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jueves, 11 de octubre de 2018

"...gobernó con amor, vigilancia y eficacia"

San Angilberto de París, obispo. 11 de octubre y 5 de abril, invención de las reliquias.

Fue hijo de un comandante llamado Betto y nació a finales del siglo VI. Su hermana fue la abadesa de las monjas de Jouarre, Santa Teclechildis (10 de octubre). Él mismo fue monje en este monasterio mixto bajo el abad y fundador San Ado (31 de enero y 15 de diciembre).

Cuando terminó la teología, sobre 640, cruzó a Anglia a evangelizar y enseñar la Escritura y Teología a los monjes de Wessex. Ello le valió el obispado de Dorchester. Junto a San Wilfrith de York (24 de abril) participó activamente en el Sínodo de Whitby, convocado por la abadesa Santa Hilda (17 de noviembre), en el cual se debía zanjar la situación de la liturgia romana y el cálculo de la Pascua, que los monjes celtas se negaban a aceptar, preficiendo continuar con su propio rito. Nuestro santo y Wilfrith abogaban por la romanización. La situación se le hizo dificil, pues tanto la Iglesia local como el rey Coinwalch solo le veían como un obispo intruso que despreciaba su cultura y rito.

Sobre 666 regresó a Francia, justo en el momento en que moría el arzobispo de París y fue nombrado inmediatamente su sucesor. La crónica de los obispos parisinos dice que "gobernó su diócesis con amor, vigilancia y eficacia". Murió muy anciano, sobre 685, mientras visitaba a su hermana en Jouarre. En este mismo monasterio sería sepultado, en la capilla de San Pablo. Sus reliquias se daban por desaparecidas, pero fueron descubiertas el 5 de abril de 1632 y aún se veneran en la cripta de la iglesa ex–abacial.

Fuentes:
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"Vidas de los Santos". Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

A 11 de octubre además se celebra a:


Santos Taraco, Probo
y Andrónico, mártires
.
San Kenneth,
eremita y abad
.
San Bruno I de
Colonia, obispo
.




domingo, 13 de mayo de 2018

Beato Guillermo Scoto.

Beato Guillermo Scoto, III General Trinitario. 13 de mayo.

Sobre este santo de los orígenes de la ilustre Orden Trinitaria tenemos datos confusos, legendarios que hace difícil hilar su "vita". Al decir de un fraile trinitario conocido "seguramente sin esas fábulas, los trinitarios tuviéramos santos de verdad como Escoto en los altares, pero como siempre, los verdaderos santos (los que existieron) pagaron el proceso por culpa de los inventados".

En fin, que según datos o leyendas, nació Guillermo en Inglaterra, aunque se le llame "escoto". Desde niño fue piadoso y caritativo con los necesitados. Cuando llegó a la juventud, sus padres le enviaron a París, donde conoció al santo padre San Juan de Mata (17 de diciembre y 7 de mayo, traslación de las reliquias) y al Beato Juan Anglico (17 de junio) y con quienes estudió la Teología. El 28 de enero de 1193, octava de Santa Inés (14, 21 y 28 de enero; 5 de julio, Iglesias griegas) San Juan de Mata cantaba su primera misa y en ella tuvo la revelación acerca de que debía dedicarse a la redención de los cautivos, fundando una Orden religiosa. Juan se retiró a la soledad, donde según la leyenda conocería a San Félix de Valois (20 de noviembre), y Guillermo y Juan Anglico quedaron en París. La Universidad quiso otorgarles una cátedra a cada uno, para seguir disfrutando de su presencia y elocuencia.

Pero ocurrió que fallecieron los padres de cada uno, misteriosamente al mismo tiempo, sin tener nada que ver uno con el otro. Entonces ambos viajaron a Inglaterra, pues como eran los hermanos mayores, de sus respectivas familias, les tocaba repartir la herencia. Todo lo dieron a sus hermanos menores, renunciando a poseer riquezas y cuando cada uno había hecho lo suyo, se pusieron de acuerdo para volver juntos a París, para esperar a Juan de Mata. Vueltos a París, el obispo quiso ordenarles presbíteros, luego de oír alabanzas del abad de San Víctor, donde se hospedaban ambos jóvenes. Fueron ordenados juntos y juntos dieron clases en la Universidad, donde eran un gran ejemplo para los estudiantes, por sus virtudes y sabiduría. Cada día después de las clases, rezaban juntos y juntos salían luego a atender pobres y a pedir limosna para estos.

En los tiempos de vacación y fiestas, ambos iban a predicar la doctrina cristiana por los pueblos y ciudades circundantes. Y lo hicieron tan bien, que el obispo les pidió se dedicasen a ellos, como predicadores oficiales de la sede parisina. Viajaban a pie, ayunaban y se disciplinaban, para obtener frutos de sus misiones. Convirtieron a muchos e hicieron la paz entre facciones o familias enfrentadas. En este interín, regresó Juan de Mata de Roma, donde Inocencio III le había aprobado la Regla de la Orden. Ambos jóvenes, viendo en la redención de cautivos, la vocación de sus vidas, tomaron el hábito trinitario junto a otros jóvenes.

