sábado, 4 de mayo de 2013

Del 4 de mayo... y de prisas

Pregunta: Les agradeceria envarme los santos del 4 de mayo, junto con su biografia. Soy voluntaria de Radio Maria en New York y dejo grabado para el proximo sabado los santos del 4 de mayo, ese programa lo pasan a las 3 am y a las 4pm del dia sabado.gracias. EE.UU.

Respuesta: Podria pasarte un listado (que es lo que he hecho) pero no 40 ó 50 biografias, porque ni siquiera las tengo todas disponibles, o traducidas. La verdad es que, con tan poco tiempo (3 días), puedo hacerlo porque coincidentemente, de ese día 4 de mayo la tenía casi completa (o todo lo completa que puede ser una lista de santos). Aquí va:

Nuestra Señora, Santa María Ayudante de Normandía.
Nuestra Señora, Santa María del Lledó.



San Florián de Llorch
San Antonino, mártir.
San Benedicto, obispo.
San Colmoc de Bamfia, obispo.
San Corcodemo de Autissiodoro, diácono .
San Diethmar de Hirsau, abad.
San Eneour de Bretaña, monje.
San Eutimio, mártir.
San Florián de Llorch, mártir
San Floriano, abad, con varios de sus monjes, mártires de Aotria.
San Gerold de Evreux, obispo.
San Godehard de Sajonia, obispo.
San Haymar de Escocia, obispo y mártir.
San Heleno de Troyes, monje.
San Jacobo, diácono y mártir.
San José María Rubio Peralta, presbítero jesuita.
San Juan el laurita, presbítero.
San Judas Ciriaco de Jerusalén, obispo mártir.
San Lupino, obispo.
San Macario, obispo.
San Marceliano, mártir.
San Mictonio, mártir.
San Milix de Roma, mártir
San Mochua, monje.
Santa Antonia de Nicomedia
San Nestorio, mártir.
San Nicéforo de Bitinia, confesor.
San Paulino de Colonia, diácono y mártir.
San Porfirio de Camerino, presbítero mártir.
San Sacerdote de Limoges, presbítero.
San Secundiano, mártir.
San Silano, monje.
San Silvano de Gaza, obispo, y otros 39 mártires.
San Sinesio, mártir.
San Titiano, obispo.
San Trifón, niño mártir. Corposanto.
San Valeriano, mártir.
San Venerio, obispo.
San Willerico de Bremen, abad.
Santa Amelia, virgen.
Santa Antonia de Nicomedia, mártir.
Santa Benedicta de Thorn, abadesa.
Santa Cuadragésima, virgen y mártir.
Santa Helena de Campania, virgen.
Santa Mónica, madre de San Agustín (en Germolles-sur-Grosne, Bretaña).
Santa Pelagia de Tarso, virgen y mártir.
Santa Thumette de Bretaña, virgen. Supuesta compañera de Santa Úrsula que escapó. (y 21 de octubre)
Santa Trifina, virgen y mártir. Corposanto venerado en Bolonia.
Santas Maria y Rufina. Totalmente desconocidas.
Santos Afrodisio, Meldas, Macrobio, Valeriano, Leoncio, Antonino y 60 compañeros, mártires de Sciópolis.
Santos Celestino, Félix, Urbano, Romano, Bellico, Marcial (o Marciano), MittunoFloriano y Pedro, mártires de África.
Santa Bertha de Kent, reina de los Anglos.
Santos Heraclio, Justo y Mauro, mártires en Umbría.
Santos Neófito, Gaio, Gaiano, Zenón, Marcio y Macario, mártires de Grecia.
Santos Olbiano, obispo, y algunos discípulos, mártires.
Beata Catalina Park
Beata Catalina Park, virgen cisterciense, mística.
Beata Cecilia de Ferrara, dominica.
Beata Juana, reclusa.
Beata María Blondeau, terciaria franciscana.
Beata Marina de Pomerio, virgen reclusa, terciaria franciscana.
Beata Valeria de Lauria, viuda.
Beato Alejandro V, papa.
Beato Baltasar de Florencia, franciscano.
Beato Felipe de Sulmona, franciscano.
Beato Gregorio de Urbino, eremita agustino.
Beato Ladislao Gielnovio, franciscano.
Beato Michael Gedrocio, canónigo regular.
Beato Vicente de Sicilia, presbítero dominico.
Beatos Diego y Donato de Vall-Paradiso, monjes cistercienses.

Canonización de San Francisco de Paula (religiosos mínimos).
Deposición de las reliquias de los Santos Lázaro y María Magdalena en Constantinopla.
Invención de las reliquias del Beato Guárico, prior cisterciense.
La Santa Corona de Espinas del Señor (Orden Teutónica, Colonia y otras ciudades).
La Santa Síndone de Turín.

Traslación de las reliquias a Bolonia de la cabeza de San Paulino, y las reliquias de los santos Fulgencio, Inocencio, Fortunato, Erasmo, Valentín, Pacifico, todos mártires. (hoy y el primer domingo de mayo)
Traslación de las reliquias de la Beata Franquilda, viuda.
Traslación de las reliquias de San Vicente, mártir, a Braga.
Traslación de las reliquias de Santa Ana, Madre de la Virgen, a Aptesem.
Traslación de las reliquias de Santa Isabel de Hungría, reina.
Traslación de las reliquias de Santa Walburga, abadesa.
Traslación de Santos Pulcro, Poseso y Fermín, obispos de Verdún.

Los 40 mártires de Inglaterra y Gales. (y 25 de octubre en Inglaterra):

San Agustín Webster, cartujo.
San Alban Bartolomé Roe, benedictino. Y 21 de enero.
San Alejandro Briant, jesuita. Y 1 de diciembre.
San Ambrosio Eduardo Barlow, benedictino. Y 10 de septiembre.
Santa Ana Linne, laica. Y 27 de febrero.
San Cutberto Mayne, presbítero. Y 30 de noviembre.
San David Lewis, jesuita. Y 27 de agosto.
San Edmundo Arrowsmith, jesuita. Y 28 de agosto.
San Edmundo Champion, jesuita. Y 1 de diciembre.
San Edmundo Gennings, presbítero. Y 10 de diciembre.
San Enrique Walpole, jesuita. Y 7 de abril.
San Eustaquio White, presbítero. Y 10 de diciembre.
San Felipe Evans, jesuita. Y 22 de julio.

