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jueves, 18 de marzo de 2021

De Santos Reyes (XXVI): San Eduardo, el "más o menos" mártir.

San Eduardo II de Inglaterra, rey mártir. 18 de marzo, 20 de junio, traslación de las reliquias; 3 de septiembre y 13 de septiembre, Traslación en la Iglesia Ortodoxa Inglesa. 

No se conoce el año de su nacimiento, pero fue sobre 960. Fueron sus abuelos paternos Santa Ælfgifu (18 de mayo) y San Edmundo I "el Magnífico" (26 de mayo). 
Fue el hijo mayor del rey San Eduardo I, el Pacificador (8 de julio). Sobre su madre, algunos dicen fue la Beata Wulfrida (9 de septiembre), quien había sido violada por San Eduardo I, naciendo de este acto una hija la ilegítima, Santa Edith (16 de septiembre). Pero en realidad no consta que Wulfrida haya tenido más hijos con Eduardo, pues se retiró como monja a la abadía de Wilton. Otras versiones dicen que su madre fue una dama casada llamada Æthelflæd, pero sin prueba alguna. En cualquier caso, no habría nacido nuestro Eduardo dentro de un matrimonio legítimo. 

Cuando San Eduardo I murió en 975, Eduardo era un adolescente. Hubo alguna disputa en la sucesión, pues los nobles y clero enemigos de las reformas monásticas de Eduardo I eran contrarios a que nuestro joven, quien mostraba signos de piedad y de amor por la Iglesia, le sucediera. A su lado estaban los obispos San Dunstan de Canterbury (19 de mayo) o San Osvaldo de York (29 de febrero y 15 de octubre, traslación de las reliquias). La viuda y tercera esposa del rey Eduardo I, llamada Elfrida, reclamaba el trono para su hijo Ethelred, de nueve años, y contaba con el apoyo del obispo San Ethelwold (1 de agosto). Disputas más allá o más acá, finalmente se resolvieron con la consagración de real de Eduardo el mismo año de la muerte de su padre, impidiendo se llegase a una guerra fraticida. A cambio, los eclesiásticos renunciaron a tierras que Eduardo I había mercedado a la Iglesia, en favor de Ethelred. 

El reinado de Eduardo no estuvo exento de tensiones entre el poder civil y eclesiástico. La reforma de San Dunstan trajo que muchos monasterios perdieran territorios con sus consecuentes pueblos y vasallos. Varios de los pueblos que pasaron al vasallaje de los señores feudales se rebelaron pues perdieron algunos privilegios y beneficios, o se les aumentaron las cargas impositivas. Otros monasterios se disolvieron para acceder los monjes a canonjías como párrocos. La impresión general de los historiadores es que, a pesar de haber sido un reinado corto, fue convulso y la figura real perdió demasiada autoridad y poder frente a los reyes de Wessex y East Anglia, así como que los prelados intervinieron demasiado en el poder terrenal. 

Eduardo fue asesinado 18 de marzo de 978 cerca del castillo de Corfe, mientras visitaba a su hermano Ethelred y a su madrastra Elfrida. La versión más extendida de esta muerte es que la instigadora del crimen real fue Elfrida. Guillermo de Malmesbury cuenta que ocurrió así: 

“Un día el joven rey estaba cazando en Dorsetshire, cerca del castillo de Corfe, donde vivían Elfrida y su hijo Ethelred. El rey estaba cansado y sediento, así que se apartó solo de la caza y dijo: 'Iré a descansar yo solo a Corfe, con mi madrastra Elfrida, y mi hermano Ethelred'. Al llegar al castillo, Elfrida salió a su encuentro y lo besó. Y él dijo: 'Dame de beber, porque tengo sed'. Le trajeron una copa y mientras bebía, Elfrida hizo una señal a su criado, y este apuñaló al rey con un puñal. Cuando el rey sintió la herida, hincó espuelas a su caballo e intentó unirse a sus camaradas, que continuaban cazando. Pero se resbaló del caballo y su pierna se enganchó en el estribo, por lo que fue arrastrado hasta morir. 

Elfrida ordenó que lo enterraran en Wareham, pero no en tierra santa, ni con ninguna pompa real. Pero una luz del cielo brilló sobre su tumba, y se hicieron maravillas allí. Cuando el pequeño Ethelred se enteró del asesinato de su hermano, empezó a llorar y a lamentarlo, porque Eduardo siempre había sido muy amable con el niño. Su madre, aguijoneada por su conciencia, y enojada con él por sus lamentos, se abalanzó sobre el niño para golpearlo, y no teniendo ningún palo a mano, sacó una vela de cera de su candelabro y lo golpeó con ella. Pero después, cuando oyó de las poderosas obras que se hicieron en la tumba del rey Eduardo, cómo los enfermos eran curados, y los cojos caminaban, resolvió ir y ver los milagros con sus propios ojos. Pero cuando montó su caballo para cabalgar, el caballo no se movió. Así que el duro corazón de Elfrida se estremeció, y se alarmó por el pecado que había cometido, y se retiró al convento de Wherwell, para arrepentirse de las maldades que había hecho”.

