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domingo, 1 de abril de 2018

Obispo por fuerza, monje por vocación.

San Hugo de Grenoble, obispo. 1 y 22 de abril.

Nació en 1053, en Chateauneuf d’Isère, en una familia de clase media. Estando embarazada, su madre soñó que veía a su futuro hijo amparado por varios santos, y que San Pedro y San Pablo le señalaban el camino del cielo. Por ello su padre, que era caballero, decidió inclinar al pequeño Hugo al estudio con vistas a que hiciera la carrera eclesiástica.

A los 21 años, ya graduado en Teología, le nombraron canónigo de la catedral de Valence, y aunque no era presbítero, aventajaba a estos en el cumplimiento de la disciplina y en el rezo del Oficio común. Colaboró con el Legado papal en Francia, obispo de Die, quien le tomó mucho afecto y se hizo acompañar de él en 1079 en el Concilio de Anignon. En esta cita de eclesiásticos conocieron a nuestro santo varios canónigos de Grenoble, quienes se hallaban sin obispo desde la muerte de su prelado, Ponce II, quien además había sido un obispo nefasto, simoníaco y excomulgado. Los canónigos, viendo las dotes de Hugo, solicitaron al Concilio que les nombrara a Hugo como su pastor, a pesar que este solo tenía 27 años y ser seglar. A pesar de su oposición, Hugo fue ordenado presbítero por el Legado, quien luego le llevó consigo a Roma, donde fue consagrado obispo por el papa San Gregorio VII (25 de mayo). En Roma el santo comenzó a padecer una serie de ataques demoníacos y espantosas tentaciones que le acompañaron más de 40 años, de los que salió victorioso gracias a su fe en Cristo, su oración y sus penitencias.

Hugo se hizo cargo muy pronto de su Sede, la cual estaba devastada por el mal ejemplo de su anterior obispo, como dije. Los asuntos de administración en manos de nobles y seglares, presbíteros con posesiones y sirvientes, algunos amancebados y con hijos. Hugo comenzó una serie de predicaciones y penitencias públicas, exhortando a la conversión del clero y los fieles. Durante dos años predicó, visitó, castigó y perdonó a aquellos arrepentidos. Muchos le dieron la espalda, llegando, literalmente, a pasar hambre por no caer en negocios turbios. Creyendo era impotente para lograr la conversión de toda su diócesis, nuestro santo se retiró al monasterio benedictino de "Casa Dei", donde tomó el hábito, para vivir como un monje más, alejado del poder y del peligro de ostentar el mando. Pero sin embargo, al saber el papa Gregorio VII donde estaba, le mandó abandonar el monasterio y volver a su tarea de obispo. Por ello, Hugo salió del monasterio sin llegar a profesar como religioso. De vuelta en Grenoble se esmeró más aún en su labor y pronto tuvo resultados. En tres años la diócesis parecía otra: más fervor y recta vida en el clero y los fieles, y los asuntos políticos separados (hasta donde era pensable en el siglo XI) de los asuntos espirituales.

El sueño de San Hugo.
En junio de 1082 Hugo tuvo un sueño misterioso: Vio caer a sus pies 7 estrellas, que le guiaban a través de las montañas hasta un solitario paraje llamado Chartreuse. Allí vio a Jesucristo ordenando a los ángeles edificarle una casa para él. Hugo no sabía que significado tendría aquella visión, pues era más que un sueño, cuando le llegó la respuesta: Se presentó ante él San Bruno (6 de octubre), otrora canónigo de Colonia, con seis compañeros. Bruno le relató su inspiración de entregarse a Dios en la soledad, viviendo en común, pero manteniendo el aspecto eremítico de los antiguos Padres del Desierto. Para ello Bruno le solicitaba le cediera algún espacio solitario y alejado del mundo. Hugo entendió su visión y fue un entusiasta defensor de Bruno, colaborador en la fundación de la primera Cartuja y además, fue de gran valía para lograr la aprobación de la Iglesia sobre la nueva Orden.

Su cariño por Bruno y su peculiar estilo de vida se tradujo en las largas temporadas que Hugo pasó en la Cartuja, donde era recibido como un padre. Oraba con ellos, vivía en soledad, se penitenciaba y trabajaba como ermitaño, anhelando aquella vida para él mismo. Estaba tan a gusto allí, que más de una vez el abad debía decirle "Id a vuestras ovejas y dadles el pasto que les pertenece", pues Hugo parecía olvidar que era obispo.

