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martes, 1 de junio de 2021

El derrota ídolos.

San Claro de Aquitania, obispo y mártir. 1 de junio. 

Su leyenda narra que fue enviado a evangelizar Aquitania por el papa San Cleto (26 de abril) a finales del siglo I. Al parecer predicó junto a cinco compañeros en la zona de la “colonia Albi” romana, la actual Albi. Cuenta su “historia” que apenas comenzó a anunciar el Evangelio de Cristo, los ídolos caían por si solos de sus pedestales. Fue arrestado y obligado a sacrificar a los dioses, pero él se negó. Entonces, lo arrastraron sobre arbustos espinosos y finalmente fue decapitado ante el altar de la diosa Diana, cuya imagen estalló en pedazos al ser regada con la sangre del santo. Esto logró numerosas conversiones. 

Las reliquias del santo mártir se veneraron en Lectoure hasta el siglo VIII, cuando San Carlomagno (28 de enero) las trasladó a Burdeos, por temor a que fueran profanadas en una de las crecientes invasiones de los sarracenos. Allí se le venera con los mártires Justino, Geroncio, Severo, Policarpo, Juan y Babilás. 

Se le invoca contra las enfermedades de los ojos, por el significado de su nombre: "claro". 


A 1 de junio además se celebra a:

San Elías de Cilicia
y comp. mártires.
San Ronan,
abad y obispo.
San Simeón,
eremita carmelita.

San Meubred,
ermitaño y mártir.






lunes, 24 de septiembre de 2018

De los Santos Apóstoles de Saulieu.

Santos Andoche, presbítero, Tirso, diácono, y Félix, laico, mártires. 24 de septiembre.

Su leyenda se relaciona con la de San Benigno de Dijon (1 de noviembre), haciéndoles contemporáneos y compañeros. Según estas tradiciones Benigno y Andoche eran de Esmirna y fueron discípulos de San Policarpo (23 de febrero), quien a su vez había sido discípulo de San Juan Evangelista (27 de diciembre). Una vez estuvieron formados en la fe y la predicación Policarpo les envió junto al diácono Tirso y el subdiácono Andeol (1 de mayo) a la Galia. Andeol (o Anatolio) predicó en Carpentras y en Viviers donde fue martirizado por su fe. Benigno se nos dice fue a Autun, donde convirtió al senador Fausto y a su hijo, el ínclito mártir San Sinforiano (22 de agosto). Fausto pidió a los apóstoles que predicaran en Langrés y que convirtiera a los hermanos trillizos Santos Espeusipo, Eleusipo y Meleusipo, quienes también serían mártires junto a su abuela Santa Leonila (todos a 17 de enero).

Luego de esto Andoche y Tirso se fueron a Saulieu, donde les acogió un rico mercader llamado Félix. Allí predicaron y convirtieron a muchos paganos, con portentos y su palabra encendida. Allí también les alcanzó la persecución del emperador Septimio Severo, y fueron arrestados. Como se negaron a sacrificar a los dioses, los tres santos fueron flagelados, luego colgados por los pies, arrojados a una hoguera que sobrevivieron, pues una terrible tormenta apagó el fuego al acto de ser encendido. Como último tormento, les golpearon con mazas hasta matarles.

La leyenda dice que Fausto y Sinforiano les enterraron, pero la "vita" de Sinforiano, bastante creíble, no menciona a estos santos y, para más inri, deja claro que Sinforiano había padecido el martirio en 178, 24 años antes de 202, año del martirio de Andoche y compañeros. Lo más probable es que se les haya unido a todos en una sola leyenda para darles relevancia a unos a costa de los otros. Suele pasar en leyendas de santos, contemporáneos o no. También puede ser que Andoche, Tirso y Félix hayan sido mártires de Autún y luego de una traslación de sus reliquias a Saulieu se les haya hecho mártires locales. Como digo siempre, en el cielo lo sabremos.

Fuente:
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.

A 24 de septiembre además se celebra a:

San Hermann
el Paralítico, monje
Beato Marcos Criado,
trinitario mártir
.
San Gerardo Sagredo,
obispo y mártir.


miércoles, 22 de agosto de 2018

"Soy cristiano y no adoro las imágenes".

