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martes, 4 de mayo de 2021

"El cielo y la tierra darán cuenta de nuestra inocencia"

San Juan Houghton, y compañeros mártires cartujos. 4 de mayo.

Este santo mártir nació de una familia de la nobleza inglesa de Essex. Estudió en Cambridge, licenciándose en ambos Derecho. Aunque el mundo le sonreía, lo abandonó para ser sacerdote y servir a Dios. Siendo presbítero entró a la Cartuja de Londres, donde desde el noviciado comenzó su vida de perfección. Fue ejemplar en la oración, el silencio y la obediencia.  

En 1531 fue elegido prior de Beauval, mas a los dos años los monjes de Londres le eligieron para que fuera su prior y allí se encaminó. Fue un recto y amoroso padre para con sus monjes, a los que decía: “Si somos siervos inútiles al hacer las cosas que debemos, ¿qué seremos cuando, por culpa nuestra, no hacemos lo que debemos? Caín fue reprobado por ofrecer víctimas menos dignas, y la ley de Moisés reclamaba para Dios víctimas inmaculadas. Temamos la sentencia de la Escritura, (Jer. 48, 10): ‘Maldito el que hace la obra de Dios con negligencia’”. En 1532 fue nombrado Visitador de las Cartujas de la Provincia Inglesa. 

En 1534, luego de la inválida declaración de nulidad matrimonial entre Enrique VIII y Catalina de Aragón, y el consiguiente matrimonio del monarca con Ana Bolena, el rey pretendió ganar para sí al clero, pretendiendo hacer legítima su descendencia y sus actos contra la fe católica que hasta poco antes había defendido. Sabiendo del prestigio de la Cartuja de Londres, quiso ganarse a los monjes a su causa. En abril de ese año envió legados a la Cartuja para que firmaran la adhesión al rey y la legitimación de los futuros hijos de Ana Bolena como legítimos herederos a la Corona. Juan respondió a las pretensiones reales: "Los Cartujos tenemos por costumbre no meternos en los asuntos de los Gobiernos. Por tanto, no nos toca decir cuál ha de ser la persona llamada a compartir los honores del Trono, o a recibir la sucesión de la Corona". Ante esta respuesta neutral, fueron los monjes precisados a ir más allá y declarar su aceptación o no del divorcio de Enrique. Su respuesta fue simple: si la Iglesia había bendecido ese matrimonio nadie tenía por qué declararlo nulo. Esta respuesta le valió la prisión domiciliaria a la comunidad. Cosa que no les costó mucho, pues cartujos y encerrados eran. 

Sin embargo, nuestro santo y el procurador del monasterio fueron llevados prisioneros a la Torre de Londres. Allí el obispo de Londres le aconsejó que, puesto que el asunto de la sucesión no era algo de fe, no valía la pena morir por ella, y que podían firmar lo solicitado. Por ello, ya que una cuestión política, finalmente el 6 de junio del mismo año prestaron juramento de obedecer al rey y aceptar la cuestión dinástica, hasta donde lo permitiera la conciencia y la ley divina.  

Los monjes estuvieron en relativa paz hasta noviembre, cuando Enrique VIII se proclamó a sí mismo y a sus sucesores como Cabeza de la Iglesia Anglicana, con lo cual se iniciaba un período de persecución contra todo católico que no aceptara semejante herejía. Los cartujos de Londres recibieron la noticia respondiendo: "Muramos en la simplicidad de nuestros corazones. El cielo y la tierra darán cuenta de nuestra inocencia". A lo que Juan respondió: “Sea una misma muerte la que nos haga nacer a la vida eterna a los que una misma Regla tuvo muertos al mundo y a sí mismos". Y se dispusieron a la muerte mediante la oración y la penitencia. El último día, mientras cantaban la Misa Votiva del Espíritu Santo, todos sintieron una brisa que recorría la iglesia conventual, y al mismo tiempo una moción interior de fuerza para el martirio. Nuestro inclíto santo tuvo que detenerse varias veces mientras celebraba la que sabía sería su última misa, pues la emoción le embargaba. 