Varias veces intentó el santo prelado le removieran de la carga del episcopado, pero tanto Honorio II como Inocencio II no quisieron oír hablar de ello. No fue sino hasta cuando la edad y le enfermedad se lo impidieron, cuando el papa aceptó su renuncia, nombrando en su lugar a Hugo II, monje de la Grande Chartreuse. Dícese que tomó el hábito cartujano, y por ello la Orden lo tiene como santo propio, pero no está muy claro, porque hay testimonios de que siguió viviendo en Grenoble, muy cercano a su sucesor. Si no fue cartujo legalmente, de corazón sí que lo fue con certeza.

Muerte y veneración
del Santo.
Falleció Hugo el 1 de abril de 1132, Viernes de Pasión, teniendo más de 80 años. Sus funerales fueron un gozo pascual, celebrados con alegría más que con llanto. Le sepultaron en su catedral, donde se mantuvo incorrupto su cuerpo durante mucho tiempo después de enterrado. Los milagros junto a sus reliquias fueron tantos que el papa Inocencio II le canonizó el 22 de abril de 1134 en el marco del Concilio de Pisa, a tan solo dos años de su feliz tránsito. Pronto la Orden Cartuja obtuvo celebrar su memoria, y en 1258 pudo elevarla a categoría de Fiesta. Antiguamente la celebraban a 1 de abril, hoy a 22 del mismo mes.


Fuente:
"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000.


A 1 de abril además se celebra a
La Estigmatización de Santa Catalina de Siena.
Santa Genoveva de Brabante, eremita.
Santa Teodora de Xalapa, virgen y mártir.

viernes, 13 de octubre de 2017

Hijo fiel y amadísimo Padre.

Beato Lanuino, monje cartujo. 13 de octubre.

Nació en una familia normanda, y de su infancia y juventud se conoce que estudió en Roma, y se ignora casi todo hasta el año 1087, cuando pidió el hábito monástico en La Gran Chartreusse, siguiendo el ejemplo de San Bruno (6 de junio). Este le tomó afecto y le veía como su mejor discípulo. En 1089 el papa Beato Urbano II (29 de julio), que había sido alumno de Bruno en Colonia, llamó a Roma al santo fundador, y este llevó consigo a algunos monjes, Lanuino entre ellos.

El papa les ofreció la iglesia de Santa María de los Mártires, junto a las Termas de Diocleciano, para que fundaran monasterio. Pero aquel no era buen lugar para los cartujos, Roma era un avispero y el antipapa Clemente III intentaba ganarlos para su causa. Por ello, casi todos los monjes regresaron a la Chartreusse, que quedó bajo el mando del monje Landuino (actualmente vuelve a haber una cartuja en las Termas). Por otro lado, Lanuino y otros pocos monjes quedaron con San Bruno en la corte pontificia hasta que este les consiguió un sitio recogido en Calabria, llamado "La Torre". Fue Lanuino nombrado superior de aquella casa, y fue un ejemplo de religioso cartujo, como convenía a aquellos orígenes. En 1095 San Bruno pudo librarse de su servicio al papa y eligió la casa de Calabria para vivir allí en soledad y oración, según su vocación.

Juntos, Bruno y Lanuino, engrandecieron la Orden, aumentaron las vocaciones y perfeccionaron la vida cartujana. En 1097 fundaron el monasterio de San Esteban, para monjes mayores o enfermos, donde el rigor era menor. Fue Lanuino el superior, quien con maestría y cardad supo mitigar la Regla sin faltar a lo esencial, ni perder la mirada de la austeridad propia de la Cartuja. En 1098 Lanuino acompañó a San Bruno a Esquilache, donde el papa Urbano II le confirmó la exención de obediencia a los obispos. La Bula les llama "Muy queridos y venerados hijos Bruno y Lanuino", poniendo a nuestro Beato a la altura del fundador, sitio que ciertamente merece. En 1100 el papa Pascual II confirmaría dicha exención, así como todas las propiedades de los cartujos.

