jueves, 6 de agosto de 2015

San Joscelin, eremita

Catedral de
Luxemburgo.
San Joscelin (Schetzel o Gisilain) de Luxemburgo; ermitaño. 6 y 11 de agosto.

La primera reseña sobre este extraño santo, es una nota necrológica laudatoria redactada por San Achard (15 de septiembre), discípulo de San Bernardo (20 de agosto) y fundador del monasterio cisterciense de Santa María de Hemmerod. Según esta, habiéndose fundado el monasterio, San Bernardo encomendó a Achard fuera a la soledad donde el eremita Joscelin tenía su celda a ofrecerle formar parte de su recién fundada Orden del Císter.

Joscelin era tenido como un ángel encarnado, vivía en constante contemplación y conocía los misterios divinos por revelación directa de Dios, sin haber estudiado nunca, ni las Escrituras ni teología. Achard nos dice que "se podría decir de él lo que dijo el Señor acerca de Juan el Bautista: que no comía ni bebía". Andaba desnudo, con y solo con sus largos y enmarañados cabellos malamente cubría su cuerpo cuando hallaba a alguien, aunque solía huir de la gente, a la que consideraba una distracción de la presencia de Dios. Vivía en cuevas, riscos, bajo los árboles, donde le sorprendiera la noche, y solo se alimentaba de hierbas y agua, siendo las bellotas, un manjar que pocas veces se atrevía a probar. En esta vida de soledad y penitencia extrema vivió diez años, soportando el frío y el calor, las lluvias y los soles. Los últimos cuatro años de su vida, coincidieron con crudos inviernos en los que le era imposible hallar hierbas o raíces que desenterrar, por lo que en ocasiones se acercaba a las granjas, donde masticaba la paja o la avena destinada a los animales. Alguna mujer piadosa le daba en ocasiones un pan de salvado, pan de los pobres, aunque siempre dejándoselo a distancia, pues no se acercaba nunca a las mujeres. Pero incluso estos gestos de caridad solo los acpetaba si le premitían trabajar en algo en la granja, y siempre elegía las más pobres, sabiendo que le darían alimentos bastos y escasos. A veces le tiraban algunos trapos o mantas de lana, para que se cubriese, aunque él no se avergonzaba de su desnudez. Mas bien "debían avergonzarse los que se cubrían con varias mantas en invierno, mientras los pobres no tenían con que cubrirse", decía. 

Uno de estos inviernos tan crudos, le sucedió esto: Estando tumbado en el suelo, le cayó encima una nevada tal que le cubrió una capa de un codo de espesor, cubriéndole todo el cuerpo, excepto un agujero que fue quedando en torno a su boca, a causa del aliento caliente que salía de esta. Una liebre se sintió atraída por aquel calorcillo y fue exvavando hasta toparse con la boca del santo. Se acostó junto a su cara y el santo jugueteó con ella un rato hasta que entendió que estaba accediendo a una ditsracción pueril, alejándose de la presencia de Dios, y espantó al animalito. Y esta, según Achard, fue la tentación más fuerte que el santo sintió en toda su vida, pues ni la carne, ni el mundo, ni el demonio le hacían mella.

La reputación de un hombre tan santo, desprendido, paciente, muhilde y orante se extendió por toda Francia y fue cuando San Bernardo supo de él, y admitió que aquella vida solo podía llevarse por obra del Espíritu Santo, que mueve los corazones según los carismas que derrama en estos. Y aquí retomamos la historia con la que empezamos: cuando Achard, junto a unos monjes comenzó la búsqueda del eremita. Y no le fue facil, pues este, sabiendo por revelación, que unos monjes le buscaban para honrarle y ofrecerle su hábito, huyó a la soledad más recóndita, pero finalmente le hallaron y Achard le suplicó desde lejos que, en consideración al venerable abad de Claraval, le permitiese hablar con él. Solo el nombre de Bernardo, cuya fama conocía Joscelin pudo hacer el "milagro" de que el arisco ermitaño hablase con los monjes.

Achard le ofreció los regalos de reliquias y objetos sagrados que Bernardo le enviaba, y Joscelin los veneró sin aceptarlo, pues ni cosas santas quería poseer. Achard le ofreció los respetos de parte de San Bernardo y como este le había mandado, le ofreció tomar el hábito cisterciense, prometiéndole que en un monasterio igualmente podría vivir en soledad y penitencia. Joscelin le respondió: "Bendito sea Dios por tu padre abad, un hombre verdaderamente apostólico; y tan bueno que ha pensado en mi, aunque yo soy sólo un pecador miserable" - y añadió - "pero yo vivo fuera de su obediencia, y no la necesito", desechando formar parte de la Orden del Císter. Y luego de unas palabras de edificación espiritual para los monjes, encomendarse a las oraciones de Bernardo, se dio la vuelta y sin más, desapareció entre los riscos.

Y no se le vio más hasta que Dios le reveló que moriría pronto, y entonces bajó a la iglesia más cercana, recibió la Eucaristía y a los pocos día murió, el 6 de agosto de 1139. Fue enterrado en esta misma iglesia y su tumba se convirtió pronto en fuente de milagros y meta de peregrinos. A los pocos años las reliquias se trasladaron a la iglesia del castillo de Luxemburgo, donde se veneran aún. En Colonia hay otras reliquias suyas. Aún se vereran la "schetzelhöhle" (la cueva de Schetzel) y la "schetzelbrunnen" (manantial de Schetzel), donde se le invoca contra la parálisis. 