Otros historiadores han dejado varias versiones del hecho. Algunos afirman que unos nobles al servicio de Ethelred y Elfrida fueron los que asesinaron a Eduardo, sin el conocimiento de estos, con vistas a quitarse de en medio a un rey inestable, demasiado manipulado por la Iglesia y que solo traía problemas. Ciertamente crónicas del siglo X hablan de Eduardo como alguien que "había ofendido a muchas personas importantes por su intolerable violencia de discurso y comportamiento”. 

Eduardo fue enterrado en Wareham, sin que se le dieran honores reales. En 979 se le desenterró para sepultarlo más honrosamente en la abadía de Shaftesbury, donde su abuela Santa 
Ælfgifu había sido sepultada y era venerada como santa. El cuerpo de Eduardo fue hallado incorrupto, lo cual fue tenido como cosa de milagro. El 20 de junio de 1001 se le trasladó a una fastuosa tumba dentro del mismo monasterio y comenzó a recibir culto como santo, aunque nunca ha sido canonizado formalmente. Aún así, las iglesias romana, anglicana y todas las ortodoxas lo veneran como santo. 

En el siglo XVI las reliquias fueron escondidas para evitar la profanación de todo lo sagrado llevada a cabo por la persecusión de Enrique VIII. Y no volverían a aparecer sino en 1931, durante una excavación arqueológica. John Edward Wilson-Claridge, quien halló las reliquias las donó a la Iglesia Otodoxa Rusa en Inglaterra, mas se entabló un pleito pues la Iglesia Anglicana quería fueran devueltas a la Abadía de Shaftesbury. Luego de años de disputa la Iglesia Ortodoxa obtuvo la custodia de los restos del rey mártir (?) y las depositó en el santuario del cementerio de Brookwood, Woking. Actualmente la iglesia y las reliquias pertenecen a la Iglesia Ortodoxa Griega, incluso existe una comunidad de “Monjes de San Eduardo”. 


Fuente:
-Vidas de los Santos. Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 18 de marzo además se celebra a













sábado, 26 de mayo de 2018

De Santos Reyes (XXIII): San Edmundo I.

Pregunta: pudiera saber mas sobre san Edmundo y otros santos con ese nombre.

Respuesta: Hay varios santos de ese nombre, pero te respondo al menos sobre uno de ellos:

San Edmundo I "el Magnífico" de Inglaterra, rey mártir. 26 de mayo.

Fue hijo primogénito del rey Eduardo el Viejo, rey de Wessex y de Edgiva, hija de Sigehelm, un caballero de Kent. A los 18 años subió al trono, siendo coronado el 29 de noviembre de 939. Muy pronto tuvo que defender su reino de los ataques de Olaf de Irlanda, que había ocupado la Northumbria, pero alfinal tuvo que aceptar la paz y abstenerse de reconquistar su tierra hasta la muerte de Olaf, en el año 942. En el año 940 se casó con Santa Ælfgifu de Shaftesbury (18 de mayo). Tuvieron tres hijos: Edwy, rey de Northumbria, de vida licenciosa, depuesto por los nobles, una hija de la que no se sabe ni el nombre, casada con Balduino de Hesdin, y San Eduardo el Pacífico (8 de julio).

En 945 Edmundo conquista Strathclyde pero concede sus derechos al rey Malcolm I de Escocia, estableciendo un pacto de ayuda mutua y unas relaciones pacíficas con Escocia. Durante su reinado comienza el renacimiento de los monasterios y abadías, dándose el gran impulso a la Iglesia en los reinos ingleses. En el 946, ya viudo, se casa pocas semanas antes de morir, con Ethelfledis, hija de Alfgar, señor de los Wilsaetas. 

El 26 de mayo de ese mismo año, con solo 25 años Edmundo fue asesinado en Pucklechurch, por Leofa, un ladrón exiliado. Edmundo le escupió frente a la muchedumbre, que respondió peleando, muriendo ambos durante esta pelea. Fue sepultado en la abadía de Glastonbury, en Somerset. Aunque nunca fue canonizado, recibió el típico culto religioso-patriótico que recibieron muchos reyes ingleses.

Otros santos que llevan este nombre son:

San Edmundo de Inglaterra, rey y mártir. 20 de noviembre.
San Edmundo Rich, obispo. 16 de noviembre
San Edmundo Gennings, presbítero mártir. 10 de diciembre
San Edmundo Arrowsmith, jesuita mártir. 28 de agosto
San Edmundo Champion, jesuita mártir. 1 de diciembre
San Edmundo de Escocia, príncipe. 3 de octubre
Beato Edmundo René de Vezelay, canónigo mártir. 2 de octubre
Beato Edmundo Sykes, presbítero mártir. 23 de marzo
Beato Edmundo Bojanowski, presbítero fundador. 7 de agosto
Beato Edmundo Ángel, religioso de La Salle, mártir. 6 de noviembre.
Beato Edmundo Ignacio Rice, presbítero fundador. 29 de agosto.