Los 40 mártires de Inglaterra y Gales
San Juan Almond, presbítero. Y 5 de diciembre.
San Juan Bost, presbítero. Y 24 de julio.
San Juan Houghton, cartujo. Y 4 de mayo.
San Juan Jones, franciscano. Y 12 de julio.
San Juan Kemble, presbítero. Y 22 de agosto.
San Juan Lloyd, presbítero. Y 22 de julio.
San Juan Paine, sacerdote. Y 2 de abril.
San Juan Plessington, presbítero. Y 19 de julio.
San Juan Rigby, laico. Y 21 de junio.
San Juan Robert, benedictino. Y 10 de diciembre.
San Juan Southworth, presbítero. Y 28 de junio.
San Juan Stone, agustino. Y 23 de diciembre.

San Juan Wall, franciscano. Y 22 de agosto.
San Lucas Kirby, presbítero. Y 30 de mayo.
Santa Margarita Clitherow, laica. Y 25 de marzo.
Santa Margarita Ward, laica. Y 30 de agosto.
San Nicolás Owen, jesuita. Y 2 de marzo.
San Felipe Howard, laico. Y 19 de octubre.
San Polydor Plasden, presbítero. Y 10 de diciembre.
San Ricardo Gwyn, laico. Y 17 de octubre.
San Ricardo Reynolds, brigidino mártir.
San Roberto Lawrence, cartujo.
San Roberto Southwell, jesuita. Y 21 de febrero.
San Rodolfo Sherwin, presbítero. Y 1 de diciembre.
San Swithun Wells, laico. Y 10 de diciembre.
Santo Tomás Garnet, jesuita. Y 23 de junio.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Y el nombre de la Virgen era María... Parte II

El 12 de septiembre de 2012 publicamos una primera parte de este tema sobre la devoción al Dulce Nombre de María, que recomendamos releer para entrar en la óptica de esta segunda parte, que retomamos hoy por empezar el "mes de mayo", devota, aunque no litúrgicamente dedicado a María.

Introducción:
María. Oh nombre sagrado. Oh nombre digno de ser amado. Feliz el que lo repite a menudo con amor, quien lo saluda devotamente, quien lo reverencia sinceramente, quien lo invoca frecuentemente. Después del nombre de Jesús, nombre por encima de todo nombre, no hay ninguno más venerable, más dulce, más querido por todos los fieles. A la invocación de este nombre, el pecador se siente lleno de esperanza en la misericordia, el justo obtiene una mayor caridad, el que es tentado logra la victoria sobre sus pasiones, el que está afligido consigue la paciencia y el consuelo. Será, después del nombre de Jesús, mi recurso en las aflicciones, mi consejo en las dudas, mi fuerza en los combates, mi guía en el camino[1].

Haciendo míos los sentimientos del piadoso autor del párrafo anterior, quisiera que su traducción me sirviera de penitencia ante los lectores por mi retraso en concluir este artículo, cuya primera parte se publicó hace ya unos meses.

Aunque en la introducción a esa primera parte ya habíamos hecho alusión a las posibles etimologías del Nombre de María, queremos ampliar un poco el tema con las aportaciones del teólogo Leonardo Boff; somos conscientes de que se trata de un autor controvertido, pero creemos que el libro del que sintetizamos estos datos no se opone a la fe católica; recordemos que cuando fue escrito no había llegado al punto álgido en sus polémicas y continuaba siendo religioso franciscano y por ello nos parecen interesantes algunas de sus aportaciones [2].
"El significado etimológico que le parece más convincente es el de “la amada de Dios”, pues contiene una raíz egipcia, myr, que significa “la amada”, y otra hebrea, yam, que es una abreviatura del nombre de Yahve. Recordemos que la primera María de la que tenemos noticia es la hermana de Moisés y Aarón".

Otra etimología que Boff cree que “goza de algún fundamento” es la que se propuso tras el descubrimiento arqueológico de la antigua ciudad de Ugarit (entre 1929 y 1932), en donde aparece frecuentemente el término mrym, referido a una alta montaña; con esta raíz, María significaría “la sublime, la exaltada, la excelsa”. También toma en consideración la significación de María como “mar de amargura”, de mar-yam, con lo que “el nombre de María apuntaría al aspecto co-redentor de la madre de Jesús, tema siempre muy presente en la piedad católica[3].

Sin embargo, incluye entre las explicaciones etimológicas que “han sido abandonadas por insuficiencia de sentido filológico [4] una de las más extendidas, recogida incluso por San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo), la de “Señora”, que vendría del siríaco.

Por otra parte, recuerda que el relato lucano de la Anunciación, el ángel no llama a María por su nombre propio, sino que lo sustituye por el término griego 'kejaritoméne', que solemos traducir como “la llena de gracia”. Boff, para resaltar más la iniciativa del Espíritu Santo prefiere utilizar la palabra “contemplada”, por proceder etimológicamente de templo, y resaltar así el papel de María como Templo del Espíritu Santo, pues afirma que “existe una relación ontológica entre la Persona divina del Espíritu Santo y María, de tal suerte que ésta se convierte realmente (sin metáforas ni eufemismos) en Templo del Espíritu[5].


LA FIESTA DEL NOMBRE DE MARIA EN LA HISTORIA. Continuación.

Tras este paréntesis retomamos los datos del artículo del P. Aliaga. Recordemos que en la primera parte sintetizábamos los orígenes conquenses de esta fiesta y la influencia de San Simón de Rojas (28 de septiembre); volvemos a la historia tras la muerte del santo trinitario.

1. Desde la muerte de San Simón de Rojas hasta la inclusión en el Calendario Universal (1624-1683)
Tras la muerte de San Simón de Rojas, la Marquesa de Monterrey, doña Leonor de Guzmán, hermana del famoso Conde-Duque de Olivares, solicitó a través del Nuncio en España que se tramitase en Roma una nueva extensión de la fiesta del Santo Nombre de María, para todas las Provincias de la Orden Trinitaria, y para todas las diócesis de las Españas. A pesar de que Giulio Sacchetti recomendó especialmente esta petición de la Marquesa, el 6 de enero de 1625, la Sagrada Congregación de Ritos contestó negativamente a ésta [6]. Urbano VIII (Barberini) no era tan condescendiente como Gregorio XV; sin embargo sí accedió a la petición de los trinitarios, concediendo el rito doble de segunda clase a la fiesta del Nombre de María, tanto para la Orden calzada como para la descalza, sin duda por amistad hacia el P. Juan de la Anunciación, Procurador General de los Descalzos, que fue quien hizo la petición. Esta concesión se hizo mediante un decreto de la Congregación de Ritos, fechado el 17 de noviembre de 1640 [7].

