jueves, 16 de abril de 2015

San Thuribe, otro en la máquina del tiempo

San Thuribe de Le Mans, obispo 16 de abril.

Imagen en la iglesia 
de Asse-le-Bérenger.
Era Thuribe, según la leyenda gala, de origen romano,  vivió en el siglo II, y fue discípulo de San Juan Evangelista (27 de diciembre y 6 de mayo), quien le envió con San Julián de Le Mans (27 de enero) cuando este fue nombrado obispo de esta ciudad. En la Galia, Thuribe ayudó al santo obispo a extender el Evangelio, y cuando este murió, luego de 47 años de episcopado, le sucedió en la sede. Le costó bastante la evangelización, en varias ocasiones fue perseguido y castigado. Solo con su tesón y los prodigios que obraba, fue reduciendo el paganismo y llevando a los pueblos a la fe de Cristo: Sanó a una noble muy principal, con gran influencia en el pueblo, que al saber la curación, abrazó a Cristo. En otra ocasión, al convertir a una noble llamada Sabina, su marido, Gaiano, arremetió contra su mujer, encerrándola en casa. Sabiéndolo Thuribe, oró a Dios y Gaiano quedó mudo y ciego. Este, desesperado, pidió a su mujer que el santo le sanara, prometiendo convertirse a Cristo. Ella fue, suplicó al santo y este devolvió la salud al pagano, que se hizo bautizar inmediatamente, y donó su casa al santo, para que se construyese una capilla. Además, Gaiano construyó una iglesia en honor de Santos Pedro y Pablo, en el que Thuribe estableció una comunidad de monjes. La iglesia y monasterio serían arrasados por los bárbaros en el siglo VII, hasta que San Calais (1 de julio) los reconstruyó, para ser derruidos de nuevo con los siglos.

Estando predicando en Asse-le-Bérenger, los habitantes le pidieron agua, pues la sequía les hacía enfermar, mataba los animales y las cosechas. El santo comenzó a orar y una fuente brotó delante de todos. Los paganos se convirtieron y los cristianos se afirmaron más en la fe. Esta fuente aún se conserva, con el nombre del santo. Allí se le invoca contra los males de la vista. Después de una corta, pero intensa vida de cinco años como pastor de sus fieles, sabiendo que la muerte se acercaba, Thuribe se retiró a la soledad junto al río Sarthe, para prepararse en oración y penitencia, como mismo había hecho su maestro San Julián. Allí estuvo hasta el 16 de abril, cuando entró en la gloria del cielo. Otra versión dice que murió de sufrimientos al ser perseguido hasta la muerte por Juillé, jefe de una aldea de romanos paganos, que no aceptaron su predicación y le apalearon y apedrearon. Por tal razón, en ocasiones se le llama “mártir”. Fue enterrado en la iglesia de Santos Pedro y Pablo, y una capilla, hoy en ruinas, fue erigida en su memoria en el sitio de su muerte, frente a la capilla de San Julián. 


En el siglo XI ambas capillas tenían comunidades monásticas, donde se escribe la vida de San Julián, la diócesis y sus santos, reescribiendo y reinterpretando, fundiendo leyenda con historia. Y es que consta en el siglo V un obispo en Le Mans llamado así: Thuribe, al que ante la falta de datos históricos, la leyenda le hizo retroceder al siglo I. Ya hemos visto otros casos, especialmente en este artículo. En 835, San AIderic de Le Mans (7 de enero), le dedicó un altar en la catedral de San Julián y en 837 trasladó las reliquias de ambos santos a este altar, junto con las de todos los santos obispos de Le Mans. En la Revolución Francesa la cartedral fue asaltada y las reliquias profanadas y luego recogidas y depositadas con otras en una capilla lateral, sin que conste cuales son cuales.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"France historique et monumentale". ABEL HUGO. 1837.



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miércoles, 15 de abril de 2015

La santa de las tres coronas.

Santa Edwette de Esquibien, virgen y mártir. 15 de abril.

Es Edwette (Edvet o Julvette) una de esas santas de Bretaña, a la que la falta de información auténtica no le han quitado devoción, y durante siglos. Sabido es que, en lo que el culto a nuestros hermanos los santos se refiere, más puede la tradición y la fe, que la historia y los documentos. A los que aman a Dios todo les sirve para el bien, a decir de San Pablo (Rm 8, 28). Veamos que nos dice la leyenda de esta santa, venerada en un pequeño pueblo costero bretón.