Fuente:
-“Vies des pères, martyrs et autres principaux saints. Volumen 11. JEAN-FRANÇOIS GODESCARD. París, 1824.


A 6 de agosto además se celebra a 
San Hormisdas, papa.

Y se recuerda la memoria del Venerable Antonio Margil de Jesús, franciscano. 

miércoles, 5 de agosto de 2015

San Abel, el derrotado de Reims.

San Abel de Reims, obispo. 5 de agosto.

Al parecer era de origen escocés o inglés, y había cruzado a la Galia en busca de la floreciente vida monástica, que halló en la abadía de Lobbes, donde profesó. Fue hombre versado en las Escrituras y gran teólogo, un sacerdote piadoso y muy pastoral. Eran tiempos difíciles para la relación Iglesia monarquía, pues Carlos Martel dominaba férreamente la Iglesia, ponía y deponía obispos y abades, y más de uno accedió a alguna sede o monasterio a cambio de sobornos. En 720 había colocado a Milo obispo de Tréveris, como obispo de Reims, nombramiento por el cual Milo pagaba altos impuestos que sacaba al pueblo. También había muchas sedes vacías, porque la mayoría de sacerdotes no quería aquella situación, ni acceder a un episcopado a partir de trampas, esclavizando a su diócesis.

En 741 murió Martel y subiendo Pipino “el Breve” al trono, la Iglesia comenzó a arreglar aquella situación escandalosa. San Bonifacio (5 de junio) participó activamente en los concilios de Lestines y el de Maguncia, donde destacó Abel por su defensa de la Iglesia, y la necesidad de la corrección moral del clero y fieles. En 743 el concilio de Soissons elevó la diócesis de Reims a arquidiócesis, y Abel fue elegido para la sede, siendo su primer arzobispo, sucediendo a San Rigoberto (4 de enero y 17 de junio). Y fue gracias a las influencias del papa San Zacarías (3, 15 y 22 de marzo) y de San Bonifacio, lo cual indica el predicamento que tendría entre el clero. Así pues, Bonifacio destituyó a Milo de Reims, obligándole a tomar solamente su diócesis de Tréveris. En 744 Pipino aprobó gozoso su proclamación, pero Milo no se quedó tranquilo. Aprovechándose de la lejanía del papa, el rey y san Bonifacio, que andaba de nuevo por Alemania, comenzó a hacerle la guerra a Abel. Calumnias, robos, intento de asesinato, todo lo intentó para volver a hacerse con la sede de Reims. Fueron unos años duros, para el santo Abel, pero no muchos, pues siendo monje en su corazón, se apartó decepcionado del gobierno de la sede, para volver a su retiro en Lobbes. Finalmente, murió en la soledad, dedicado a la oración y el estudio el 5 de agosto de 770. En 1409 las reliquias se trasladaron a Binche.


Fuente:
-“Vies des pères, martyrs et autres principaux saints. Volumen 4. JEAN-FRANÇOIS GODESCARD.


A 5 de agosto además se celebra a 
Santa Afra de Ausburg, mártir.
Beato Guillermo Horne, cartujo mártir

martes, 4 de agosto de 2015

San Molua, el abad de los milagros.

San Molua de Clonfert, abad. 4 de agosto.

Artesa donde bebían los animales del santo. Grabado del XIX.
Sobre este santo son unánimes los martirologios irlandeses, que le consideran unos de los padres del monaquismo celta, santo milagroso y de grandes virtudes. Y todos coinciden en señalar su memoria a 4 de agosto. Los “Hechos de San Molua”, traducidos al latín en el siglo IX se conservan varios códices en prestigiosas bibliotecas. Pero esto no quiere decir que no escape a la leyenda. La mayor parte de su vida nos llega por la obra “Florilegium insulae sanctorum seu Vitae et Acta Sanctorum Hiberniae”.

Según esta, Molua (también Moluach, Lugith, Lugaidh o Luan) su padre se llamó Carthach, y su madre fue Ochla, natural de Ossory. De su niñez se cuentan muchas leyendas: Una dice que un día se bebió una bota entera de vino, sin emborracharse, sin embargo, su padre se emborrachó solo con aspirar su aliento al ir a besarle. Aún de niño realizó varios milagros, como sanar a su padre de un cáncer, y no solo eso, sino restituirle la pierna amputada previamente con motivo del tumor. A uno que les guardaba el ganado le sanó de dolores de cabeza. Úlceras, dolores de muelas, cojeras, en fin, todo tipo de males y dolencias sanaba el niño Molua en personas y animales. Incluso los animales enfermos sanaban si bebían agua en la artesa donde bebían los animales del santo. Un abrevadero o artesa, tradicionalmente tenido como el del santo se conservaba hasta el siglo XVIII. Otros portentos más, como aquel que cuenta que mientras pastoreaba sus rebaños, cayó una tormenta terrible, pero su hoguera en la que se calentaba no se apagó, antes bien, un ángel la mantuvo ardiendo y la aumentó para que otros pastores pudieran calentarse en medio de la lluvia y el viento. Hasta el siglo XVI una cruz marcaba el supuesto sitio de la hoguera milagrosa.