Varias fueron las órdenes religiosas que se aprestaron a solicitar a la Santa Sede –con resultado positivo- la fiesta del Nombre de María [8]. En Sevilla se obtuvo también su celebración, que era una de las principales y más solemnes de su Iglesia Catedral. Igualmente, varias diócesis de las Américas pidieron y obtuvieron esta fiesta entre 1622 y 1671 [9].

Tendrían que pasar 46 años para que la petición de extensión de la fiesta a toda España (que se hizo a Urbano VIII en 1625) fuera acogida favorablemente por parte de la Santa Sede. Tras la elección de Clemente X como Romano Pontífice, en el mes de enero de 1671, el embajador de Carlos II don Pedro de Aragón, virrey de Nápoles, presentó al Papa la petición de la reina Mariana, de que se extendiera la fiesta del Nombre de María a todos los reinos de Carlos II, de modo que su oficio se pudiese celebrar por ambos cleros. Esta petición fue atendida favorablemente, emanándose el breve “Praeclara” en fecha de 26 de enero de 1671. El 7 de octubre del mismo año se firmaba en Roma un nuevo breve, dirigido como el anterior a la reina Mariana, por el que se concedía indulgencia plenaria a cuantas personas participaran en la celebración de la misa en dicha fiesta del Nombre de María [10].

En 1676 fue elegido papa Inocencio XI (Odescalchi), que era terciario de la Orden Trinitaria y por tanto conocía y vivía la devoción al Nombre de María [11]. Su objetivo principal fue parar el avance de los turcos por Europa, logrando la nada fácil unión de fuerzas del emperador Leopoldo I y de Juan III Sobieski de Polonia, que tuvo, como logro más vistoso, la liberación de Viena, en fecha 12 de septiembre de 1683. Fue en agradecimiento por esta victoria por lo que Inocencio XI se decidió a extender a la Iglesia universal la fiesta del Nombre de María, como reconocimiento a la protección de la Virgen sobre las tropas cristianas. El 25 de noviembre de 1683 mandaba que dicha fiesta se celebrara en toda la Iglesia, pasándola al domingo dentro de la octava de la Natividad de la Virgen, con oficio y misa propia de rito doble mayor.

2. Desde su extensión a la Iglesia Universal, hasta la promulgación del Calendario de Pablo VI (1683-1969)
La citada extensión a la Iglesia universal de la fiesta, trasladada a domingo, fue bien acogida por el pueblo cristiano, pero iba a suscitar diversas dificultades litúrgicas: un decreto general de 17 de junio de 1684 aclaraba que debía dejar de celebrarse el 17 de septiembre aunque hubiera sido otorgada anteriormente su celebración, que se debía considerar cesada la indulgencia concedida por Clemente X, siendo necesaria una nueva petición a Roma para poder lucrarla, y que se prohibía utilizar y reimprimir los textos litúrgicos propios anteriormente concedidos a España y a algunas órdenes religiosas [12]. Otras muestras de que el pontificado de Inocencio XI es el punto culminante en la difusión de esta devoción son la construcción de la Iglesia del Santo Nombre de María en el foro de Trajano, de Roma, encargada al arquitecto Mauro Fontana, así como la erección de una Archicofradía en su honor en la también romana iglesia de Santo Stefano del Cacco [13].

Por el contrario, cuando esta fiesta llegó a correr serio peligro fue en el pontificado de Benedicto XIV (Lambertini) (1740-1758). Este Papa, gran erudito y apasionado de la liturgia, nombró una comisión para la reforma del Breviario Romano en la que fueron objeto de amplia discusión las fiestas marianas consideradas menores, que habían proliferado abundantemente; se consideró trasladar a fecha fija las que se celebraban en domingo, pero también se pensó en suprimir algunas, como la que nos ocupa. Sin embargo, el Papa no quedó satisfecho con las propuestas de la comisión y asumió personalmente este proyecto, que no llegó a concluir, permaneciendo intacta la fiesta del Nombre de María.

Nuestro autor señala también la concesión por Clemente XII en 1738 de un “Jubileo plenísimo” con indulgencia plenaria a los que visitasen en esta fiesta una iglesia de la Orden Trinitaria [14]. Del mismo siglo XVIII es la concesión de indulgencias por Clemente XIII en 1759 a los que invoquen el Santo Nombre de María. En el XIX vemos que varias congregaciones religiosas de marcada espiritualidad mariana incluyen esta fiesta en sus calendarios propios; es el caso de la Sociedad de María (Padres Maristas) fundada en 1816 y de la otra Sociedad de María (Padres Marianistas), fundada en 1817; los primeros obtuvieron su concesión en 1847.

San Pío X (21 de agosto), mediante la bula “Divino afflantu”, de 1 de noviembre de 1911, reformó el breviario y uno de sus objetivos fue recuperar la importancia del domingo, como celebración principal de los cristianos, que en muchos casos había quedado oculto bajo innumerables fiestas, llevando a cabo lo que ya había intentado la antes mencionada comisión de Benedicto XIV. Así, por lo que a nuestra fiesta se refiere, se pasó del domingo infraoctavo de la Natividad de María, a la fecha fija del 12 de septiembre (que, recordemos, es el aniversario de la liberación de Viena en 1683). No se produjo ninguna novedad hasta la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II; únicamente señalemos que con la nueva denominación de los grados de las celebraciones litúrgicas tras las Rúbricas promulgadas por el Beato Juan XXIII (11 de octubre) en 1960, su categoría quedó fijada en “fiesta de tercera clase”.

El Concilio Vaticano II [15] preveía la revisión del calendario universal; el nuevo Calendario fue promulgado el 14 de febrero de 1969 [16] y de él desapareció la fiesta del Nombre de María. El motivo lo da monseñor Annibale Bugnini: “Se suprime, por estar incluida en la fiesta de su Natividad[17]. 

3. El Nombre de María, en la liturgia actual.
Sin embargo, la fiesta del Nombre de María había dejado gran huella en la liturgia y en la espiritualidad del pueblo cristiano, con lo que hubo muchas peticiones de una rectificación de este punto, que obtuvieron que en la segunda edición típica del Misal Romano de Pablo VI (1975) se incluyera una misa, entre las votivas, propia del Nombre de María, si bien se reduce a una oración colecta propia [18].

Recordando la vinculación de la fecha de esta fiesta, 12 de septiembre, con el cerco de Viena, no es de extrañar que entre los lugares donde se sigue celebrando el Nombre de María se encuentren diversas diócesis de Alemania, Austria y Suiza [19]. También lo recogen en sus calendarios algunos Institutos religiosos; es el caso de los Marianistas y Padres Maristas (como solemnidad), los Escolapios (como fiesta) y los Trinitarios y Hermanos Maristas (como memoria obligatoria).

