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viernes, 27 de julio de 2018

Constructor de paz y de caminos.

Beato Benno II de Osnabrück, obispo. 27 de julio.

Estatua en Bad Iburg.
Nació hacia 1020 en Löhningen, en el seno de una familia de funcionarios del imperio. Fue educado en la prestigiosa escuela catedralicia de Strasburgo y en el no menos célebre monasterio benedictino de la isla de Reichenau, donde fue discípulo del Beato Hermann el Paralítico (24 de septiembre). Ya monje, el obispo Guillermo de Strasburgo lo eligió como secretario. A este prelado acompañó en una peregrinación a Tierra Santa entre 1040 a 1044.

Benno fue preceptor de los hijos de varios nobles en Speyer y Goslar. Dirigió la escuela de la catedral de Hildesheim y fue administrador de la catedral en Goslar en tiempo de sede vacante y, además, administrador del Palatinado. Fue un hábil arquitecto y matemático, apasionado del arte, la alquimia y las ciencias aplicadas. Enrique IV le nombró Maestro de Obras del Imperio, dándole plenas funciones para la construcción de castillos, fortalezas y catedrales. En 1067 fue secretario y confidente del arzobispo San Anno II de Colonia (4 de diciembre).

En 1068 Enrique IV lo nombró obispo de Goslar para suceder al Beato Benno I de Osnabrück (20 de noviembre). Benno se ocupó de la agricultura y de la construcción de calzadas, puentes y pozos de agua potable. En 1073 reforzó la fortificación de Iburg para repeler los ataques de los sajones. En la Guerra "de las Investiduras", Benno supo estar en medio, siendo diplomático sin ser desleal ni al papa ni al emperador, manteniendo la confianza de ambos. Por ello perdió su sede, siendo desterrado por enemigos de la paz. Junto a San Hugo de Cluny, "el Grande" (29 de abril; 11 de mayo, Todos los Santos Abades de Cluny, y 13 de mayo, traslación de las reliquias) medió en la solución de Canossa en 1077. Sobre 1080 pudo regresar a su diócesis.

En 1085 Benno se retiró al monasterio de Iburg, que había fundado y donde murió, pobre y humilde, como un sencillo monje. Allí tuvo un entierro simple, como quería, en contra del deseo del Capítulo de Osnabrück, que quería sepultarle en la catedral.


Fuente:
https://www.heiligenlexikon.de


A 27 de julio además se celebra:


San Pantaleón,
mártir.
B. Tito Brandsma,
carmelita mártir.
San Aurelio
y comp. mártires.






domingo, 29 de abril de 2018

El Grande, más grande aún que su gran abadía.

San Hugo de Cluny, "el Grande", abad. 29 de abril; 11 de mayo, Todos los Santos Abades de Cluny, y 13 de mayo, traslación de las reliquias.


Nació en 1024, y fue hijo del Conde de Semur-en-Brionnais. Con 15 años entró como monje a la abadía de Cluny, cuando era su abad San Odilón (1 de enero y 11 de mayo, Todos los Santos Abades de Cluny). A los 20 años fue ordenado presbítero. Desde sus inicios como monje Hugo destacó como fiel seguidor de las reformas cluniacenses y fue fiel colaborador de Odilón, era quien mejor conocía al mismo, tenía excelentes relaciones en el mundo y era inteligente, piadoso y emprendedor. Por ello, en 1048, a la muerte de Odilón, Hugo fue elegido abad, aunque tenía solamente 25 años.

Si bien la Reforma de Cluny llevaba años consolidándose, desde tiempos de San Odón (18 de noviembre y 11 de mayo, Todos los Santos Abades de Cluny), sería con Hugo con quien esta reforma se extendería por todo el Occidente cristiano, tanto que más que una reforma monástica hay que hablar de una reforma de ser y entender la Iglesia. Hasta la llegada de los jesuitas, con su gran labor contrarreformista, no se vería algo así en la iglesia. El culto divino, la relación de la Iglesia con el poder civil, la disciplina eclesiástica, dogmas de fe, devociones, la cultura, las ciencias… todo se verá afectado por Cluny y su influencia.

Cluny se convirtió bajo los 60 años de mandato de Hugo en una segunda Roma. Mil monasterios y 10000 monjes en toda Europa dependían del influjo de Cluny, siendo un magnífico ejército de la reforma. Nueve papas, incluidos los grandes San León IX (19 de abril) y San Gregorio VII (25 de mayo), se aconsejaron de Hugo para su obrar en la Cátedra de San Pedro. El emperador, reyes y príncipes cristianos igualmente se hicieron valer del consejo de nuestro santo, y más de una vez. Fue legado papal para lograr la paz entre monarcas, y entre la Iglesia y el Imperio.


Hugo es elegido abad.
En los años de mandato de Hugo se construyó la magnífica iglesia de Cluny, espejo de la reforma eclesiástica: luminosa, amplia, acogedora. Hasta las ruinas que quedan hoy en día, ya reconstruidas, impresionan por lo que debió ser tal templo, que fue consagrado por el papa Beato Urbano II (29 de julio), que había sido monje en Cluny. Hugo amplió el monasterio, obtuvo numerosas tierras y granjas, donde los campesinos no eran explotados y obtenían mayores ganancias que de si hubieran sido siervos de otros señores. En Marcigny Hugo fundó un hospital para leprosos donde él mismo les atendió, cuidándoles y mimándoles más de una vez.