A 26 de mayo además se celebra a:


Santos Dyfan y Fagan,
misioneros.
La Invención de
Santiago Apóstol.
San Berenger de
St-Papoul, monje.









miércoles, 14 de marzo de 2018

Reina, mucho de político y de santa... pues algo.

Beata Emma de Normandía, reina de Inglaterra. 14 de marzo.

Emma y dos de sus hijos.
Nació en Normandía, en 987, y fue hija de Ricardo I, duque de Normandía y su concubina, luego segunda mujer, Gunnor de Crepon. Emma era tan bella que le llamaban "La Rosa de Normandía".

Cuando tenía 15 años Emma se casó con Ethelred II "el Indeciso", rey de Inglaterra, que le doblaba la edad. Con él tuvo tres hijos, el mayor de ellos fue San Eduardo "el Confesor" (13 de octubre). En 1013 los daneses invadieron parte de Inglaterra y Emma y sus hijos tuvieron que huir a Normandía, donde fueron protegidos por su hermano, Ricardo II. En 1014 el rey Ethelred volvió a Inglaterra y retomó su trono, pues los daneses se vieron debilitados temporalmente con la muerte de su rey Svend I. Emma no volvió con él, pues temía por la seguridad del reino, débil aún. 

Ethelred murió en 1016 y Emma, en una hábil jugada, se casó con el danés Canuto el Grande, hijo de Sven. Así aseguraba su vida, calmaba a los peligrosos daneses y al mismo tiempo acrecentaba la influencia normanda en Inglaterra y, no menos importante, ella se convertía en reina de Dinamarca. Pero, por si acaso, sus hijos se quedaron exiliados en Normandía. En 1023 Emma logró que su marido costeara el nuevo sepulcro de San Alphege de Canterbury (19 de abril), quien había sido asesinado por los daneses en un acto inicuo y desmedido de escarmiento a los ingleses. Además, Emma organizó la traslación al nuevo altar.

Con Canuto Emma tuvo dos hijos, y aunque al primero, Hardicanuto, Emma intentó hacerlo rey de Inglaterra, los ingleses prefirieron a Harold "Harefoot", hijo de Canuto con una concubina. Entonces Emma hubo de refugiarse en Flandes hasta 1040. Harold pasó el reino inglés a Hardicanuto, pero este no estaba interesado en gobernar a los ingleses, que no le querían, así que mandó a buscar a su medio hermano, Eduardo "el Confesor", para asociarlo a su reino. A pesar de esto, Emma logró asumir la regencia un tiempo, pero en 1042 Hardicanuto murió repentinamente y Eduardo, fue proclamado entusiastamente por los ingleses como rey, regresando la Casa de Wessex al trono. A pesar de que Emma no sentía mucho afecto por Eduardo, no pudo sino callar y aceptarlo como rey.

Emma ante su
hermano Ricardo.
Eduardo, sabiendo de las capacidades políticas de su madre, la separó del gobierno y mandó fuera recluida en un monasterio. Pero aún ella desde allí continuaría su vínculo político con Normandía y sería decisiva en la conquista de Inglaterra por Guillermo I "el Conquistador".

Emma falleció el 14 de marzo de 1052. Fue sepultada en la catedral de Winchester. Sobre su santidad, pues muy poco hay que decir, porque no se atisba por ningún sitio, sin embargo, muchas crónicas la llaman Beata y aluden a algún culto en su sepulcro por parte de los normandos. El origen de esto podría estar en una leyenda del siglo XIII, en la que se dice que Emma fue acusada de fornicación con el obispo Ælfwine de Winchester. Para demostrar su inocencia, Emma fue obligada a pasar por la "prueba del arado", que consistía en caminar sobre rejas de arado al rojo vivo. Si la acusada, siempre mujeres, no se quemaban es que eran inocentes. Emma, según la leyenda, pasó descalza, siendo sostenida por dos obispos sobre los arados, sin que el fuego la dañara. Pero es una leyenda sin fundamento alguno.


Fuente:
-"Queen Emma and Ælfgifu of Northampton: Canute the Great's Women". MILES WARREN CAMPBELL. Mediaeval Scandinavia, 1971.


A 14 de marzo además se celebra a





sábado, 16 de septiembre de 2017

De violaciones, penitencias e incorrupciones.

Santa Edith de Wilton, virgen. 16 de septiembre.

Es Edith una santa antigua, pero cuya historia tiene plena actualidad, por las circunstancias de su nacimiento: Su padre, San Eduardo "el Pacificador" (8 de julio) forzó a una dama, la Beata Wulfrida (9 de septiembre) y producto de la violación nació Edith en 961, por lo cual, sus abuelos fueron San Edmundo I "el Magnífico" (26 de mayo) y Santa Ælfgifu de Shaftesbury (18 de mayo). Wulfrida, que no contó con el apoyo de Edmundo ni Ælfgifu, se retiró al monasterio de Wilton, donde luego de nacer su hija tomó el velo monástico y por sus influencias familiares, fue nombrada abadesa. Edith creció en el monasterio, sin conocer sus orígenes ni el mundo fuera de los muros del recinto. En 958 Eduardo había asumido el trono, pero no comenzaría a reinar en paz sino después del hecho y el nacimiento de Edith. San Dunstan de Canterbury (19 de mayo) impuso al rey una penitencia de siete años por su pecado, y cuando enviudó, intentó que Wulfrida se casara con él, pero ella ni quiso hablar de ello.

