viernes, 26 de junio de 2015

San Virgilio, ¿a palos o a zapatazos?

San Virgilio de Trento, obispo y mártir. 26 de junio.

San Virgilio, con el zueco.
Fue hijo de Santa Maxencia (30 de abril), que era de origen español, y sus hermanos fueron Santos Claudiano y Magoriano (26 de junio). Nació en 355, en Roma, donde se había trasladado su madre viuda, y de ahí se trasladó a Trento. La leyenda le hace estudiar en Atenas y ser amigo de San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal), con el que tendría luego trato epistolar.

En 385 fue elegido obispo de Trento gracias a la influencia de San Ambrosio de Milán (4 y 5 de abril, muerte y entierro; 7 de diciembre, consagración episcopal) y de San Valeriano de Aquileia (27 de noviembre), siendo el tercer obispo de la ciudad. El mismo San Ambrosio le encomendó la evangelización de las zonas aledañas a Trento, el valle del Adigio, y los límites del lago Garda. Emprendió una tarea enorme, predicando, visitando, confirmando en la fe a los cristianos y exhortando a los paganos. Construyó varios templos para el culto. Se hizo rodear de valiosos colaboradores, entre ellos destacan los santos Sisinio, Martirio y Alejandro (29 de mayo), de origen oriental, que serían martirizados por su labor misionera en Mecla d’Anaunia , hoy Sanzeno, en 395. El mismo Virgilio escribiría su lauda “De Martyrio SS. Sisinnii, Martyrii et Alexandri”, además de redactar el martirio en cartas a los obispos San Simpliciano de Milán (15 de agosto) y San Juan Crisóstomo, a la sazón Patriarca de Constantinopla, enviándoles, además, algunas reliquias. Aunque los asesinos fueron capturados, Virgilio suplicó al emperador Honorio, un niño aún, tuviera misericordia de ellos y les perdonara, confiando alcanzarles la gracia de la conversión, como sucedió.


El ejemplo de sus clérigos martirizados no le arredró, sino que redobló sus esfuerzos misioneros. Los métodos, pues hoy no nos gustarían, y de hecho le costaron lo suyo. Estando en una misión en Val Rendena lanzó al río Sarca una estatua del dios Saturno para demostrar la falsedad de los dioses, acto este que desencadenó una revuelta entre los paganos, que le fueron arriba y le mataron a golpe de garrote, el 26 de junio de 405. Otras versiones dicen que murió apedreado por una pagana. Algunos de sus compañeros presbíteros, de los que supongo huyeron, recogieron su cuerpo y lo sepultaron con gran veneración junto a las reliquias de Sisinio, Martirio y Alejandro, en una basílica del cementerio de Porta Veronese. En el siglo VI se trasladarían a la catedral por mano del obispo San Eugipio (1 de marzo), que además dedicó la catedral al nombre de Virgilio, que antes estaba dedicada a los Santos Gervasio y Protasio (19 de junio). En fechas desconocidas, a sus reliquias se añadirían las de su madre y hermanos. Es patrono de la diócesis de Trento.


Leyendas nacidas al norte de Europa, le hacen morir a zapatazos. Imagináos a los paganos quitándose los zuecos de madera o las botas de piel para pegarle. Como sea, en algunos sitios de Alemania y los Países Bajos era considerado abogado de los zapateros, y un zueco es uno de sus atributos.


Fuentes:
-“San Virgilio: vescovo e patrono di Trento”. ARMANDO COSTA. Trento 1975.
-“San Virgilio vescovo e patrono di Trento: XVI centenario”. PIERGIORGIO FRANCESCHINI, SEVERINO VARESCHI, Trento, 1999.
“-El santo del día”. SERVILIO CONTI. Buenos Aires, 2006.
-“Diario sagrado y calendario general”. PABLO MINGUET E YROL. Madrid, 1750.



A 26 de junio además se celebra a 

San José María Robles Hurtado, presbítero mártir.
San Salvio de Amiens, obispo y mártir

jueves, 25 de junio de 2015

Santa Febronia, carmelita mártir.


Es esta pregunta vieja, de la antigua plataforma del blog, respondida antes por otra persona, y ahora reestructurada por mi, a propósito de la memoria de Santa Febronia, "carmelita" mártir.

Pregunta: ¿Cuál es la historia de Santa Febronia? Filipinas. 

Respuesta: Hay varias santas con este nombre, así que me decantaré por la que más me interesa, en cuanto a su iconografía:

Francisco Javier de Salazar.
Iglesia conventual de la Soledad, Puebla.
Gracias a Montserrat Báez.
Santa Febronia de Nísibe, “la Gran Sufriente”, virgen carmelita y mártir. 25 de junio.  

