de noviembre), a quien conoció cuando Gregorio le visitó en su monasterio. Walfroy nació en Lombardía y siendo niño conoció la vida de San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias ; 1 y 13 de diciembre, traslaciones) y le tomó gran devoción. Ya siendo un jovencito, conoció a un discípulo de San Yrieux de Limoges (25 de agosto), que le animó a acompañarle en una peregrinación a la tumba de San Martín. Allí fueron, y Walfroy acrecentó su devoción al santo. Al regresar, el monje amigo llevó consigo una pequeña arca con un poco de polvo de la sepultura de San Martín hasta Limoges. Allí ocurrió un milagro: esta arena se multiplicó hasta sobrepasar la misma arqueta. Ante esto, Walfroy decidió abandonarlo todo, para imitar a San Martín en su entrega a Dios.

No volvió a Lombardía, sino que se fue a Trier, construyó una cabaña y se dedicó a la oración. En la colina había un antiguo santuario a la diosa Diana, que aún era visitado incluso por cristianos. No contento con una simple vida de eremita, optó por la vida estilita, así que se instaló sobre un pilar y comenzó una vida penitente. En invierno era tanto el frío que llegó a perder las uñas, y la barba se le congelaba impidiendo cualquier movimiento del rostro. Desde allí amonestaba, oraba, predicaba a los devotos de la diosa. Poco a poco, fue convirtiendo, primero a los cristianos supersticiosos, luego a los paganos, hasta que entre todos derribaron el santuario pagano, inaugurando el culto al verdadero Dios. Y no fue esto sin intervención divina: Era la estatua muy grande y pesada, y aunque la ataron con varias cuerdas para derribarla, ni entre todos podían, así que Walfroy bajó de su pilar, fue a la ermita que había construido antes, oró a Dios, y al salir, con solo tocar una de las cuerdas, la estatua se derribó sola. Ya en el suelo, la destrozaron a golpes de mazo.

Tanta penitencia llenó su cuerpo de úlceras enconadas, llevándole casi a punto de morir. Una noche soñó que San Martín se le aparecía y frotaba su cuerpo con un aceite oloroso. Al otro día, amaneció sano totalmente. Finalmente, su obispo, San Magnerik (27 de julio) le obligó a bajar de la columna, con el argumento de que no debía compararse a San Simeón Estilita, ni exponer su salud de esa manera que parecía tentar a Dios. Le ordenó bajar y fundar un monasterio con aquellos admiradores y discípulos que le rodeaban. Como buen santo, la obediencia le valió más que su propia voluntad y, con lágrimas, bajó de la columna, y para no ser tentado a desobedecer, la destrozó acompañado de varios de sus discípulos.


Primitiva sepultura
de San Wulfilak
Allí vivió unos años más, como superior de aquel grupo. Allí fue enterrado y comenzó su culto. En 979 sus reliquias se trasladaron a la ciudad de Yvoix, llamada Carignan desde el siglo XVII. En el siglo XIII su primitivo monasterio pasa a la Orden de San Benito, dependiente de la abadía de Orval. En el siglo XIX, el obispo de Reims la compra. En el siglo XX pasan por ella diversas congregaciones religiosas, que mantienen la devoción al santo estilita. Desde 2002 una asociación de seglares cuida del culto al santo, cuya imagen preside el ábside de la iglesia. Esta iglesia, de 1957 integra perfectamente la cabecera de la iglesia medieval, que estaba en ruinas.


A 21 de octubre además se celebra a  
Santa Dorotea de Colonia, virgen y mártir.
Santa Celina de Laon, viuda. 

sábado, 3 de agosto de 2013

Hermanas de sangre y de celda.

Grabado holandés. Siglo XVII
Hace unos días, chateando con un amigo, surgió el tema del eremitismo femenino, y le sacaba a colación el ejemplo de dos hermanas ermitañas, y mi amigo me sugurió publicase algo sobre ellas,  al quedar impresionado con sus vidas. Y como es intereante y no me le puedo negar a mi amigo, aquí va:

Santas Marana y Cira de Berea, hermanas y reclusas. 3 de agosto y 28 de febrero (Iglesia Oriental)
Estas hermanas, que algunas tradiciones ponen como gemelas, nacieron en el siglo IV, en Berea, Siria, en una familia cristiana rica. Fueron educadas por sus padres en aras de alcanzar buenos matrimonios. Pero como Dios tiene otros planes que resultan cuando las almas son dóciles a su voluntad, cuando alcanzaron la juventud, cambiaron galas y futuro por la soledad, la penitencia y la oración, dedicándose exclusivamente a Dios. 