Edith tomó el hábito de monja a los siete años, aunque la Regla de la Comunidad no le obligó sino hasta los 12. Sin embargo, desde pequeña participaba en la Liturgia, pues pronto aprendió a leer, escribir y cantar. Siempre fue piadosa y obediente, y muy hábil para los estudios y el trabajo, jamás rehusó un oficio por bajo que fuera. El monasterio, como casi todos los de su tiempo, combinaba la vida contemplativa con la activa, y Edith encarnó esta doble vocación a la perfección, sin perder tiempo socorría a los enfermos del hospital, y oraba intensamente, ayunaba y se penitenciaba fuertemente, pero no por eso disminuían sus fuerzas. Fue una verdadera hermana y madre para los pobres. Entre sus devociones preferidas estaba la de la Santa Cruz, llamando a Cristo Crucificado "el mejor remedio para el cuerpo y el alma".

Cuando Edith tenía 15 años, Eduardo, su padre, la reconoció formalmente como hija, y le ofreció ser abadesa del monasterio que ella deseara, pero Edith no aceptó, prefiriendo ser una religiosa más en su monasterio. En 975 murió el rey Eduardo, y como su hijo San Eduardo "el Mártir" (18 de marzo y 20 de junio, traslación de las reliquias) era aún pequeño, muchos nobles hicieron un juego político para que Edith asumiera la regencia en nombre del pequeño, pero Edith lo rechazó, probablemente aconsejada por su madre, que conocía muy bien a los nobles y los vaivenes del trono. Con la herencia que su padre le dejó, Edith fabricó la bella iglesia de San Dionisio, y anexa a esta, un pequeño hospital que atendía a 13 enfermos, en memoria del Señor y los Apóstoles. 

Fue Edith cercana a San Dunstan, el arzobispo, el cual en una ocasión tomó su mano, agarró el pulgar y le dijo "no permita Dios que este dedo que tanto ha hecho la señal de la Santa Cruz, se pudra jamás". Acto seguido se dispuso a cantar misa y llegada la consagración se echó a llorar. Su diácono le preguntó que que era aquello, y el santo prelado le respondió: "Es que esta alma escogida por Dios, esta piedra preciosa, esta estrella reluciente, se oscurecerá y morirá de aquí a 43 días". Y así fue, Edith falleció el 16 de septiembre de 984, con 23 años. San Dunstan la hizo sepultar en la iglesia de San Dionisio. En 997 Edith se apareció a Dunstan, pidiéndole elevara sus reliquias, pues producto de ello grandes portentos ocurrirían. Así se hizo y se comprobó lo profetizado por Dunstan: el cuerpo estaba totalmente en los huesos, excepto el dedo pulgar derecho, que permanecía sonrosado y por ello fue puesto en un relicario aparte.


Fuentes:
-"The Queens Before the Conquest". Volumen 2. MATTHEW HALL. Londres, 1854.
-"Vidas de los Santos". Tomo X. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 16 de septiembre además se celebra a
San Cipriano, obispo y mártir.
Santa Therence de Auvernia, virgen.

jueves, 18 de mayo de 2017

Santa Ælfgifu, o más fácil, Elgiva.

Pregunta: hay imagenes de santa elgiva? cuando puedo celebrar a Santa elgiva?

Respuesta: Hay varias santas de ese nombre, que en realidad es Ælfgifu, castellanizado Elgiva. Todas pertenecen a Gran Bretaña, y supongo preguntas por la más conocida de ellas:

Santa Ælfgifu de Shaftesbury, reina y abadesa. 18 de mayo.
Su madre se llamó Wynflaed, y fue señora de varios condados, fundadora de algunos monasterios y benefactora de otros. En una fecha desconocida, sobre 940, Ælfgifu se casó con el rey de Wessex San Edmundo I "el Magnífico" (26 de mayo), siendo su segunda mujer, y tuvieron dos hijos: Eadwig y San Eduardo (8 de julio), y una hija cuyo nombre nos es desconocido. Su confesor fue San Dunstan (19 de mayo), consejero del rey. El papel de Ælfgifu como reina consorte ciertamente fue en la sombra, no se conocen grandes hazañas, intrigas o movimientos políticos en los que estuviera implicada. La primera vez que aparece tratada como reina es en el siglo X, en la"Crónica" de Æthelweard, pero esto bien puede ser motivado porque ya recibía culto. En 945 Edmundo fue asesinado y le sustituyó su hermano Edred, pues los hijos de Edmundo eran pequeños aún. Hay una sombra en este período, pues Edmundo aparece en algunas crónicas como casado por tercera vez en 944, con Ethelfleda de Wilsaeths, por lo que al parecer San Edmundo la repudió o el matrimonio fue declarado nulo. Es decir, que nuestra santa no fue la viuda del santo rey.