Hugo murió a la edad de 85 años, en 1109. Fue canonizado por Calixto II, quien le llamó "El Grande", en 1121. En 1574 los herejes hugonotes saquearon la abadía de Cluny y profanaron las reliquias del santo, salvándose solo algunos fragmentos.


Fuentes:
-"Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000.
-"Vidas de los Santos". Tomo IV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Nuevo Año Cristiano". Tomo 4. Editorial Edibesa, 2001.
-http://www.monasteriosantacruz.com


A 29 de abril además se celebra a:


Ss Jasón, Sosípater
y comp. mártires.
Santa Endelienta,
eremita y mártir.
San Gombert
duque y mártir.
San Pollio
y comp mártires.



domingo, 1 de abril de 2018

Obispo por fuerza, monje por vocación.

San Hugo de Grenoble, obispo. 1 y 22 de abril.

Nació en 1053, en Chateauneuf d’Isère, en una familia de clase media. Estando embarazada, su madre soñó que veía a su futuro hijo amparado por varios santos, y que San Pedro y San Pablo le señalaban el camino del cielo. Por ello su padre, que era caballero, decidió inclinar al pequeño Hugo al estudio con vistas a que hiciera la carrera eclesiástica.

A los 21 años, ya graduado en Teología, le nombraron canónigo de la catedral de Valence, y aunque no era presbítero, aventajaba a estos en el cumplimiento de la disciplina y en el rezo del Oficio común. Colaboró con el Legado papal en Francia, obispo de Die, quien le tomó mucho afecto y se hizo acompañar de él en 1079 en el Concilio de Anignon. En esta cita de eclesiásticos conocieron a nuestro santo varios canónigos de Grenoble, quienes se hallaban sin obispo desde la muerte de su prelado, Ponce II, quien además había sido un obispo nefasto, simoníaco y excomulgado. Los canónigos, viendo las dotes de Hugo, solicitaron al Concilio que les nombrara a Hugo como su pastor, a pesar que este solo tenía 27 años y ser seglar. A pesar de su oposición, Hugo fue ordenado presbítero por el Legado, quien luego le llevó consigo a Roma, donde fue consagrado obispo por el papa San Gregorio VII (25 de mayo). En Roma el santo comenzó a padecer una serie de ataques demoníacos y espantosas tentaciones que le acompañaron más de 40 años, de los que salió victorioso gracias a su fe en Cristo, su oración y sus penitencias.

Hugo se hizo cargo muy pronto de su Sede, la cual estaba devastada por el mal ejemplo de su anterior obispo, como dije. Los asuntos de administración en manos de nobles y seglares, presbíteros con posesiones y sirvientes, algunos amancebados y con hijos. Hugo comenzó una serie de predicaciones y penitencias públicas, exhortando a la conversión del clero y los fieles. Durante dos años predicó, visitó, castigó y perdonó a aquellos arrepentidos. Muchos le dieron la espalda, llegando, literalmente, a pasar hambre por no caer en negocios turbios. Creyendo era impotente para lograr la conversión de toda su diócesis, nuestro santo se retiró al monasterio benedictino de "Casa Dei", donde tomó el hábito, para vivir como un monje más, alejado del poder y del peligro de ostentar el mando. Pero sin embargo, al saber el papa Gregorio VII donde estaba, le mandó abandonar el monasterio y volver a su tarea de obispo. Por ello, Hugo salió del monasterio sin llegar a profesar como religioso. De vuelta en Grenoble se esmeró más aún en su labor y pronto tuvo resultados. En tres años la diócesis parecía otra: más fervor y recta vida en el clero y los fieles, y los asuntos políticos separados (hasta donde era pensable en el siglo XI) de los asuntos espirituales.

El sueño de San Hugo.
En junio de 1082 Hugo tuvo un sueño misterioso: Vio caer a sus pies 7 estrellas, que le guiaban a través de las montañas hasta un solitario paraje llamado Chartreuse. Allí vio a Jesucristo ordenando a los ángeles edificarle una casa para él. Hugo no sabía que significado tendría aquella visión, pues era más que un sueño, cuando le llegó la respuesta: Se presentó ante él San Bruno (6 de octubre), otrora canónigo de Colonia, con seis compañeros. Bruno le relató su inspiración de entregarse a Dios en la soledad, viviendo en común, pero manteniendo el aspecto eremítico de los antiguos Padres del Desierto. Para ello Bruno le solicitaba le cediera algún espacio solitario y alejado del mundo. Hugo entendió su visión y fue un entusiasta defensor de Bruno, colaborador en la fundación de la primera Cartuja y además, fue de gran valía para lograr la aprobación de la Iglesia sobre la nueva Orden.

Su cariño por Bruno y su peculiar estilo de vida se tradujo en las largas temporadas que Hugo pasó en la Cartuja, donde era recibido como un padre. Oraba con ellos, vivía en soledad, se penitenciaba y trabajaba como ermitaño, anhelando aquella vida para él mismo. Estaba tan a gusto allí, que más de una vez el abad debía decirle "Id a vuestras ovejas y dadles el pasto que les pertenece", pues Hugo parecía olvidar que era obispo.