Aún de niño fue confiada su educación a San Finian de Clonard (5 de abril y 12 de diciembre) y de San Comgall de Bangor (10 de mayo). Una leyenda paralela a la “vita” dice que pasando San Comgall por un bancal de juncos junto a un monje, vio un resplandor saliendo de estos y unos ángeles que custodiaban el sitio. Envió Comgall a un monje a ver que era aquello y este, dando una patada en los juncos, vio un bebé en medio, lo levantó y lo puso en su axila. Al volver, contó lo visto y enseñó al niño, a lo que Comgall  dijo: "Mi-lua (patada), hijo de ocha (axila); este será su nombre", dando pie a otro de los nombres por los que se le conoce: Moluach. Esta leyenda dio pie a creer que el santo había sido abandonado por sus padres cuando es posible que el cambio de nombre fuera, si acaso fue, cuando estos lo dieron a Comgall para su educación. ¿Tal vez no era un bebé, sino un niño crecido, que descansaba mientras pastoreaba? En el cielo lo sabremos. 


Como fuera, el santo abad le tomó bajo su protección, profetizando que estaba llamado a pastorear rebaños más grandes, y encaminarlos al cielo, profetizando que sería, como él mismo, fundador de monasterios. Era el niño Molua de ingenio despierto, por lo que pronto aprendió las letras, y en breve se introdujo en las Escrituras, los Padres Apostólicos, etc. Pasados los años y llegado Molua a la juventud, Comgall le admitió a la profesión monástica y le eligió como abad para fundar un monasterio. Molua y sus monjes se dirigieron primero a Monte Luachra, Limerick, donde el rey local fue generoso con ellos, pero finalmente decidió establecer el monasterio en Conflert, tierra de sus parientes maternos. Para este monasterio escribió una Regla, que la tradición dice fue leída y aprobada por San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal). En breve el monasterio se vio rebosado de monjes y de aspirantes a tomar el hábito, por lo que fundó un nuevo monasterio en Hy-Figinte. Otros monasterios de los que se le hace fundador en realidad fueron fundados por monjes elegidos por él, y aunque no sea padre de estos asentamientos, lo es al menos espiritualmente.


Alban Butler nos regala una anécdota del santo abad, que recuerda en su sabor a la sabiduría de los monjes de la Tebaida: Vivía en el monasterio un monje con celda propia (en los monasterios no era lo habitual, sino los dormitorios comunes), que no permitía compartirla con otro monje. Un día fue a visitarle Molua, y lo halló sentado junto al fuego. El monje le invitó a sentarse junto a él, para evitar el frío. Al punto, el monje hubo de salir y al volver halló al santo abad corriendo alrededor del fuego, y le preguntó: "¿qué haces, padre?". Y le contestó el santo: "Pues que es una lástima que no se pueda obtener todo el calor de este fuego y se desperdicie el de la zona donde no estoy sentado", a lo que entendió el monje su egoísmo, compartiendo celda y fuego desde entonces.


Fue confesor y director espiritual del obispo San David de Gales (1 de marzo), por elección divina, pues nos dice la leyenda que queriendo elegir un confesor entre los monjes irlandeses, estando a punto de embarcar, se le apareció un ángel que le dijo que salvo para elegir a Molua, no cruzara el mar, pues perecerían todos en un naufragio. Hizo caso el santo obispo, se dirigió a Conflert, conoció a Molua y nació entre ambos una relación espiritual profunda. De confesor no podemos llamarla, pues la confesión, como la conocemos hoy, no nacería en la Iglesia hasta mucho más tarde.
 

Ya mayor, perdió un diente y le dijo al monje que le atendía en ese momento: "Hijo mío, hazte haga cargo de este diente, que un día vendrá cuando puede ser necesario, por lo que no lo entierres conmigo cuando yo muera”. Y veremos pronto que pasó. Luego de una vida entregada a la penitencia, la oración y la extensión de la vida monástica, poco tiempo antes de morir llamó a San Dagan (3 de enero), obispo de Achad, para consultarle sobre su sucesor. Dagan le recomendó a San Lactan (12 de enero), recomendación aplaudida por el santo. Visitó al eremita San Cronan de Roscrea (28 de abril), el cual le reveló que sus días estaban cerca. Cuando regresaba a Conflert, encontró un pantano, por lo cual él y su acompañante, el monje Stellan, se desviaron del camino, hacia Tuaim Domhnaigh. Allí, a la orilla del lago tuvo una visión y preguntó a Stellan: “Si uno ve al mismo tiempo la familia del cielo y la de la tierra, ¿con cuál de las dos debería ir?" Stellan respondió: "Con la del cielo". Y le dijo el santo abad: "Amado hijo, dame entonces el Santísimo Sacramento, porque veo que mi familia de los cielos espera que yo pueda ir con ellos". Y recibiendo el Sacramento, falleció en brazos de su discípulo, el 4 de agosto entre 605 y 608. Stellan llevó el cuerpo a Conflert, donde recibieron sus veneradas reliquias. Queriendo unos monjes de uno de los monasterios fundados por Molua, una reliquia de su santo abad, se dirigieron a Conflert, donde los monjes se negaban a abrir el relicario, ante lo cual, el monje que poseía el diente del que hablamos antes, recordó las palabras del santo, y les entregó la muela, con lo que todos quedaron contentos.
 