La leyenda, con visos medievales, anterior sin duda al siglo X, nos dice que los santos hermanos San Demet (1 de enero, Todos los Santos Misioneros de Bretaña) y Edwette, naturales de Gales, viajaban en un barco que padeció un naufragio del que solo sobrevivieron los hermanos. Salvados, llegaron a las costas bretonas, en Plozevet, donde erigen una ermita para agradecer a Dios su salvación y dedicarse a la vida eremítica. Recibida una revelación, ambos decidieron separarse para iniciar su nueva vida. Edwette se metió en una artesa o pila de granito, y se dejó llevar por las olas, sin que se hundiera, confiando a la Providencia la elección del sitio done comenzar su vida de penitencia y oración. Las olas la llevaron al sitio que hoy se llama puerto Sainte Edwette. 

Los habitantes de la zona, paganos, no entendieron las palabras evangélicas que la santa les trasmitía, ni menos aún el prodigio que la había traído flotando por los mares. Pensaron que era una hechicera, y comenzaron a pegarle con palos y horquillas de hierro. La dieron por muerta, pero Dios la sanó de los golpes. Esa noche, al ver que aún vivía, los paganos intentaron golpearle de nuevo, pero comprobaron que las horquillas habían desaparecido de todas las casas, teniendo desde entonces que usar de madera, lo que dio origen al nombre del pueblo. Los habitantes del pueblo, atemorizados, la dejaron en paz, permitiéndole hacerse una ermita sobre las piedras. Aún puede verse en una roca las supuestas huellas de las rodillas, el rosario y la mano derecha de la santa. Al morir, luego de convertir a la región, se construyó una capilla que a pesar de los avatares del tiempo, aún se conserva, restaurada y embellecida con el pasar del tiempo. En 1743 se restauró del todo. Allí se venera su imagen, del siglo XIX y repintada, con la característica que posee tres coronas: una en el pecho, por virgen; otra en la cabeza, por princesa; y la tercera en la mano por mártir.

Pero, ¿como que mártir? Pues sí, porque la leyenda se complica, haciendo a Edwette una de las 11.000 vírgenes compañeras de Santa Úrsula (21 de octubre), algo bastante frecuente en santas desconocidas o legendarias, y en reliquias con nombres femeninos de las que igualmente nada se sabe. De hecho, en la misma capilla puede leerse: "Santa Edwette, virgen y mártir, que murió en el año 383, fue una de las compañeras de Santa Úrsula". Algunos historiadores creen es un desdoble del culto de la también legendaria compañera de Santa Úrsula, Santa Thumette (4 de mayo y 21 de octubre), aunque esta leyenda es posterior al siglo XIII. Otros, los más, creen que en realidad es la misma Santa Julvette (18 de noviembre), hermana de San Maudez (2 de septiembre y 18 de noviembre), del que sí se sabe en ocasiones se confunde con San Demet.


Fuente:
-"Les vies des saints de la Bretagne Armorique". Fr. Albert le Grand. 1636.

Otras supuestas compañeras de Santa Úrsula son:
Santa Dorotea de Colonia. 21 de octubre.
Santa Avia. 6 de mayo.
Santa Cunera de Rehen. 12 de junio y 28 de octubre.
San Panthalo, obispo y mártir. 12 de octubre.
Santa Saturnina de Neuenheerse. 20 de mayo. 
Santa Odilia de Britania. 18 de julio.


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martes, 14 de abril de 2015

De puente en puente...

San Benezet de Avignon, pastor, constructor de puentes. 14 de abril, 18 de marzo (primera traslación), 3 de mayo (segunda traslación), 26 de marzo (tercera traslación) y 1 de enero (cuarta traslación).

Nació en Villard, un pueblo de Vivarais, en 1165 y fue llamado Benito, aunque pronto se le conoció como "benezet" osea, "pequeño Benito". Quedó huérfano de padre muy pronto y su madre le encargó cuidar el rebaño. El 3 de septiembre de 1177, cuando tenía 12 años, de repente ocurrió un eclipse de sol y en medio de la oscuridad, se oyó la voz de Dios que dijo: 

"Benezet, hijo mío, obedece a mi voz, y apresta tu oído. No temas, yo soy el Señor Creador del cielo, de la tierra, el mar y todo lo que contiene. Quiero que salgas de aquí, dejes las ovejas de tu madre;  y vayas a construirme un puente sobre el Ródano”.  “Señor –respondió el niño- yo no sé que es el Ródano, ni me atrevo a abandonar el rebaño de mi madre”. "Te lo he dicho, no temas, yo guiaré las ovejas hasta el granero y te guiaré a ti hasta el Ródano". “Pero Dios, solo tengo tres monedas, ¿cómo voy a construir un puente con eso?”-terció Bezenet. “Tú ponte en camino, yo lo haré todo”-respondió Dios.