El 6 de octubre de 1101 subió al cielo San Bruno, y hubo tensión entre los monjes para elegir sucesor. Algunos querían que fuese prior de todas las casas, otros que solo lo fuera de las que existían en Calabria. Esta corriente fue la que triunfó finalmente y nuestro Beato fue designado como tal, con júbilo del papa Pascual. Así como Urbano II había confiado algunas misiones a Lanuino, también lo hizo su sucesor, que en 1102 le llamó a Roma para asistir al Concilio, le hizo Legado Pontificio para diferentes misiones como elegir obispos y abades, o pacificar facciones enfrentadas. En 1104 el papa le nombró Visitador General de todos los monasterios de la Provincia. En 1103 le dio incluso el poder de excomulgar a unos seglares que habían violado las posesiones de su monasterio. Está claro que aunque no le ordenó nunca obispo, le tenía por tal, y por ello le daba tantos poderes espirituales y de gobierno.

No hay que pensar que por tanta vida activa Lanuino olvidara su vocación al silencio y la oración. Para él toda actividad era su penitencia, y todo el tiempo que tenía libre lo empleaba en orar y meditar. Siempre que podía regresaba al monasterio, para tener días de completa soledad y meditación. Era caritativo, dulce de trato y siempre tenía una palabra amable y reconfortante para los que necesitaban de su trato u oración.

En 1114 fundó Lanuino un nuevo monasterio, llamado Santiago de Montauro, para hacer en él un noviciado para aquellos que después de la probación no soportaran la Regla y pudieran llevar un estilo de vida más mendicante. Ciertamente no era la idea fundacional de San Bruno, pero la historia cartujana muestra a monjes obispos y párrocos, y hasta rectores de santuarios. En dos años dicho monasterio se convirtió en noviciado para toda la Provincia. 

Lanuino murió el 11 de abril de 1120, en olor de santidad y fue sepultado junto a su maestro San Bruno. León XIII confirmó su culto a 4 de febrero de 1893, y el 27 de junio del mismo año autorizó el Oficio Litúrgico propio para la Orden Cartuja. Su memoria se celebraba a 11 de abril, actualmente es a 13 de octubre.


Fuente:
"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000.


A 13 de octubre además se celebra a
San Sintpert de Ausburg, abad y obispo.
San Daniel de Ceuta y compañeros mártires.

viernes, 14 de julio de 2017

Del silencio al barullo.

Beato Bonifacio de Saboya, obispo cartujo. 14 de julio.

Nació en 1207, en la familia ducal de los Saboya. Su abuelo fue el Beato Humberto III (4 de marzo), y sus padres fueron Tomás I de Saboya y Margarita de Ginebra. De joven Bonifacio fue de porte noble y bello, y era diestro con las armas. Sin embargo, muy joven dejó lo prometedor del mundo para consagrarse a Dios en la austeridad de la Gran Cartuja, en Grenoble. Allí quería vivir y morir, santificando su alma con el estudio y la oración, pero Dios y la Iglesia quisieron otra cosa.

Aun era novicio cuando el papa Honorio III, por influencia de su familia, le nombró prior de un conflictivo monasterio en Mantua, que ni cartujo era. Dos años estuvo allí, haciendo la paz y reformando las costumbres. En 1228 se le permitió volver a la Cartuja, para continuar su noviciado, a la par que le ordenaban de subdiácono. En 1230 el papa Gregorio IX manda sea ordenado presbítero y le nombra administrador apostólico de Belley. En 1237 es nombrado administrador de la sede de Valencce, y en 1240, de la sede primada de Inglaterra, vacante desde la muerte de San Edmundo (16 de noviembre). En 1241 la reina Leonor de Inglaterra logra que se nombre a Bonifacio, sobrino suyo, para la arquidiócesis primada, buscando solucionar la crisis entre el rey Enrique y la Iglesia, por causa de las intromisiones reales en la disciplina eclesiástica. En 1243 el papa Inocencio IV confirmó la elección, y la consagración episcopal se le dio en 1244, en el Concilio de Lyon. Mantuvo a su lado a San Ricardo de Chichester (3 de abril y 16 de junio, traslación de las reliquias), canciller de la etapa de Edmundo.