San Sinforiano de Autun, mártir. 22 de agosto.


San Sinforiano. Surzur
Fue este joven hijo de un senador de Autun llamado Fausto. Siendo cristiano, un día en que se procesionaba a la diosa Cibeles, Sinforiano se negó a rendirle homenaje alguno a la imagen. Además, ridiculizó a los que lo hacían, riéndose de que adoraran un trozo de mármol labrado. El pueblo se sublevó contra él y le llevaron ante Heraclio, el Gobernador de la provincia, que se encontraba en Autun a causa de la festividad. Heraclio le preguntó a Sinforiano por qué se negaba a arrodillarse ante la imagen de la diosa. "Soy cristiano" – respondió el joven – "y no adoro las imágenes de los dioses". Y añadió con sorna "Dame un martillo, y haré un pequeño trabajo con ella". Heraclio se sorprendió de su audacia y siendo la religión un asunto oficial, pensó que también podría ser un forastero rebelde contra el dominio romano. Preguntó de donde era y le respondieron que de allí mismo. Al saber que era de noble familia, dijo a Sinforiano "Te salvarás por tu nacimiento, y porque quizás no conozcas las órdenes del Emperador". Pero Sinforiano continuó su denuncia de la idolatría y fue golpeado con palos y enviado a prisión.

Dos días después fue llevado al tribunal y Heraclio le dijo: "Sería mejor que sirvieras a los dioses inmortales, así recibirías una propina del tesoro público y te daré un honorable cargo militar. Haré que los altares sean adornados con flores para que ofrezcas a los dioses el incienso que se les debe". Entonces Sinforiano volvió a la carga, predicó a Cristo y la necedad de adorar a los dioses. Finalmente Heraclio lo condenó la decapitación, sentencia que el joven recibió con alegría.

Una posterior redacción de las Actas, añaden un pasaje muy romántico y de gran patetismo: cuando llevaban al joven a las afueras a ser decapitado, su madre subió a las murallas de la ciudad y gritó a su hijo: "Hijo mío, acuérdate del Dios vivo, y sé valiente. Levanta tu corazón al cielo, y considera al que allí reina. No temas a la muerte que lleva a cierta vida." Podremos suponer que pudo haberle dicho eso su madre, pero desde otro sitio, pues en el siglo II Autun no tenía murallas. Esta misma redacción le hace discípulo de San Benigno de Dijon (1 de noviembre), apóstol de la Galia, adonde había sido enviado por San Policarpo de Esmirna (23 de febrero) para predicar el evangelio a los gentiles. Fausto, su mujer y Sinforiano habrían conformado la primera comunidad cristiana de Autun y una de las primeras de la Galia.


Sinforiano y su madre.
Volviendo a la historia: Sinforiano fue llevado al campo y decapitado, el 22 de agosto de 178. Su culto es antiguo y las Actas parecen auténticas. Su tumba fue venerada aún en tiempos de persecución y en el siglo V San Eufronio (3 de agosto) levantó allí una abadía, desde la cual se promovió el culto al santo. Esta abadía fue ampliada y embellecida en el medievo, respetando siempre la tumba primitiva y las veneradísimas reliquias del santo. Solo algunas reliquias menores fueron trasladadas a Würzburg, y la cabeza fue trasladada a la iglesia de San Pantaleón en la misma Autun, lo cual fue providencial cuando en 1570 los herejes hugonotes saquearon y profanaron la abadía. Arrojaron las santas reliquias al río, salvándose luego solo algunos huesecillos y la cabeza, porque no estaba allí.

Es patrono de niños, escolares y cetreros. Se le invoca contra la sequía y las mutilaciones.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo IX. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

A 22 de agosto además se celebra a:


San Hipólito,
obispo y mártir
.
B. Bernardo de Offida,
religioso capuchino
.
San Timoteo
de Roma, mártir.





martes, 17 de abril de 2018

De un papa "peluquero".

San Aniceto, papa. 17 y 20 de abril.