La santa había entrado en contacto con la célebre abadía Shaftesbury por medio de su marido, el cual había intercambiado una propiedad en Butticanlea por una que tenían las monjas en Tisbury. Ælfgifu la recibió en herencia de su marido al morir este y la donó al monasterio donde vivía. En 955, cuando su hijo Eadwig subió al trono quiso la propiedad de vuelta, pero no osó pelear con la poderosa abadía. Fue abadesa hasta su muerte en 971, luego de una penosa enfermedad en la cual, según las crónicas, se acrisolaron sus virtudes cristianas. Que ya se habían acrisolado con la paciencia y la vergüenza por las malas actitudes de su hijos. Sin ir más lejos, su hijo Eduardo siendo joven había seducido a la Beata Wulfrida (9 de septiembre), y con ella había tenido una hija ilegítima: Santa Edith (16 de septiembre). 


Ælfgifu fue sepultada en el mismo monasterio y las monjas promovieron su culto, que pronto se hizo popular. Curiosamente, la abadesa que le sucedió fue la misma mujer que le había sucedido como esposa de Edmundo: Ethelfleda de Wilsaeths. Un escrito de Lantfred de Winchester, datado sobre 980, narra de un joven ciego que recuperó la visión luego de haber peregrinado hasta la tumba. Incluso después de la traslación de las reliquias de su nieto San Eduardo "el Mártir" (18 de marzo y 20 de junio, traslación de las reliquias) a Shaftesbury, el culto a la reina continuó, incluso se podría decir que aumentó, ya que los numerosos peregrinos que visitaban la sepultura del joven rey, veneraban también la de su abuela. Biografías tardías escritas en tono laudatorio mencionan su caridad, su preocupación por los presos, e incluso dicen que tenía don de profecía y milagros. Y no faltó quien la haga fundadora de la abadía.


Fuentes:
-"The Queens Before the Conquest". Volumen 2. MATTHEW HALL. Londres, 1854.


A 18 de mayo además se celebra a

S. Félix de Cantalicio,
religioso capuchino
.
San Teodoto y las
mártires de Ancira
.
Beato Juan G. Jofré,
presbítero mercedario
.





lunes, 3 de abril de 2017

San Ricardo, el obispo pobre.

San Ricardo de Chichester, obispo. 3 de abril y 16 de junio, traslación de las reliquias.

El joven Ricardo
labra sus tierras.
Fue el segundo hijo de los nobles Ricardo Backedine y Alicia. Nació en Wyke. La familia tenía numerosas propiedades que, cuando el padre murió siendo Ricardo un niño pequeño, pasaron a ser custodiadas por fideicomisarios. Y fueron tan mal administradores y ladinos que cuando los niños llegaron a la mayoría de edad y quisieron hacerse cargo de sus posesiones, se hallaron casi en la miseria, todo endeudado, vendido o rapiñado. Solo les quedó un trozo de tierra para trabajar y comer. Ricardo dejó los estudios y trabajó la tierra junto a su hermano, como un siervo. Cuando ya eran jóvenes hechos, el hermano mayor dio la propiedad a Ricardo, que la había enriquecido con su trabajo. Visto esto, la familia planeó casar a Ricardo con una muchacha de buena familia y así salir un poco adelante. El hermano mayor se arrepintió de haber cedido la propiedad y Ricardo le respondió: "no te preocupes hermano, te trataré como una vez me trataste: te resttuyo la propiedad, la tierra, y también puedes casarte con la joven si ella consiente. Te prometo que ni he besado sus labios".

Y el santo lo dejó todo, tomó lo necesario para su sustento y se fue a Oxford, donde estudió arduamente, recuperando los años perdidos. Luego probó estudiar en la célebre Universidad de París, donde pasó grandes penurias. Compartía habitación con otros dos jóvenes piadosos y estudiosos, pero más pobres que las ratas. Tan pobres que solo tenían un abrigo entre los tres, y cuando uno lo usaba para ir a clases, los otros dos quedaban en su cuarto estudiando; luego el que había asistido conferenciaba para sus amigos. Una vez que se graduó regresó a Oxford, para continuar estudios en su propia tierra. Una anécdota cuenta que estando sentado en una cena, un hombre le avisó que deseaban verle urgentemente, Ricardo se levantó y se fue a la puerta, pero no había nadie. En eso cayó un trozo de la pared justo donde él estaba sentado, que lo habría matado sin duda. El santo siempre agradeció a su ángel de la guarda por aquello.