Pocos días después se reunieron en la Cartuja de Londres Roberto Lawrence y Agustín Webster, priores de Beauval y Axholme, respectivamente. Los tres priores celebraron consejo y decidieron entrevistarse con Cromwell, el terrible ministro del rey, para exponerle que el estilo de vida cartujana no era enemigo del reino, pues no se inmiscuía para nada en la vida del mundo. Los monjes intentaron, en un último esfuerzo librar al menos a los monjes de la persecución, pero todo fue en vano, y aún más, contrario a ellos (según la prudencia del mundo): fueron apresados y enviados a la Torre de Londres, acusados de alta traición. Allí fueron vejados infinidad de veces y presionados para que claudicaran y admitieran la supremacía real sobre la Iglesia si querían vivir. Los tres santos prefirieron la palma de la victoria antes que traicionar a Cristo y vivir una vida de separación de la verdadera Iglesia. 

El documento que debían firmar para irse libres y en paz se conserva, sin firmar, y al dorso tiene estas palabras: “Juan Houghton declara que no puede reconocer al rey nuestro soberano, como jefe supremo de la Iglesia en Inglaterra, por encima de los apóstoles de Jesucristo. Roberto Lawrence afirma que no hay sino una sola Iglesia Católica, de institución divina, bajo la autoridad del obispo de Roma; y renuncia, en consecuencia, reconocer la supremacía real. Agustín Webster pretende que el jefe de la Iglesia es, no el rey, nuestro soberano señor, sino el obispo de Roma, es decir, aquel que ha sido declarado tal por los doctores Ambrosio y Jerónimo”. 

Finalmente fueron condenados por delito de alta traición, y sometidos a un terrible tormento. El 4 de mayo de 1535 fueron atados a la cola de caballos y arrastrados hasta la plaza Tyburn, testigos de tantísimos testimonios martiriales. Estando Juan con la soga al cuello, fue invitado una vez más a renegar de la autoridad papal, mas el no respondió, y se dirigió al pueblo: “Pongo a Dios por testigo que si me niego a obedecer al rey, nuestro señor, no es por obstinación, ni por malicia, ni por espíritu de insubordinación, sino porque me obligaba a ello mi conciencia. Encontrándose los decretos de su Majestad y del Parlamento en contradicción con las leyes de la Iglesia, nuestra madre común, es mi deber someterme a las órdenes de Roma, y con la ayuda de Dios, no faltaré a la obediencia que les debo, aunque tenga que sufrir mil muertes. Rogad por mí, y tened piedad también de mis hermanos, de quienes fui indigno Prior”. Entonces recitó el salmo 30: “En Vos, Señor, he esperado; no sea yo confundido para siempre; libradme por vuestra justicia. Inclinad hacia mí vuestro oído; acelerad mi socorro. Sed para mí Dios protector y un lugar de refugio, donde me pongáis a salvo. Porque Vos sois mi fortaleza y mi auxilio; por vuestro Nombre me guiaréis y me sustentaréis. Me libraréis de este lazo que ocultamente me armaron; porque Vos sois mi defensa. En vuestras manos encomiendo mi espíritu; me habéis redimido, Señor Dios de bondad”. 

Entonces fue ahorcado y, según era costumbre, en medio del sofoco, se cortó la cuerda y estando aún vivo, se le abrió en canal y se le sacaron las vísceras. Aún tuvo ánimo para clamar el santo mártir: “Amabilísimo Jesús, tened piedad de mi en esta hora”. Y expiró. Luego se juntaron los trozos del cadáver, se hirvieron y se clavaron en varios lugares de la ciudad para amedrentar a los católicos. El brazo derecho se colocó frente a su Cartuja para que los monjes lo vieran y se aprestaran a jurar la fidelidad al rey como Jefe de la Iglesia. Los priores Roberto Lawrence y Agustín Webster padecieron igual martirio. Sobre la suerte de los otros monjes, podéis leer en la “vita” del Beato Guillermo Horne (5 de agosto), ya publicada en el blog. 

Los cartujos de otras partes de Europa siempre tuvieron en gran estima el testimonio de martirio de sus hermanos ingleses. Recogieron cuidadosamente todas las noticias y pocas reliquias que de ellos quedaron y trasmitieron a los monjes aquellos santos ejemplos. Sin embargo, nunca promovieron su canonización. El 29 de diciembre de 1886, el papa el Papa León XIII promulgó el decreto que reconocía el martirio de 34 víctimas de la persecución contra los católicos en Inglaterra, y entre ellas estaban los 18 cartujos mártires (leer sobre los demás aquí), beatificándoles oficialmente. En 1887 el Capítulo General de la Orden mandó se celebrase su fiesta en todos los monasterios cartujos. El Capítulo de 1897 pidió a la Sagrada Congregación de Ritos, una Indulgencia Plenaria a ganar el 4 de mayo de cada año, día de su memoria litúrgica. El 25 de octubre de 1970, el Papa Pablo VI canonizó a los tres priores cartujos junto a otros Santos Mártires de Inglaterra y Gales. Entre ellos al brigidino San Ricardo Reynolds (4 de mayo), quien durante mucho tiempo fue tenido como uno de los cartujos. 