Junto al fundador y a su inseparable amigo Juan Anglico, se fue Guillermo a Roma, donde construyeron el convento junto a la iglesia de Santo Tomás "in Formis". Allí tomaría el hábito, según la leyenda, San Roberto de San Juan (13 de abril), quien sería el primer mártir trinitario. Inocencio III encomendó a nuestro Beato y a Juan Anglico, la que sería la primera misión redentora de los trinitarios en Marruecos. Allí llegaron el 22 de agosto de 1200 y comenzaron su labor misionera y la "compra" de los cautivos gracias a las limosnas que el papa les había dado para ello. Aunque no tenían permiso para ello, predicaban a los moros, convirtiendo a algunos, por lo cual fueron castigados varias veces, y no les quitaron las vidas por el respeto que el rey de Marruecos tenía hacia el papa Inocencio, en cuyo nombre iban los santos, cual legados. Pero al cabo de cinco meses no pudo soportar más el éxito que iban teniendo y les mandó volvieran al mundo cristiano. Regresaron Juan y Guillermo con 186 cristianos libres, que llevaron a Marsella, luego de una escala en Almería. De allí ambos fueron a Roma, a hacer vida conventual, de asperísima penitencia, ayunos y oraciones.

San Juan de Mata se llevó consigo a Guillermo a una redencion en Túnez, en la cual faltó el dinero para pagar los cautivos que ya se habían concertados. Entonces los musulmanes tomaron al santo fundador y le azotaron cruelmente, dejándole por muerto. Entonces Juan clamó a la Santísima Virgen y esta se le apareció con una bolsa de dinero para que pudiera salvar a los cautivos cristianos, curándole de sus heridas además. La leyenda dice que esta visión la tuvo también Guillermo, quien mandaría a pintar un cuadro sobre el tema y, siendo ya General, mandaría que fuera invocada la Madre de Dios bajo el título de Nuestra Señora del Buen Remedio (8 de octubre).

Un tiempo después quiso San Juan de Mata les acompañasen a España, donde pensaba fundar algunos conventos. A pie, como mandaba la Regla, emprendieron el viaje, lleno de penurias, hasta entrar por Aragón y llegar a Castilla. Fundado el convento de Segovia, fue nuestro Guillermo su primer prior o ministro, y Juan Anglico fue enviado a Roma de prior. En España Guillermo fue, además, visitador de los conventos y dícese que conoció y fue admirado por San Julián de Cuenca (28 de enero) y por San Francisco de Asís (4 de octubre, 25 de mayo, Dedicación y traslación de las reliquias; 17 de septiembre, estigmatización, 12 de diciembre, Invención de las reliquias) a quien conoció en Lérida. La tradición quiere que también fundara el convento y santuario de Nuestra Señora de Tejeda, en 1204.

En 1212, cuando murió San Félix de Valois, Juan Anglico le reemplazó frente al convento de Cerfroid y nuestro Guillermo fue llamado a Roma para ser prior de Santo Tomás "in Formis". Allí estuvo hasta la muerte del santo Padre, el 17 de diciembre de 1213. Entonces, fue nombrado General el Beato Anglico, con gran gozo de Guillermo, quien pasó al convento de Cerfroid. De esta época se cuenta que hubo cierta oposición por parte de algunos a que los religiosos usaran el nombre de "trinitarios", pareciéndole era herético. Guillermo habría escrito la obra "De Dignitate sui Ordinis" defendiendo el uso del nombre y ofreciéndose a ser quemado vivo como hereje si la Iglesia y la Universidad de París hallaban algo erróneo. No solo no lo hallaron, dícese, sino que fueron los otros quienes fueron hallados herejes en sus proposiciones. Intentaron estos herejes asesinarle a él y a un religioso, pero Dios les libró dándoles un profundo sueño y haciéndoles invisibles para que los asesinos no les encontraran aunque pasaron a su lado por el camino. En otra ocasión le acusaron de frecuentar prostíbulos y bares y vivir amancebado. Pero nada pudieron contra él, sino que él defendió tan bien su causa, que logró el rey Felipe Augusto mandara perseguir a los herejes llamados "trinitarios" y fueran quemados 300 de ellos en París. Nada, leyendas.

En 1216 murió el querido Juan Anglico y al año siguiente nuestro Guillermo fue elegido General de la Orden de la Santísima Trinidad. Como General, Guillermo envió religiosos a Tierra Santa, fundó en Portugal en 1218. Ese mismo año fundó en Kaneresburg y al siguiente, también en Inglaterra se fundaría el Colegio de Jerusalén, para preparar misioneros trinitarios a Tierra Santa. En 1220 acompañó a los cruzados franceses en la V Cruzada, destacando por su caridad, celo apostólico y abnegación redimiendo cautivos. Sabemos que esta Cruzada fue un fracaso, por la mala estrategia de los cristianos, que fueron derrotados al intentar atacar Cairo. Aún así dice la leyenda que Guilermo fue tan estimado de todos, que el rey San Luis de Francia (25 de agosto) le propuso al papa que nombrara a Guillermo arzobispo de Reims, pero el santo renunció a ello, y Honorio III no quiso gravarle con la dignidad episcopal, sabiendo que Guillermo prefería, ante todo, la redención de cautivos.