Varias veces intentó el santo prelado le removieran de la carga del episcopado, pero tanto Honorio II como Inocencio II no quisieron oír hablar de ello. No fue sino hasta cuando la edad y le enfermedad se lo impidieron, cuando el papa aceptó su renuncia, nombrando en su lugar a Hugo II, monje de la Grande Chartreuse. Dícese que tomó el hábito cartujano, y por ello la Orden lo tiene como santo propio, pero no está muy claro, porque hay testimonios de que siguió viviendo en Grenoble, muy cercano a su sucesor. Si no fue cartujo legalmente, de corazón sí que lo fue con certeza.

Muerte y veneración
del Santo.
Falleció Hugo el 1 de abril de 1132, Viernes de Pasión, teniendo más de 80 años. Sus funerales fueron un gozo pascual, celebrados con alegría más que con llanto. Le sepultaron en su catedral, donde se mantuvo incorrupto su cuerpo durante mucho tiempo después de enterrado. Los milagros junto a sus reliquias fueron tantos que el papa Inocencio II le canonizó el 22 de abril de 1134 en el marco del Concilio de Pisa, a tan solo dos años de su feliz tránsito. Pronto la Orden Cartuja obtuvo celebrar su memoria, y en 1258 pudo elevarla a categoría de Fiesta. Antiguamente la celebraban a 1 de abril, hoy a 22 del mismo mes.


Fuente:
"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000.


A 1 de abril además se celebra a
La Estigmatización de Santa Catalina de Siena.
Santa Genoveva de Brabante, eremita.
Santa Teodora de Xalapa, virgen y mártir.

domingo, 8 de octubre de 2017

Crecido en años y virtudes.

San Artaldo de Belley, obispo cartujo. 8 de octubre y 17 de noviembre (traslación de las reliquias).

San Artaldo.
Vicente Carduch. El Paular.
Nació en Verona, en 1101. Fue educado por su familia, según la costumbre, en un ambiente austero y de rigor. Era muy piadoso y aplicado en el estudio, y todos se hacían lenguas de su bondad y auguraban para él un brillante porvenir. Sin embargo, con solo 22 años, Artaldo decidió abandonar el mundo y buscar "la perla valiosa". Tomó el hábito cartujo en Las Puertas, comenzando una vida de oración y silencio. Siendo novicio ya tuvo sus primeros éxtasis, y luego de ser ordenado, celebraba la misa con gran devoción, alcanzando grandes consuelos de Dios.

En 1130, el prior de la Gran Cartuja, Dom Guigo, le eligió para la fundación de la Cartuja de Arviers, designándole además prior de la misma. En 1132 fundaban en una soledad agreste, donde solo los animales salvajes se habían aventurado antes. 10 años vivieron los monjes entre grandes privaciones hasta que en 1142 el obispo Arducio logró construyeran un monasterio en mejor sitio, con mejores condiciones para la vida cartuja. En el nuevo recinto la vida comunitaria continuó su vida sencilla y callada, que Artaldo cultivó en sus monjes durante más de 50 años.

En 1188, teniendo el santo ya 87 años de edad, fue elegido obispo por el clero de Belley, tras la muerte de su prelado, Raynaldo, que también había sido monje cartujo. La primera reacción de nuestro santo fue huir a una cueva para orar y no aceptar aquella cruz, pero los clérigos que habían ido a buscarle al monasterio fueron guiados hasta su escondite por una luz sobrenatural, que muchos pudieron comprobar cuando iban acercándose al sitio. Este portento le hizo aceptar con humildad, siendo consagrado obispo con júbilo del pueblo. Fue un prelado solícito y ejemplar, pero sin embargo, a causa de su avanzada edad hubo de renunciar al episcopado a los pocos años, teniendo 95 años. El papa Clemente III aceptó la renuncia y Artaldo volvió a su monasterio de Aviers, donde vivió como un monje más. 

En 1200 le visitó San Hugo de Lincoln (17 de noviembre) cuando volvía de Roma y antes de volver a Inglaterra, aunque tenía que desviarse de su camino. Cuéntase que estaba Hugo comentando acerca de sus negociaciones sobre la paz entre Inglaterra y Francia, cuando Artaldo le dijo: "Señor y padre mío: oír asuntos relativos al mundo es lícito a los obispos, pero no lo es a los monjes; tales asuntos no deben entrar en el claustro ni en las celdas; dejar la ciudad para llevar noticias a la soledad, no es lícito". Y Hugo, con una sonrisa, cambió el tema de la conversación hacia temas espirituales y de edificación.

Artaldo aún vivió hasta 1206, llegando a sus 105 años con lucidez. En octubre de ese año quiso descansar por primera vez, y fue llevado a la enfermería. Sabiendo que su fin (o su inicio) estaba cerca, reunió a los monjes y les dijo: "Creced en virtudes, a fin de que la santidad se perpetúe de edad en edad en esta Casa por las buenas tradiciones que dejaréis a los que vendrán en pos de vosotros; amaos los unos a los otros; que la caridad sea el lazo que os una a todos siempre en Jesucristo". Recibió los Sacramentos y luego de comulgar tuvo un éxtasis en el que parecía haber rejuvenecido. Se puso de rodillas para besar un Crucifijo y así expiró.