Aunque Bonifacio tenía amistad con el rey Enrique, no se dejó llevar por esta, sino que defendió los derechos de la Iglesia y corrigió al rey cuando fue necesario. Fue, paradójicamente, con los miembros de la Iglesia, con los que tuvo que batallar: las diócesis sufragáneas de Canterbury, especialmente Londres, se negaron a recibirle en su visita pastoral, que implicaba reforma moral y económica. Bonifacio había encontrado a la arquidiócesis arruinada y endeudada, pues aunque el rey había devuelto algunas de las rentas confiscadas a San Edmundo, los gastos y las canonjías eran demasiadas. Como empezó recortando y suprimiendo salarios, llamando a la moderación, pues muchos clérigos se le opusieron. La cosa fue a mayores en el monasterio San Bartolomé el Grande, donde Bonifacio se fue a las manos con el subprior, lo que devino en una batalla entre los monjes y los guardias de Bonifacio, el cual terminó golpeado y no salió herido porque, según el proceso legal que se estableció, llevaba una cota de malla bajo el hábito. La leyenda laudatoria, por su parte, dice que era un cilicio. Además, tuvo que huir y excomulgar a los rebeldes. 

Los canónigos de San Albano y los de San Pablo entablaron un proceso legal en Roma, acusándole de sobrepasar sus poderes como arzobispo metropolitano, de inmiscuirse en asuntos internos de las diócesis, los monasterios y capítulos canonicales. La acusación estuvo bien fundamentada y era apoyada por varios prelados, tanto que ni el rey pudo hacer algo por protegerle. Bonifacio apeló en Roma, pero el papa Inocencio IV restringió sus atribuciones y le obligó a levantar las excomuniones, aunque al mismo tiempo confirmó que tenía derecho a hacer la visita pastoral y la reforma de la arquidiócesis y sus sufragáneas. La paz fue restablecida poco a poco y la situación mejoró. No solo pagó las deudas, sino que construyó iglesias, monasterios y hospitales, e hizo próspera la diócesis. Bonifacio fue regente de Inglaterra en ausencia de Enrique. En una ocasión fue legado real en Francia y en otro momento hizo la paz entre las principales facciones de Saboya, que amenazaban la sucesión de los condes.

Sepulcro de Bonifacio. Hautecombe.
Falleció el 4 de julio de 1247, mientras estaba de visita a sus familiares en Saboya. Fue sepultado en el espléndido panteón familiar del monasterio cisterciense de Hautecombe. Su culto no vino por parte de su Orden, sino que fue la Casa de Saboya la que promovió su culto, aunque ciertamente la Cartuja siempre se enorgulleció de Bonifacio. En 1547 se abrió el sepulcro y se le halló incorrupto, lo que aumentó más aún la devoción de los saboyanos. El 7 de septiembre de 1838 el papa Gregorio XVI le beatificó formalmente, confirmando el culto que recibía por casi 600 años. En 1839 se aprobó el Oficio Litúrgico propio, para las diócesis de Francia e Inglaterra, y en 1858 fue adoptado por los cartujos.


Fuente:
"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000.


A 14 de julio además se celebra a
Santa Regenuflis de Incourt, virgen.
San Basin de Drongen, rey mártir.

jueves, 20 de octubre de 2016

Santa Rosalina de Villenueve, abadesa.

Pregunta: por casualidad he visto el blog y me he quedado admirada de tus conocimientos y lo estupendamente bien que está construido. Me gustaría saber algún dato más sobre Santa Rosalina. Hay una imagen de esta santa en la Cartuja de Granada, en la sacristía. Tengo entendido que vivió en el siglo XIV y era monja en el monasterio de Chartreuse en Francia, pero desconozco otros datos. Muchísimas gracias por anticipado. Un abrazo. España.

Respuesta: Gracias por tu elogio a la página, se hace lo que se puede. Te digo lo que hallo sobre esta santa:

Santa Rosalina de Villenueve, virgen cartuja. 20 de octubre.

Perteneció a una noble familia, y nació el 27 de enero de 1263. Se dice que todos los que se acercaban a su madre embarazada, sentían un fragante olor a rosas. Su misma madre la vio en sueños como una bella rosa sin espinas, cuyo olor llegaba al mundo entero y por ello decidió llamarla Rosalina (por tanto, la leyenda de Santa Rosa de Lima tiene su origen mucho antes). Recibió la educación propia de su época y familia y a los 7 años recibió la confirmación, en la que fue rodeada de grandes resplandores en el momento de ser signada en la frente.