Vuelto a Roma, al poco tiempo se fue a España, donde le necesitaban los religiosos y los cautivos cristianos. Se fue a Baeza, donde aún padecían los cristianos a causa de los desmanes de los moros. Le exigieron los musulmanes tanto dinero, que solo pudo redimir a 40 cautivos. Guillermo respondió severamente a los captores, y estos le apresaron, flagelaron y golpearon varias veces. De allí, mal herido, con los religiosos y los rescatados, salió Guillermo a Castilla. Atravesando Sierra Morena, el santo trinitario desfalleció y se sintió morir. Se apartó para hacer oración, y los demás vieron como emanaba luz de su rostro divinizado. Acabada la oración, dijo a sus religiosos: "Hijos, y hermanos míos: pedid a Dios por mí; y en mi nombre, encargad a todos los religiosos, que encomienden a la Santísima Trinidad, el alma de este pobre pecador. Yo me muero. Sepultad mi cuerpo en alguna parte escondida, dejando en ella señal, para que después sean trasladados mis huesos. Antes de sucederme tres Ministros Mayores: en el tiempo del ministerio del tercero, se ganará la Ciudad de Córdoba y habrá fundación de un convento de nuestra Orden. Allí serán sepultados mis huesos. Decid lo que yo os digo unos a otros, para que la memoria no lo pierda". Luego tomó un Cristo en sus manos y ecomendándole su alma, expiró, el 13 de mayo de 1222.

El primer milagro que realizó Guillermo fue aparecerse a sus religiosos y sacarlos de las intrincadas sierras, aunque los frailes y rescatados solo veían una linterna delante de ellos que les guiaba. La profecía del santo se cumplió, pues en 1246, gobernando la Orden el Beato Nicolás, se conquistó Córdoba y se fundó un convento trinitario en la ciudad. Fueron religiosos a la Sierra a buscar las reliquias del beato, pero las señales externas dejadas por los pasados frailes se habían borrado. Pero entonces notaron unas azucenas que brotaban de la tierra, sin ser tiempo para ello, y cavaron allí, encontrando los huesos de Guillermo. Los trasladaron con solemnidad al convento y allí los sepultaron, rindiéndole culto. Nunca ha sido beatificado ni canonizado formalmente, pero algún culto tuvo, hoy inexistente, en la Orden.


Fuente:
-"Noticias históricas de las tres florentísimas provincias de la Gran Bretaña, Inglaterra, Escocia, e Hibernia, del Celestial Orden de la Ss. Trinidad, de Redención de cautivos cristianos". P. FR. DOMINGO LÓPEZ. Madrid, 1714.


A 13 de mayo además se celebra a:


Santa Gliceria,
virgen y mártir.
San Juan Silenciario,
abad y obispo.
Santa Rolendis, virgen.





sábado, 23 de septiembre de 2017

Santos Pacencio y Albina.

Santos Pacencio y Albina, hermanos mártires. 23 de septiembre.


Ilustración hecha para el blog
por Efrén Sarmiento.
En 1084 el papa San Gregorio VII (25 de mayo) autorizó el traslado de sus reliquias desde Roma hasta el monasterio de San Martín de los Campos, París, donde se comenzó a venerarles. Leyendas posteriores, para dar origen al culto, dicen que eran hermanos, y que Pacencio padeció el martirio imperando Antonino, entre los años 138 y 161. Por su parte, Albina quería servir al Señor en virginidad, y por ello rechazó a varios pretendientes hasta que uno de ellos la denunció por cristiana e igualmente fue martirizada. Pero lo dicho, solo es una leyenda sin fundamento, pues ni siquiera aparecen sus nombres en los martirologios antiguos.


A 23 de septiembre además se celebra a
San Lino, papa y mártir.
Santas Polixena y Xantipa, apóstoles.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Marchand, de París a Cochin.

San José Marchand, presbítero y mártir. 24 (Todos los Mártires de Viet-Nam) y 30 de noviembre.

Nació José en Passavant, el 17 de agosto de 1803, terminada apenas la Revolución Francesa y comenzando la Iglesia a resurgir de las cenizas adonde la había querido confinar la misma. Fueron sus padres Agustín Marchand y Juana Moine. 

De niño estudió en las escuelas de Orsans, y siendo aún infante descubrió su vocación religiosa, por lo que comenzó sus estudios sacerdotales. Afianzada su vocación como misionera, entró al Seminario de la Sociedad para las Misiones Extranjeras de París, fundada por la Iglesia para la evangelización de los pueblos, principalmente de Asia. Fue la estrategia misionera de la Iglesia para no depender de las órdenes religiosas tradicionales, a menudo demasiado implicadas en los asuntos de sus propios países. Así, la Iglesia evangelizaba sin contar con los reinos de Portugal o España, aunque no estuvo exenta de las intromisiones de los gobiernos franceses del siglo XIX, ni mucho menos ajena a los problemas internos de los países asiáticos. 