El cuerpo fue enterrado en el claustro, entre la puerta de la Iglesia y la puerta de la Sala Capitular. En 1640 el obispo de Belley trasladó sus restos a un arca. Llegada la Revolución, en 1972 el monasterio fue saqueado y destruido, pero las reliquias se salvaron. Aunque nunca fue canonizado formalmente, la veneración de sus reliquias fue permitida, y pronto se hizo ver la santidad de Artaldo, gracias a los numerosos milagros que ocurrrían. Por ello, el 2 de junio de 1834 el Papa Gregorio XVI autorizó el culto para la diócesis de Belley, admitiendo la composición de un Oficio Litúrgico propio. En 1859 la Orden Cartuja incluyó su memoria en su liturgia propia. El 17 de noviembre de 1896 las reliquias fueron trasladadas solemnemente a la iglesia parroquial de Aviers, depositándose en un bello relicario costeado por la Cartuja de Solignac.


Fuente:
"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000.

A 8 de octubre además se celebra a:

San Juan Calabria,
presbítero fundador
.
San Artemón,
presbítero y mártir.
Nuestra Señora
del Buen Remedio
.










martes, 17 de noviembre de 2015

San Hugo, el machaca reyes.

San Hugo de Lincoln, obispo. 17 de noviembre.
Infancia y vocación.

Hugo era hijo de un caballero borgoñón, y perdió a su madre cuando tenía ocho años de edad. Su padre lo envió a un convento de canónigos regulares, en la misma ciudad, para que fuera educado para la vida religiosa. Era un niño alegre, amigo de las bromas, pero en el monasterio se le privó de todo juego y risas. “Has venido a ser para Cristo, no para reir”, fue el regaño del superior a la primera broma. En otro niño esto habría hecho estragos, pero la gracia de Dios logró no se traumatizara, y se convirtió en un joven inocente, manso, cariñoso y obediente. 

Cuando tenía diecinueve años su maestro lo llevó a la Gran Cartuja, cerca de Grenoble. La grandeza solemne del monasterio, el bello entorno de los Alpes, el silencio y la austeridad hasta en el clima, impresionó tanto su espíritu que rogó a su superior le permitiera entrar en la Orden Cartuja. Sus compañeros trataron de disuadirlo de abrazar una vida de tal severidad y el prior se negó, volviendo todos a Borgoña. Pero la impresión no se borraba de su corazón, y más que impresión, era toda una vocación que se había florecido en su alma. Así que seguro que era la voluntad de Dios, escapó de su convento y se fue a la Gran Cartuja, donde tomó el hábito monástico. La soledad y el silencio de la cartuja le dieron felicidad durante diez años, en los que maduró su vocación. 

Cartujo en Inglaterra. 
Pero le llegó la hora terminar su vida oculta cuando fue requerido por el rey Enrique II, que había fundado la primera casa cartuja de Inglaterra en Witham, Somersetshire. La fundación iba mal, los priores no eran aptos y entre el rey el obispo de Bath, pidieron que el monje Hugo les socorriera yendo como prior. Se negó, pero luego de hacer oración, entendió que obedecer era lo que Dios le pedía. En Witham lo primero que hizo fue ampliar y mejorar el monasterio, siendo el primero en llevar piedras o maderas al hombro, o en preparar el mortero con sus propias manos. Los cartujos no eran bien vistos entre la nobleza, el alto clero y los abades benedictinos, por la austeridad de su vida, la insistencia en el silencio y la soledad. Les consideraban hombres rudos, hoscos y poco instruidos. Pero la presencia de Hugo, sus modales, cortesía y buen trato (suponemos que volvió a bromear) les hizo cambiar su visión, ganando los corazones de los que le rodeaban. En unos años la comunidad era floreciente de vocaciones, y el monasterio un ejemplo de vida regular. 

Obispo de Lincoln y azote de la injusticia. 
Lincoln era una sede rica y codiciada por muchos, entre ellos el mismo rey, que la mantuvo vacante dos años para cobrar él sus rentas. Cuando ya la situación se hizo insostenible, en 1886 convocó a los obispos y les dijo que el candidato era Hugo, el prior de la cartuja de Witham. Además de su aprecio a la Orden, un hecho reciente le había movido a una verdadera admiración por el santo prior: estando en una tormenta en el mar, mientras volvía desde Normandía, clamó al cielo: "¡Oh Dios, a quien el prior de Witham sirve, por sus méritos e intercesión sálvanos". Y llegaron sanos y salvos. Hugo se negó a aceptar la mitra, que se contraponía a su amada vocación cartuja. Dos veces rechazó y dos veces fue elegido, por lo que no le quedó más remedio que aceptar la designación, perdiendo de nuevo su libertad como monje.