Aunque había monasterios famosos por su virtud y posición, ambas eligieron la vida monástica más extraña que conocemos: la reclusión total y de por vida, o emparedamiento. Este tiene varias formas, aunque la más común era una pequeña celda que se sellaba con ladrillos o piedras, lo que fuera, una vez dentro la reclusa. Sólo se les dejaba una pequeña ventana por donde respiraban, se comunicaban con el exterior y recibían los alimentos que personas piadosas les entregaran. Las celdas adyacentes a alguna iglesia, tenían, además, una ventana a la misma, por la cual la reclusa (nombrémoslas en femenino, pues el 99,9 % fueron mujeres) seguía los oficios, e incluso alguna predicaba al pueblo. Pero no estaban ociosas, algunas tejían o elaboraban cestos, o cosían, para ganarse las limosnas. Unas son totalmente desconocidas y solo quedan leyendas dudosas, otras fueron oráculos de sabiduría, consejo. Otras tuvieron éxtasis, visiones o revelaron profecías. 

Santa Cira
En occidente las hubo asociadas a órdenes monásticas consolidadas, como los benedictinos o agustinos. Algunas de estas, reclusas fueron Santa Ida de Toggenburg (3 de noviembre), Santa Awa de Melk (7 de febrero), Santa Veridiana de Castel Fiorentino (1 de febrero), Santa Oria de San Millán (11 de marzo), Beata Isabella de Lincoln (1 de noviembre, Todos los Santos), la Venerable Catalina de Cardona, carmelita (21 de mayo), Santa Catalina de Pallanza, agustina (6 de abril), Santa Helmtrudis de Neuenheerse (31 de mayo y 22 de octubre) o Santa Judit de Sponheim, benedictina (22 de enero y 22 de diciembre), y no podemos dejar a Santa Wiborada de San Gall, benedictina (2 de mayo), mártir, que es la primera mujer canonizada con un proceso formal por la Iglesia.

Y volvamos a nuestras Marana y Cira. Pues decididas a la reclusión, se dirigieron a las afueras de la ciudad, junto a un camino, donde comenzaron a edificar una celda de barro en derredor suyo. Al llegar a la altura que ya no eran vistas, la dejaron así, tal cual, sin techo. Abrieron una ventana pequeñita, desde la cual predicaban a los caminantes sobre la conversión, la penitencia, la futilidad del mundo y la grandeza de los bienes celestiales. Con ellas habían llevado a dos esclavas, que construyeron una casita anexa, y las proveían de alimentos cuando era preciso y era el único contacto directo que tenían con el exterior. La única excepción a tan riguroso retiro la hacían en Pentecostés, cuando salían de su celda (por el "no techo" suponemos) y predicaban, aconsejaban y ayudaban a las mujeres, solo mujeres podían acercarse, que se llegaban a su celda. Y aún así, era medio retiro, pues vestían gruesos velos de tela áspera, como las túnicas, que iban desde la cabeza hasta la cintura, por delante y detrás, de modo que sólo las manos les eran visibles. Los tres primeros años de retiro sólo comían un día, cada cuarenta días.

Santa Marana
Llevaban cadenas pesadísimas que les colgaban del cuello, que hicieron que durante años Cira no pudiera levantarse del suelo, y dicha cadena quedó empotrada en la tierra. Así estuvo hasta que  el obispo Teodoreto de Cyrrhus, único hombre que se les pudo acercar, le mandó las quitase del cuello, pero luego que se fue, Cira se las volvió a poner. Este obispo es quien escribió sus vidas y ejemplos en su "Historia Religiosa".

En una ocasión recibieron una inspiración del cielo y peregrinaron, con sus ropas y cadenas, a Jerusalén. El viaje duró tres semanas, durante las cuales ni comieron ni bebieron. También visitaron el santuario de Santa Tecla (23 de septiembre) en Iconio. Así vivieron 42 años, ayunando constantemente, orando y hablando al pueblo de Dios. Ni el frío, el calor, la lluvia, las movieron de sus penitencias. Finalmente, fallecieron (a la vez, lo quiere la leyenda) en 450.


A 3 de agosto además se celebra a
Beato Pedro de Cesis, General Carmelita. 
La Invención de San Esteban.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...