Recibió la primera comunión ya adolescente e hizo voto de perpetua virginidad. Destacó por su caridad con los pobres, indigentes y enfermos. Muchas veces los curaba ella misma y vaciaba la despensa por darles de comer. Fue acusada por los criados y en una ocasión en que llevaba pan a los pobres y fue sorprendida por su padre, que le preguntó: "¿Qué llevas ahí?", a lo que respondió: "Padre mío, son rosas que acabo de cortar", extendió la falda y aparecieron las rosas, por lo que su padre la dejó hacer toda la caridad que quisiera. Curiosamente, en su iconografía del "milagro de las rosas", la santa siempre aparece como monja, cuando el hecho se data en su adolescencia. Cosas de la iconografía.

A los 16 años decidió ser monja cartuja, ya que conocía la austeridad y buena fama de esta orden. Eso y que su tía Juana era abadesa en la cartuja de Celle-Roubaud, fundada por su propio padre. Hizo el noviciado en San Andrés de Ramires, donde ocurrió este prodigio: estando ocupada de cocinar la cena, fue arrebatada en un éxtasis y los ángeles acudieron a cocinar. Llegada la hora de la comida, la Madre procuradora fue a supervisar la comida y halló a la novicia en éxtasis y los ángeles retirándose. Rosalina volvió del extasis y comenzó a pedir perdón por incumplir su deber, sin saber lo ocurrido.

El milagro de las rosas.
Antes de hacer el noviciado fue destinada a la cartuja de Bertaud (No a Chartreuse, que es monasterio masculino), en los Alpes, en medio del frío y el páramo . Su llegada tuvo efectos importantes (de hecho por ello fue mandada allí), pues la presencia de Rosalina y sobre todo la influencia de su padre restituyó la paz entre las monjas y la diócesis, que llevaban años de pugnas por cuestión de diezmos. Rosalina trajo a la comunidad la protección del príncipe de Provenza y la diócesis cedió. Hizo el noviciado y profesó en la Navidad de 1280, con 17 años. Al profesar, hizo el voto de estabilidad (voto que, en las órdenes monásticas, obliga a permanecer siempre en el monasterio donde se profesa, sin cambiar a otro) y debía quedar en los Alpes, pero su padre influyó y el General de la Orden la envió a Celle-Rouband, junto a su tía, para que su presencia allí ayudara en la influencia de la corte Provenzal, así como asistir a su tía, la abadesa, con vistas a sustituirla algún día.

En 1288 profesó solemnemente, recibiendo la consagración de las vírgenes y el orden del diaconado, por el obispo de Frejus. Vivió una vida de silencio, oración y penitencia, lamentando siempre tener que interrumpirla por asuntos ajenos al monasterio, trifulcas de la diócesis, de la corte. Tuvo el don de conciencias, por lo que conocía el estado de cada alma que se le acercaba, y lo puso de manifiesto muchas veces, alentando a los tibios y amonestando a los pecadores. Practicó grandes disciplinas y penitencias. Tuvo una visión de Jesucristo llagado, que le pedía se uniera a sus dolores por las revueltas y herejías que desgarraban a la Iglesia, los problemas típicos del Renacimiento.

En 1300 murió su tía y el General de la Orden la obligó a aceptar el cargo de abadesa, ya que ella se había negado a aceptar dignidad alguna. Presidió su entronización en la silla abacial el obispo Jaime de Russe, futuro papa Juan XXII. Fue abadesa durante 29 años, con gran caridad y fortaleza, fue ejemplo para todas sus religiosas. En 1329, presintiendo su muerte, pidió ser relevada del cargo, para dedicarse al encuentro con Dios. El 17 de enero de 1329 hizo una recomendación a sus religiosas, confesó sus faltas y recibió los sacramentos. Sus últimas palabras fueron: "Adiós, me voy a mi Creador". La leyenda dice que en el momento de su muerte vinieron la Virgen María con el Niño Jesús, San Bruno (6 de octubre), San Hugo de Lincoln (17 de noviembre) y San Hugo de Grenoble (1 de abril) a recibir su alma.