Sus actas son dudosas, probablemente del siglo VII, y en ambientes nestorianos. Pero su culto es antiguo y consolidado, como para presumir que algo de verdad hay. Según estas, Febronia era monja en un monasterio de Sibápolis de Siria, cuya abadesa era su tía, Santa Brienne (5 de febrero). Ambas eran de familia noble, y Febronia destacaba por su belleza física, y por las virtudes de su alma. Y era tanta su hermosura, que su tía la tenía resguardada incluso a los ojos de las otras monjas. Aunque al principio Febronia solo acompañaba a su tía, en la adolescencia resolvió consagrarse a Cristo, sin querer tomar esposo alguno. Era muy penitente en la comida y el vestido. Vivía el desapego total, durmiendo sobre una tabla, jamás hablaba si no era preciso y siempre acerca de Dios y sus cosas. Poco a poco la fama de su sabiduría se extendió tanto, que una noble viuda pagana llamada Jeris insistía tanto en verla, que Brienne decició vestirla de monja, pues de seglar jamás Febronia le habría hablado. Fue tan celestial la conversación, que Jeris se convirtió junto a su familia, se bautizaron, ella renunció a un segundo matrimonio y se dedicó a vivir para Dios. Como fuera, sabido es que en los monasterios femeninos de la época, era normal que las monjas exhortasen a las mujeres.

Llegado el tiempo de la persecución de Diocleciano, este envió a Sibápolis al prefecto Lisímaco junto a su tío Seleno, con la encomienda de exterminar a todos los cristianos. Lisímaco era de madre cristiana, y en ocasiones favorecía la huida de los cristianos, o no perseguía a los que eran discretos, pero su tío Seleno era enemigo total de Cristo y su Iglesia, y por donde quiera que pasaba dejaba numerosos mártires. Ante esto, el obispo autorizó a las monjas que abandonasen el monasterio, pero Brienne, como abadesa, y Santa Tomaide (5 de febrero) su “subpriora” decidieron no hacerlo, aunque dio libertad a sus religiosas para que huyesen. Asimismo, Febronia decidió guardar su enclaustramiento hasta las últimas consecuencias, conociendo que no había mejor suerte que derramar la sangre por Cristo.

Sabiendo Seleno que había en la ciudad un monasterio de vírgenes consagradas, envió un piquete de soldados que violentaron las puertas, hallando primero a Febronia, que les rogó la martirizasen y perdonasen a su tía y a Tomaide (que la seguiría en secreto). Primo, el capitán de los soldados, viendo la belleza de Febronia e informado de su origen noble la envió a Lisímaco, considerándola una digna esposa para este. Un soldado corrió adonde Seleno, para contarle que Primo pretendía casar a su sobrino con una cristiana, ante lo cual Seleno mandó llevasen a Febronia a su presencia primero. Así que los soldados la separaron de su tía y las otras religiosas, aquella la despidió diciéndole: “Ve, hija mía, a manifestarte como digna esposa de Cristo”.

Ya en presencia de Seleno, Febronia se confesó sierva y esposa de Cristo, a lo que él le respondió que la liberaba de esa servidumbre y que, informado de su ascendencia, le permitía (como si fuera un favor) desposarse con Lisímaco, luego de ofrecer sacrificios a los dioses. La santa le respondió, tomando las cadenas entre sus manos: “No me prives de estas joyas, que son las más bellas que he llevado en mi vida. En cuanto al matrimonio que me propones, te digo que yo me hallo consagrada a mi Dios, y así no se me pueden ofrecer esposos en la tierra. Además, siendo cristiana, ¿podré adorar a los demonios? Y has de saber que en defensa de mi fe estoy dispuesta a sufrir todos los tormentos”. Como buen tirano, Seleno se enojó con esta valiente respuesta, delante de los magistrados y mandó azotaran a Febronia hasta que se arrepintiese; mientras, con antorchas le quemaban los costados. Pero no lo logró, la santa sufrió el tormento elevando oraciones y alabanzas a Dios. No contento, la mandó extendieran sobre una parrilla (una plancha, si acaso) para que fuera quemada a fuego lento. Era tan atroz aquello, que aún los paganos se sentían espantados y algunos se fueron, mientras otros pedían no se atormentase así a aquella bella joven. Y la santo, mientras, daba gracias a Dios por elegirla para testimoniar la grandeza de la fe. Irritado del todo, Seleno mandó le rompieran los dientes, le cortaran los pechos, las manos y los pies. Y como aún la santa alababa a Dios, mandó la decapitasen. Era el 25 de junio de 304. Acto seguido, Seleno enloqueció poseído por el demonio y se abrió la cabeza a golpes contra una columna.