Benezet obedeció al momento y siguió el primer camino que vio ante él. Pronto un ángel se le apareció, ataviado como peregrino, y le dijo: "Sígueme sin miedo, hijo mío, te llevaré a donde necesitas ir a construir un puente para el Señor”. Llegados a Avignon, el ángel le señaló que aquel era el sitio indicado, mandándole fuera al obispo a comunicarle su misión. Benezet vio una barca y le pidió al barquero le llevara al otro lado, este le exigió el estipendio común: tres monedas. Benezet le suplicó por Dios y la Virgen María lo llevara, que ella le recompensaría, pero el barquero, judío a la sazón, le soltó “la tal Virgen María que no tiene ningún poder en el cielo ni en la tierra; prefiero tres monedas". El niño le dio las únicas monedas que tenía y el barquero le cruzó.


Llegó a la catedral, frente al obispo, subió al altar y dijo: “Escuchadme todos, Dios me ha enviado ante usted para construir un puente sobre el Ródano". El obispo, indignado, lo mandó apresar y que fuera llevado frente al preboste de la ciudad, ante el cual Benezet repitió sus palabras. El hombre se rió de él, tomándole por loco, pues si ni los romanos, ni San Carlomagno (28 de enero y 29 de diciembre) habían podido acometer esa obra, como iba un pequeñajo como él a hacerla. A la insistencia del niño, el gobernador pretendió pasarse un rato de risas y le conminó a que intentara mover una enorme piedra que había en su palacio desde el tiempo de la dominación romana y que ni con caballos y bueyes había podido ser movida. “Si puedes moverla - le dijo – yo creeré en ti y te daré todo lo que necesites para tu puente”. Y allá fueron, acompañados de una multitud, pues a estas horas, ya había corrido la noticia por la ciudad, sobre el pequeño que quería hacer un puente por mandato de Dios. Benezet aceptó la propuesta y lleno de confianza en Dios se arrodilló frente a la piedra, trazó la señal de la cruz y levantándose, la puso sobre sus hombros como si no pesara nada. Inspirado por Dios, comenzó a caminar hasta llegar al río, adonde la lanzó, para que sirviera como base del puente. El gobernador y el obispo se arrodillaron ante el niño, le besaron las manos y le dieron dineros para que comenzara su obre inmediatamente. El pueblo se sumó a la iniciativa, tan importante para la economía y el progreso de la ciudad y en pocos días juntaron 5000 monedas.

Benezet comenzó su obra muy pronto, estableciendo una comunidad de hombres devotos, los “Hermanos del Puente”, para ayudar a los trabajadores, socorrer a los heridos y administrar los trabajos del puente. Benezet fue nombrado “ministro de trabajo del puente”, a tenor de las leyes y privilegios emanados de la construcción del puente, que se conservan perfectamente. En 1181 la comunidad se estableció en una casita situada sobre el primer arco del puente, edificado sobre la piedra del milagro. Allí acogían a peregrinos y entusiastas de la obra de Dios, como se consideraba al puente. Bezenet no solo trabajaba con sus manos, sino que dedicaba tiempo a la oración y la penitencia, a la caridad y el socorro a los necesitados. Más de una vez le vieron en éxtasis, orando suspendido sobre el puente, con el rostro resplandeciente y bello como un ángel. Varios milagros realizó, como resucitar a uno que había sido aplastado por una piedra, sanar a dieciocho heridos y cojos, etc.

El puente de Avignon en la actualidad.
Siete años más duró Benezet frente a las obras del puente, alentando, trabajando y llevando a Dios a los demás con su palabra y ejemplo. No pudo ver terminada su obra, pues el 14 de abril de 1184, con 19 años, Dios le llamó a sí. Quiso el obispo enterrarle en la catedral, pero conociéndose la voluntad del santo joven de ser enterrado junto en la capilla de su puente, dedicada entonces a San Nicolás, situada entre el segundo y el tercer tramo. Allí le llevaron solemnemente, acompañándole el clero, la nobleza y el pueblo. Depositaron las reliquias en el altar y la tumba se convirtió en meta de peregrinos y fuente de milagros, la mayoría bien documentados en los archivos de Avignon. En 1245 el papa Inocencio IV pasó por Avignon rumbo al I Concilio de Lyon, y enterado de su vida, virtudes y milagros, le canonizó allí mismo, mediante una bula escrita en el momento. Es patrono de los ingenieros, arquitectos y constructores de puentes.