En fecha 15 de agosto de 1986, con la aprobación del Beato Juan Pablo II, la Congregación para el Culto Divino promulgaba el libro de “Misas de la Virgen María[20], que incluye 46 formularios de misas marianas, sobre todo para su uso en santuarios; el número 21 lleva el título: “El Santo nombre de la Bienaventurada Virgen María” y lleva propios todos los textos eucológicos y del leccionario; estos textos, a excepción del prefacio [21] y con pocas variaciones, están tomados del "Proprium missarum Societatis Mariae" [22].

El último capítulo en la historia de esta festividad mariana viene con la tercera edición típica del Misal Romano (2002), en cuyo calendario se incorporan o recuperan algunas celebraciones; es el caso de la que nos ocupa, “El Santísimo Nombre de María”, que aparece en su fecha, ya tradicional, del 12 de septiembre, si bien con la categoría mínima de memoria libre y con un formulario que contiene únicamente la oración colecta.

Concluimos así este itinerario, y lo hacemos transcribiendo un bello texto de San Bernardo de Claraval (20 de agosto) en su Homilía “Sobre las excelencias de la Virgen Madre”:
El evangelista dice: «Y el nombre de la Virgen era María». Digamos algo a propósito de este nombre que, según dicen, significa «estrella del mar» y que resulta tan adecuado a la Virgen Madre. De manera muy adecuada es comparada con una estrella, porque, así como la estrella emite su rayo sin corromperse, la Virgen también dio a luz al Hijo sin que ella sufriera merma alguna. Ni el rayo disminuyó la luz de la estrella, ni el Hijo la integridad de la Virgen. Ella es la noble estrella nacida de Jacob, cuyo rayo ilumina todo el universo, cuyo esplendor brilla en los cielos, penetra en los infiernos, ilumina la tierra, caldea las mentes más que los cuerpos, fomenta la virtud y quema los vicios. Ella es la preciara y eximia estrella que necesariamente se levanta sobre este mar grande y espacioso: brilla por sus méritos, ilumina con sus ejemplos.

Tú, que piensas estar en el flujo de este mundo entre tormentas y tempestades en lugar de caminar sobre tierra firme, no apartes los ojos del brillo de esta estrella si no quieres naufragar en las tormentas. Si se levantan los vientos de las tentaciones, si te precipitas en los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, llama a María. Si eres zarandeado por las olas de la soberbia o de la ambición o del robo o de la envidia, mira a la estrella, llama a María. Si la ira o la avaricia o los halagos de la carne acuden a la navecilla de tu mente, mira a María. Si turbado por la enormidad de tus pecados, confundido por la suciedad de tu conciencia, aterrado por el horror del juicio, comienzas a ser tragado por el abismo de la tristeza, por el precipicio de la desesperación, piensa en María.

En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No la apartes de tu boca, no la apartes de tu corazón y, para conseguir la ayuda de su oración, no te separes del ejemplo de su vida. Si la sigues, no te extraviarás; si le suplicas, no te desesperarás; si piensas en ella, no te equivocarás; si te coges a ella, no te derrumbarás; si te protege, no tendrás miedo; si te guía, no te cansarás; si te es favorable, alcanzarás la meta, y así experimentarás que con razón se dijo: «Y el nombre de la Virgen era María»" [23].


Ángel Luis Estecha González, pbro.




[1] Abbé (D´Hérouville): “Imitation de la très-Sainte Vierge sur le modèle de l´Imitation de Jésus-Christ”; Ed. Mame; Tours, 1855. Livre IV, Chap IX. (Pp. 346-347).
[2] Boff, Leonardo: “El Ave María, lo femenino y el Espíritu Santo”. Ed. Sal Terrae; Santander, 1982.
[3] Boff, o.c., p. 48.
[4] Boff, o.c., p. 49.
[5] Boff, o.c., p. 55.
[6] Petición, en ARCHIVO SECRETO VATICANO, Segreteria di Stato, Spagna, vol. 64, 689. Respuesta, en Fondo Pio, vol. 198, 223. Textos (ambos en italiano) recogidos por Aliaga en su Apéndice Documental. 
[7] Oficia Propria Festivitatum, et Sanctorum, quae in toto Ordine SS. Trinitatis R. C. generaliter celebrantur (Matriti 1717) s.f. (=Rubricae speciales).
[8] Nos recuerda el Artículo que sintetizamos: “Antes de 1670, lo habían pedido y obtenido: los cistercienses españoles, que compusieron un oficio propio, aprobado a instancias del Maestro fray Rafael de Oñate; los dominicos, franciscanos, agustinos, carmelitas (que consiguieron el rango de rito doble mayor), mercedarios, jesuitas y mínimos (que obtuvieron la facultad de poder celebrar el oficio del Nombre de María todos los sábados del año)”.
[9] Eliminando otros valiosos datos que nos da Aliaga, nos limitamos a enumerar dichas diócesis: Lima, León en Nicaragua, Cartagena de Indias, Panamá, Puerto Rico, Arequipa y Santiago de Cuba. La mayoría de los obispos peticionarios eran trinitarios.
[10] Ambos breves, publicados por J. J. Bourassé, Summa Aurea de laudibus Beatissimae Virginis Mariae VII (Paris 1866) 272-274. Textos recogidos por Aliaga.
[11] En 1677 respondió a varias cuestiones relativas a esta fiesta, como que no se podía obligar a los franciscanos a preferir el oficio del Nombre de María sobre el de las Llagas de San Francisco, que se celebraba en la misma fecha (17 de septiembre).
[12] El texto, tomado de “Decreta authentica Congregationis Sacrorum Rituum”, podemos verlo en Aliaga. Un nuevo decreto del mismo año regulaba otras cuestiones litúrgicas “menores”, como que en el Oficio del Nombre de María no se hiciese conmemoración de la Octava de la Natividad.
[13] Erigida por el breve “Cum nos” el 11 de mayo de 1689.
[14] Aliaga incluye el texto latino del Breve, del archivo del convento trinitario de San Carlino alle Quattro Fontane, de Roma.
[15] En la declaración que se puso como apéndice a la Constitución Sacrosantum Concilium, en 1963.
[16] Por el Motu Proprio "Misterii Paschalis".
[17] BUGNINI, A. “La Reforma de la liturgia 1948-1975” (Madrid 1999), p. 273. Citado por Aliaga.
[18] Mons. Bugnini afirma: "En la segunda edición del misal se incluyeron las misas de María Madre de la Iglesia, y del Smo. Nombre de María, por numerosas e insistentes peticiones": o.c., p. 351. Recogido por Aliaga.
[19] El arraigo que esta fiesta ha tenido en los países de lengua germana, y que es fácil intuir tiene su origen en la liberación de Viena (1683), ha quedado patente en el haber dejado la fiesta del Nombre de María en su ubicación del 12 de septiembre, para uso de aquellas diócesis que quieran celebrarla. Véase la edición oficial del Misal para el mundo de habla alemana, Die feier der heiligen Messe. Messbuch für die Bistümer des deutschen Sprachgebietes (Freiburg im Breisgau 1988) 769: 12 september, Mariä Namen. Citado por Aliaga.
[20] “Collectio Missarum de beata Maria Virgine”.
[21] Recordemos que citábamos un fragmento de este prefacio en la introducción a la primera parte de este artículo.
[22] La introducción a esta misa nos recuerda entre otras cosas que en este formulario “se glorifica ante todo a Dios Padre por el 'Nombre de Jesús' (…) En segundo lugar es glorificado por el 'Nombre de María', esto es, por la persona de la Madre de Cristo y su misión en la historia de la salvación”. Continúa desarrollando que los diversos elementos de la misa celebran el Nombre de María en cuanto que es glorioso, santo, maternal y providente.
[23] Este texto ha sido incorporado como segunda lectura del Oficio de Lectura de la celebración de esta memoria. Esta traducción litúrgica es la que durante varios años se publicó en apéndice al “Calendario Litúrgico-Pastoral” de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española.