A todas estas, Primo y Lisímaco aún no sabían del tormento de la joven, del que se enteraron cuando les llegaron noticias de la locura y muerte de Seleno. Llegados al lugar, se compadecieron y tomaron el cuerpo de Febronia, lo entregaron a Brienne y Tomaide, que la llevaron al convento. Este acto piadoso supuso la gracia de la conversión para ambos personajes. La suya y la de sus familiares y amigos. Junto al cuerpo pusieron la tierra teñida con su sangre. Fue una traslación marcada por la tristeza contrastante por el júbilo de poder venerar a una mártir de Cristo. Llegados al monasterio, lavaron el cuerpo mutilado, otrora tan bello, y lo recompusieron para ponerlo en una urna riquísima. Al año siguiente se le apareció a las monjas, resplandeciente, para certificar algunos milagros ocurridos en su sepulcro.

El obispo San Juan de Nísibe (8 de mayo), que habiendo conocido del martirio, había construido una iglesia dedicada a la memoria de Santa Febronia, visitó el monasterio y pidió le entregaran las reliquias, para darles veneración pública. Al principio, Brienne se negó, pero luego accedió y le entregó la urna con el santo cuerpo. Pero no sería tan fácil. Apenas tocaron la urna los de la comitiva, se dejaron sentir terribles temblores de tierra, hasta que la soltaron. Así por tres veces. Viendo el obispo y Brienne que no era voluntad de Dios despojasen al monasterio de las santas reliquias, decidieron tomar solo una porción. Lo mismo, esta vez relámpagos terribles. Una vez más, tomó Brienne una mano de la santa, y la suya propia quedó seca, hasta que la quiso soltar, y entonces sanó. Así probando, vieron que al tomar un diente de la santa, nada pasaba. Y con ello se hubo de conformar el obispo, volviendo a su sede con la reliquia, que colocó en el altar mayor. En el siglo XIX en unas excavaciones cerca de Hasake, frontera con Turquía, el profesor Michael J. Fuller halló un relicario que coincidía con las descripciones antiguas del relicario de Santa Febronia: Un relicario con estilo siríaco, realizado en mármol y decorado con cruces, conteniendo un molar. Otras reliquias se veneran en Trani, Roma o en Serbia. 

Santa Febronia, ataviada como
monja ortodoxa
Aunque hay visos de leyenda en esta historia, como dije al principio, hay rasgos de verosimilitud. En primer lugar, es histórico que a mediados del siglo III en Nísibe una comunidad de vírgenes consagradas fundada por el obispo San Juan y Santa Platónida (8 de abril), aunque no hay que entenderla como una comunidad monástica o de clausura. La vida monástica femenina se movía entre el pueblo, dedicándose al culto, pero también al cuidado de pobres, enfermos, atención a las basílicas como diaconisas, etc. Incluso predicaban al pueblo, especialmente a las mujeres, como dicen algunas versiones hacía Febronia. En Nísibe concretamente, las mujeres asistían al monasterio los viernes y domingos para oír la palabra de Dios, predicada por las monjas.

En cuanto a su pertenencia al Carmelo, ya sabemos que todos los monasterios antiguos se consideraban elianos (ver Santoral Carmelita), pero en cuanto a Febronia, nos encontramos algunas referencias antiguas, no solo de carmelitas. Cito un par:

"Cuatro vírgenes santas ha tenido la familia del Carmelo, que entre otras han sido empleo la admiración: Santa Febronia, que fue la Doctora de su tiempo, tan versada en lenguas hebrea y latina, que fue el oráculo de aquel siglo en boca de San Jerónimo. Santa Ángela (...), Santa María Magdalena de Pazzi (...). Y Santa Teresa de Jesús  (...). Estas cuatro vírgenes son cuatro ríos que salen del Paraíso militante de la Iglesia Católica que es la familia del Carmelo." (1)

"Divísase tambien entre esas heroínas [las "carmelitas" antiguas] santa Febronia virgen, mujer muy versada en las lenguas hebrea, griega y latina. Desde las rejas mismas de la cárcel donde habia sido encerrada, explicaba los misterios de la Religion cristiana, aclarando los pasajes y lugares obscuros de las sagradas escrituras." (2)

Fuentes:
-"Glorias del Carmelo". Tomo III. P. JOSÉ ANDRÉS. S.I. Palma, 1860.
-"Colectánea de sermones y asuntos predicables". FR FRANCISCO NUÑEZ. O.P. Madrid, 1653. (1)
-"Demostración de las crónicas y antigüedad del sacro Orden de Santa María del Monte Carmelo". FR. DIEGO DE CORIA. Córdoba, 1698.
(2)



A 25 de junio además se celebra a
Santas Pazanne, Macrina y Columba, vírgenes.
Beato Daniel de Derendonk y compañeros mártires.

miércoles, 24 de junio de 2015

Beato Jarich, el poeta de María.