A mediados del siglo VII ya es mencionado entre los padres de la Iglesia irlandesa. En el siglo VIII, aparece en el "Feilire" de San Oengus (11 de marzo), una especie de martirologio en versos, donde se le llama “campeón” y dice que “grande es mi confianza en él”. Una iglesia dedicada a su memoria existe en Killaloe, donde se le invocaba como abogado contra la lepra, lo cual difundió la leyenda acerca de que los últimos 20 años padeció lepra, por lo que en ocasiones se le llama Molua “ el leproso”.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-http://omniumsanctorumhiberniae.blogspot.com.es


A 4 de agosto además se celebra a
Santa Eudoxia de Heliópolis, mártir.
San Eleuterio, mártir.

viernes, 31 de julio de 2015

Antonio de Hungría, ¡hallado al fin!

San Antonio de Hungría, presbítero carmelita y mártir. 31 de julio.

Estampa belga.
Era este uno de esos santos que se me resistían hace años, pero (parafraseando el conocido dicho popular) como "cuando Dios quiere, no hay santo que se esconda", finalmente le he atrapado. Aunque es poco lo que he podido recopilar de este santo mártir, del que la mayoría de libros históricos o legendarios sobre temas carmelitanos callan. Ha venido en mi auxilio un “Flos Sanctorum Carmelitano”, del que me han enviado fotocopias referentes a este santo. Según este libro, que se explaya en consideraciones y alegorías, más que en datos históricos o legendarios (que es lo que yo quería), Antonio nació en Hungría, a mediados del siglo XV y muy joven entró en la Orden del Carmen. Destacó principalmente en la predicación, y los debates con los herejes que iban a verle. Predicador (y mártir por ello) de la castidad le llamaban, por su celo en prevenir la pureza de la juventud, antes que cayeran en los vicios y mil pecados más. Enseñaba que un, o una, joven que conservaba el lirio de la virginidad hasta el hasta el matrimonio, o siempre en la vida religiosa, era inmune a los desenfrenos de la juventud y se libraba de muchas tentaciones, y a otras las vencía.

Su presencia era pedida por varios obispos y presbíteros, para que predicase en sus dominios. Cuando le invitaron a Offen, ciudad llena de herejes y mahometanos, predicó, como de costumbre sobre el valor de la castidad, y su pérdida como la causa de todas las herejías y ofensas contra la fe católica. El pecado de la carne llevaba, según él, a la negación de las verdades de la fe, para complacerse en el propio pecado. Los moros que le oían predicar se la juraron y una vez terminado el sermón, fingieron querer escucharle en privado, pero lo secuestraron y le llevaron a un sitio apartado de la ciudad, donde le apedrearon, apalearon y y finalmente le abrieron la cabeza con un alfange. Temerosos de su crimen, intentaron quemar el cuerpo, que no ardía por nada, por lo cual los asesinos huyeron despavoridos. Su martirio fue conocido pronto y su veneración tan extendida, que en 1464, tan solo dos años después, Pío II le canonizaba, y componía unos versos que fueron puestos en su oficio litúrgico:

Ille Ligur natus Tripolis Antonius hic est, 
cuius mors nostro tempore facta fuit.
Nam se cultorem Christi dum rite fatetur,
impia gens saxis enecat afra virum.

Ignibus exstinctum templarunt urere corpus,
flama tatem non est viribus usa suis
”.
 

Y eso es todo lo que de San Antonio podemos decir, por ahora, que de santos nunca se termina de saberlo todo. Aunque su imagen aparece en varias “Apoteosis del Carmelo”, no ha tenido culto amplio, ni devoción especial en la Orden del Carmen.


Fuente: 
-"Flos Sanctorum del Carmelo". P. SIMEÓN MARÍA BESALDUCH, O.Carm. Barcelona 1951.


A 31 de julio además se celebra a 
San Germán de Auxerre, obispo.
Santa Ellin de Skövde, mártir.

jueves, 30 de julio de 2015

Beata Ingeborg de Dinamarca.

Beata Ingeborg de Dinamarca, reina. 30 de julio.

Ingeborg nació en 1175, como hija del rey Valdemar I de Dinamarca y la princesa rusa Sofía de Minsk. Fue una niña delicada, obediente y piadosa. En 1193 la casaron con Felipe Augusto de Francia. Son este matrimonio afrancesaron su nombre, que pasó a ser Isembour. Casó un 15 de agosto, y el 16 Felipe de Francia se arrepintió del matrimonio, la despreció y la envió de vuelta a su casa, pero Ingeborg huyó, se escondió en un monasterio de Soissons, desde el cual defendió su causa de esposa legítima y reina francesa, apelando al papa Celestino III, en varias cartas, que se conservan.