martes, 30 de abril de 2013

El Santo Niño Doctor de los enfermos

Sor Carmen
con el Divino Niño.
En el estado de Puebla, muy cercano a la capital de México, se encuentra una población de nombre Tepeaca, lugar famoso por haber sido aquí donde Hernán Cortés escribiera su segunda carta de relación al rey de España. Este lugar sigue dando frutos de devoción y amor a Cristo y especialmente en su infancia, como es el caso de la imagen del Santo Niño Doctor de los Enfermos. Se cuenta que una de las religiosas josefinas de la ciudad de México poseía una bella talla del niño Jesús la cual decidió rifar entre las hermanas de la Congregación, saliendo premiada la hermana Carmen Barrios. La imagen fue puesta a veneración primeramente en el hospital "Concepción Béistegui" en el cual ayudaban las religiosas josefinas. En este sitio es donde se la da primeramente el título de “Niño Doctor”. 

La hermana Carmen fue enviada a servir en el hospital recientemente inaugurado de la población de Tepeaca, pues el presidente municipal en persona había solicitado la ayuda a la congregación para que atendieran el recinto. Corría el año 1942 cuando las hermanas llegan a esta localidad, llevando consigo la preciada y venerada imagen que, como había sucedido en su residencia anterior, comenzó a obrar prodigios a quien afligido recurría a su auxilio, por lo que muchos le comenzaron a llamar también el “Santo Niño del Hospital”. 

Tiempo después las religiosas fueron trasladadas al poblado de Tehuacán, Puebla y se llevaron consigo la imagen, pero esta fue reclamada de regreso por los pobladores de Tepeaca, quienes se habían encariñado con ella. En 1961 debido a la gran devoción que el pueblo le prodigaba a la imagen se estableció la festividad del Santo Niño Doctor de los enfermos el 30 de abril, fecha en la que en México se festeja el "Día del Niño”. Debido a la avanzada edad de la hermana Carmen Barrios, esta se mudó a la casa de la señorita Trinidad Torres, donde siguió siendo venerada la imagen por sus devotos en el oratorio particular de dicha casa hasta el 5 de julio de 1963, fecha del fallecimiento de la religiosa josefina. Al poco tiempo, para cumplir con la última voluntad de la hermana Carmen, la imagen del Santo Niño fue llevada a un altar lateral en la parroquia de San Francisco de Asís. En este sitio se encuentran, hasta el día de hoy, la imagen y los restos de la que en vida fuera su dueña.


Niño Doctor. Estampa
tal vez de los años 50
La preciada imagen mide aproximadamente 75 cm de altura, mejillas sonrosadas y viste una blanca bata de doctor que lleva bordada las palabras "Dr. Jesús H.H. J.J". en el bolsillo izquierdo, estas siglas significan el nombre de Jesús (algo similar al JHS o IHS) de la forma en que se acostumbra que los médicos lleven su nombre en la bata y con la duplicidad de las letras por estética, otras bibliografías nos dicen que estas letras son las siglas de la congregación de las Hermanas Josefinas a las que perteneció la hermana Carmen Barrios.

Sus atributos son el maletín de doctor y su estetóscopo. En otras ocasiones es vestido completamente de azul, como cirujano, que bellamente nos recuerda que Cristo es el médico de cuerpos y almas; el único remedio de nuestros males y la medicina del espíritu. Los milagros de este divino infante se cuentan por miles. Según se dice las mejillas de la imagen palidecen cuando está ayudando a algún enfermo grave y se sonrojan cuando el enfermo ha sanado. También se cuenta, como suele suceder en muchas de las imágenes de gran devoción, que se le gastan sus zapatos porque en las noches sale a curar a sus enfermos. Por esto constantemente se le compra un nuevo par de zapatos, que de todos modos no le hace falta pues muchos le son obsequiados a modo de exvotos  por los milagros recibidos. 


Por: André Efrén Ordóñez.


Niño Doctor en la actualidad
Y yo, como muchas veces que me gusta apostillar algo cuando el artículo no es mío, primero le doy las gracias a André por su artículo, y luego a comentar algo sobre la imagen. La verdad es que me llama muchísimo la atención (por desconocimiento de la cultura mexicana, claro está), como a una imagen de reciente devoción (40 o 50 años es nada en devociones) le surgen leyendas típicas de siglos pretéritos. Es normal que leyendas como esas de los paseos nocturnos se creyeran en el pasado, muy pasado, y se arrastren hasta hoy como tradiciones, pero me asombra que nazcan en pleno siglo XX, cuando ya es hora de dar a la imagen si justo valor: imagen inanimada que representa, remite a una realidad superior: Dios presente en sus santos.
El título "Salus Infirmorum" existe desde hace mucho en la Iglesia, aunque referido a la Madre de Dios, y lo llevan varias advocaciones marianas, le corresponde plenamente y con más derecho a Cristo.