El 25 de diciembre de 1828, José fue ordenado diácono, y el 4 de abril de 1829 subió al altar para ser ordenado presbítero. Las ansias misioneras de José y la necesidad de misioneros por parte de la Iglesia eran tantas, que el 24 de abril, a los 20 días de ordenado partió a misiones. Desde Nantes partió el 12 de mayo a bordo del barco "Voltaire", en una travesía que no estuvo exenta de sufrimientos. Los marinos, hechos zafios durante la Revolución, eran hostiles a la Iglesia y a los religiosos, a los que ofendían y ante los cuales blasfemaban cuanto querían. Pero José Marchand no mostraba enfado, sino que solo rezaba por ellos en su fuero interno. Un día que un marinero se unió a los sacerdotes en sus oraciones, fue azotado con una cuerda. De tal calibre era la situación. En octubre llegaron a Manila, donde José subió a un barco español que le llevó a Macao, donde le dieron su misión: Cochín, al sur del imperio de Vietnam, donde se uniría a los misioneros Gagelin y Cuenot. El 27 de febrero de 1830 se embarcó en el barco de unos traficantes chinos, que le llevaron a su destino.

En la Universidad-Seminario de Lai Thieu, cerca de Saigón, aprendió, en tiempo record, la lengua de los anamitas, y se lanzó a evangelizar y a animar a las iglesias establecidas por Chau-Doc, Vinh Long, llegando a Phnom Penh, capital de Camboya. En 1830 regresó a la Universidad, donde dio clases a un grupo de estudiantes, a la par que era párroco de las iglesias locales vecinas. En 1832 volvió a emprender un viaje misioneros por la provincia de Binh Thuan, donde le sorprendió la persecución, a inicios de 1833. La persecución de los cristianos en Asia tiene muchos componentes políticos en los cuales los países occidentales no dejan de tener su parte de razón, aunque siempre sufrieran los mismos: los inocentes.

Nuestro santo estuvo un tiempo escondido en la Baja Cochinchina, hasta que uno de los rebeldes al poder imperial le capturó y le encerró en Saigón. Los rebeldes al emperador eran vietnamitas que odiaban su carácter inestable y sus acciones irrespetuosas, y lo que les enervó más fue la profanación que el emperador llevó a cabo al azotar la tumba del primer Mandarín, muerto en 1832 y al que el pueblo estimaba sobremanera. La idea del líder rebelde que capturó al P. Marchand era que el misionero aprovechara su ascendencia sobre los católicos y los animara a levantarse en armas contra el emperador Minh Mang, perseguidor de los cristianos. Pero José se negó a aquello, diciendo que solo era un misionero y solo quería salvar almas. Pero a pesar de su negativa, al cabo de 18 meses, cuando las tropas imperiales tomaron Saigón, el 8 de septiembre de 1835, el santo fue acusado de formar parte de la rebelión y de hacer precisamente aquello a lo que se había negado: rebelar a los católicos bajo la bandera del Evangelio contra el emperador. Le llevaron a Hue, donde llegó el 18 de octubre del mismo año. Allí le atormentaron con tenazas al rojo vivo para que confesara algo que no había hecho. Como los jueces vieron que no había pruebas para acusarle, le pidieron entonces que renegara de Cristo y pisara una cruz. Pero José Marchand se negó, por supuesto y fue condenado a morir de cien heridas. Este tormento consistía en aplicar ciertos cortes pequeños, pero letales, mediante los cuales el condenado se desangraba y sufría atroces dolores de nervios y huesos. Luego de morir por Cristo, el 30 de noviembre de 1835, su cuerpo fue despedazado y arrojado al mar, mientras que la cabeza fue expuesta durante días como escarmiento. Finalmente la trituraron a golpes y la arrojaron al mar.

Su martirio y supuesta “traición” animó al emperador a acentuar su persecución contra el cristianismo, pues nada extranjero era bueno para el imperio. Acusó a los cristianos, vietnamitas o no, de ser los verdaderos causantes de la rebelión, y de estar al servicio de potencias extranjeras. Y muchísimos sacerdotes y laicos fueron perseguidos y cruelmente martirizados. Y no solo siguió esta política el imperio, sino que fue y es medular en el Viet-Nam comunista, acérrimo enemigo de la Iglesia.

Gregorio XVI declaró Venerable a José Marchand en 1840, apenas pasaron cinco años de su martirio. Y León XIII le beatificó el 7 de mayo de 1900. Su canonización fue 19 de junio de 1988, junto a 117 mártires de Viet-Nam, por el Papa Juan Pablo II.


Fuente:
-"La vie de Abbe Marchand, missionnaire apostolique et martyr". J.-B.-S. JACQUENET. París, 1851.


A 30 de noviembre además se celebra a
San Andrés, Apóstol.
San Tugdual de Bretaña, abad. 
San Wachtang I de Georgia, rey.

martes, 4 de octubre de 2016

Desde Siria a París.

Santa Áurea de París, abadesa. 4 de octubre.

Fresco en Tohogne.
Quien da referencias a esta santa, tenida por legendaria por los Bollandistas, es San Ouen de Rouen (24 de agosto) en su "Vita S. Eligii". Según él, Áurea era hija de Maurin, funcionario del rey Dagoberto I, y su madre se llamaba Quiria. Cuando San Eloy (1 de diciembre y último domingo de junio, traslación de las reliquias) fundó un monasterio femenino en París, siguiendo la regla de Santa Cesárea de Arlés (11 y 12 de enero) Áurea fue la primera en profesar y fue nombrada abadesa.