Ricardo volvió a los estudios, pero en Bolonia, adonde fue para doctorarse en Derecho Canónico. Uno de sus profesores lo quiso casar con su hija y hacerle heredero, pero el santo rechazó su oferta, aunque aún no se había decidido por la vida religiosa. A los siete años de estudios, y graduado con honores regresó a Oxford, donde su nombre ya era conocido por su saber, buen hacer y rectitud, y fue nombrado Canciller de la Universidad. Al poco tiempo los obispos San Edmundo de Canterbury (16 de noviembre) y Robert de Lincoln, se esforzaron por nombrarle canciller de sus respectivas diócesis, pero él después de un tiempo eligió servir a San Edmundo. Le tocó al santo una época complicada en las relaciones entre la Iglesia y el rey Enrique III, que había usurpado para el poder civil asuntos que concernían al poder eclesiástico, como determinar el uso de los ingresos de las abadías, poner y deponer abades o nombrar para los cargos a gente suya, sin la más mínima vocación, ocasionando perjuicio a la salud espiritual y material de los monasterios. Por otro lado, no ayudaba el legado del papa Gregorio IX: el papa le había enviado a la "fidelísima Inglaterra" a recaudar para la Cruzada, y este legado se extralimitó vendiendo dispensas para no participar en la Cruzada, o sacando la quinta parte de los ingresos de las diócesis a los obispos para tal asunto.

San Edmundo primero escribió al papa "El rey no permite que las iglesias catedrales y conventuales tengan libremente pastores para tomar su alimento". En 1236 partió acompañado por nuestro Ricardo hacia Roma a defender la causa de la reforma de la iglesia inglesa ante las intromisiones del rey Enrique, y aunque el papa les escuchó con benevolencia, no se atrevió a inmiscuirse por temor a represalias reales y la rebelión del clero abiertamente regalista. A lo sumo el papa prescribió que si una sede quedaba sin pastor, no se eligiera uno sino hasta luego de seis meses. Con esto quería el papa dar tiempo a la organización de las iglesias ante las intromisiones reales. A tal punto llegaron las tensiones, que en 1240, ante la imposibilidad de Edmundo de cumplir las órdenes del papa sin oponerse abiertamente al rey, y viceversa, decidió retirarse de su sede a Francia, donde murió en el monasterio en el monasterio de los canónigos regulares de Soisy-Bouy. Después de su muerte, Ricardo se retiró al convento dominico de Orleáns, donde se dedicó al estudio de las Escrituras y donde fue ordenado presbítero, aunque sin tomar el hábito dominico. Muerto San Edmundo el rey pudo nombrar arzobispo de Winchester al tío de su mujer, el Beato Bonifacio de Saboya (14 de julio).

A los cinco años regresó a Inglaterra, donde Bonifacio, ya preconizado arzobispo de Canterbury lo nombró su canciller. Cuando murió el obispo de Chichester el capítulo canonical eligió a uno de sus canónigos, y el rey nombró a un cortesano suyo para la sede, pero Bonifacio y Roberto de Lincoln se negaron a ambos nombramientos y para quedar en un punto medio nombraron a Ricardo como obispo. Enrique montó en cólera y para vengarse confiscó todas las propiedades de la sede de Chichester, Ricardo protestó, pero el rey pasó de su demanda. Ricardo se fue a Roma, a ser consagrado obispo por el mismo papa, a la sazón Inocencio IV. Cuéntase que en la misma ceremonia debía ser consagrado otro obispo y cuando el otro fue a ser ungido con el óleo del crisma, el tapón del ánfora de aceite se trabó y solo cayeron unas gotas sobre la cabeza del obispo. Pero he aquí que cuando pasaron a Ricardo, el tapón cayó derramando todo el aceite sagrado sobre el santo, tanto que tuvieron que limpiarle completamente con toallas. Uno de los cardenales presentes exclamó: "¡Este sí que ha recibido la plenitud de la gracia!", y todos rieron.

Cuando Ricardo regresó a Inglaterra halló su sede de Chichester ocupada por el rey. Todos los bienes confiscados y el palacio episcopal ocupado por un favorito del rey, por lo que el santo tuvo que hospedarse en casa de Simón de Terring, uno de sus fieles, que generoso le cedió una habitación. El santo comenzó a visitar su diócesis a pie, en un burro o en un caballo prestados, lo que fuera. A veces era bien recibido, otras echado por agentes del rey. Cuando veía a sus canónigos tristes por aquel atropello, les decía: "Recordad de lo que se dice de los apóstoles, que salieron con gozo de la presencia del Concejo de los judíos, porque fueron considerados dignos de sufrir reproches por el nombre de Jesús". 

Así, perdonaba, tenía paciencia y rezaba, siempre rezaba. El papa Inocencio, para reparar la injusticia mandó cartas al rey, ordenando bajo pena de excomunión la restitución de los bienes de la Iglesia. Enrique obedeció a regañadientes y devolvió el palacio, las tierras y otras propiedades; pero los devolvió expoliados, las tierras áridas y descuidadas y las iglesias desprovistas de todo. Ricardo nombró a su hermano mayordomo de palacio episcopal para que administrara lo que quedaba e hiciera prosperar a la sede. Cuando este llegó halló que Ricardo había dado a los pobres la última pieza de una vajilla de plata, para que la vendieran y comieran, por lo cual le reclamó cuidado con las limosnas. El santo obispo respondió: "Hermano querido, nunca comeré en platos de oro y plata mientras Cristo está sufriendo en la persona de sus pobres. Nuestro Dios comió y bebió en vajilla común, y yo también luego vender ese plato”.