El puente no sería termiado hasta 1188 y aún hoy es un prodigio de la ingeniería medieval, y Monumento Nacional. En el siglo XV se reformó la capilla del santo, al estilo gótico, y se dividió en dos, creando una capilla superpuesta a la otra. Fue padeciendo guerras, transformaciones, reparaciones apresuradas. En 1602 cayó un arco, en 1650 otro. En 1669 el duro invierno creó grande témpanos de hielo, uno de los cuales se desprendió y arremetió contra la capilla, dejándola en riesgo de derrumbe. Ante esto, el 18 de marzo se trasladaron las reliquias al hospital del puente, controlado por Roma. El cuerpo su vio incorrupto y emanando un dulce olor. Podían distinguirse los rasgos faciales, el interior de la boca se veía fresco y el vientre lleno. Fue colocado en una caja nueva, forrada en plata y tela brocada y expuesto al pueblo, ante lo que hubo que poner guardias, por el afán de muchos de arrancar reliquias. Varios prodigios se anotaron, como el de la curación de niño de tres semanas que no podía succionar del pecho. 

Luis XIV, a quien poco le importaban las reliquias, pero quería fastidiar, al saber que el santo había sido trasladado sin permiso real, mandó fueran transferidas al monasterio de los monjes celestinos, bajo tierra francesa. El obispo se quejó de lo apresurado del traslado y las causas que lo motivaron, así que le conminó que el rey arreglase el puente y la capilla, para que las reliquias no irían adonde debían: a su capilla original. La traslación a los celestinos se hizo el 3 de mayo de 1672. Luis XIV, presionado por el Concejo y por el papa, se comprometió a la restauración del puente y la iglesia para que el santo regresara a su sitio. El 26 de marzo de 1674 se efectuó esta tercera traslación, con predicación, octava y funciones solemnes. Lamentablemente, en 1793 las reliquias fueron profanadas por revoltosos, con el consentimiento de algunos sacerdotes juramentados al régimen. Algunas fueron salvadas por personas piadosas, que se dispersaron con ellas, perdiéndose la mayoría hasta 1846, en que aparecieron algunas, que se colocaron en una caja sellada a la veneración del pueblo, como el culto al santo merecía. El 1 de enero de 1854 se efectuó la última traslación de las reliquias, en el marco de una misión popular predicada por los capuchinos. Fueron llevadas solemnemente a la iglesia de San Didier. Una pierna fue llevada a su capilla primitiva en el puente, donde se venera aún. Otras fueron repartidas por varias iglesias y seminarios. 

En cuanto a los “Hermanos del Puente”, luego de la muerte de Benezet, fueron constituidos como orden religiosa, Juan Benedicto, sucesor de Benezet fue elegido prior y sus miembros profesaron los tres votos comunes a todo instituto religioso, añadiéndole un cuarto voto: servicio a los viajeros y dedicación de por vida a reparar el puente cuando fuera necesario.  Eran maestros de albañilería, enfermeros, y enseñaban sus artes a los aprendices de día, y de noche oraban y atendían a los peregrinos. En 1222 tuvieron su primer presbítero, el Hermano Elías Barjols, que había sido pintor y músico antes de entrar en la comunidad.

Vivían de limosnas y su trabajo de enseñanza y la construcción de otros edificios como el Hospital del Espíritu Santo (donde tendrían otra comunidad desde 1310), el puente de Mirabeau y la capilla de Santa María Magdalena. Con el paso del tiempo obtuvieron varias donaciones, parte en los derechos de pontazgo y, como suele suceder, al llegar el alejamiento de la pobreza primitiva, comenzaron los problemas. Se hicieron poderosos, el sentido monástico se fue perdiendo y se convirtieron en administradores del puente. En 1233 les tildan de abusadores con los pontazgos, en 1260 el obispo es nombra un canónigo como superior para que les reforme y les lleve al fervor primitivo, pero muere pronto. En 1270 tendrán otra comunidad en Toulouse, y ese mismo año pretenden unirse a los caballeros templarios, lo que les fue negado. En 1284 se unirían a la Orden de San Juan de Jerusalén (de Malta). En 1488, la comunidad del hospital del Espíritu Santo emanaba fervor y disciplina religiosa y fueron admitidos a las órdenes sagradas, y se les comienza a llamar “padres blancos”, por su hábito blanco con dos arcos rojos en el pecho, simbolizando el puente. No hay que confundirlos con los Padres Blancos misioneros en África y que son llamados así por el mismo motivo.