 

Fuente: 
"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000. 



A 4 de mayo además se celebra a 






 

 

 

 

domingo, 7 de febrero de 2021

San Drien, protector de los niños.

San Drien de Drennec, abad. 7 de febrero. 

No se sabe mucho de él, salvo que fue un abad bretón que vivió en el siglo V. Hay varias iglesias dedicadas a su memoria en toda Bretaña, aunque a veces aparezcan con el nombre de Derren, Audren o Rien. Es el mismo santo. En Morbihan se le invoca contra de los males estomacales y abdominales de los niños. 




Fuente:
-"Vie des bienheureux et des saints de Bretagne". MALO-JOSEPH DE GARABY. St-Brieuc, 1839.



A 7 de febrero además se recuerda a:

San Ricardo, rey.
Beata Rosalía Rendu,
Hija de la Caridad
.
San Tressan, religioso.

martes, 3 de abril de 2018

Convertido por curiosidad, lapidado por convicción.

San Pancracio de Taormina, obispo y mártir. 3 de abril, 9 de febrero y 7 de junio (Iglesias Orientales), y 9 de julio.

Su leyenda, forjada sobre el siglo VI dice que Pancracio vivió en el siglo I, y era originario de Antioquía de Siria. Siendo niño visitó Jerusalén con su padre, quien había oído hablar de un tal Jesús de Nazaret, de quien se contaban cosas maravillosas. Hechos discípulos de Cristo, luego de la Ascensión del Señor, Pancracio fue uno de los discípulos de San Pedro (29 de junio, martirio; 18 de enero, Cátedra de Roma; 22 de febrero, cátedra de Antioquía; 1 de agosto, "ad Víncula", 16 de enero, "ad Víncula" en la Iglesia oriental; 18 de noviembre, dedicación de su Basílica), junto a Santos Marcelo y Filagrio (5 de abril). San Pedro envió a nuestro santo a Sicilia a predicar el Evangelio. Allí convirtió a muchos a Jesucristo, y murió mártir. Se dice que apedreado por unos paganos luego de arrojar la imagen de un ídolo al mar.

Su culto es tardío, posterior al siglo V y la leyenda anterior nace para dar respuesta a la curiosidad del pueblo ante la ausencia de datos de su primer obispo. Probablemente haya vivido, a lo sumo, en el siglo II o III. Podríamos considerarlo uno de los que yo llamo "Santos en la máquina del tiempo"


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo IV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 3 de abril además se celebra a
San Ricardo de Chichester, obispo.
Santa Fara de Faremoutiers, abadesa.
Beata Alejandrina de Foligno, virgen clarisa.

miércoles, 7 de febrero de 2018

De Santos Reyes (XXII): San Ricardo de Inglaterra, peregrino.

San Ricardo de Wessex, rey y peregrino. 7 de febrero.


San Ricardo y sus dos hijos.
Fue un noble de Wessex, casado con Santa Wunna (7 de febrero), tenida como hermana de San Bonifacio (5 de junio). Habría sido desconocido de no ser por el tirón "hagiomediático" de sus tres hijos, que fueron los célebres Santa Walburgis (25 de febrero, 1 de mayo; 27 de mayo, invención de las reliquias; 4 de agosto, traslación a Münster; 12 de octubre, traslación a Eichstädt), San Willibald (7 de julio, 22 de octubre en Eichstädt; 18 de diciembre, Iglesia Luterana; Lunes de Trinidad, traslación de las reliquias) y San Wunibald (7 de julio y 18 de diciembre).

En 720 Ricardo peregrinó junto a sus hijos a Roma, para venerar las sagradas reliquias de los santos apóstoles y conocer al papa San Gregorio II (2 y 13 de febrero), pero Ricardo no llegó a la Ciudad Eterna, pues al pasar por Lucca enfermó y falleció. Fue sepultado en la iglesia de San Frediano.