Felipe convocó un concilio en Compiègne para demostrar, con falsedades, que el matrimonio era nulo, pues él e Ingeborg tenían lazos de consanguinidad y no había habido dispensa para ello. El concilio aceptó el falso árbol genealógico y declaró el matrimonio nulo. Ingeborg apeló de nuevo al papa, quien declaró que esa nulidad era inválida y que Felipe debía aceptar su matrimonio con Ingeborg y hacerla su reina. Por su parte, los daneses, indignados, enviaron a San Guillermo de Eskill (6 de abril y 16 de junio, traslación de las reliquias) con una "Genealogía de los reyes daneses", para desmentir la supuesta consanguinidad. De nada sirvió, el rey francés le encarceló durante dos años. El rey Felipe, aceptó a Ingeborg como reina, pero no la quiso a su lado y esta vivió durante veinte años en diversos castillos, alejada del mundo, pero luchando por sus derechos.

Ingeborg fue defendida a medias por su familia, que no deseaba una guerra con Francia, incluso cumplieron parte de los acuerdos prematrimoniales, como prestar una flota danesa a Felipe Augusto. Canuto VI, hermano de Ingeborg la defendía, o eso le decía a ella, pero no ejercía presión ni mucho menos amenazó a Felipe. En 1196, temeroso por la falta de hijos, Felipe casó con Inés de Moravia, hermana de Santa Eduviges de Silesia (16 de octubre y 25 de agosto, traslación de las reliquias). Este matrimonio fue declarado nulo por Inocencio III, a quien Ingeborg había escrito contándole su desdicha, su desolación en el encierro y los pensamientos suicidas que la amenazaban, que solo lograba desechar con su ferviente oración. Y es que en estos encierros, Ingeborg no veía a nadie, salvo dos damas, no podía oír misa, ni recibir visitas.

En 1200, ya con dos hijos fruto de su adulterio, Felipe Augusto fue solemnemente excomulgado por el papa, que prohibió todo el culto religioso en Francia hasta que aquella barbaridad no cesase. Y Felipe transó, alejando a su falsa esposa y trayendo a su lado a Ingeborg, que tomó posesión de su trono francés. Pero no tuvo paz, pues el papa y Felipe negociaron, y el primero declaró legítimos a sus dos hijos a cambio del apoyo político del rey, y ese mismo año, lograda la legitimización de sus hijos, Felipe volvió a repudiar a Ingeborg y solicitó la anulación otra vez. Esta vez acusó a Ingeborg de haberle causado impotencia con maleficios, por lo que el matrimonio no se había consumado. Ingeborg, enterada por algunos cercanos a Felipe, que le eran fieles, protestó ante el papa, diciendo que sí habían consumado el matrimonio. El papa montó en cólera y le negó la nulidad. En 1213, Felipe aceptó a Ingeborg como legítima esposa, aunque solo porque tenía posibilidades al trono inglés, por su vínculo con Dinamarca, principal candidata al trono sin rey.


Ingeborg, según
su lápida sepulcral.
Su hijo, Luis VIII dejó escrito que su padre, en su lecho de muerte, se arrepintió de haber tratado así a la paciente y abnegada Ingeborg. De hecho, Luis VIII y su hijo San Luis IX (25 de agosto) reconocieron a y trataron a Ingeborg como verdadera reina de Francia durante los años que sobrevivió a su marido, alejada de los líos de la corte, dedicada a la oración y la caridad. El 29 de julio de 1237 murió, siendo enterrada con todos los honores de reina, en la abadía de Corbeil. Su culto en torno a las reliquias y en la iglesia danesa comienza a finales del mismo siglo XIII.

Se conserva su hermoso salterio, una joya de la miniatura gótica. También se guardan algunas cartas de ingeborg a Celestino III e Inocencio III, sus valedores, y destacan por su erudición, lenguaje correcto y cantidad de citas de las Sagradas Escrituras, confirmando la cultura y la piedad de la reina. En una de ellas escribe a Inocencio III en 1203:
“…querido Padre, ‘líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo. Saca mi alma de la prisión, para que yo de gracias a tu nombre; los justos me rodearán, porque tú me colmarás de bendiciones’. Mi señor esposo me persigue, Felipe el ilustre rey de los franceses, que no sólo no me ve como su esposa, sino que, carga mi juventud con la soledad de la cárcel, no deja de provocarme con reproches y calumnias a través de sus consejeros (…) Debe saber, santo Padre, que en mi prisión no tengo comodidad y sufro innumerables e insoportables daños; porque nadie se atreve a visitarme allí excepto una persona religiosa para consolarme, ni puedo oír la palabra de Dios desde cualquier boca para restaurar mi alma, ni tengo los medios para hacer la confesión a un sacerdote; rara vez puedo escuchar misa, ni otros oficios o las horas [canónicas]. (…) Se me da a veces muy poca comida; todos los días tengo ‘el pan de la tribulación y el agua de la angustia’, (…) No podría contarle todas mis miserias, una por una, esas cosas que se me niegan y no deben ser negadas a ninguna mujer cristiana. (…) Las cartas que Su Santidad me envió no las puedo tener. Así afectada por estas y otras cosas similares que no puedo ahora describir a su Santidad, ya que me oprime el vivir, sin saber lo que debo hacer, ‘mis ojos se vuelven hacia ti, Padre santo, no sea que perezca’. Hablo sobre todo, no del cuerpo, sino del espíritu. Porque ya que cada día muero por preservar inviolada las leyes del matrimonio, ¡qué dulce, qué alegría, qué bonito sería si el que la muerte corporal viniese a mí, miserable, desolada, repudiada y rechazada por todos, por lo cual yo podría huir de tantos peligros de muerte! En verdad, tengo angustia por todos lados, porque sería la muerte para mí si actuase en contra de Dios, y sin embargo si no lo hago, no voy a ‘escapar de las manos de los perseguidores’, [y por ello] busco consuelo de usted que es Padre de consuelo”.