Y esto es todo lo que podríamos decir de Áurea, si una estrafalaria leyenda posterior no hubiera hecho acto de presencia. Según esta, Áurea era una princesa siria que buscando al gran obispo Eloy, llegó a París acompañada de 300 doncellas. El santo obispo les construyó un monasterio, de donde fue nombrada abadesa. Cuéntase que estando en el campo, supo que la monja administradora había muerto, regresó al monasterio y la halló muerta. Era tan celosa de su cargo la religiosa, que tenía la llave de la despensa agarrada con tal fuerza que nadie podía quitársela. Áurea le dijo que, en virtud de la obediencia le devolviera las llaves y la monja revivió, soltó las llaves y volvió a morir. En otra ocasión, sin quedaron pan para hornear, pero Áurea lo puso al rojo vivo, se metió en él y recogió las cenizas al rojo vivo. En ese momento, milagrosamente, todas las campanas del convento comenzaron a sonar y las monjas entonaron un "Te Deum", y cuando Áurea salió del horno, viva por supuesto, este estaba lleno de panes horneados. Igualmente se nos dice que tiró de la estola del diácono durante el oficio divino porque el clérigo cantaba fuera de tono, pero se le apareció un ángel que le reprochó su gesto, y por ello hizo penitencia a pan y agua durante siete años, encerrada en una celda.

Áurea murió en paz en 666, muy anciana y sus reliquias fueron veneradas desde el inicio, lográndose muchísimos milagros a la vera de su sepulcro. Sus reliquias se veneran en la iglesia de San Eloy de París. La leyenda cuenta que una princesa siria (otra) que había nacido ciega, tuvo una revelación acerca de que si podía tocar las reliquias de Santa Áurea se curaría. Convenció a su obispo y se fueron a París, donde la princesa sanó al ser tocada con la reliquia de Áurea. Y tanto insistieron, que el clero de París accedió a cortar un brazo a la santa, del que manó muchísima sangre que fue recogida en ampollas. La princesa y el obispo regresaron a Siria con la reliquia del brazo y allí fundaron un monasterio donde la joven tomó el hábito monástico.


Fuente: 
-"Vidas de los Santos". Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 4 de octubre además se celebra a:

San Quinto de
Montrésor, mártir
.
San Salomón II
de Bretaña, rey
.  
San Petronio de
Bolonia, obispo.






viernes, 10 de junio de 2016

San Landeric, todo caridad.

San Landeric de París, obispo. 10 de junio.

No se sabe mucho sobre la infancia y orígenes de San Landeric, se supone debió ser de origen noble, pues sobre el año 640 era canciller del rey de los francos, Clodoveo II. En 650 fue elegido obispo de París donde desarrolló una importante labor misional y caritativa. Evangelizó varias regiones. Hizo construir el primer hospital que tuvo la Iglesia parisina. Socorrió a los pobres y enfermos en una hambruna, para lo cual vendió todos sus bienes personales y algunos tesoros de la Iglesia. Este hospital se llamó San Cristóbal y estaba situado junto a la catedral de Notre Dame. Siglos después sería el celebre L’Hótel-Dieu. Murió cerca de 660 y fue sepultado en la iglesia de San Germán. En un tiempo incierto fue trasladado a un arca de madera y luego a un relicario de plata. En la Revolución francesa dicha iglesia fue profanada y saqueada, y las reliquias desaparecieron.



Fuente:
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"Histoire de la ville et de tout le diocèse de Paris". Tomo I. AB. JEAN LEBEUF. París, 1863.


A 10 de junio además se celebra a  
San Getulio y compañeros mártires.
Beato Bardo de Maguncia, obispo.

domingo, 7 de febrero de 2016

"no tengo derecho a perder la caridad"

Beata Rosalía Rendu, virgen Hija de la Caridad de San Vicente. 7 de febrero.

Juana María Rendu nació en 1786, en Confort, Lancrans, Francia. Sus padres Antonio y María eran de clase media, labradores acomodados. En 1789, cuando estalla la Revolución Francesa y los sacerdotes y miembros de la Iglesia refractarios al nuevo orden republicano son perseguidos a muerte la familia Rendu arriesga su vida y bienes acogiendo a algunos sacerdotes y al mismo obispo de Annecy. En este ambiente de persecución, de noche y en el secreto de un sótano, como en las catacumbas, la pequeña Juana María toma la primera comunión. A los 10 años muere su padre y la menor de las hermanas, en un breve lapsus de tiempo. Como es la mayor, deja sus ilusiones de estudiar, para hacerse cargo de dos hermanas pequeñas y ayudar a su madre a sacar la familia adelante. 

En 1794, llegada la paz, su madre la envió con las ursulinas Gex, que acogían niñas en un modesto pensionado, a la par que las instruían en labores y oficios, preparándolas para la vida. Allí la jovencita conoce a las Hijas de la Caridad, que si bien durante la revolución Francesa habían sido toleradas por su acción en favor de los pobres, estaban obligadas a vestidas de civil y no podían admitir novicias. En 1800 el Ministro de Interior, Chaptal permitió recibieran miembros en la “asociación”, ante la evidente escasez de enfermeras que padecía Francia. En 1802, el Ministro de Cultos, Portalis, autorizó la restauración de las Hijas de la Caridad como congregación religiosa. Las demás congregaciones femeninas de vida activa tendrían que esperar hasta 1807. En este entorno de dificultades las conoció Juana María, trabajando incansablemente por los enfermos, los pobres y los niños expósitos. Colabora con ellas, visita a los pobres y les lleva consuelo y ayuda de parte de las religiosas. 