Cuerpo incorrupto de la santa.
Fue sepultada en el cementerio de la comunidad, pero antes de ello, en sus funerales, que fueron públicos, algunos enfermos recuperaron la salud, la vista, la movilidad, al tocar sus reliquias. En 1334, Juan XXII ordenó la exhumación del cuerpo, con vistas a un proceso de canonización. El hermano de la santa, Eleazar de Villenueve, obispo de Dihne sacó el cuerpo, que apareció incorrupto. Los ojos aparecieron brillantes, como vivos. Su hermano se los sacó y los colocó en un relicario y aún se conservan, por esto es invocada en enfermedades oculares. El cuerpo se puso en la iglesia a la veneración pública, en una urna de cristal. En el siglo XV, las monjas abandonaron la cartuja, por las guerras de religión, pero antes fue escondido en una cripta, cuya memoria se perdió al desaparecer las monjas. En el siglo XVII los monjes cartujos tomaron la abadía para sí y en 1657 el abad, pariente lejano de la Santa, los encontró, los identificó y la devolvió a la veneración pública. En 1835 fue puesta en una de mármol y finalmente, en 1894, la trasladaron a una nueva caja de cristal, embalsamando antes el cuerpo, que se hallaba en mal estado, como puede venerarse actualmente.

Nunca se abrió proceso ni fue canonizada oficialmente, pero fue tenida como santa desde siempre. Solo en 1851 se autorizó el culto oficialmente para su diócesis y su monasterio (una beatificación equivalente) fijando la fiesta a 17 de enero. En 1857 el culto se amplió a toda la Orden Cartuja, que estableció la fiesta a 16 de octubre. En 1863 se fijó como solemnidad para las monjas. Hoy se celebra a 20 de octubre.


A 20 de octubre además se celebra a  
San Caprasio del Carmelo, abad.
San Sindulf de Aussonce, eremita

sábado, 6 de octubre de 2012

Las estrellas de San Bruno

Pregunta: Porque mi santo San Bruno tiene siete estrellas en la cabeza? España.

Respuesta: Su iconografía  recoge un sueño profético que tuvo el obispo de Grenoble. Pero antes de eso, quiero dar algunos datos de la vida del santo: 

San Bruno, fundador. 6 de octubre.

Nació alrededor del año 1030 en una prominente familia de Colonia. Muy joven dejó su casa para estudiar filosofía y teología en Reims. Fue un brillante alumno, obtuvo excelentes resultados y sus conocimientos sobre la Biblia eran inmejorables para su tiempo. El arzobispo de Reims, que no quería perderle, le nombró director de la escuela catedralicia, un puesto muy prestigioso, por la cantidad de alumnos nobles y eclesiásticos que allí se formaban. Uno de sus alumnos sería Eudes de Chatillon, que llegaría a ser el papa Urbano II. También fue nombrado canónigo de la catedral por el mismo obispo, y en este puesto fue más ejemplar que otros canónigos aun siendo estos presbíteros.

En 1049 el papa San León IX (19 de abril) visitó Reims y realizó la traslación de San Remigio (1 de octubre). El papa, además, celebró un Sínodo con el clero de la diócesis para dejar clara la postura de la Iglesia con respecto a varios asuntos que afectaban la paz de la misma. Especialmente preocupaban los desmanes de Felipe I de Francia, hombre indigno de llamarse rey cristiano. A su vera polulaban numerosos hombres sin escrúpulos, como un tal Manasés, quien sin tener ni el más mínimo temor de Dios, sobornó a nobles y al clero para que le combraran obispo. San Bruno fue uno de los que con más firmeza se le enfrentó, denunciando aquella situación ilegítima según las leyes de la Iglesia, y por ello tuvo que huir de la ciudad junto con algunos amigos seglares y algunos sacerdotes. Cuando el papa hizo presencia en Reims logró que Manasés fuese desterrado y el impío se fue a Alemania, junto a Enrique IV, enemigo acérrimo del Papa. Esto hizo que los habitantes de Reims pidieran al papa nombrara a Bruno su arzobispo. Pero este se negó horrorizado y el papa no quiso obligarle.

Hay una leyenda, ampliamente difundida, pero fue creada mucho tiempo después del paso de Bruno por este mundo, que narra cómo tomó la determinación de dedicarse a la vida solitaria. Según esta, murió en Reims (o París) un erudito llamado Diocres, profesor de Bruno. Cuando estaban celebrándose los funerales, en los que estaba nuestro santo, el presbítero leyó las palabras "¡Responde mihi!", y el muerto de sentó y clamó: "¡He sido llamado ante el trono de Dios!", volviendo a quedar inmóvil. Al otro día, los funerales continuaron y al decir, otra vez, las palabras "¡Responde mihi!", volvió a revivir Diocres, para decir con voz potente: "¡Se me ha juzgado delante del trono de Dios!". 