Fuente:
-"Histoire de Saint Bénézet et des Frères de l'Ouvre du Pont d'Avignon". Agustín Canron.



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domingo, 12 de abril de 2015

San Erkenbod de Sithiu

San Erkenbod de Sithiu, abad y obispo. 12 de abril.

Vivió en el siglo VII, y era monje del monasterio de St-Omer, fundado por San Omer o Audomar (9 de septiembre) y San Bertin (5 de septiembre). En 717 due electo cuarto abad del monasterio. Fueron tiempos dorados para la comunidad: enriqueció el monasterio, lo dotó de terrenos, reliquias insignes, y de una importante biblioteca. Esta prosperidad le trajo como contrapartida el interés de los príncipes locales de mandar en el monasterio, controlar elecciones, entrometerse en la vida monástica o pretender privilegios en el culto y en los capítulos.

Uno de sus mayores aciertos fue dejar la estricta regla de San Columbano (23 de noviembre), que seguía el monasterio, para adoptar la de San Benito (21 de marzo y 11 de julio), mucho más encarnada y conocedora de la realidad de la fragilidad humana. Él mismo fue el mejor ejemplo del equilibrio benedictino entre el cumplimiento de la Regla y la flaqueza del hombre. Paciencia y caridad no le faltaron para encaminar a los monjes por la senda del "ora et labora". Era todo un cambio de espiritualidad, de mente, un acercamiento más profundo a Cristo y su humildad. El trabajo era considerado un enemigo de la vida de oración, una distracción y solo era contemplado como una necesidad, por lo que muchos monasterios empleaban siervos o esclavos, a gente baja. Ladrones que se redimían, desechos de la sociedad campeaban por los monasterios, trabajando para sobrevivir. Con esta nueva visión del trabajo como forma de oración y de participación en la obra creadora de Dios, todo cambia. La vida monástica se centra, los monjes se hacen avezados en artes, ciencias, pequeñas industrias, etc.

sepulcro de
 San Erkenbod
En 723, San Erkenbod fue nombrado obispo de Thérouanne. Como obispo su mayor reto fue extender el Evangelio entre los muchos paganos que aún quedaban por la zona. Construyó varios santuarios y fundó monasterios desde los cuales expandir la influencia cristiana y lograr conversiones. A los diez años ya nadie recordaba el paganismo, y la región era floreciente en vida cristiana. En 733 murió, lleno de méritos. Fue enterrado en el monasterio y las reliquias aún permanecen allí y gozan de devoción. Se le invoca contra el reuma y es habitual ver sobre su tumba zapatitos de niños pequeños, que las madres dejan allí en petición para proteger a los niños pequeños, especialmente los que tardan en caminar. 



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sábado, 11 de abril de 2015

Santa Godebertis de Noyon

Tenían los padres de esta joven unos ambiciosos planes para ella. Pero cuando Dios no quiere, no hay santo que ruegue.

Catedral de Noyon.
Santa Godebertis de Noyon, virgen. 11 de abril y 3 de junio (traslación de las reliquias).

Era Godebertis hija de nobles, natural de Boves y nació sobre 640. Desde niña fue piadosa y caritativa. Sus padres eran buenos cristianos y la alentaban a su vida de piedad. Cuando llegó a la edad apropiada, sus padres le buscaron un buen partido para lograr un matrimonio como su hija merecía. Pero ella había hecho un voto de visginidad desde pequeña, y aunque no pensaba romperlo, le apenaba contradecir a sus padres.