Fuentes:
-http://epistolae.ccnmtl.columbia.edu/letter/24140.html
-http://www.medievalqueens.com/queen-ingeborg-of-denmark.htm



A 30 de julio además se celebra a  
Santos Abdón y Senén, mártires. 
Santa Julita de Cesarea, mártir

miércoles, 29 de julio de 2015

San Guillaume de St-Brieuc.

San Guillaume de St-Brieuc, obispo. 29 de julio.

Guillaume, o Guillermo, para castellanizarle, nació en 1184 en la parroquia de San Albano, Lamballe, y fue hijo de Olivier Pinchon y Jeanne Fortin, que educaron piadosamente a su hijo. A los 12 años, su obispo, Josselin de St-Brieuc, conoció de sus virtudes y se convirtió su protector, cuidando de que se formara en las Sagradas Escrituras, Santos Padres, ciencias, artes, teología, etc. En 1207, con 23 años de edad le ordenó sacerdote y le nombró canónigo de su catedral. Y en 1220 fue nombrado obispo de Saint-Brieuc, a la muerte del obispo, Silvestre. Por estas mismas fechas recibió una cuantiosa herencia de sus padres, que dedicó exclusivamente a los pobres. Lo último que le quedó, unas posesiones, las vendió en la hambruna de 1225. Lo mismo hacía con todas sus rentas, impuestos, beneficios eclesiásticos: los “invertía” en socorrer a los pobres. Hasta tal punto llegó su pobreza que en una ocasión que se hospedó en una posada, al otro día halló que no llevaba nada en el bolso, ni un céntimo. Providencialmente, un amigo que por allí pasaba, ángel que dice la leyenda, satisfizo su deuda.

En 1226 se enfrentó al duque Pedro I de Bretaña, el hombre más influyente de Francia. Este, en su justa defensa del país, se excedió pretendiendo incautarse impuestos y diezmos de título eclesiástico y San Guillaume le reprochó su actitud impositiva contra la Iglesia. La respuesta del duque fue calumniarle en Roma, destituirle y nombrar a un obispo que le servía a sus intereses. Desterrado nuestro santo obispo, se fue a la diócesis de Poitiers, a ayudar al obispo, muy mayor y que necesitaba ayuda. Allí, en solo cuatro años, restauró la catedral, organizó la beneficencia, visitó conventos y hospitales. En 1230 se solución su situación y regresó a Saint-Brieuc, donde fue aclamado por su agradecido pueblo. Emprendió la reconstrucción y ampliación de la catedral que no vio terminada. El 29 de julio de 1234 falleció, sin tener siquiera una sábana limpia para tender su cadáver. Fue enterrado en su catedral, y según su petición, solo bajo una lápida, sin monumento funerario alguno. En 1239, la necesidad de las obras en la catedral hizo obligatorio el traslado de los restos y al elevar las reliquias, se halló el cuerpo incorrupto y emanando un suave olor. Esto, y su vida entregada a la caridad y la justicia, hicieron que le canonizasen en 1247, siendo el primer santo bretón canonizado oficialmente. En el siglo XV una iglesia dedicada a su memoria se levantó en St-Brieuc.


Fuente:
- “Vie des bienheureux et des saints de Bretagne”. P. JOSEPH DE GARABY. Saint-Brieuc, 1839.


A 29 de julio además se celebra a 
Santa Marta, virgen.
Santos Simplicio, Faustino y Beatriz, mártires. 

lunes, 27 de julio de 2015

De la Córdoba musulmana, hasta hoy.

Santos Aurelio y Sabigoto, Félix y Liliosa; esposos, y Jorge, monje; mártires. 27 de julio, 20 de octubre (traslación de Aurelio, Sabigoto y Jorge) y 9 de febrero (traslación de Félix).

La historia de estos 5 mártires de la Córdoba musulmana, siglo IX, son un hermoso testimonio, que ofrece el historiador San Eulogio de Córdoba (11 de marzo), que reseñó los martirios de muchos cristianos en sus obras, “Documentum martíriale”, “Memoriale sanctorum” y especialmente la "Passio sanctorum martyrum Georgii monachi, Aurelii atque Nathaliae".


San Aurelio era de familia bien, y sus padres fueron un moro y una cristiana que murieron cuando el Aurelio era aún un niño. Fue educado por una tía, cristiana fervorosa, que le enseñó en secreto el Evangelio de Cristo, al que aprendió a amar y seguía, aunque públicamente creciera como musulmán, fue educado según las leyes y la religión musulmana. Cuando llegó a la juventud, se casó con Sabigoto, una joven de familia musulmana, cuya madre en segundas nupcias se había casado con un cristiano, convertido y bautizado junto a su hija, aunque en público aparecían como musulmanas aún. Eran parientes suyos Félix, cristiano que había apostatado en su juventud, y su esposa Liliosa, cristiana e hija de cristianos ocultos. 