Así se define su vocación, y en 1802 entra con las Hijas de la Caridad de París. Fue de las primeras en ser admitidas luego de la restauración de la Congregación. En 1803, antes de terminar el noviciado le trasladan al deprimido barrio de Mouffetard, donde profesa con el nombre de Rosalía. Las religiosas tenían varias obras, y Rosalía es destinada a la educación y catequesis de los niños y las visitas a los pobres. Pero poco a poco, además de colaborar, Rosalía va poniendo su sello caritativo y organizador. Es despierta, resolutiva, paciente pero firme, cualidades excelentes para una religiosa que trata diariamente con las miserias y la desesperación humanas. 

En 1807, con la total libertad de las Congregaciones religiosas por parte de Napoleón salen a la luz parte de estas miserias humanas: Napoleón, para controlar la actividad de las religiosas, como cosa del Estado, las pone bajo la obediencia del obispo de París, pisoteando al Superior Superior General de los Padres Paúles, hasta el momento superior también de las Hijas de la Caridad. Las monjas se dividen entre ellas. Unas prefieren aceptar la resolución imperial y obedecer al obispo con tal de no padecer otra disolución que podría ser mortal, y otras prefieren abandonar París antes que negarse a traicionar el espíritu y las normas de la Congregación. Entre las primeras se halla Rosalía, que teme la extinción de la Congregación y sobre todo, que los necesitados queden sin protección. La tensión se calma en 1815 con el regreso de los Borbones, que deciden no meterse en esos asuntos, y las religiosas regresan bajo la autoridad del Superior General. Aunque Rosalía había estado entre las "transigentes", fue elegida superiora de la casa. Con el paso de los años a las obras que las Hijas de la Caridad tenían, Rosalía añadirá un horfanato, una escuela, un dispensario, y escuela nocturna para las jóvenes obreras, para las cuales añadieron en breve una guardería matutina. Además, abrió una casa para ancianos abandonados. Se atrae colaboradores, ricos y pobres. Unos aportan dinero, otros brazos y corazón. Se hace rodear de seglares que extienden la obra compasiva según el espíritu de San Vicente de Paúl (27 de septiembre y 26 de abril, traslación de las reliquias), lo que se considera el germen de la Sociedad de San Vicente de Paúl, fundada posteriormente por el Beato Federico Ozanam (8 de septiembre).

En 1830 estalla la "revolución de julio", y Rosalía se prodiga con los necesitados, atiene a los heridos, protege a perseguidos de uno y otro bando, además de mantener las obras iniciadas. Llega incluso a meterse en barricadas y trincheras, para salvar a los heridos que no podían trasladarse. En su casa hallan refugio algunos sublevados y el Comisionado de Policía, de nombre Gicquel manda arrestarla por hacerlo. Los soldados se niegan, conscientes de que la defenderán con las armas si lo creen necesario. Gicquel se entrevista con la Hermana Rosalía. Le pide que le explique como es que las religiosas violan la ley. Ella responde: "Señor Comandante, soy una Hija de la Caridad, y en todas partes ayudo a los desafortunados. Si usted estuviera siendo perseguido, yo le socorrería, se lo aseguro". "Prométalo", dijo él. "No es necesario" – replicó Sor Rosalía – "una Hija de la Caridad no tiene derecho a perder la caridad". Y Gicquel la dejó en paz. Además, se desvivió con los necesitados en las distintas epidemias de cólera 1831, 1849 y 1854. Y no solo por con su persona, sino con solo nombrarla. En 1831, corrió el rumor que los médicos y farmacéuticos propagaban aposta el cólera, para acabar con los pobres. Que era un plan, vamos, para matarlos. Por ello, los ánimos se caldearon contra los doctores, y la desconfianza se acentuaba. Un día llevaba el doctor Royer-Collar un enfermo al hospital desde Mouffetard, cuando un grupo de vecinos quiere detenerlo y lincharlo. "¡Soy uno de los amigos de la Hermana Rosalía!", grita, y como por ensalmo, le dejan tranquilo, incluso le ayudan a llevar al enfermo. 

"En esta casa no se mata"
En 1848 estalló otra revolución en la que igualmente, Rosalía se volcó con todos los que padecían. Amigos y enemigos, revolucionarios o conservadores, todos los heridos eran acogidos por ella y las religiosas, llegándose a vivir momentos de tensión, pues en varias ocasiones los heridos de uno u otro bando discutían, peleaban e incluso se amenazaban de muerte. Sucedió el 24 de junio de 1848, cuando unos oficiales fueron rodeados por revolucionarios y huyeron refugiándose en la casa de las Hermanas, y estos pretendieron llevárselos a punta de bayoneta. Pero Sor Rosalía arriesga su vida y les impone su ley: "En esta casa no se mata". Los revolucionarios pretenden sacarlos fuera, las religiosas los rodean y la beata se arrodilla ante el cabecilla de los insurgentes y le dice "En nombre de todo lo que por ustedes, sus esposas e hijos he hecho, te ruego perdones la vida de estos hombres". Los sedientos de odio se desarman, sueltan sus bayonetas y algunos lloran. El que antes quería matar, le dice estupefacto: "¡Pero Hermana, ¿quién eres tú?!" "Señor – fue la respuesta – sólo soy una Hija de la Caridad. Sólo eso".