Y la imagen en sí, pues hay que decir que tiene su encanto, se nota que es una imagen "de belén" sentada y vestida, se ve ha sido retocada varias veces y, aunque los dedos se notan rehechos sin mucho arte, hay que decir que la policromía actual parece más antigua que en la primera fotografía que mostramos, tal vez una restauración le devolvió a su estado original. Probablemente sea una imagen de finales del XIX o principios del XX y de buena factura, cosa que no tienen ni por asomo los cientos de imágenes que pretenden prepresentar esta devoción. 
Y, por último, es interesante ver como la Hermana Carmen, a pesar de llamarle Doctor, no le vistió tal cual un doctor de su momento, sino como Rey, como suele hacerse habitualmente. La identificación moderna con el típico médico visitador, con el maletín cuasi mágico del que sacaban todas las pócimas necesarias, aquellos médicos de antaño, es un ejempo más de como muchas devociones se van adecuando a nosotros, en lugar de nosotros a ellas.
Ramon Rabre.



MI LIBRO ELECTRÓNICO

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)

YA ESTÁ DISPONIBLE.


lunes, 29 de abril de 2013

Las doctoras de la Iglesia: Parte I

Se estrena como colaborador de mi blog (y ya son cuatro), el amigo José Alejandro Valadez Fernández, con un tema que, en principio sería un solo artículo: Santa Hildegarda de Bingen. Afortunadamente, lo ha desarrollado muy bien, con una amplia introducción sobre las Doctoras de la Iglesia, que presentaré en un primer artículo, por lo sustancioso de su contenido, para en otro momento, dar paso al segundo, propiamente sobre Hildegarda. Y os dejo ya con él:



*************************

Santa
Hildegarda
Recientemente fue nombrada Doctora de la Iglesia, en Octubre de 2012, Santa Hildegarda de Bingen (17 de septiembre) una de las personalidades femeninas y religiosas más fascinantes de la Baja Edad Media [1]: este análisis nos presenta a grandes rasgos la vida, extensa obra y espiritualidad de esa abadesa nacida en el año 1098 en Bermersheim, en la región de Renania-Palatinado, al suroeste de Alemania [2]. Pero antes de comenzar, es preciso hacer mención de otras santas que comparten junto a ella la dignidad de llevar el birrete doctoral y ser reconocidas como parte de ese grupo. En otro artículo haremos algunas anotaciones con respecto al contexto histórico y social en el que nació y se desenvolvió, esto es, en la Europa cristiana del siglo XII; también haremos un análisis y explicación de las facetas que caracterizaron la personalidad de Santa Hildegarda, a saber: su don profético, su vocación de escritora (a pesar de que rara vez escribió, más bien dictó sus visiones), su papel como fundadora y abadesa de monasterios, y su propuesta espiritual para lograr un mayor acercamiento con Dios [3].

Las Doctoras de la Iglesia:
En el universo de los santos de la Iglesia católica existen casos de algunos de ellos que destacaron de manera especial porque fueron eminentes defensores de la fe cristiana, a través de la producción de obras o tratados que explicaban o profundizaban algún aspecto de la religión [4]. Por lo general en estos tratados se defendía, de manera notable, los dogmas de la fe, por ejemplo, sobre el misterio y la naturaleza de Dios y sus criaturas, o sobre el origen del mundo o la jerarquía angélica. En otros se proponía una espiritualidad y modelo de vida totalmente innovador, resultado de un profundo conocimiento teológico.


Sto. Tomás y los
Doctores de la Iglesia
Debido a lo trascendental que resultaron esos escritos, la Iglesia reconoció a esos santos como doctores, es decir, les otorgó el grado máximo en conocimiento que se puede dar, y se les reconoció entonces como maestros para la cristiandad. Para ser considerados doctores debían cumplir tres cualidades: haber llevado una vida santa, haber profesado una doctrina ortodoxa y como ya señalamos, haber escrito una obra relevante. Las instituciones encargadas de estudiar los casos son la Congregación para la doctrina de la fe [5] y la de la Causa de los santos [6], las cuales examinan a detalle la vida y obra del candidato y luego lo presentan ante el Papa, quien es el que dictamina el veredicto.

Entre los santos doctores están Santo Tomás de Aquino (28 de enero y 7 de marzo) llamado “el Doctor Angélico”, San Buenaventura (15 de julio) conocido como “el Doctor Seráfico”, San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 15 de junio, en la Iglesia oriental), San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal), San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias), San Anselmo de Canterbury (21 de abril; 4 de diciembre, consagración episcopal; y 12 de septiembre, invención de las reliquias) y San Bernardo (20 de agosto), por mencionar algunos. Sin embargo, en el terreno de las santas doctoras no es tan fructífero, pues solo se cuenta como tales a Santa Teresa de Jesús (15 de octubre y 26 de agosto, la Trasverberación), Santa Catalina de Siena (1, la impresión de las llagas, y 29 de abril) Santa Teresa del Niño Jesús (1 de octubre) y, en últimos tiempos, a Santa Hildegarda (17 de noviembre). Pero, ¿cuáles fueron esos requisitos que debieron cumplir estas mujeres para ser consideradas como tal?, veamos algunos de ellos. 

En primer lugar, todas estas mujeres llevaron una vida de santidad, y además, hicieron gala de su virginidad. El hecho de consagrarse en cuerpo y alma a su Creador fue indispensable para entrar en ese estrecho círculo (recordemos que hay santas que fueron casadas o viudas, pero ninguna de estas es doctora), caso contrario de los doctores varones, ya que algunos de ellos, antes de reformarse y llevar una vida virtuosa, tuvieron tropiezos en su vida mundana. Las doctoras, en cambio, fueron doncellas que desde su temprana niñez se predestinaron a llevar una vida de pureza y santidad. Según la tradición católica, esta virtud fue la que hizo posible que algunas de ellas recibieran favores o gracias, por ejemplo Santa Catalina, que en reconocimiento de su vida consagrada y virginal, fue tomada por Cristo como esposa, el cual le entregó un anillo como símbolo de su unión [7].

Delicioso anacronismo
en el abrazo de Teresa, Catalina
y Clara. A esta última también
se le ha propuesto para Doctora.
Un rasgo característico de estas mujeres (y de otras santas) es que pertenecieron a la nobleza, o a familias de clase media con cierta influencia local. Sabemos que en aquella época solo las hijas de familias acomodadas podían aspirar a profesar como religiosas (pues la dote y el linaje eran algunos de los requisitos que les pedían). Además podemos notar que casi todas estas mujeres durante su infancia tuvieron contacto con la literatura piadosa que formaba parte del acervo de la biblioteca familiar, reflejo de su posición económica. Otra cualidad (que no es requisito para ser doctora pero que se presenta en estas vírgenes, en mayor o menor medida) fue que experimentaron visiones o arrobamientos místicos [8]. Aquí es preciso hacer un paréntesis entre lo que diferencia una visión de un éxtasis. 