Ocurrió un día que Aurelio fue testigo de la flagelación de el piadoso Juan el Comerciante, y decidido a vivir su fe cristiana con coherencia, al llegar a casa dijo a su mujer que era llegado el tiempo de entregarse a Cristo verdaderamente, despreciando el mundo y aspirando a la perfección cristiana. Acordaron vivir en castidad, penitencia y oración, implorando a Dios les diese la gracia del martirio, supremo testimonio de fe. Y comenzaron una vida monástica, sin dejar que trasluciera a los demás, para los cuales seguían siendo marido y mujer. Se afanaron en la penitencia, la caridad, las visitas a los cristianos perseguidos. Aurelio llevó a sus hijas pequeñas al monasterio Tabanense, para que fueran educadas en la virtud y se consagrasen a Dios. Vendieron poco a poco, para no llamar la atención, todos sus bienes, a favor de los pobres, reservando para ellos solo lo justo para mantenerse frugalmente. 

Esta vida piadosa obtuvo su primera recompensa: Sabigoto tuvo la revelación de que pronto obtendrían la palma de la victoria por medio del martirio junto a un santo monje que vendría del Oriente. Participaron de esto a Félix y Liliosa que, alentados con su ejemplo, les imitaron en su vida monástica en el matrimonio, con la esperanza de también alcanzar el martirio por Jesucristo. Y sucedió lo avisado por Dios: llegó a Córdoba un diácono monje, profeso del célebre monasterio de San Sabas. Era gran conocedor de las Escrituras, lenguas, y en los Padres de la Iglesia. Había sido enviado por su abad a visitar los monasterios de África, Galia, España, y pedir socorro para sus fieles palestinos. Llegado al monasterio Tabanense, el abad quiso conociera a Aurelio y Sabigoto, cristianos fervorosos. Llegado a la presencia de Sabigoto, esta exclamó: “este es el monje que nos ha de acompañar en nuestro combate”. Y, enterado Jorge de la revelación, avisó a su abad y se preparó para el martirio.

Es curiosa la forma que eligieron para darse a conocer como cristianos: las mujeres irían sin velo y entrarían a una iglesia. Las cosas no han cambiado tanto desde el siglo IX, cuando este hecho llamó la atención de los musulmanes, que las denunciaron ante los jueces encargados de velar por el cumplimiento de las normas islámicas. Llamaron estos a los hombres y les interrogaron acerca de aquella actitud de sus mujeres. Aurelio contestó: “(Ellas) visitan las iglesias y los sepulcros de los mártires, que es costumbre de los cristianos, y nosotros lo somos”. Aún con esta confesión de fe fueron liberados unos días, que Aurelio aprovechó para visitar y despedirse de sus hijas, y de San Eulogio, el cual le besó las manos, venerándolas. 

A los pocos días, enviaron unos soldados adonde Aurelio, para que se entregasen por cristianos. Salieron los cuatro, con Jorge. Este recriminó a los captores: “¿Por qué queréis violentar a los cristianos a que nieguen la verdad de su fe, y admitan la falsedad de vuestra secta?, ¿No os basta ir al infierno con vuestro profeta?”, lo cual, claro está, fue tomado por una gran ofensa, y los mismos soldados sacaron sus espadas y lo hirieron. A lo que el mártir dijo: “Todo aumenta la corona”. Llegados al tribunal, fueron convocados a abandonar la fe cristiana con promesas y amenazas, pero los cinco fueron unánimes en negarse. Los enviaron a la cárcel encadenados, donde estuvieron cinco días en oración, alabando a Dios y cantando salmos. Allí se les aparecieron Santas Flora y María (24 de noviembre). 

Al cabo de estos días, de nuevo fueron juzgados y obligados a apostatar, obteniendo la misma respuesta: Un rotundo “no”. Así pues, los jueces condenaron a Aurelio y Sabigoto, Félix y Liliosa a muerte por infieles. Jorge fue liberado por ser extranjero y no constar su pertenencia anterior al Islam. Pero él se negó a ser liberado, y para adquirir la gloria clamó contra  Mahoma, llamándole “satanás y precursor del Anticristo”, por lo que fue degollado con los otros cuatro santos mártires. Era el día sexto de las calendas de agosto de 852, o sea, el 27 de julio, bajo el reinado de Abderramán II. Y cuenta Eulogio que la niña más pequeña de Aurelio y Sabigoto, conociendo el martirio de sus padres le dijo habría de escribir el martirio de sus padres, a lo que respondió el santo preguntándole que como le pagaría ese trabajo. Y la niña, resuelta en sus cinco años, le dijo: “Te alcanzaré del Señor el paraíso”.

Todos los martirologios los incluyen en este día, salvo Usuardo, que erró y los puso a 27 de agosto, creando una confusión seguida por algunos. Las Actas fueron ampliadas, y se les dio los nombres de Felícitas y María a las niñas, y a Sabigoto se le llama Natalia. Este desacuerdo en los nombres lo soluciona Enrique Flórez de Setién, citando que Eulogio escribe: “eamque ex sacramento baptismatis Sabigotho apellans”, por lo cual antes de ser bautizada tendría otro nombre: Natalia, que sería el nombre público por el que todos la conocían, pues su nombre e identidad cristianos permanecieron ocultos hasta el momento del martirio. Otras adiciones dicen que los cuerpos permanecieron abandonados durante tres días, durante los cuales las aves de carroña no solo no los tocaron, sino que no permitieron que otras fieras tampoco lo hicieran. Luego de estos tres días, los cristianos los recogieron y llevaron las reliquias a diversas iglesias de la ciudad. Una confusión hizo que el cuerpo de San Aurelio quedase con la cabeza de Santa Sabigoto, y lo contrario.