Beato Jarich de Mariëngaarde, poeta y abad premonstratense. 24 de junio.

Ruinas del monasterio de Mariëngaarde.
Sobre este humilde religioso de la Orden de Premontré se sabe poco. Era originario de la isla de Griend. De joven fue pastor, aunque tenía muchas luces para los estudios nunca estudió. Era muy hábil componiendo versos, rimas y coplas. Sobre todo a la Santísima Virgen, de quien se decía enamorado. Tan conocido parece que fue por su poesía, que sus primeros biógrafos dicen de él lo mismo que de Ovidio se decía "Todo lo que decía era poesía." Una anécdota de juventud cuenta que estando montado a caballo, un jovencito impertinente se le agarró al pie, con la extravagancia de que solo le dejaría si el santo le despedía en verso. Y el santo le respondió: “ferro cinge pedem properat, Jaricho ad edem”.

Aún joven oyó unas predicaciones de San Federico de  Mariëngaarde (4 de febrero y 3 de marzo), el gran predicador de Frisia. Aunque era una predicación dirigida al clero, y por tanto, en latín, el joven Jarich se las ingenió para oírlas (suponemos que por las ventanas) y lo entendió perfectamente, por gracia de Dios. Este hecho le llevó a considerar encaminar su vida hacia el estado de religión, y en la orden de premontré, entrando al monasterio de Mariëngaarde

Como decía, poco se sabe de él, porque lo que consta históricamente es posterior a su elección como abad, con la sorprendente edad de 80 años. Fue elegido el 14 de septiembre del año 1238, y unas semanas después, la Víspera de Todos los Santos, enfermó gravemente, y su gobierno tuvo que apoyarlo en los hermanos. Aún así, siguió gobernando hasta la primavera de 1240, en que fue destituido. El 23 de junio de ese mismo año, cerca de la medianoche mandó a un hermano a constatar de donde venía el viento. “Del sur”, fue la respuesta, a lo que el santo respondió: “mientras no cambie, no moriré, estad atentos”. A mediodía del 24 de junio, mientras se cantaba el oficio litúrgico, el viento cambió, dirección al este (la Jerusalén celestial), los hermanos acudieron y le acompañaron en su dulce muerte. Le enterraron, como había pedido por humildad, en la portería del monasterio, para ser pisado por todos los viandantes. 

Posteriormente, llegada la fama de milagros, sería trasladado a un altar dentro de la iglesia. Por su sucesor, el Beato Ethelger de Mariëngaarde (8 de mayo). 



Fuentes:
-“Vitae Abbatum Orti Sancte Marie”. HERMANN LAMBOOIJ
-“Sibrand Leo y las crónicas de los abades premonstratenses de Frisia”. HERMANN LAMBOOIJ. 2008.


A 24 de junio además se celebra a
San Juan Bautista, profeta.
San Romboud de Mechelen,  ermitaño mártir.
San Thöger, presbítero.

martes, 23 de junio de 2015

Vuelve otro Estilita: el Joven

San Simeón Estilita, el Joven. 23 de junio y 3 de septiembre.

Santos Juan y Simeón el Joven.
A Simeón Stilita se le llama “el Joven” o “el Menor” para distinguirle del otro Simeón Estilita "el Viejo" (5 de enero; 29 de junio; 27 de julio, Iglesia Jacobita, y 1 de septiembre, Iglesias Griega y Bizantina). Sus padres fueron el comerciante de telas, tintes y especias, Juan y santa Marta (4 de julio), originarios de Edesa. Estando embarazada, su madre tuvo una revelación de San Juan Bautista (24 de junio, Natividad; 23 de septiembre, Imposición del nombre; 24 ó 21 de febrero, primera Invención de la cabeza; 29 de agosto, segunda Invención de la cabeza, hoy fiesta de la Degollación; 25 de mayo, tercera Invención de la cabeza), de quien era muy devota, que le aseguró que tendría un hijo agraciado por Dios, y que sería luz en el mundo, por su penitencia y vida orante. Y nació Simeón, llamado así en honor al Estilita “viejo”, en Antioquía, en 521. La leyenda nos dice que el amor a la penitencia se manifestó muy pronto, pues el bebé Simeón no mamaba de su madre ni los viernes, ni las vigilias de la Iglesia. En fin… 