Sus hijos siguieron camino y se convirtieron en los grandes apóstoles que conocemos, lo cual hizo más venerado a su padre allá en Lucca. Numerosos milagros se cuentan ocurrían en su sepulcro, cosa que, como suele suceder, dio pie a recrear una leyenda que le hizo un poderoso rey de toda Inglaterra, muy humilde, orante y penitente, que tal vez lo fue, pero no sabemos.

En el siglo XII se trasladaron algunas reliquias del santo a Eichstätt, siempre por la devoción a sus hijos, personajes importantes y populares en el norte de Europa. Precisamente de esta ciudad fue su hijo Willibald el primer obispo. Otras reliquias se veneran en Neumarkt.

La "Vita" se escribió en el monasterio de Heidenheim, por una monja mística y profetisa, por lo cual también esta "vita" era tenida como cosa divina. Hasta su revisión de 1956 el Martirologio Romano le llamaba "rey de Inglaterra". Hoy sólo le llama "peregrino". Pero como aquí nos gustan las leyendas y aún se le llama "rey" en los libros, pues le incluimos entre los "Santos Reyes" y, eso sí por derecho propio, entre los "Santos Peregrinos".


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
- "Nuevo Año Cristiano". Tomo 2. Editorial Edibesa, 2001.


A 7 de febrero además se celebra a





lunes, 3 de abril de 2017

San Ricardo, el obispo pobre.

San Ricardo de Chichester, obispo. 3 de abril y 16 de junio, traslación de las reliquias.

El joven Ricardo
labra sus tierras.
Fue el segundo hijo de los nobles Ricardo Backedine y Alicia. Nació en Wyke. La familia tenía numerosas propiedades que, cuando el padre murió siendo Ricardo un niño pequeño, pasaron a ser custodiadas por fideicomisarios. Y fueron tan mal administradores y ladinos que cuando los niños llegaron a la mayoría de edad y quisieron hacerse cargo de sus posesiones, se hallaron casi en la miseria, todo endeudado, vendido o rapiñado. Solo les quedó un trozo de tierra para trabajar y comer. Ricardo dejó los estudios y trabajó la tierra junto a su hermano, como un siervo. Cuando ya eran jóvenes hechos, el hermano mayor dio la propiedad a Ricardo, que la había enriquecido con su trabajo. Visto esto, la familia planeó casar a Ricardo con una muchacha de buena familia y así salir un poco adelante. El hermano mayor se arrepintió de haber cedido la propiedad y Ricardo le respondió: "no te preocupes hermano, te trataré como una vez me trataste: te resttuyo la propiedad, la tierra, y también puedes casarte con la joven si ella consiente. Te prometo que ni he besado sus labios".

Y el santo lo dejó todo, tomó lo necesario para su sustento y se fue a Oxford, donde estudió arduamente, recuperando los años perdidos. Luego probó estudiar en la célebre Universidad de París, donde pasó grandes penurias. Compartía habitación con otros dos jóvenes piadosos y estudiosos, pero más pobres que las ratas. Tan pobres que solo tenían un abrigo entre los tres, y cuando uno lo usaba para ir a clases, los otros dos quedaban en su cuarto estudiando; luego el que había asistido conferenciaba para sus amigos. Una vez que se graduó regresó a Oxford, para continuar estudios en su propia tierra. Una anécdota cuenta que estando sentado en una cena, un hombre le avisó que deseaban verle urgentemente, Ricardo se levantó y se fue a la puerta, pero no había nadie. En eso cayó un trozo de la pared justo donde él estaba sentado, que lo habría matado sin duda. El santo siempre agradeció a su ángel de la guarda por aquello.

Ricardo volvió a los estudios, pero en Bolonia, adonde fue para doctorarse en Derecho Canónico. Uno de sus profesores lo quiso casar con su hija y hacerle heredero, pero el santo rechazó su oferta, aunque aún no se había decidido por la vida religiosa. A los siete años de estudios, y graduado con honores regresó a Oxford, donde su nombre ya era conocido por su saber, buen hacer y rectitud, y fue nombrado Canciller de la Universidad. Al poco tiempo los obispos San Edmundo de Canterbury (16 de noviembre) y Robert de Lincoln, se esforzaron por nombrarle canciller de sus respectivas diócesis, pero él después de un tiempo eligió servir a San Edmundo. Le tocó al santo una época complicada en las relaciones entre la Iglesia y el rey Enrique III, que había usurpado para el poder civil asuntos que concernían al poder eclesiástico, como determinar el uso de los ingresos de las abadías, poner y deponer abades o nombrar para los cargos a gente suya, sin la más mínima vocación, ocasionando perjuicio a la salud espiritual y material de los monasterios. Por otro lado, no ayudaba el legado del papa Gregorio IX: el papa le había enviado a la "fidelísima Inglaterra" a recaudar para la Cruzada, y este legado se extralimitó vendiendo dispensas para no participar en la Cruzada, o sacando la quinta parte de los ingresos de las diócesis a los obispos para tal asunto.