El santo predica al pueblo.
También tenía bondad el santo con los pecadores y sus enemigos, a los que perdonaba siempre, alentaba a la reconciliación y tendía puentes de verdadera amistad. A cierto John Fitz-Alan, que había sido excomulgado por el anterior obispo, nuestro santo le recibió fraternalmente, le invitó a cenar y le dijo: "Aquí, en mi mesa estás absuelto de tu excomunión y así podrás quedar cuando te vayas, si haces la satisfacción necesaria a los que has hecho daño". Amor al pecador, odio al pecado, era su norma, como la de Cristo: a un presbítero reconocido que tenía relaciones con una monja, lo echó de sus cargos y le prohibió celebrar los misterios sagrados. El cura protestó al arzobispo Bonifacio y Ricardo al saberlo dijo públicamente: "Mientras mi vida permanezca en mi cuerpo, malvado como este, que no sólo ha hecho el mal, sino que aún tiene una monja profesa como su amante, no le permitiré la cura de las almas en mi diócesis. Que mi señor arzobispo, a quien ha apelado, haga con él según le parezca oportuno y que responda por ello en el día del Juicio Final". Otros detalles que nos hablan de su nobleza son como que dejaba a sus canónigos dormir un poco más mientras él era el primero en hacer una hora de oración antes de Laudes, o que se apenaba por los pajarillos que le cocinaban, comiéndolos solo por caridad.

Con la bendición del papa Ricardo se lanzó a predicar por toda su diócesis, alentando a la conversión de costumbres, reparando iglesias, reformando monasterios, etc. Ciudades y aldeas gozaron de su presencia amorosa, jovial y sencilla. Llegando a Dover consagró un cementerio para pobres y una iglesia dedicados a San Edmundo, su querido obispo. Se hospedó en el hospital para los pobres y con ellos compartía su mesa y conversación. Estando en la iglesia un día de mañana se sintió mal, se desmayó y fue llevado a una cama del hospital, donde conoció que nunca se levantaría de allí. Se preparó para la muerte, ordenó su funeral y dijo a su amigo Simón de Terring: "Me alegré cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor". Le preguntaron que quería comer y dijo como San Felipe "Señor, muéstranos al Padre, y nos bastará", y le presentaron un crucifijo al que abrazó y besó, diciendo: "Señor Jesucristo, te doy gracias por todas las bendiciones que me has dado y por todos los dolores e insultos que has soportado por mí, para que se te apliquen verdaderamente estas palabras. ‘Mirad y ved, si hay dolor como mi dolor’. Tú sabes. Señor, cuánta disposición debo tener para ti el insulto, el dolor y la muerte. Por tanto, ten misericordia de mí, porque a Ti encomiendo mi espíritu" – y haciendo una pausa continuó – "María, Madre de gracia, Madre de misericordia, protégeme del enemigo y recíbeme en la hora de la muerte". Y luego, quedó en paz y falleció, el día 3 de abril de 1253, con 59 años de edad.

Fue sepultado en Chichester. El papa Urbano IV le canonizó en 1262. El 16 de junio de 1276 se trasladaron las reliquias, comprobando que estaba incorrupto, a un arca de plata, por orden del rey Eduardo y el obispo Esteban de Chichester. Esta arca fue puesta en el transepto de la catedral. En 1538, luego de la persecución de Enrique VIII el arca fue destruida y saqueada sus imagencitas talladas de plata. En 1847 se reabrió el arca para ser restaurada y se hallaron restos de los huesos, y del báculo del santo. En Selborne se conservan un peine suyo y un aparato calefactor que usaba en invierno.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo IV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

A 3 de abril además se celebra a 
Santa Fara de Faremoutiers, abadesa.
Beata Alejandrina de Foligno, virgen clarisa.
San Pancracio de Taormina, obispo y mártir.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Tomás de Lancaster ¡Beato!

Beato Tomás Plantagenet de Lancaster, conde mártir. 22 de marzo.

Vamos a los tiempos de Eduardo II de Inglaterra (no confundir con San Eduardo II de Northumbria). Este rey tenía un favorito, amante al parecer, llamado Piers de Gaveston, que había sido desterrado por el rey Eduardo I. Cuando Eduardo II subió al trono, olvidó las encomiendas de su padre, que consistían en colaborar con la Cruzada, conquistar Escocia y no acoger nuevamente a Piers. Así, hizo todo lo contrario: llamar a su favorito junto a sí, y nombrarlo conde de Cornualles, despidió a funcionarios que se le oponían, y al obispo de Coventry, lo arrojó a la cárcel con la falsa acusación de ladrón. Además, el dinero que debía destinarse a la Cruzada, Eduardo lo dio a su amante, al cual casó con su sobrina Margarita. Pero el colmo llegó cuando Eduardo se fue a Francia a casarse con la princesa Isabel y dejó como regente ¡a Gaveston! 