Cuando tenía 5 años ocurrió un terremoto devastador en Antioquía, del que su madre y él se salvaron por estar en la capilla de san Juan Bautista, mientras que su padre pereció entre las ruinas de su casa y comercio. Desde la pobreza tuvo que trabajar junto a su madre por salir adelante. Aún siendo muy pobres, y endeudados, madre e hijo no dejaban de socorrer a los pobres, acoger peregrinos, dedicar horas a la oración. Y el niño seguía siendo tan penitente, que no sufría la falta la comida, el frío o el calor. Vivía de milagro, que dicen sus biógrafos. Lo mismo puede decirse de su intelecto, que no se vio mermado por la carencia de comodidades ni de maestros. Su madre le educó como supo, y lo hizo muy bien, porque con pocos años, el niño tenía luces y argumentos muy elevados para su edad.  A los doce años comenzó a madurar su vocación eremítica, aunque se ponían grandes esperanzas en él. Tanto el mundo como la Iglesia, y lo demuestra que con solo 12 años fue ordenado diácono, con vistas a alcanzar cargos eclesiásticos.

Pero él lo tenía claro: Cristo, y este en la soledad, era su único deseo y vocación. No le convencieron las lágrimas de Marta, ni sus ruegos, así que una noche, con quince años, salió de la ciudad sin rumbo fijo. Viajó hasta el monte Taumastoro (Monte de los Milagros), en Siria, donde había un monasterio muy austero y penitente, donde no se aceptaba a cualquier postulante sin probarle antes en la penitencia, la humildad y la caridad. Todas las pruebas las superó, y con gran agrado de los monjes, que descubrieron en el adolescente grandes prendas de santidad. Era juicioso sin arrogancia, humilde sin falsedad, penitente y alegre al mismo tiempo. Admitido como novicio, le asignaron como maestro al monje San Juan Estilita (24 de mayo), que vivía sobre la columna en medio del monasterio. Este ya le conocía desde mucho antes que llegara al monasterio, por medio de visiones en las que Dios le había revelado su persona, vestido con una túnica blanca. En breve adelantó a su maestro en las virtudes, comía solo unas lechugas una vez a la semana, oraba de continuo casi toda la noche, y durante el día mientras trabajaba o leía las Escrituras o a los Santos Padres. Todas las noches rezaba el salterio entero, y todos los salmos durante el día, haciendo genuflexiones y disciplinándose. La unión con Dios era constante, cada acción o palabra estaba llena de la presencia de Dios, tan cara a la vida monástica.


Poco a poco fue haciéndose más conocido, y con ello llegaron las tentaciones de fama y vanagloria, a las que resistió siendo más penitente y humilde. Más aún. La leyenda cuenta que no contento el diablo, tentó a un pastor que por allí vivía para que comenzara a difamarle y ante el nulo efecto, le metió en la cabeza que lo asesinara. Apenas tomó un cuchillo, se le paralizó el brazo y comenzó a secársele, cayendo la carne y dejando ver el hueso. Arrepentido corrió al monasterio y confesó sus intenciones pecaminosas instigadas por el diablo. Simeón le abrazó tiernamente, le perdonó y le sanó el brazo. El pastor, arrepentido, lo dejó todo y entró al monasterio para hacer penitencia toda su vida. 

En unos años Simeón había aventajado tanto a su maestro, que este y el abad, le permitieron en 541 tener su propia columna separada de la de Juan. Era más alta y estrecha que la de su maestro, y en torno a ella congregó a sus propios discípulos atendidos por su santa madre que lo había vendido todo para los pobres y acompañaba a su hijo viviendo al pie de la columna, sirviéndole a él, a los monjes y a los peregrinos.
Pero en esta nueva fase sin supervisión exageró en la penitencia, pues se ató una cuerda a la cintura, tan fuerte, que le hizo una llaga que permitió se hundiera la cuerda en la carne, pudriéndola. Emanaba un olor tan pestilente, que Juan le ordenó se la quitara para siempre, a lo que obedeció Simeón, como buen santo, para el que la obediencia es lo primero. Se había adherido tanto la cuerda, que fue necesario cortar trozos de carne, estando a punto de morir. 

Pasados los tiempos de tentaciones y cargas del demonio, le llegó el tiempo de la serenidad espiritual, siendo colmado por Dios de gracias y bendiciones, dándole dones inefables. Le libró de morir luego que un rayo alcanzara su columna y esta se derrumbara. Los monjes hallaron al santo sonriendo entre los escombros. Alcanzó una contemplación elevadísima, estando en éxtasis casi continuamente, llegando al conocimiento de verdades de la fe y misterios de la Revelación. Tuvo don de conciencias, libraba a los endemoniados, predecía acontecimientos futuros y cercanos en el tiempo, que él mismo podía comprobar se hacían realidad. También tuvo el don de milagros, sanando a muchos con solo trazar la señal de la cruz, o incluso mirarles desde lejos, aunque esta forma de sanar distante no le gustaba, porque siempre acompañaba los prodigios de palabras de vida eterna, no menos sanadoras. La fama hizo que en 554 el obispo de Seleucia le visitara y le ordenara presbítero en contra de la voluntad del santo.