Hugo reparó la catedral, construyó un hermoso coro y amplió el crucero, haciendo de la catedral de Lincoln uno de los más bellos exponentes del gótico inglés. Entre las intenciones de Enrique, todo sea dicho, estaba la de creerse que Hugo sería sobornable y manipulable. El santo era hombre manso y dócil, pero recto y justo. Eran amigos, pero no amiguetes. El primer problema con el rey vino pronto: Los monteros reales eran hombres déspotas, prontos al castigo de los que se adentraban en los cotos de caza, abusaban de su posición para extorsionar, ofender y aún violentar a las aldeanas. Los campesinos se quejaron de su crueldad a Hugo, que como primera medida excomulgó al jefe de los monteros. Enrique II se enojó, protestó, pero Hugo se mantuvo firme hasta que se hizo justicia y el rey destituyó y castigó a los malvados. En otra ocasión pretendió dar un noble los beneficios eclesiásticos de una parroquia y sus dominios, a lo que Hugo se opuso diciéndole: "estos bienes son para los siervos de Cristo, no para los siervos del rey. Tú ya tienes los medios para recompensar a tus siervos sin sobrecargar la Iglesia con ellos".

Con Ricardo I Corazón de León también tuvo sus encontronazos. Este gravó a la nación con un impuesto adicional para mantener la guerra con Francia. Todos los obispos aceptaron, salvo Hugo, que protestó diciendo que este impuesto solo dañaría a los más necesitados y se negó a aplicarlo en su diócesis. El rey desde Francia mandó que le apresaran, pero Hugo excomulgó a los enviados del rey, que se retiraron. Cuando Ricardo regresó a Inglaterra Hugo fue a su encuentro. Ricardo se negó a recibirle, ni siquiera a saludarle, pero el santo obispo se le acercó y le ofreció el beso de la paz. Ricardo se negó diciendo “no lo mereces”, y Hugo le dijo “porque he recorrido un largo camino para verte, me debes un beso", y le tiró de la capa atrayéndole a él, le tomó la cabeza y le besó. Al rey le hizo gracia esta audacia y se la perdonó. Hugo le preguntó "¿Cómo se encuentra tu conciencia? Eres mi hijo, y yo debo responder por ello ante Dios". "Mi conciencia está limpia", contestó Ricardo, "aunque admito que me enfurezco contra aquellos que son hostiles a mi mando". Hugo le replicó “¿eso es todo? Yo sin embargo he oído quejas diarias de pobres oprimidos, de inocentes afectados, y tierras agostadas con tus imposiciones. Y no es lo único. He oído que no has mantenido tus votos matrimoniales" (conocidas son las teorías sobre la bisexualidad de Ricardo I). Hugo le amonestó y aunque Ricardo se molestó, tuvo que reconocerlo posteriormente: "Si todos los obispos en mi reino fueran como ese hombre, los reyes y príncipes serían impotentes contra ellos". No en balde a San Hugo se le conoce con el apodo de “Hammerking”, o sea “martillo de reyes”, por su enfrentamiento contra las injusticias de Enrique II y Ricardo I. 

En 1200, cuando volvía de Roma y antes de volver a Inglaterra, Hugo visitó al viejo cartujo y obispo San Artaldo de Belley (8 de octubre). Cuéntase que estaba nuestro santo comentando acerca de sus negociaciones sobre la paz entre Inglaterra y Francia, cuando Artaldo le dijo: "Señor y padre mío: oír asuntos relativos al mundo es lícito a los obispos, pero no lo es a los monjes; tales asuntos no deben entrar en el claustro ni en las celdas; dejar la ciudad para llevar noticias a la soledad, no es lícito". Y Hugo, con una sonrisa, cambió el tema de la conversación hacia temas espirituales y de edificación. 

Muerte y veneración. 
Después de la muerte de Ricardo I, Hugo fue nombrado legado del rey Juan “sin Tierra” ante Felipe Augusto de Francia. Hugo cumplió su cometido,  aprovechó para visitar a su amada Gran Cartuja y sus monjes. De regreso, pasando por Londres, enfermó de fiebres y murió. En su funeral los reyes de Inglaterra y Escocia cargaron el ataúd. Fue enterrado en su catedral de Lincoln y su sepulcro ha sido venerado durante siglos. Fue canonizado por Honorio III en 1280, siendo el primer santo cartujo en ser canonizado, y con motivo de esto, las reliquias se trasladaron al coro de la catedral. 

Su iconografía está formada por dos leyendas: una dice que era tan firme su fe en la transustanciación del pan y el vino en Cuerpo y Sangre de Cristo, respectivamente; que en algunas ocasiones veía un hermoso Niño en la hostia o sobre el cáliz, un milagro que se lee también de San Alto de Altömunster (5 de noviembre y 9 de febrero, traslación de las reliquias) y de San Sigfried de Suecia (15 de febrero).

El otro elemento iconográfico característico es un cisne. Según la leyenda, el santo se retiraba a orar en las soledades del estanque de Stow, cerca de Lincoln, en el cual nadaban cisnes. Uno de ellos era despreciado por los demás, pero siempre que el santo se acercaba, le dejaban en paz y el cisne podía estar tranquilo. Y un día, le siguió al palacio episcopal, quedándose siempre juntos, comiendo el cisne de la mano del santo y jugando con él. Solo se separaban cuando San Hugo se iba a la soledad de un monasterio por Cuaresma. Volvía el cisne y a los pocos días Hugo, con lo que se decía que el cisne anunciaba la llegada del obispo, al que todos salían a recibir. Cuando San Hugo murió, el cisne volvió a su lago, pero todos los años, por Pascua sobrevolaba la ciudad. 