En otra ocasión puso en jaque a un poderoso, en aras de la caridad: en su escuela había una niña que lloraba constantemente porque su padre estaba preso. Sor Rosalía, informada que había sido una injusticia, y el hombre era bueno y trabajador, se propuso liberarle. Y un día en el que el general Cavaignac, que apreciaba a Sor Rosalía, visitaba el colegio, nuestra beata tomó a la niña de la mano, la plantó delante del militar diciéndole "Hija mía, este hombre puede liberar a tu padre, si quisiera".
"¡Oh, Señor – dijo la niña – devuélveme a mi padre! Le necesitamos en casa" "Pero él debe haber hecho algo serio", dijo  Cavaignac. La niña replicó "¡Oh no! Mamá dice que no, y si lo hizo, no lo hará más, te lo prometo, ¡devuélveme a mi padre y te querré siempre!" Y no hay que decir que a los dos días el obrero estaba libre.


Pero esta temeridad caritativa le trajo una reprimenda por parte de los superiores (que incluso la suspendieron como superiora durante 10 días en 1840), por asistir a los rebeldes opositores del gobierno de Luis Felipe. Tuvo apoyos de María Amalia, esposa de Luis Felipe, y Mme. Villette, la gran amiga de Voltaire, el embajador español Donoso Cortés, entre otros, y ganaba para su causa a la élite parisina, cosa que también le valió críticas de las religiosas, que la acusaban de elitista, aduladora de los poderosos, de gustarle el poder, incluso llegaron a comentar que acudía a fiestas y recepciones. Sus vínculos con el célebre arzobispo de París, Denis Affre, le permitió mediar en los asuntos internos de los padres paúles, lo que le valió rencor continuado del General Nozo. Por todo esto, fue duramente criticada por otras religiosas y no pocos padres paúles, que la consideraban imprudente, rebelde a las normas y demasiado dada a la vida activa, sin dedicar tiempo a la oración. Tal vez porque malentendían su famosa frase "Jamás hago la oración tan bien como en la calle". Palabras metafóricas, pues sus cartas demuestran que toda su actividad apostólica procedía de profunda unión con Dios. 

La revolución, mal conducida, llevó a Napoleón III a coronarse en 1851 como “emperador de los franceses”, el cual, en 1852, le concede la “Cruz de la Legión de Honor”, por toda la obra asistencial y apostólica realizada en la paz o en la guerra. En 1854 Napoleón y Eugenia visitaron la guardería y todas sus obras, siendo espléndidos en elogios y donativos. 

La Beata Rosalía en medio de los combates.

En 1856, luego de 54 años en Mouffetard, Sor Rosalía muere, y sus funerales en la iglesia de San Medardo, el 9 de febrero, fueron multitudinarios y muy sentidos por los pobres. Se hizo luto oficial y la ciudad lo vivió conmocionada. Tal vez sería la principal manifestación de que ricos y pobres, todos mezclados despidiendo a su santa protectora, avanzaban con el cortejo. Ese mismo año, en la alcaldía de París se pone un busto de bronce en su memoria. En 1857 se publicó la primera “vita”, que obvió toda la infancia y la juventud de Rosalía, de las que se poseen pocos datos. En 1867 se le dedica una calle, y unos años más tarde se edifica en su barrio una iglesia en su memoria y dedicada, como no, a su santa patrona, Santa Rosalía de Palermo (4 de septiembre). 

Todos recordaban la memoria de Sor Rosalía. Todos, menos por su superior, el General de los Paúles, que no asistió a los funerales, y gran parte de sus hermanas de hábito, que ni la mencionaban. Tendrían que pasar casi 50 años para que el resentimiento con los métodos y acciones controvertidas, más que con su persona, de la beata fueran puestos en su justo lugar. A principios del siglo XX algunos presbíteros de la Congregación de la Misión escriben artículos sobre ella, comprendiendo su entorno y valorando su obra caritativa. Pero no sería hasta 1950 cuando las Hijas de la Caridad rehabilitan su memoria y legado, y solicitan a la arquidiócesis de París la apertura del proceso de canonización. San Juan Pablo II (22 de octubre) la beatificó a 9 de noviembre de 2003.


Fuente:
-“Soeur Rosalie Rendu. Une passion pour les pauvres”. LOUISE SULLIVAN, Archives de sciences sociales des religions. Montreal, 2007.



A 7 de febrero además se celebra a

San Tressan, religioso.
San Ricardo, rey.
San Drien, abad.






lunes, 30 de marzo de 2015

San Rieul, otro santo en la máquina del tiempo.

San Rieul (Régulo o Raúl) de Senlis, obispo. 30 de marzo, 10 de mayo (traslación de las reliquias), 13 de julio y domingo posterior al 23 de abril.

La falta de datos sobre este santo obispo, le dotó de una leyenda algo estrafalaria. Mientras que hay constancia de su existencia en el siglo III, la tradición le hizo regresar al siglo I, ser discípulo de los apóstoles y apóstol en Francia. Un fenómeno que ya tocamos en el artículo "Santos en la Máquina del Tiempo". 