Ya ordenado, su misión dio un paso adelante: comenzó a escribir, además de predicar. Sermones y obras ejemplarizantes escribía a los que le pedían algo. Escribió cartas y obras teológicas. Defendió el culto a las imágenes sagradas, para lo que escribió una carta al emperador Justiniano, recordándole su deber de defender la ortodoxia de la fe cristiana. Una carta tan llena de unción y verdad, que el emperador la tuvo en gran precio para defender la devoción a las imágenes. Doscientos años después aún la citaba el Segundo Concilio Ecuménico de Nicea, incluyéndola entre su argumentario los defensores de las imágenes. También denunció el santo los errores de las herejías que persistían en su tiempo.

En 566 se hizo construir una columna más alta aún, ya separada del monasterio, y junto a la cual reuniría a sus discípulos y su propio monasterio. En esta columna vivió 26 años más. A inicios de 592 supo por revelación que ese mismo año moriría. Convocó a los monjes, y cada día les exhortaba a ser vigilantes, a no perder la humildad y la caridad. Finalmente, el 24 de mayo, con 75 años de edad, falleció, viéndose grandes luces en el cielo en ese momento. 


Fuente: 
-"Novísimo año cristiano". JEAN CROISET. Madrid, 1847. 


A  23 de junio además se celebra a
Santa Etheldreda de Ely, reina y abadesa.
San Walter de Onhaye, presbítero mártir.

lunes, 22 de junio de 2015

San Albano de Verulam.

San Albano de Verulam, protomártir de Inglaterra. 22 de junio y 2 de agosto (traslación de las reliquias). 

Vidriera francesa.
Leyenda:
San Albano era un pagano del actual Hertfordshire, que protegió en su casa y protegido a un sacerdote cristiano en la persecución de Diocleciano, y quedó tan impresionado por la devoción y santidad de este sacerdote que se convirtió al cristianismo. Fue denunciado de proteger al sacerdote y al llegar los soldados a buscar a este, Albano se puso su capa por encima, y se presentó a los soldados pretendiendo ser el presbítero. El nombre del sacerdote no lo da Beda, pero sí Guillermo de San Albano, el falsificador, que le llama “Amphibalus”, que es el equivalente en griego ¡a manto o capa! Con este nombre es recogido en algunos martirologios el 22 o el 25 de junio.

Albano fue llevado ante el gobernador que, al descubrirse Albano, vio que no era el sacerdote y le ordenó de inmediato que sacrificara a los dioses o se preparara a la muerte. Albano se negó y fue azotado, pero cuando el gobernador vio que no se doblegaba, ordenó su muerte sin más. Aquí dice Beda que al llegar al río que tenía que cruzar, había tanta gente de ambos sexos y condición social en el cauce y el puente, que Albano impulsado por un ardiente deseo de sufrir el martirio, se acercó a la corriente y el río se secó para que pudiera cruzar con los soldados. Al mismo tiempo que se secó el río, dice Beda, surgió una fuente en la colina del martirio, actualmente conocida como Holywell, cercana al monasterio. Este "río" en realidad es una corriente que pasa entre la iglesia y el lugar del martirio, y es perfectamente cruzable a pie, así que nada de desecación. 

Al llegar a la colina, esta se cubrió de hermosas plantas y flores ante esto el verdugo se negó a matarle y terminó mártir junto a Albano, el cual, al serle cortada la cabeza, la tomó y caminó hasta caer, donde luego sería enterrado. Suele representarse como soldado aunque la leyenda nada dice de esto, y sus atributos son; una capa a los pies o sobre la cabeza, por el hecho de usar de un disfraz; la palma y la espada; la cabeza en las manos, como los santos cefalóforos.

Historicidad:
San Beda (25 de mayo) lo incluye en su martirologio, tomando referencia de la "Britannicæ de excidio", escrita por Gildas, una defensa de la pureza de la fe católica bretona ante las llamadas "innovaciones" e "imposiciones" de Roma. También lo incluyen en el martirologio Usuardo y otros. Y, un detalle que en ocasiones confunde: el martirologio inglés del siglo XIX, le pone por error de imprenta a 17 de junio: donde debía decir XXII, se imprimió XVII, y esto a veces se ha repetido sin mucho tino.