Fuente: 
-"Vidas de los Santos". Tomo XIV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 17 de noviembre además se celebra a 
San Florin de Ramosch, presbítero
San Gregorio de Tours, obispo.

sábado, 6 de octubre de 2012

Las estrellas de San Bruno

Pregunta: Porque mi santo San Bruno tiene siete estrellas en la cabeza? España.

Respuesta: Su iconografía  recoge un sueño profético que tuvo el obispo de Grenoble. Pero antes de eso, quiero dar algunos datos de la vida del santo: 

San Bruno, fundador. 6 de octubre.

Nació alrededor del año 1030 en una prominente familia de Colonia. Muy joven dejó su casa para estudiar filosofía y teología en Reims. Fue un brillante alumno, obtuvo excelentes resultados y sus conocimientos sobre la Biblia eran inmejorables para su tiempo. El arzobispo de Reims, que no quería perderle, le nombró director de la escuela catedralicia, un puesto muy prestigioso, por la cantidad de alumnos nobles y eclesiásticos que allí se formaban. Uno de sus alumnos sería Eudes de Chatillon, que llegaría a ser el papa Urbano II. También fue nombrado canónigo de la catedral por el mismo obispo, y en este puesto fue más ejemplar que otros canónigos aun siendo estos presbíteros.

En 1049 el papa San León IX (19 de abril) visitó Reims y realizó la traslación de San Remigio (1 de octubre). El papa, además, celebró un Sínodo con el clero de la diócesis para dejar clara la postura de la Iglesia con respecto a varios asuntos que afectaban la paz de la misma. Especialmente preocupaban los desmanes de Felipe I de Francia, hombre indigno de llamarse rey cristiano. A su vera polulaban numerosos hombres sin escrúpulos, como un tal Manasés, quien sin tener ni el más mínimo temor de Dios, sobornó a nobles y al clero para que le combraran obispo. San Bruno fue uno de los que con más firmeza se le enfrentó, denunciando aquella situación ilegítima según las leyes de la Iglesia, y por ello tuvo que huir de la ciudad junto con algunos amigos seglares y algunos sacerdotes. Cuando el papa hizo presencia en Reims logró que Manasés fuese desterrado y el impío se fue a Alemania, junto a Enrique IV, enemigo acérrimo del Papa. Esto hizo que los habitantes de Reims pidieran al papa nombrara a Bruno su arzobispo. Pero este se negó horrorizado y el papa no quiso obligarle.

Hay una leyenda, ampliamente difundida, pero fue creada mucho tiempo después del paso de Bruno por este mundo, que narra cómo tomó la determinación de dedicarse a la vida solitaria. Según esta, murió en Reims (o París) un erudito llamado Diocres, profesor de Bruno. Cuando estaban celebrándose los funerales, en los que estaba nuestro santo, el presbítero leyó las palabras "¡Responde mihi!", y el muerto de sentó y clamó: "¡He sido llamado ante el trono de Dios!", volviendo a quedar inmóvil. Al otro día, los funerales continuaron y al decir, otra vez, las palabras "¡Responde mihi!", volvió a revivir Diocres, para decir con voz potente: "¡Se me ha juzgado delante del trono de Dios!". 

Como no estaba claro si luego de aquel juicio particular el alma del profesor se habría salvado o no, hubo un tercer día de responsos. Y al tercero, con la iglesia llena hasta el campanario, el presbítero volvió a repetir el "¡Responde mihi!", y al acto, el difunto se incorporó y von una voz espantosa gritó: "He sido condenado delante del trono de Dios!" Y al comprobarse que estaba en el infierno, se suspendió el funeral y se le enterró fuera de tierra sagrada, entre las basuras. Y esto habría hecho que Bruno abandonara todas sus riquezas y cargos, para irse al Desierto.

Pero lo cierto es que la decisión de Bruno fue mucho más meditada, orada y que no la tomó solo, sino junto a sus amigos Raúl y Fulco, y Adam, luego de una larga conversación que tuvieron los tres en el jardín de la casa del último. Considerando lo vano del mundo, optaron por una vida entregada del todo a Cristo y, considerando la corrupción de las viejas órdenes, prefirieron emprender un camino nuevo. Una vida monástica seria, comprometida con el silencio, la pobreza y la exclusividad para Dios. Sin embargo, para conocer más del monacato, se dirigieron a Molesmes (Raúl no estaba en el grupo), donde San Roberto (26 de enero) dirigía una vital comunidad monástica. Allí estuvieron poco tiempo, pues el silencio les parecía poco, y la soledad no era la buscada. Aspiraba Bruno a algo como los cenobios de Oriente: solitarios en comunidad, celdas separadas pero iglesia común.