San Edmundo primero escribió al papa "El rey no permite que las iglesias catedrales y conventuales tengan libremente pastores para tomar su alimento". En 1236 partió acompañado por nuestro Ricardo hacia Roma a defender la causa de la reforma de la iglesia inglesa ante las intromisiones del rey Enrique, y aunque el papa les escuchó con benevolencia, no se atrevió a inmiscuirse por temor a represalias reales y la rebelión del clero abiertamente regalista. A lo sumo el papa prescribió que si una sede quedaba sin pastor, no se eligiera uno sino hasta luego de seis meses. Con esto quería el papa dar tiempo a la organización de las iglesias ante las intromisiones reales. A tal punto llegaron las tensiones, que en 1240, ante la imposibilidad de Edmundo de cumplir las órdenes del papa sin oponerse abiertamente al rey, y viceversa, decidió retirarse de su sede a Francia, donde murió en el monasterio en el monasterio de los canónigos regulares de Soisy-Bouy. Después de su muerte, Ricardo se retiró al convento dominico de Orleáns, donde se dedicó al estudio de las Escrituras y donde fue ordenado presbítero, aunque sin tomar el hábito dominico. Muerto San Edmundo el rey pudo nombrar arzobispo de Winchester al tío de su mujer, el Beato Bonifacio de Saboya (14 de julio).

A los cinco años regresó a Inglaterra, donde Bonifacio, ya preconizado arzobispo de Canterbury lo nombró su canciller. Cuando murió el obispo de Chichester el capítulo canonical eligió a uno de sus canónigos, y el rey nombró a un cortesano suyo para la sede, pero Bonifacio y Roberto de Lincoln se negaron a ambos nombramientos y para quedar en un punto medio nombraron a Ricardo como obispo. Enrique montó en cólera y para vengarse confiscó todas las propiedades de la sede de Chichester, Ricardo protestó, pero el rey pasó de su demanda. Ricardo se fue a Roma, a ser consagrado obispo por el mismo papa, a la sazón Inocencio IV. Cuéntase que en la misma ceremonia debía ser consagrado otro obispo y cuando el otro fue a ser ungido con el óleo del crisma, el tapón del ánfora de aceite se trabó y solo cayeron unas gotas sobre la cabeza del obispo. Pero he aquí que cuando pasaron a Ricardo, el tapón cayó derramando todo el aceite sagrado sobre el santo, tanto que tuvieron que limpiarle completamente con toallas. Uno de los cardenales presentes exclamó: "¡Este sí que ha recibido la plenitud de la gracia!", y todos rieron.

Cuando Ricardo regresó a Inglaterra halló su sede de Chichester ocupada por el rey. Todos los bienes confiscados y el palacio episcopal ocupado por un favorito del rey, por lo que el santo tuvo que hospedarse en casa de Simón de Terring, uno de sus fieles, que generoso le cedió una habitación. El santo comenzó a visitar su diócesis a pie, en un burro o en un caballo prestados, lo que fuera. A veces era bien recibido, otras echado por agentes del rey. Cuando veía a sus canónigos tristes por aquel atropello, les decía: "Recordad de lo que se dice de los apóstoles, que salieron con gozo de la presencia del Concejo de los judíos, porque fueron considerados dignos de sufrir reproches por el nombre de Jesús". 