La tradición del martirio y culto de San Albano la mantuvieron fuertemente los sajones dominados por los normandos, como signo de identidad bretona. Incluso San Germán de Auxerre (31 de julio) en su visita a Gran Bretaña en el 429, pudo ver y besar la tierra teñida por la sangre de San Albano, luego de sanar milagrosamente aun niño ciego. Germán mandó abrir el sepulcro del santo, cambió algunas reliquias de las que llevaba siempre consigo por un poco de polvo y sangre del protomártir de Inglaterra. A su regreso a Auxerre construyó una iglesia en su honor y depositó dicha reliquia allí. 

Pero la historia de Gildas tiene imprecisiones, la más notoria es que hace a Albano mártir bajo Diocleciano, pero Gran Bretaña no fue dominada por Roma hasta Constancio Cloro, que no desató persecuciones. Incluso Eusebio llega a decir que "(Constancio Cloro) no tenía ninguna participación en las hostilidades ocurridas contra nosotros, sino que preserva y protege a las personas piadosas de todo daño y calumnia". O sea, que problemas hubo, pero por parte de gobernadores o nobles intransigentes, por su propia cuenta y no “persecuciones” entendidas como tal. Resumiendo, que 125 años después de la última persecución, en Verulam se veneraba un mártir llamado Albano, que si murió bajo Diocleciano, sería entre el 303-304. En el libro "Vida de los abades de San Albano", de Eadwar (970) se dice que en Verulam se habría hallado una estela de piedra que, en caracteres desconocidos narraba el martirio de San Albano. Dicho texto fue traducido por Guillermo de San Albano en el siglo XII y en el prólogo dice que se basa en un escrito del año 590, pero es todo una falsificación a la que ningún historiador da validez.

Culto y veneración: 
Martirio de San Albano.
En el sitio del martirio se levantó una iglesia cuando llegó la paz para los cristianos, pero que fue destruida durante la dominación sajona, y fue restaurada cuando los anglosajones se convirtieron, y existía aún en la época de San Beda. En el año 793, Offa, rey de Mercia, fundó allí la Real Abadía de San Albano y llevó algunas reliquias del santo a Roma. En tiempos de las invasiones danesas, los monjes de San Albano enviaron el cuerpo del santo a Ely, y cuando se firmó la paz con los daneses lo reclamaron, pero los monjes de Ely se negaron a devolverlo. Ante esto, al verse sin cuerpo del santo los monjes de San Albano se sacaron de la manga que nunca habían enviado el verdadero cuerpo a Ely, sino que para despistar habían enviado otro y el verdadero cuerpo estaba aún en la abadía de San Albano (!). Hicieron excavaciones y fue “hallado” y puesto en veneración. Así que durante siglos se convivió con la duplicidad del cuerpo. Las tumbas de San Albano, San “Amphibalus” y el verdugo martirizado, han sido examinadas, y no hay rastro de las reliquias, puesto que fueron profanadas y dispersadas durante el reinado de Enrique VIII.

Pero si todo esto fuera poco... la ciudad de Colonia, además de su San Albano propio (21 de junio), pretende que la iglesia de San Albano de esta ciudad contiene reliquias también del protomártir inglés. Habrían sido traídas de Roma en el año 989, y supuestamente son las mismas reliquias del protomártir de Inglaterra que anteriormente habían sido llevadas a Roma en 793 por el rey Offa, pero esto no tiene ni pies ni cabeza. Estas reliquias del San Albano romano venerado en Colonia fueron dadas por el papa Juan XI, a la emperatriz Teophania, esposa de Otón II, en su visita a Roma en 989, pero nada se sabe de este San Albano, ni como sufrió y se supone sea un mártir de las catacumbas.



Fuente:
-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 22 de junio además se celebra a 
San Acacio y 9999 compañeros mártires.
Santa Cristina de Bretaña, virgen

domingo, 21 de junio de 2015

San Ramón, el obispo desterrado.

San Ramón de Roda, obispo. 21 de junio y 16 de noviembre, traslación de las reliquias.

San Ramón. Barbastro.
Este santo, también conocido como Raimon de Guillem o Raimundo de Barbastro era originario de la casa condal de Tolosa. Nació en Durban, sobre 1067. Como hijo de casa noble se le destinó a la carrera militar, pero sus dotes intelectuales, y su piedad, le encaminaron hacia la carrera eclesiástica. Estudió probablemente en ambientes monásticos. Destacó entre los sacerdotes de la ciudad como celoso predicador, confesor y director de almas. Fue canónigo regular de San Agustín en el monasterio de San Antonino de Frédoles. Pasó a Tolosa, donde en  1101 fue nombrado canónigo de la colegiata de San Saturnino de Tolosa, para pronto ser nombrado prior.