Para su bendición, en el momento en que sus padres le contaron sus planes, estaba presente San Eloy (1 de diciembre y último domingo de junio, traslación de las reliquias), que conocía por revelación lo que pasaba en el corazón de la chica. Así que se levantó, se quitó su anillo episcopal y poniéndolo en el dedo de Godebertis, dijo a sus padres: "Es inútil tratar de matrimonio con esta virgen, porque ella está ya desposada con el Hijo de Dios", -y volviéndose a la joven le preguntó -  "¿no es verdad esto, hija mía?". -"" - respondió Godebertis - "no deseo más que eso, no quiero más Esposo que Jesucristo, el Esposo de las vírgenes". Ante tal resolución, los padres no pudieron más que apoyarle y abandonar sus planes de matrimonio.

El rey Clotario II tenía un castillo en Noyon, con un bello oratorio dedicado a Santa Genoveva, y conociendo la historia, lo donó a Eloy, para que pudiera cumplir los deseos de Godebertis de consagrarse a Cristo. Allí Eloy le impuso el velo de las vírgenes, junto a doce compañeras en 657. Para todas escribió una Regla, en la que combinaban la oración y la caridad, acogiendo a pobres, enfermos y peregrinos. Ya en vida fue ganando fama de santa mujer, por su consejo y don de milagros. Durante una epidemia de peste, pidió al clero hiciera tres días de ayuno y penitencia y aunque al principio no fue obedecida, cuando los sacerdotes cumplieron, la enfermedad cesó. Asimismo se nos dice que detuvo incendios, sanó enfermos y ciegos

Reliquias de la santa
en la Catedral de Noyon.
En el monasterio vivió una vida entregada a Dios hasta entre 690-700, cuando entró a las bodas eternas con el Esposo. Su culto comenzó muy pronto, y su tumba y reliquias fueron meta de peregrinación y fuente de milagros. Sus reliquias permanecieron en el monasterio hasta que en 1504 se le construyó un bello relicario de plata, luego de aplacar una epidemia en la ciudad, y se le trasladó solemnemente a la catedral de Noyon, donde permanece, menos una mano que fue regalada al rey Luis XIII en 1640 y que se perdió en la Revolución Francesa. Se le invoca contra las epidemias, la sequía y los dolores articulares.

Fuentes:
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique." MARCEL STROOBENTS (trad.). A. Sigier, 1991.



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viernes, 10 de abril de 2015

Santa Hulda, profetisa y carmelita

Santa Hulda, profetisa. 10 de julio.

Sello israelí
Hulda (Holda o Julda) es de esos personajes bíblicos de los que casi nadie conoce y que, sin embargo, como buen profeta, encarna a Dios en la realidad de un pueblo, denuncia ante el pueblo su pecado y abandono de Dios. Porque un profeta no solo es aquel que predice el futuro, sino sobre todo, quien a la luz de Dios analiza el presente y acusa, se compromete y prepara el futuro. De esta mujer, a quien la misma Sagrada Escritura da el título de profetisa (cosa que no hace con Déborah o María), solo tenemos una referencia en dos textos bíblicos. La primera es en 2 Reyes 22, 11-20 y la segunda en 2 Crónicas 34,22-28, que tocan el mismo asunto. El contexto es el siguiente:
Descubrimiento del libro de la Ley en el Templo.
En el año dieciocho del rey Josías, envió el rey al secretario Safán, hijo de Asalías, hijo de Mesullam, a la Casa de Yahveh diciendo: «Sube donde Jilquías, sumo sacerdote, para que funda el dinero llevado a la Casa de Yahveh y que los guardianes del umbral han recogido del pueblo, y que se ponga en manos de los que hacían las obras, los encargados de la Casa de Yahveh y ellos lo den a los que trabajan en la Casa para hacer las reparaciones de la Casa de Yahveh, a los carpinteros y obreros de la construcción y albañiles, y para comprar maderas y piedra de cantería para la reparación de la Casa. Pero no se les pida cuentas del dinero que se pone en sus manos porque se portan con fidelidad». El sumo sacerdote Jilquías dijo al secretario Safán: «He hallado en la Casa de Yahveh el libro de la Ley». Jilquías entregó el libro a Safán, que lo leyó. Fue el secretario Safán al rey y le rindió cuentas diciendo: «Tus siervos han fundido el dinero en la Casa y lo han puesto en manos de los que hacen las obras, los encargados de la Casa de Yahveh». Después el secretario Safán anunció al rey: «El sacerdote Jilquías me ha entregado un libro». Y Safán lo leyó en presencia del rey.
La consulta a Hulda.
Cuando el rey oyó las palabras del libro de la Ley rasgó sus vestiduras. Y ordenó el rey al sacerdote Jilquías, a Ajicam, hijo de Safán, a Akbor, hijo de Miqueas, al secretario Safán y a Asaías, ministro del rey:
«Id a consultar a Yahveh por mí y por el pueblo y por todo Judá acerca de las palabras de este libro que se ha encontrado, porque es grande la cólera de Yahveh que se ha encendido contra nosotros porque nuestros padres no escucharon las palabras de este libro haciendo lo que está escrito en él». El sacerdote Jilquías, Ajicam, Akbor, Safán y Asaías fueron donde la profetisa Hulda, mujer de Sallum, hijo de Tiqvá, hijo de Jarjás, encargado del vestuario; vivía ella en Jerusalén, en la ciudad nueva. Ellos le hablaron y ella les respondió: «Así habla Yahveh, Dios de Israel: Decid al hombre que os ha enviado a mí: 'Así habla Yahveh: Voy a traer el mal sobre este lugar y sobre sus habitantes, según todas las palabras del libro que ha leído el rey de Judá, porque ellos me han abandonado y han quemado incienso a otros dioses irritándome con todas las obras de sus manos. Mi cólera se ha encendido contra este lugar y no se apagará.' Y al rey de Judá, que os ha enviado para consultar a Yahveh, le diréis: 'Así dice Yahveh, Dios de Israel: Las palabras que has oído... Pero ya que tu corazón se ha conmovido y te has humillado en presencia de Yahveh, al oír lo que he dicho contra este lugar y contra sus habitantes, que serán objeto de espanto y execración, ya que has rasgado tus vestidos y has llorado ante mí, yo a mi vez he oído, oráculo de Yahveh. Por eso voy a reunirte con tus padres y serás recibido en paz en tu sepulcro, y no verán tus ojos ninguno de los males que yo voy a traer'".