Como no estaba claro si luego de aquel juicio particular el alma del profesor se habría salvado o no, hubo un tercer día de responsos. Y al tercero, con la iglesia llena hasta el campanario, el presbítero volvió a repetir el "¡Responde mihi!", y al acto, el difunto se incorporó y von una voz espantosa gritó: "He sido condenado delante del trono de Dios!" Y al comprobarse que estaba en el infierno, se suspendió el funeral y se le enterró fuera de tierra sagrada, entre las basuras. Y esto habría hecho que Bruno abandonara todas sus riquezas y cargos, para irse al Desierto.

Pero lo cierto es que la decisión de Bruno fue mucho más meditada, orada y que no la tomó solo, sino junto a sus amigos Raúl y Fulco, y Adam, luego de una larga conversación que tuvieron los tres en el jardín de la casa del último. Considerando lo vano del mundo, optaron por una vida entregada del todo a Cristo y, considerando la corrupción de las viejas órdenes, prefirieron emprender un camino nuevo. Una vida monástica seria, comprometida con el silencio, la pobreza y la exclusividad para Dios. Sin embargo, para conocer más del monacato, se dirigieron a Molesmes (Raúl no estaba en el grupo), donde San Roberto (26 de enero) dirigía una vital comunidad monástica. Allí estuvieron poco tiempo, pues el silencio les parecía poco, y la soledad no era la buscada. Aspiraba Bruno a algo como los cenobios de Oriente: solitarios en comunidad, celdas separadas pero iglesia común.

El sueño de Sam Hugo.
Así que, y ya respondo tu pregunta, hacia 1084 junto a otros seis amigos Bruno se fue con seis compañeros más, adonde San Hugo de Grenoble (1 y 22 de abril), para exponer su proyecto, pedir su bendición y pedirle que les señalara un sitio muy apartado para ellos dedicarse a la oración y a la penitencia. La noche anterior San Hugo había visto en un sueño que siete estrellas le conducían hacia un bosque apartado y construían un faro que irradiaba luz hacia todas partes (otras versiones dicen que unos ángeles llevaban un templo en las manos y allí lo depositaban). Lo que fuese, lo cierto es que Hugo vio en Bruno y sus compañeros las estrellas que había visto en sueños y los llevó hacia el monte que le había sido indicado en la visión. Era un pequeño valle solitario en las ásperas y frías montañas de Chartreuse. A Bruno le pareció perfecto y construyeron las primeras ermitas de madera y una iglesita de piedra, dedicada al patrono de los eremitas, San Juan Bautista.

La primitiva vida cartujana (llamada así por el lugar Chartreuse) era sencilla y centrada en Dios. Oración constante, silencio absoluto, trabajo, comidas y estudio por separado. Solo se unían para el Oficio Divino, el cual era cantado sobriamente y sin instrumento alguno. Ayunaban 3 días a la semana, jamás comían carne y se daban poco al sueño. Y eso bajo la enseñanza y ejemplo de San Bruno, sin Regla escrita. El obispo Hugo les visitaba a cada rato, viviendo como un monje más y haciendo sus delicias de aquella vida austera y callada. Seis años vivió allí nuestro Bruno, solo para Dios, hasta que el papa Beato Urbano II (29 de julio), recordando el buen servicio que el santo había prestado a la Iglesia cuando era su maestro, mandó buscarle a Roma. Aquello truncaba su vocación y su obra, pero Bruno sabía que antes estaba la voluntad de Dios que la suya, y con gran pena, dejó su cenobio, y a sus hermanos consternados. 