Así, perdonaba, tenía paciencia y rezaba, siempre rezaba. El papa Inocencio, para reparar la injusticia mandó cartas al rey, ordenando bajo pena de excomunión la restitución de los bienes de la Iglesia. Enrique obedeció a regañadientes y devolvió el palacio, las tierras y otras propiedades; pero los devolvió expoliados, las tierras áridas y descuidadas y las iglesias desprovistas de todo. Ricardo nombró a su hermano mayordomo de palacio episcopal para que administrara lo que quedaba e hiciera prosperar a la sede. Cuando este llegó halló que Ricardo había dado a los pobres la última pieza de una vajilla de plata, para que la vendieran y comieran, por lo cual le reclamó cuidado con las limosnas. El santo obispo respondió: "Hermano querido, nunca comeré en platos de oro y plata mientras Cristo está sufriendo en la persona de sus pobres. Nuestro Dios comió y bebió en vajilla común, y yo también luego vender ese plato”.

El santo predica al pueblo.
También tenía bondad el santo con los pecadores y sus enemigos, a los que perdonaba siempre, alentaba a la reconciliación y tendía puentes de verdadera amistad. A cierto John Fitz-Alan, que había sido excomulgado por el anterior obispo, nuestro santo le recibió fraternalmente, le invitó a cenar y le dijo: "Aquí, en mi mesa estás absuelto de tu excomunión y así podrás quedar cuando te vayas, si haces la satisfacción necesaria a los que has hecho daño". Amor al pecador, odio al pecado, era su norma, como la de Cristo: a un presbítero reconocido que tenía relaciones con una monja, lo echó de sus cargos y le prohibió celebrar los misterios sagrados. El cura protestó al arzobispo Bonifacio y Ricardo al saberlo dijo públicamente: "Mientras mi vida permanezca en mi cuerpo, malvado como este, que no sólo ha hecho el mal, sino que aún tiene una monja profesa como su amante, no le permitiré la cura de las almas en mi diócesis. Que mi señor arzobispo, a quien ha apelado, haga con él según le parezca oportuno y que responda por ello en el día del Juicio Final". Otros detalles que nos hablan de su nobleza son como que dejaba a sus canónigos dormir un poco más mientras él era el primero en hacer una hora de oración antes de Laudes, o que se apenaba por los pajarillos que le cocinaban, comiéndolos solo por caridad.

Con la bendición del papa Ricardo se lanzó a predicar por toda su diócesis, alentando a la conversión de costumbres, reparando iglesias, reformando monasterios, etc. Ciudades y aldeas gozaron de su presencia amorosa, jovial y sencilla. Llegando a Dover consagró un cementerio para pobres y una iglesia dedicados a San Edmundo, su querido obispo. Se hospedó en el hospital para los pobres y con ellos compartía su mesa y conversación. Estando en la iglesia un día de mañana se sintió mal, se desmayó y fue llevado a una cama del hospital, donde conoció que nunca se levantaría de allí. Se preparó para la muerte, ordenó su funeral y dijo a su amigo Simón de Terring: "Me alegré cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor". Le preguntaron que quería comer y dijo como San Felipe "Señor, muéstranos al Padre, y nos bastará", y le presentaron un crucifijo al que abrazó y besó, diciendo: "Señor Jesucristo, te doy gracias por todas las bendiciones que me has dado y por todos los dolores e insultos que has soportado por mí, para que se te apliquen verdaderamente estas palabras. ‘Mirad y ved, si hay dolor como mi dolor’. Tú sabes. Señor, cuánta disposición debo tener para ti el insulto, el dolor y la muerte. Por tanto, ten misericordia de mí, porque a Ti encomiendo mi espíritu" – y haciendo una pausa continuó – "María, Madre de gracia, Madre de misericordia, protégeme del enemigo y recíbeme en la hora de la muerte". Y luego, quedó en paz y falleció, el día 3 de abril de 1253, con 59 años de edad.

Fue sepultado en Chichester. El papa Urbano IV le canonizó en 1262. El 16 de junio de 1276 se trasladaron las reliquias, comprobando que estaba incorrupto, a un arca de plata, por orden del rey Eduardo y el obispo Esteban de Chichester. Esta arca fue puesta en el transepto de la catedral. En 1538, luego de la persecución de Enrique VIII el arca fue destruida y saqueada sus imagencitas talladas de plata. En 1847 se reabrió el arca para ser restaurada y se hallaron restos de los huesos, y del báculo del santo. En Selborne se conservan un peine suyo y un aparato calefactor que usaba en invierno.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo IV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

A 3 de abril además se celebra a 
Santa Fara de Faremoutiers, abadesa.
Beata Alejandrina de Foligno, virgen clarisa.
San Pancracio de Taormina, obispo y mártir.

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