En el 1104, tras la renuncia de San Ponce (12 de septiembre), fue nombrado obispo de Roda-Barbastro, por el rey Pedro I, para dirimir una disputa entre obispos: Los obispos Odo de Urgel y Esteban de Huesca pretendían que la ciudad de Barbastro, recién reconquistada a los moros, formara parte de sus respectivas diócesis. El santo intentó negarse al nombramiento, pero la autoridad del rey le obligó a aceptar. Estos obispos no se quedaron tranquilos y le hicieron mucha guerra por los territorios exactos de su sede. El rey Alfonso I, sucesor de Pedro, que murió ese mismo año, se enemistó con Ramón, porque este no le secundaba en sus propósitos de enfrentamientos y peleas, y por su protección a judíos y musulmanes a los que el santo no dejaba les avasallasen los cristianos, si bien les predicaba y convertía. El obispo Esteban de Huesca, con conocimiento del rey, se puso al mando de un piquete de soldados, se fueron a Barbastro y entrando en la catedral prendió a Ramón y le desterró a Ramón de su sede, con la acusación de que dejaba prosperar a los musulmanes y a los herejes, apoderándose de la ciudad de Barbastro para Huesca.

El pueblo fiel le acompañó, llorando a su obispo. Subió a un monte, predicó al pueblo, y excomulgó al obispo usurpador. Luego se retiró a una ermita a las afueras de la ciudad de Roda, desde donde comenzó su lucha por su sede. Por consejo de San Olegario de Barcelona (6 de marzo), apeló al papa Pascual II, el cual escribió al obispo Esteban, amenazándole con deponerle para siempre si no restituía al santo obispo en su sede. Lo mismo hizo al rey Alfonso, recordando la división previamente hecha, e igualmente amenazándole con penas muy severas por haber permitido semejante sacrilegio e injusticia. Esteban y el rey no hicieron caso, y el santo hubo de seguir en su destierro, que para él no era sino un tiempo para dedicarle a la oración, la penitencia y los ayunos, acercando su vida a Jesucristo. En esta situación le nombró el papa obispo de Ribagorza, donde igualmente se desveló por sus hijos.

En una ocasión que visitó Zaragoza, el pueblo, el clero y el obispo salieron a recibirle, pidiéndole su bendición, queriendo oír sus palabras encendidas. Allí quedó un tiempo, viviendo como un canónigo más en el cabildo, aprovechando para instruirse más, y dedicar largos ratos a la meditación y oración. En 1119, en agradecimiento, les enviaría un brazo de San Valero (29 de enero) que se veneraba en Roda. Ese mismo año el rey Alfonso demostró arrepentimiento por su conducta ignominiosa y pidió perdón a San Ramón, que volvió a Roda, sin lograr Barbastro. Aún con todas estas peleas indignas, tuvo tiempo y empeño para restaurar la catedral de Roda, promover el arte románico, en boga en su momento. Visitó la diócesis, restauró la vida monástica, dotó de organización y medios a hospitales. Predicaba en los pueblos, acudía solícito a socorrer a los pobres en las calamidades como epidemias o desgracias.

Lápida del sepulcro de San Ramón. La Roda.
En 1125 el rey Alfonso le llevó consigo a la conquista de Granada, como consejero, para que predicase y alentase a los ejércitos cristianos. Y así hizo en la conquista de Málaga, permaneciendo en oración o arengando a los soldados. Fue una campaña que le costó la salud, pues en 1126 regresó a su sede de Roda, con la esperanza de que el rey le devolviese Barbastro. Llegando a Huesca, fue necesario detener la comitiva, por el próximo fin del santo. Fueron avisados los canónigos de Roda, que acompañaron a su obispo, velando con él y estando en su última agonía y muerte,  el 21 de junio de ese mismo año. El santo cuerpo fue trasladado a Roda, y los funerales duraron una semana, donde el pueblo y el clero le veneró, hasta ser sepultado el día 26 en la catedral. Se le proclamó patrón de la diócesis y la ciudad de Barbastro. En 1136 el papa Inocencio II autorizó su culto, canonizándole. El 16 de noviembre de 1143, Gaufrido, obispo de Roda, trasladó las reliquias del santo obispo a un bello sepulcro de mármol colocado en el altar mayor de la catedral de Roda.

El obispo Esteban, luego de ver tan piadoso final, arrepentido de su conducta hizo penitencia y se fue ante el papa para que este le absolviese, pero murió en el camino, víctima de unos ladrones que le asaltaron. El rey y los nobles, atemorizados ante este “castigo divino” resolvieron la situación, dando Barbastro al obispo Pedro, sucesor de San Ramón. De todos modos, Barbastro volvería a Huesca.

Fuente: 
-Novísimo año cristiano. JEAN CROISET. Madrid, 1847. 


A 21 de junio además se celebra a
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