El sueño de Sam Hugo.
Así que, y ya respondo tu pregunta, hacia 1084 junto a otros seis amigos Bruno se fue con seis compañeros más, adonde San Hugo de Grenoble (1 y 22 de abril), para exponer su proyecto, pedir su bendición y pedirle que les señalara un sitio muy apartado para ellos dedicarse a la oración y a la penitencia. La noche anterior San Hugo había visto en un sueño que siete estrellas le conducían hacia un bosque apartado y construían un faro que irradiaba luz hacia todas partes (otras versiones dicen que unos ángeles llevaban un templo en las manos y allí lo depositaban). Lo que fuese, lo cierto es que Hugo vio en Bruno y sus compañeros las estrellas que había visto en sueños y los llevó hacia el monte que le había sido indicado en la visión. Era un pequeño valle solitario en las ásperas y frías montañas de Chartreuse. A Bruno le pareció perfecto y construyeron las primeras ermitas de madera y una iglesita de piedra, dedicada al patrono de los eremitas, San Juan Bautista.

La primitiva vida cartujana (llamada así por el lugar Chartreuse) era sencilla y centrada en Dios. Oración constante, silencio absoluto, trabajo, comidas y estudio por separado. Solo se unían para el Oficio Divino, el cual era cantado sobriamente y sin instrumento alguno. Ayunaban 3 días a la semana, jamás comían carne y se daban poco al sueño. Y eso bajo la enseñanza y ejemplo de San Bruno, sin Regla escrita. El obispo Hugo les visitaba a cada rato, viviendo como un monje más y haciendo sus delicias de aquella vida austera y callada. Seis años vivió allí nuestro Bruno, solo para Dios, hasta que el papa Beato Urbano II (29 de julio), recordando el buen servicio que el santo había prestado a la Iglesia cuando era su maestro, mandó buscarle a Roma. Aquello truncaba su vocación y su obra, pero Bruno sabía que antes estaba la voluntad de Dios que la suya, y con gran pena, dejó su cenobio, y a sus hermanos consternados. 

Algún tiempo sirvió a la Iglesia en Roma, pero todos aquellas pompas, intrigas, peleas vanas y ocupaciones diplomáticas no era para él. Con humildad le expuso al papa su tristeza y este le respondió que ya le habían elegido como arzobispo de Reggio, como si esto fuera un consuelo para el santo. Bruno lo rechazó tajantemente, exponiendo que no quería dignidades ni cargos, son ser solamente un ermitaño. Entonces el papa, que no quería desprenderse de sus servicios, le ofreció la iglesia de Santa María de los Mártires, junto a las Termas de Diocleciano, para que fundaran monasterio. Pero aquel no era buen lugar para los cartujos, Roma era un avispero y el antipapa Clemente III intentaba ganarlos para su causa. Por ello, casi todos los monjes que habían acompañado a San Bruno regresaron a la Chartreusse, que quedó bajo el mando del monje Landuino (actualmente vuelve a haber una cartuja en las Termas). Entonces el papa les consiguió la fundación de Santa María de la Torre, en Calabria. De esta comunidad Bruno nombró prior al Beato Lanuino (13 de octubre).


San Bruno rechaza
el obispado de Reggio.
Mucho tiempo sirvió San Bruno a la Iglesia como legado papal, hasta que, en 1095 pudo librarse de sus ocupaciones externas y eligió la casa de Calabria para vivir allí en soledad y oración, según su vocación. En esta época escribe a su amigo Raúl, quien aún estaba en el mundo, aunque había prometido ser monje: 


"Vivo en tierras de Calabria con mis hermanos, esperando al Señor, en permanente centinela, en un desierto bastante alejado de toda vivienda. Su amenidad y lo templado de sus aires, la vasta y graciosa llanura entre montañas, sus praderas, pastos, colinas y ríos, ¿cómo te los podré describir? (…) Cuánta utilidad y gozo traen la soledad y el silencio del desierto a quien los ama, sólo lo saben quiénes lo han experimentado. (…) Renuncia a todo para vivir la divina filosofía. Dios es el único bien, de incomparable atractivo y belleza. (…) Me he alargado porque como no puedo tenerte presente, al escribirte me parece hablar contigo más tiempo. Deseo mucho que recuerdes mi consejo y goces muchos años de buena salud".
Ese mismo año, en el concilio de Clermont, Urbano II predicó la Cruzada a Tierra Santa. Luego un enorme fervor popular, numerosos monjes acompañaron a los soldados y a los seglares que, como iluminados, partían a Oriente. Bruno se abstuvo de seguir aquello, no era su vocación, y tampoco permitió que ni uno de sus monjes se fuera a la Cruzada. Aunque el 29 de julio de 1099 Jerusalén fue conquistada, ya sabemos que duró poco, en parte por la mala estrategia, la codicia y los vicios de los llamados cruzados. 

En 1097 Bruno escribirá a sus monjes de Chartreuse por medio de su prior, Landuino, quien le había visitado y pedido consejo como a verdadero padre: "Alegraos porque habéis alcanzado el puerto seguro y tranquilo al que muchos desean llegar. Os ruego que la caridad que tenéis en el corazón lo mostréis en obras para con él [Landuino]. (…) En cuanto a mí, hermanos, sabed que mi único deseo, después de Dios, es ir a veros. Cuando pueda lo pondré por obra, con la ayuda de Dios". Landuino padecería mucho en su viaje a causa de los enemigos de la Iglesia. Padecería prisión y moriría de sufrimientos.