Por este texto, pocas cosas podemos decir de Hulda: Era casada con Salúm, vestidor del rey, y vivían en la ciudad nueva, por lo que serían de situación holgada económicamente hablando. Hulda, ante el temor del rey porque las palabras de la Ley durante mucho tiempo han sido ignoradas por el pueblo, le predice que efectivamente, una tragedia vendrá sobre el pueblo infiel a Dios, pero que su penitencia (rasgar las vestiduras) y su interés en restaurar el verdadero culto, le librarán de padecerla bajo su reinado, que será de paz. El rey Josías se empeñará en el arreglo del Templo, la vida cultual y que todo vestigio de idolatría sea desterrado de entre las costumbres de Israel.

Tumba de Santa Hulda.
Este breve relato demuestra que Hulda sería considerada como mujer de Dios, verdadera hebrea y profetisa, al ser a ella a quien se le consulta sobre el Libro de la Ley hallado. Su testimonio es, además, una autenticación del mismo, lo que la une directamente con Moisés, los profetas y la Ley. Al estar relacionada con sacerdotes y funcionarios reales, su persona sería bien conocida por Josías. Sobre todo si consideramos que el rey no acude al gran profeta San Jeremías (1 de mayo). El Talmud lo explica diciendo que, al ser mujer, Hulda sería más compasiva con su persona, pero esta al empezar la profecía con un “el hombre que os envía” deja claro lo que es para ella el rey: uno más, y no le dará un trato especial. Siguiendo la literatura rabínica, esta nos dice que Hulda y Jeremías eran parientes, y que ambos predicaban juntos y públicamente el arrepentimiento y la conversión a Dios; él a los hombres y ella a las mujeres.

La tradición quiere ver en "la Puerta de Hulda", en el segundo Templo de Dios una conexión con la profetisa y su casa o sitio de predicación, que estarían localizados junto a esta.  Siempre según el Talmud, la tumba de Hulda se hallaba dentro de la ciudad, junto a las tumbas de los reyes. Desde el siglo XIV otro  sitio señala su localización cerca del Monte de los Olivos, en una cueva junto a la actual capilla de la Ascensión. Es un sitio venerado por peregrinos de todas las religiones relacionadas con Tierra Santa; cristianos, judíos y musulmanes. Hulda se inserta entre otros santos del Antiguo Testamento. Los menologios griegos la mencionan a 10 de abril, con estas palabras: “El mismo día, Santa Hulda profetisa". El Calendario de los carmelitas de Malinas, del siglo XVI la trae como santa propia a 2 de abril, recogiendo que en Oriente es a 10 del mismo día.