Algún tiempo sirvió a la Iglesia en Roma, pero todos aquellas pompas, intrigas, peleas vanas y ocupaciones diplomáticas no era para él. Con humildad le expuso al papa su tristeza y este le respondió que ya le habían elegido como arzobispo de Reggio, como si esto fuera un consuelo para el santo. Bruno lo rechazó tajantemente, exponiendo que no quería dignidades ni cargos, son ser solamente un ermitaño. Entonces el papa, que no quería desprenderse de sus servicios, le ofreció la iglesia de Santa María de los Mártires, junto a las Termas de Diocleciano, para que fundaran monasterio. Pero aquel no era buen lugar para los cartujos, Roma era un avispero y el antipapa Clemente III intentaba ganarlos para su causa. Por ello, casi todos los monjes que habían acompañado a San Bruno regresaron a la Chartreusse, que quedó bajo el mando del monje Landuino (actualmente vuelve a haber una cartuja en las Termas). Entonces el papa les consiguió la fundación de Santa María de la Torre, en Calabria. De esta comunidad Bruno nombró prior al Beato Lanuino (13 de octubre).


San Bruno rechaza
el obispado de Reggio.
Mucho tiempo sirvió San Bruno a la Iglesia como legado papal, hasta que, en 1095 pudo librarse de sus ocupaciones externas y eligió la casa de Calabria para vivir allí en soledad y oración, según su vocación. En esta época escribe a su amigo Raúl, quien aún estaba en el mundo, aunque había prometido ser monje: 


"Vivo en tierras de Calabria con mis hermanos, esperando al Señor, en permanente centinela, en un desierto bastante alejado de toda vivienda. Su amenidad y lo templado de sus aires, la vasta y graciosa llanura entre montañas, sus praderas, pastos, colinas y ríos, ¿cómo te los podré describir? (…) Cuánta utilidad y gozo traen la soledad y el silencio del desierto a quien los ama, sólo lo saben quiénes lo han experimentado. (…) Renuncia a todo para vivir la divina filosofía. Dios es el único bien, de incomparable atractivo y belleza. (…) Me he alargado porque como no puedo tenerte presente, al escribirte me parece hablar contigo más tiempo. Deseo mucho que recuerdes mi consejo y goces muchos años de buena salud".
Ese mismo año, en el concilio de Clermont, Urbano II predicó la Cruzada a Tierra Santa. Luego un enorme fervor popular, numerosos monjes acompañaron a los soldados y a los seglares que, como iluminados, partían a Oriente. Bruno se abstuvo de seguir aquello, no era su vocación, y tampoco permitió que ni uno de sus monjes se fuera a la Cruzada. Aunque el 29 de julio de 1099 Jerusalén fue conquistada, ya sabemos que duró poco, en parte por la mala estrategia, la codicia y los vicios de los llamados cruzados. 

En 1097 Bruno escribirá a sus monjes de Chartreuse por medio de su prior, Landuino, quien le había visitado y pedido consejo como a verdadero padre: "Alegraos porque habéis alcanzado el puerto seguro y tranquilo al que muchos desean llegar. Os ruego que la caridad que tenéis en el corazón lo mostréis en obras para con él [Landuino]. (…) En cuanto a mí, hermanos, sabed que mi único deseo, después de Dios, es ir a veros. Cuando pueda lo pondré por obra, con la ayuda de Dios". Landuino padecería mucho en su viaje a causa de los enemigos de la Iglesia. Padecería prisión y moriría de sufrimientos.

Muerte del santo.
Por su parte, a finales de 1101 Bruno se sintió mal y supo que su fin estaba cerca. Reunió a sus hermanos y les hizo una profesión de fe que se conserva, como bello testimonio. Recibió los sacramentos divinos y el 6 de octubre del mismo año, entró en la Eterna Paz, a contemplar el rostro de Cristo para siempre. Su fama de santidad era tal que León X prescindió de la canonización formal, llamándole santo sin más proceso ni ceremonia: "es razonable que quien ha estado adornado de dones tan grandes y gracias tan excelentes y ha recibido del Todopoderoso un corazón tan dócil para cumplir sus preceptos y guardar su ley de vida y santidad, sea venerado y honrado con un culto digno de él, ahora que goza para siempre de la gloria divina". En 1623, Gregorio XV extendió su culto a toda la Iglesia.

Es abogado contra la peste. A veces las siete estrellas aparecen en la iconografía de San Hugo de Grenoble. 

Fuente:
-"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000.


A 6 de octubre además se celebra a:

Santa Fe de Agen,
virgen y mártir
.
S. María F. de las 5 Llagas,
terciaria franciscana
.
San Ywi,
monje diácono
.



Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...