Muerte del santo.
Por su parte, a finales de 1101 Bruno se sintió mal y supo que su fin estaba cerca. Reunió a sus hermanos y les hizo una profesión de fe que se conserva, como bello testimonio. Recibió los sacramentos divinos y el 6 de octubre del mismo año, entró en la Eterna Paz, a contemplar el rostro de Cristo para siempre. Su fama de santidad era tal que León X prescindió de la canonización formal, llamándole santo sin más proceso ni ceremonia: "es razonable que quien ha estado adornado de dones tan grandes y gracias tan excelentes y ha recibido del Todopoderoso un corazón tan dócil para cumplir sus preceptos y guardar su ley de vida y santidad, sea venerado y honrado con un culto digno de él, ahora que goza para siempre de la gloria divina". En 1623, Gregorio XV extendió su culto a toda la Iglesia.

Es abogado contra la peste. A veces las siete estrellas aparecen en la iconografía de San Hugo de Grenoble. 

Fuente:
-"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000.


A 6 de octubre además se celebra a:

Santa Fe de Agen,
virgen y mártir
.
S. María F. de las 5 Llagas,
terciaria franciscana
.
San Ywi,
monje diácono
.



lunes, 6 de agosto de 2012

Santoral Cartujo (O.C)

La Cartuja (Ordo Cartusiensis) es una orden eminentenmente contemplativa. Su lema es "Stat Crux dum volvitur orbis", o sea , "La Cruz permanece mientras el mundo da vueltas), signo de las raíces firmes de su vocación: La Cruz. Fue fundada por San Bruno en 1100, luego de dejar su vida de catedrático y despreciar más de una vez el episcopado de Colonia. Bruno y seis compañeros se retiran a la soledad de Grenoble, donde el obispo San Hugo, por una revelación que había tenido la noche antes, les da un terreno para su proyecto de vida monástica. Es la Orden más austera en su vida diaria, desde sus iglesias, sus vestidos y costumbres, hasta su liturgia. A lo largo de su existencia han permanecido en pobreza y fieles a su ideal ermítico, sin que nunca hayan sido reformados, según su axioma "numquam reformari, quia numquam deformari", o sea "nunca reformada, porque nunca deformada". Ha sido una orden muy castigada por la adversidad, entre las guerras de religión, la persecusión inglesa (donde murieron casi todos los monjes ingleses) y la Revolución Francesa (despues de esta sólo quedaban cuatro monjas que organizaron la vida claustral).

El cartujo vive para la contemplación y toda su obra diaria es oración, desde el estudio, el trabajo, la meditación, para lo cual se sirve de la soledad como medio indispensable para ese encuentro con Dios. Su liturgia es sobria, sin instrumentos musicales y el canto, parecido al gregoriano, es más llano y austero. Grandes santos han vivido en esta Orden, nunca propensa a canonizarlos, salvo cuando la Iglesia así lo ha dispuesto. "La Cartuja hace santos, pero no los proclama", otro de sus axiomas.

Enero:
3: San Airaldo de Maurienne, obispo.
14: Beato Odón de Novara, monje.

Abril:
11: Beato Lanuino, sucesor de san Bruno.
22: San Hugo de Grenoble, obispo.

Mayo:

4: Santos Agustín Webster, Juan Houghton y Roberto Lawrence, mártires.
9: San Nicolás Albergati, obispo.

Junio:
26: San Antelmo de Belley, obispo.

Santos Juan Houghton
y Roberto Lawrence.
Julio:

14: Beato Juan de Saboya, "el Hispano"; monje y legislador de las monjas.
15: Beato Bonifacio de Hautecombe, obispo.
16: Beatos Claudio Béguignot y Lázaro Tiersot, presbíteros y mártires.

Agosto:

5: Beato Guillermo Horne, monje, y compañeros mártires:

    Beato Guillermo Exmew, presbítero.
    Beato Guillermo Greenwood, monje.
    Beato Hunfried Middlemore, presbítero.
    Beato Jacobo Walworth, monje.
    Beato Juan Davy, diácono.
    Beato Juan Rochester, monje.
    Beato Ricardo Bere, presbítero.
    Beato Roberto Salt, monje.
    Beato Sebastián Newdigate, presbítero.
    Beato Tomás Green, presbítero.
    Beato Tomás Johnson, presbítero.
    Beato Tomás Reding, monje.
    Beato Tomás Scryven, monje.
    Beato Walter Pierson, monje.


Octubre:
6: San Bruno, Padre y Fundador.
8: San Artaldo de Belley, obispo.
13: Todos los Santos y Beatos de la Orden.
20: Santa Rosalina de Villenueve, abadesa. (y 17 de enero, 6 de julio y 17 de octubre)
31: Vigilia de Todos los Santos (oficio propio)

Noviembre:
13: Conmemoración de los difuntos de la Orden.
17: San Hugo de Lincoln, obispo.
25: Beata Beatriz de Ornacieux, virgen.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...