En 858 los monjes Usuardo (sí, el famoso Usuardo), y Odilardo, de San Germán de París viajaron a  las reliquias San Vicente Mártir, que se veneraban en Valencia, por miedo a la profanación por parte de los moros. Enterados de que las reliquias de San Vicente estaban a salvo, no quisieron regresar sin reliquias de mártires, por lo que, enterados del testimonio glorioso de los de Córdoba, bajaron hasta esta ciudad, para solicitar algunas reliquias. Luego de pasar algunos azares, los monjes llegaron a Córdoba, veneraron las reliquias de algunos mártires y pidieron las reliquias de  Jorge y Aurelio, que se veneraban en el monasterio Tabanense, para venerarles en su monasterio francés. Las obtuvieron luego de algunas negativas, recelos, hasta que la diplomacia venció y finalmente, el 11 de mayo de 858 partió la comitiva francesa con los cuerpos de Jorge y Aurelio. Las reliquias pasaron por Toledo, Alcalá, Zaragoza, Barcelona, Gerona, Narbona, y en cada sitio recibían veneración pública y su testimonio se extendía. Llegados a París, el 20 de octubre los dos cuerpos y la cabeza de Sabigoto. El cuerpo de San Félix se trasladó al monasterio de San Zoilo en Carrión de los Condes, junto al de San Zoilo (27 de junio) y San Agapio (3 de julio), para luego ser trasladado a Alcalá.



Fuentes:
-“ España Sagrada” Tomo X. P. ENRIQUE FLÓREZ DE SETIÉN, O.S.A. Madrid, 1753.
- “Tratado de la Iglesia de Jesucristo, o Historia eclesiástica”. Tomo IX. D. FELIX AMAT DE PALOU Y FONT. Madrid, 1807.


A 27 de julio además se celebra a
San Pantaleón, mártir
Beato Tito Brandsma, carmelita mártir.

sábado, 25 de julio de 2015

Thea, Valentina y Pablo: Todo por Cristo.

Cuando hoy leemos noticias sobre masacres de cientos de cristianos en unos minutos, nos alarmamos, compadecemos y rezamos, como debe ser. Tal vez nos parezca novedad, y sin embargo, las persecuciones contra los cristianos toman el cariz de intento de genocidio, entendido esto como intento de eliminación masiva por razones de religión, como en este caso: 

Santas Valentina y Thea, vírgenes, y Pablo; mártires. 25 de julio.
Nos vamos al año 308. Tiempos complicados en el Imperio Romano, con varios sucesores del emperador Diocleciano. Uno de los más crueles con los cristianos fue Maximiano Galerio, al que seguía el juego su gobernador Firmiliano, el cual para estrenarse había apresado casi 100 cristianos de toda edad y sexo, y arrancándoles el ojo derecho y marcándoles el cachete izquierdo, los envió a unas minas en la Tebaida. No fue menos aplicado en sus métodos en Gaza. El domingo 25 de julio de 308, envió un piquete de soldados a una basílica oculta, donde estaban reunidos los cristianos para leer las Sagradas Escrituras. Entre todos estos cristianos sobresalía una virgen, de nombre Thea, conocida por su caridad y su apostolado entre los cristianos tentados de apostatar. Así mismo destacaría en su martirio.

Llevada ante el gobernador Firmiliano, este le amenazó con llevarla a un lugar de prostitución para corromperla si no renunciaba a la fe cristiana. Pero la respuesta de Thea fue una reprensión a los dioses paganos y su religión. Ante esto, la condenó el gobernador a ser azotada y padecer en el potro, donde le desgarraron los costados con garfios de hierro. Viendo tal espectáculo, se adelantó de entre el gentío otra cristiana prominente, llamada Valentina, que tenía voto de virginidad, que clamó “¿Hasta cuando atormentaréis a mi hermana?”, por lo que fue apresada, y obligada a sacrificar a los dioses, pero ella, antes de tocar con sus manos el incienso de los ídolos, pateó el altar, derribándolo. Por ello fue sumada a Thea en los tormentos. Finalmente, al no lograr reducirlas a renegar de Cristo, las encadenaron y arrojaron vivas al fuego. Uno de los cristianos que allí se hallaba, de nombre Pablo, también confesó a Cristo, fue atormentado y finalmente decapitado. 

Eusebio de Cesarea, que es quien relata esta historia, las llama feas sin más, pues dice eran “más semejantes a varones que a hembras, de aspecto despreciable, pero con firmeza de espíritu superior a la de todos sus compañeros”. 


Fuente:
-"Vidas de los Padres, Mártires y otros principales Santos". Tomo VII. P. JOSÉ ALONSO ORTIZ. Valladolid, 1790.



A 25 de julio además se celebra a  
Santa Glotsindis de Metz, abadesa.
Beato Rodolfo Acquaviva y compañeros, jesuitas mártires

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...