Fuentes:


-Biblia de Jerusalén. 1976
-Enciclopedia Judía. Jerusalén 1971-1996.
-Acta Sanctorum. Abril, Tomo II
-http://www.torah.org/learning/women/class51.html

-http://www.lectio.unibe.ch


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miércoles, 8 de abril de 2015

San Bademo, abad y mártir.

La vida y martirio de San Bademo lo conocemos de primera mano, pues fueron escritas en latín por un contemporáneo, traducidas al griego y ampliamente difundidas. Las copias que se conservan no difieren mucho entre sí y se ve parten de un documento original.

Ilustración realizada
en Corel Draw
San Bademo, abad y mártir. 8 de abril (9 según los griegos).
Era el santo originario de Bethlapat, reino de Persia, y nacido en familia noble y cristiana, a mediados del siglo IV. Desde niño sintió llamado a la perfección y cuando tuvo mayoría de edad, al ser huérfano pudo disponer de su herencia, que dio a los pobres para tomar el camino de la vida monástica. Se construyó una pequeña celda a las afueras de la ciudad, donde se empleó en el estudio de las Sagradas Escrituras, la oración y la penitencia. Largas noches las pasaba en oración, con las manos extedidas, sin moverse Al poco tiempo sus virtudes atrían a los pobres, los pecadores, que buscaban socorro unos, y palabras de amor de Dios los otros. Esto hizo que algunos quisiera ser sus discípulos, por lo que amplió el recinto que se convirtió en un pequeño monasterio, del que el santo fue elegido abad por sus siete compañeros.

Cuando estalló la persecución del rey Sapor II, a finales de 375 los ocho monjes fueron apresados, encadenados y conducidos a la cárcel. Durante cuatro meses padecieron azotes varias veces, para que renegaran de la fe. Había en la corte un cristiano prominente, llamado Nersan, que aunque al principio se había mantenido firme, finalmente había flaqueado y sacrificado a los dioses, por respetos humanos y miedo a perder la vida. No se fiaba Sapor de este cristiano (como no hay que fiarse de ninguno de los que abandonan la fe) y para probarle, le mandó que matase al abad Bademo. Cuando estuvieron frente a frente, Nersan tomó la espada, pero no pudo hacer nada, pues un pavor enorme le dominó y no se atrevía a cometer el crimen. El santo le dijo: "Infeliz, ¿hasta dónde pretendes llevar la fealdad de tu atentado? ¿No te basta renunciar a tu Dios, sino que es necesario que aún te hagas más reo de muerte, quitandor la vida a sus siervos? Miserable, ¿qué harás tú en aquel día terrible? ¿Adonde irás tú para evitar aquel tremendo juicio? ¿Qué responderás tú a este gran Dios, a este Dios eterno, quando seas citado ante él? Por mí, yo corro con alegría al martirio, y doy de buena gana mi vida por mi Señor Jesucristo. No obstante, te aseguro que mejor quisiera recibir la muerte de otra mano que de la tuya, porque ¿es posible que seas tú mi verdugo?".

Estas reprensiones irritaron a Nersan, que aún con temor, comenzó a dar golpes de espada al santo. Era tanta su cobardía y temblor, que no era capaz de acertar, por lo que cometió una carnicería, que horrorizó a los presentes aunque estuviesen acostumbrados a estos espectáculos. La persecusión de Sapor fue tremendamente cruel, como vimos hace unos días con San Benjamín de Ergol (31 de marzo). Sufrió San Bademo estos cortes terribles con paciencia, sin exhalar una queja y mirando fijamente a su asesino, que ante esto redoblaba su furia. Solo después de varios cortes, acertó y le rebanó la cabeza Este martirio se consumó el 8 de abril de 375. El cuerpo del santo mártir fue arrojado a un despeñadero fuera de la ciudad, pero algunos cristianos lo vieron ocultos, lo recogieron y enterraron piadosamente. En cuanto a sus discípulos, sufrieron vejaciones y maltratos durante cuatro años más, hasta ser liberados luego de la muerte de Sapor.

Fuentes:
-"Historia eclesiastica". FR. JOSÉ AGUSTÍN ORSI, OP. Madrid 1754. 
-"Las verdaderas actas de los mártires". TEODORICO RUINART. Tomo III. Madrid 1776.


A 8 de abril además se celebra a 
Santos Herodión, Asíncrito, Flegon y Hermas, obispos y mártires.
Santos Edesio y Anfiano, mártires.
La Traslación de San Alberto de Jerusalén, obispo.  

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