En la experiencia visionaria, el sentido principal por el que se percibe lo divino es la vista, a veces se refiere a que se ve “con los ojos interiores o del alma”, es decir, como una representación mental, en la que si bien intervienen los ojos físicos lo que realmente permite percibir la escena es que el alma se haya en un estado de gracia y purificación tal que puede mirar y comprender lo que sucede en otros planos o dimensiones. El visionario contempla con necesidad de una imagen, y se cree que el entendimiento de esa visión se le da por infusión divina. 

El extático o místico desea la unión espiritual e intelectual con Dios, y actúa sin necesidad de una imagen: Es el anonadamiento, la absorción en y por Dios, del espíritu [9]. Otra característica del extático es que se le permite intervenir en el acontecimiento: por ejemplo, Cristo le permitió a Santa Catalina ver y besar la herida de su costado derecho. En los desposorios de Santa Teresa, también con Cristo, a ella se le colocó un velo y un collar como símbolo de novia mística, y en el que intervinieron como padrinos la Virgen María y San José. Es decir, el místico traza una relación directa con Dios, en un diálogo y actuar mutuo, y no solo lo contempla. En las vidas de las doctoras, hay casos que presentaron estas dos facetas, y otras solo de una.

La santa extática por excelencia es Santa Teresa de Jesús, reformadora de los carmelitas descalzos. En uno de sus arrobamientos más asombrosos (conocido como la Transverberación) Santa Teresa experimenta un intenso dolor que al mismo tiempo era gozo divino pues un Serafín le atravesó el pecho con un dardo. La Santa relata:
Trasverberación de Santa Teresa.
Josefa de Óbidos. Siglo XVII.
"Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla; aunque muchas veces se me representan ángeles, es sin verlos, sino como la visión pasada que dije primero. En esta visión quiso el Señor le viese así: no eragrande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido queparecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman querubines, que los nombres no me los dicen; mas bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros y de otros a otros, que no lo sabría decir. Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja departicipar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento" [10].


La segunda cualidad para ser doctora es una vida ortodoxa. El llevar una existencia de acuerdo al modelo y conducta cristiana era algo que se lograba día a día, en la convivencia diaria y la firme convicción de no apartarse del camino ni un instante. Según las hagiografías de estas vírgenes en algunas se manifestaron éxtasis, otras obraron milagros en vida o post-mortem, y otras más dejaron en su lecho un distintivo aroma que fue tomado como signo de su santidad. Son múltiples los pasajes de sus vidas que nos muestran esa postura. Solo mencionaremos algunos:

Santa Teresa de Lisieux ingresó al Carmelo, casi se puede decir, para seguir donde vivían dos de sus hermanas mayores, y donde más tarde profesaron, en el mismo convento, una hermana y una prima. En sus relatos, Teresita cuenta que al principio ella era una chiquilla imberbe y sensible que no comprendía el verdadero significado de la vida religiosa. Pero un suceso marcó su conversión: sucedió que un 24 de diciembre de 1886, el festejo del nacimiento del Niño Jesús, le hizo madurar y reconocer que ahí era su lugar:
En esta noche en la que él se hizo débil y doliente por mi amor, me hizo a mi fuerte y valerosa; me revistió de sus armas, y desde aquella noche bendita ya no conocí la derrota en ningún combate[11].
Un ejemplo de la santidad en la carne lo muestra Santa Teresa de Jesús. En su muerte ocurrida en Alba de Tormes en 1582 dejó un dulce aroma que se expandió por todo el convento, una luz hermosa invadió la celda y alguien vio volar una paloma al lado de su cama [12]. Nadie dudó de su santidad. Su cuerpo fue exhumado varias veces y en cada ocasión le desprendieron partes de su cuerpo que los creyentes tomaron como reliquias: hoy en día se venera su corazón (que se cree incorrupto) en un ornamentado relicario en el convento de Alba de Tormes. 

Impresión de las llagas
de Santa Catalina de Siena
El tercer gran requisito (el más importante) es el haber escrito obras en donde explicaban o profundizaban una verdad de fe. La máxima obra de Santa Catalina de Siena son sus "Diálogos de la Divina Providencia", de los cuales se dice que fueron por inspiración del Espíritu Santo, aunque también dejó voluminosas cartas dirigidas a varias autoridades eclesiásticas, entre ellas a los papas Gregorio XI y Urbano VI. 

Santa Catalina también tuvo experiencias de este tipo, pues mientras oraba ante un crucifijo, “Vio descender cinco rayos sangrantes de las llagas de su Salvador”. Cuando estos cinco rayos la alcanzaron le produjeron un intenso éxtasis que provocó “que se desmayara en los brazos de sus compañeras como si hubiese sido herida[13]. Esto ocurrió en la ciudad de Pisa en 1375 mientras oraba ante un Crucificado. La diferencia de sus estigmas con los de San Francisco fue que los de ella no se percibieron, es decir, fueron invisibles. Esta aseveración generó una acalorada discusión entre franciscanos y dominicos. Los primeros argumentaron que esta fue una gracia especial concedida a su santo patrono. Los dominicos, por su parte, defendieron que Santa Catalina como Sponsa Christi también era merecedora de esas señales. El litigio terminó con la prohibición del papa Sixto IV de representar los estigmas en las imágenes de la santa, aunque posteriormente el papa Inocencio VIII las autorizó de nuevo y “se marcaron entonces como rayos luminosos y a veces como azucenas[14].

En su faceta como diplomática, Santa Catalina fue consejera de Papas y obispos, y en no pocas ocasiones mantuvo discusiones sobre religión con encumbrados estudiosos, los cuales le reconocieron su sapiencia. También obró el prodigio de trasladar al Papa Gregorio XI de Aviñón hasta Roma [15]. Murió en Roma en 1380, fue canonizada en 1461 por Pío II, y reconocida doctora de la Iglesia el 4 de octubre de 1970 por Pablo VI. Es considerada co-patrona de Europa, y especialmente de Italia (y en esto también comparte el crédito con San Francisco de Asís). 