El parlamento estalló en ira, que se acentuó cuando Eduardo puso a Gaveston a su derecha al ser coronado rey. Tres días después de la ceremonia de coronación el parlamento "invitó" al nuevo rey a despedir a Gaveston, "alertándole" de los graves sucesos de desobediencia que podían sucederse si permanecía en Inglaterra y dando ese escándalo. Eduardo no tuvo más remedio que obedecer y mandó a su íntimo amigo a Irlanda ¡como su virrey!, y además, le despidió con gran solemnidad en Bristol. Pero al poco tiempo Eduardo comenzó a luchar por el regreso de Gaveston, apeló al papa Clemente V, amigo personal del rey, y a algunos obispos. Finalmente, pudo Gaveston lograr su regreso a cambio de un juramento de buen comportamiento. 

Pero poco tiempo duraron las buenas intenciones, pronto Gaveston mostró su influencia perversa sobre el rey Eduardo II. Dinero malgastado, mal ejemplo, escándalo… por ello, algunos barones del reino se negaron a asistir al parlamento y presentarse ante el rey. Entre ellos estaba nuestro Tomás, conde de Lancaster, primo hermano del rey. Eduardo, que no podía consentir quedarse sin rentas y tener un parlamento contrario a su persona, trasladó el parlamento a Londres, donde sí que se presentaron los nobles fuertemente armados, para mostrar su poderío frente al rey e intimidarle. 
Tomás recibe la cabeza de Gaveston.
Además, nombraron una comisión de prelados y nobles para exponerle al rey las quejas de todo el reino por su mal gobierno. Sin embargo, algunos barones, a las órdenes de Tomás, capturaron a Gaveston en Scarborough, y el 19 de mayo de 1312 lo asesinaron, para terminar con aquello. Tomás de Lancaster se arrepintió de su crimen y con humildad pidió perdón a Eduardo, el cual organizó una ceremonia de reconciliación, donde amnistió a los asesinos, aunque solo lo hizo para calmar al reino, pues no perdonaba de corazón.

Al poco tiempo, Eduardo tomó como chambelán y nuevo favorito al hijo del Barón de Despenser, llamado Hugo. Si bien lo tomó en deferencia al apoyo que había recibido de Despenser frente a los barones revueltos, pronto Eduardo enloqueció por el joven, al que complacía en todo. Así, poco a poco los Despenser alcanzaron gran poder en el reino, lo cual llevó a una rebelión que comenzó en 1321. Tomás fue cercado en Boroughbridge, donde se refugió en una capilla, diciendo, mientras miraba al crucifijo; "Señor, me rindo a ti y a tu misericordia". Fue apresado y arrastrado, le vistieron como a un plebeyo y y lo llevaron por el río a York, donde fue recibido con todo tipo de insultos. Luego fue llevado a su castillo de Pontefract, y en el mismo salón de su casa fue juzgado, sin derecho a defensa ni propia ni de terceros. Se le condenó a ser despellejado y descuartizado vivo, para ser decapitado luego, pero su sangre real hizo que el rey le conmutase la pena por la sola decapitación, sin dolor ni escarnio. Para humillarle le pusieron un viejo gorro en la cabeza, lo subieron a un pony y lo así lo llevaron a ejecutar, en medio de burlas y desprecios, mientras un religioso dominico lo reconciliaba con Dios. Fue decapitado en una colina cercana a su castillo.

Tomás conducido al suplicio.
Aunque no aparece por ningún lado lado la fe católica como causa de su muerte, pronto se le comenzó a venerar tal cual y no pocos milagros ocurrían a la vera de su sepulcro en la iglesia del priorato de Pontefract. Alarmado, Eduardo II mandó cerrar el priorato para detener a los peregrinos, pero nada pudo hacer contra la devoción popular. Cinco años después de su muerte, el parlamento pidió al nuevo rey Eduardo III que solicitara al papa Juan XXII la canonización de Tomás de Lancaster. Y este monarca accedió y comenzó a edificar una capilla en la colina del “martirio”. En 1330 se repitió la petición al mismo papa. Nunca fue canonizado oficialmente, pero recibió culto por parte de del pueblo durante siglos, incluso hay una crónica de un monje de Saint Alban, datada en 1389 que dice "este mismo año fue Tomás de Lancaster canonizado, porque se decía que no debía ser canonizado hasta el momento en que todas los que estaban contra él hubieran sido destruidos, y todos ellos ya lo son". Aunque no hay vestigio del culto oficial, sí que fue venerado hasta la persecución de los anglicanos hacia los católicos, cuando sus huesos fueron profanados. En 1828 sus huesos fueron reconocidos por una comisión, en 1885 desaparecieron, para aparecer posteriormente.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.


A 22 de marzo además se celebra a 






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