Leyenda.
Según esta, Rieul era griego de nación, convertido por San Juan Evangelista (27 de diciembre y 6 de mayo) en Éfeso. Este, admirado por su virtud y ciencia, le bautizó y le ordenó presbítero. Posteriormente sería discípulo de San Dionisio, obispo de París (9 de octubre), identificado con el Dionisio aeropagita mencionado en los Hechos de los Apóstoles en Hch 17, 34. Hay que decir que esta identificación es solo en occidente, pues oriente separa a ambos, santos del mismo nombre con leyendas diferentes. Pero volvamos a Rieul. Envió San Clemente (23 de noviembre) a Dionisio y sus discípulos Rústico, diácono; Eleuterio, subdiácono; Luciano, Eugenio y otros, a la Galia. Llegados allí, Dionisio consagró a Rieul como obispo de Arlés, sucediendo a San Trófimo (29 de diciembre), también discípulo de los apóstoles, encomendándole la evangelización de esta región.

Martirio de San Dionisio.
Visión de las tres palomas.
Un día, celebrando el sacrificio de la misa, al llegar al canon, luego de mencionar los nombres de San Pedro y San Pablo, añadió sin darse cuenta los "los mártires, Dionisio, Rústico, y Eleuterio", mientras tres palomas ensangrentadas bajaban al altar. Entendió Rieul que Dionisio y sus compañeros habían sido martirizados por Cristo. Ordenó a San Felicísimo (28 de diciembre) como obispo y sucesor, se fue a Chaton, donde vivía una viuda pagana, de nombre Catulla, que habría escondido los cuerpos de los tres mártires. Rieul bautizó a Catulla, celebró un grandioso funeral por los tres mártires y les construyó un santuario, que siglos más tarde completaría Santa Genoveva de París (3 de enero). Luego se fue a Senlis, donde comenzó una nueva andadura como obispo de esta ciudad. Aquí construyó una iglesia a Santa María y otra a Santos Pedro y Pablo, evangelizó a los paganos, llegando a convertir incluso a Quintiliano, gobernador de la ciudad. Predicó en Rully, donde mandó callar a las ranas de un pantano, que no le dejaban hablar. Evangelizó en Valois y Creil, y camino de Beauvais a ordenar de obispo a su compañero San Luciano (8 de enero), le llegó la noticia de su martirio, así que solo llegó a enterrarle y construir una capilla en su honor en Canneville.

Bosques y campos fueron testigos de su predicación y milagros. Porque milagros nos narra varios la la leyenda: un niño resucitado, agua que brota de las piedras, prisioneros liberados, ídolos paganos convertidos en polvo con solo tocarlos. Exorcizó a un niño, y el demonio quiso meterse en el burro en el que el santo se trasladaba, pero el burro hizo la señal de la cruz en el suelo con una pata y el diablo tuvo que huir. 

Murió en el año 140, luego de casi 40 años de labor pastoral. Sus reliquias se depositaron en la iglesia de los Santos Pedro y Pablo hasta que fueron trasladadas por Clodoveo I a una nueva iglesia dedicada a su memoria, donde cada año se veían ciervos y otros animales inclinarse ante sus reliquias cada día de su memoria, a 30 de marzo. Quiso Clodoveo una reliquia del santo, pero el clero de la ciudad no se decidía a desmembrar el cuerpo, por lo que un oficial arrancó un diente al santo, manando sangre al momento. Todos iban contentos con este milagro, pero llegados a París, Clodoveo y su comitiva quedaron paralizados hasta que reconociendo su error, se dieron la vuelta y devolvieron el diente a su sitio. Sus reliquias también obraban grandes portentos, muchos se acogían al patrocinio del santo junto a su tumba, ocurriendo grandes conversiones y curaciones. 

Milagro del diente
Historia y culto.
¿Que puede haber de real en esta leyenda? Pues lo primero, es el testimonio y afán por llevar a las almas a Cristo de un evangelizador. O dos, pues los historiadores hallan factible que haya habido dos obispos de este nombre, uno en Arlés y otro en Senlis en tiempos diferentes, a quienes la leyenda medieval fundió en uno y dotó de una leyenda para llenar la laguna de conocimientos. La catedral de Senlis se incendió en el siglo IX, y todos sus archivos se perdieron, pero documentos contemporáneos a ese siglo, apuntan a la existencia de Rieul o Régulo, obispo de Senlis en el siglo III, en la incipiente comunidad cristiana. Por otro lado, sabido es que los enviados a las Galias lo fueron sobre 250, y por el papa San Fabián (20 de enero).

San Carlomagno (28 de enero y 29 de diciembre) y San Luis de Francia (25 de agosto) visitaron varias veces y enriquecieron notablemente el santuario. En 1484 las reliquias se trasladaron a un bellísimo relicario de oro. En 1791 las reliquias fueron trasladadas a la iglesia de Santa María, donde, en 1793 fue profanado para robar las joyas y el oro. Los huesos fueron metidos en un saco y enterrados en el cementerio de la ciudad. En 1795 fueron rescatados en secreto por dos sacerdotes, que los devolvieron en 1799 al obispo. En 1811 el obispo Malezieux mandó hacer el bello relicario de plata y oro que actualmente conserva las santas reliquias.

Se le invoca contra la sequía y los dolores de muelas. Es abogado de los animales domésticos y de los criadores de palomas.

Fuentes:

-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"France historique et monumentale". ABEL HUGO. 1837.



A 30 de marzo además se celebra a





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