Santa Teresita, sus hermanas
y la M. María de Gonzaga
Santa Teresa del Niño Jesús o Lisieux, nombrada la “Florecilla” fue una carmelita francesa que también redactó una autobiografía: "Historia de un alma", aunque también realizó cartas, poemas y oraciones. Tuvo un ferviente deseo de ser una monja misionera, cosa que no pudo lograr debido a su delicada salud [16]. Sin embargo, fue reconocida como Patrona de las misiones. Profesó que el camino seguro para llegar a Dios era la sencillez de alma: “Hacer por amor a Dios nuestras labores de todos los días.” El sentido de su propuesta era reconocer la pequeñez del hombre ante Dios, de su poder infinito y de sentir plena confianza en Él, es decir, reconocer su misericordia. Se le construyó una basílica en Lisieux y en 1945 se le nombró co-patrona de Francia, con Santa Juana de Arco (30 de mayo) [17]. El 19 de octubre de 1997 fue nombrada doctora de la Iglesia por el Papa Juan Pablo II, quién le concedió el título de "Doctor Amoris".

La obra de Santa Teresa de Ávila comprende varios tratados, cartas y poemas, entre los que destacan su autobiografía conocida como "El libro de la Vida", "Camino de perfección", "Las moradas (o Castillo Interior)". En estos tratados Santa Teresa propusó un modelo para acercarse a Dios: a través de diversos estadios o habitaciones que el alma tenía que pasar, para finalmente, en la última morada, en el interior del castillo, lograr la unión mística con su Creador. Es considerada patrona de España (junto a la Inmaculada Concepción y Santiago Apóstol), patrona de los escritores españoles y es invocada como auxiliadora de las almas del purgatorio. Tuvo una intensa vida activa y contemplativa pues equilibró sus actividades como priora y fundadora de conventos, también logró madurar y entender sus experiencias místicas para después plasmarlas en sus escritos dejando una guía espiritual para la posteridad. Fue nombrada doctora de la Iglesia el 27 de septiembre de 1970 por Pablo VI [18].



José Alejandro Valadez Fernández.


*************************

Y, como hemos dicho, a la cuarta Doctora, Hildegarda, le dedicará el siguiente artículo.



[1] La Baja Edad Media es el período que comprende desde los siglos XI al XV. 
[2] En lo que en la actualidad se conoce como el land Renania Septentrional-Westfalia. Otras versiones nos dicen que nació en Böckelheim, o en el condado de Spanheim pero todas coinciden en el mismo año de nacimiento. 
[3] Su experiencia mística la podemos percibir a través de sus visiones y de la interpretación que ella misma les dio, pues fue conocedora en teología y sus simbolismos. 
[4] Muchos de ellos se convirtieron en documentos cumbre de la teología cristiana. 
[5] El antecedente de esta congregación era la Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, o simplemente Santo Oficio. La principal función de la Congregación para la doctrina de la fe es, como su nombre lo dice, promover la doctrina de la fe y la moral en el catolicismo. También impulsa el estudio de la doctrina cristiana, su comprensión y que genere argumentos que la defiendan. Así mismo estudia los textos y ver si son ortodoxos y siguen el modelo planteado. 
[6] Le compete todos los asuntos que tienen que ver con la Beatificación de los Siervos de Dios, su canonización, y la Conservación de Reliquias. Ambas congregaciones forman una parte de la Curia romana. 
[7] "Diálogos de Santa Catalina de Sena", trad. Fray Lucas Loarte, Profesor de la Sagrada Teología del Orden de S. Domingo, 1668, Madrid, en Google Books: books.google.com.mx/books?id=K20GCPMFC2wC 
[8] El éxtasis o arrobamiento, según la Real Academia, es un estado del alma, caracterizado interiormente por cierto unión mística con Dios mediante la contemplación y el amor, y exteriormente por la suspensión mayor o menor del ejercicio de los sentidos. Diccionario de la real academia. La experiencia extática no fue exclusiva de las mujeres, también hay casos de santos varones que fueron grandes místicos como San Juan de la Cruz (14 de diciembre), San Francisco de Asís (4 de octubre y 17 de septiembre, la impresión de las llagas) y San Pedro de Alcántara. 
[9] San Ignacio (31 de julio) ideó un modelo de ascesis o actividad espiritual que incluía a cualquiera que deseara acercarse a Dios y no solo para los místicos que desde pequeños hubiesen presentado el don. “El hombre no tiene más que dirigirse hacia Dios por los debidos caminos para alcanzarlo; a él puede llegar solamente con su fervor y el conveniente uso de sus facultades naturales”. Francisco de la Maza, Catarina de San Juan: Princesa de la India y Visionaria de Puebla, CONACULTA, 1990, p. 49. 
[10] Santa Teresa de Jesús, El libro de la Vida, 29, 13. 

[11] Teresa de Lisieux, Historia de un alma. 
[12] Cathleen Medwick, "Teresa de Jesús, una mujer extraordinaria", Marcelo Coiván, trad., España, editorial Maeva, col. Embolsillo, 2002. 

[13] Luis Réau, Iconografía del arte cristiano: Iconografía de los santos, tomo1, vol. 3.Daniel Alcoba, trad., Joan Sureda I Pons dir., España, Ediciones del Serbal, 1997. El pasaje de las llagas tiene su origen en la leyenda de San Francisco de Asís, santo que presentó los estigmas del Señor por primera vez.
[14] Luis Monreal y Tejada, "Iconografía del cristianismo", Barcelona, El acantilado, 2000. Las llagas de Santa Catalina no debían aparecer sangrantes y solo se permitió que fueran representadas por una pequeña fisura, las cuales se pueden apreciar sobre todo en las manos. Otros atributos que acompañan a la santa son las azucenas, símbolo por excelencia de la virginidad, un crucifijo, un rosario, un corazón flameante, y en la cabeza, una corona de espinas. Esta representación con azucenas se usó también para las dominicas Santa Margarita de Hungría (18 de enero) y la Beata Elena de Hungría (12 de junio), aunque esta sólo en la mano derecha.

[15] Louis Reau, "Iconografía del arte cristiano: Iconografía de los santos", vol. 3, tomo 2, Daniel Alcoba, trad., Joan Sureda I Pons dir., España, Ediciones del Serbal, 1997, p. 285. 
[16] En estricto orden de nombramiento, primero fue nombrada doctora Santa Teresa de Jesús, luego Santa Catalina, y después Santa Teresa de Liseux. 
[17] Murió de tuberculosis a los 24 años de edad.
[18] Santa Teresa de Lisieux en Wikipedia la enciclopedia libre, es.wikipedia.org/wiki/Santa_Teresa_de_Jesús

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...