Aniceto y Policarpo disertando.
Aniceto nació en Siria y fue hijo de un legionario romano. Fue presbítero en Roma, y electo obispo de Roma en 155, sucediendo a San Pío I (11 de julio). Uno de los hitos de este papado es la condena de Marción y su herejía montanista, evidenciando una vez más la importancia de la sede romana entre las demás sedes apostólicas.

Apoyó nuestro santo a San Justino Mártir (1 de junio) en la fundación de su escuela apologética. Junto a San Policarpo (23 de febrero) Aniceto concilió varios asuntos de disciplina eclesiástica entre las Iglesias romana y orientales, mas no pudo conciliar el asunto de la celebración de la Pascua: las iglesias de Oriente la celebraban el día 14 de Nisán, mas la iglesia romana siempre la celebraba el domingo de Plenilunio. Unos 30 años después volvería a tocarse el tema, bajo el papado de San Víctor I (28 de julio), infructuosamente también. En 325 se llegó a un acuerdo definitivo en el célebre Concilio de Nicea: Hoy todas las iglesias católicas celebran la Pascua en domingo.

Aniceto gobernó unos doce años, según Eusebio, aunque no todos los historiadores se ponen de acuerdo en esto. Ciertamente fue un tiempo de reafirmación de la fe católica y del asentamiento de algunas normas para los clérigos. Aniceto ordenó la tonsura para los clérigos, prohibiéndoles llevar el pelo largo. San Gregorio de Tours (17 de noviembre) dice que esto fue norma de San Pedro, para recordar la corona de espinas del Señor, pero no, es una norma del siglo II.

Algunas tradiciones hacen mártir a Aniceto en 167, imperando Marco Aurelio, pero realmente no hay testimonios fehacientes de tal martirio. Fue sepultado en el cementerio de San Calixto (14 de octubre). En 1590 consta la trslación de una cabeza de "San Aniceto" a la iglesia de los jesuitas de Baviera, donde aún se venera. Sin embargo, tiene más fundamento otra traslación: En 1604, al vaciarse las catacumbas de Calixto, las reliquias del santo fueron a parar a Altaemps, donde el Duque Juan edificó una bella capilla para guardarlas. Actualmente ya no es una casa privada, sino un edificio público, siendo San Aniceto el único papa que no yace en una iglesia o edificio religioso.

Otros santos papas son:

San Calixto I. 14 de octubre.
San Esteban I. 2 y 30 de agosto.
San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Agapito I. 22 de abril y 20 de septiembre, la traslación.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Eugenio I. 2 de junio.
San Hormisdas. 6 de agosto.
Beato Gregorio X. 10 de enero.
San Julio I. 12 de julio.
San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.
San Marcos. 7 de octubre.
San Gelasio I. 21 de noviembre.
San Agatón. 10 enero.

San Lucio I. 4 de marzo.
San León IX. 19 de abril.
San Alejandro I. 3 de mayo.
San Gregorio VII. 25 de mayo.
San Celestino I. 6 de abril.
Beato Benedicto XII. 25 de abril.

A 17 de abril además se celebra a








viernes, 8 de junio de 2012

Santa Blandina y los mártires de Lyon.

Los mártires lyoneses.
Lyon y su Iglesia local.
Lyon era una ciudad cosmopolita, puente de comercio y política entre Roma y la Galia, y el resto del continente. El cristianismo, como es usual en el estos tiempos, llegó no por misiones organizadas, sino por cristianos de diversos sitios que fueron uniéndose y formando comunidad. Se reunían para la eucaristía, se ayudaban unos a otros y, se distinguían de los demás ciudadanos.

Había ya una comunidad incipiente en la ciudad de Lyon, que pidió a San Policarpo (23 de febrero) le enviase algunos sacerdotes y algún obispo. En 177 envió este desde Esmirna a su querido discípulo San Ireneo (28 de junio y 23 de agosto, Iglesia Ortodoxa) y San Potino, obispo (2 de junio). Potino organizó la comunidad, celebrando los sacramentos, estableciendo la ayuda a los pobres y viudas. Se valió de la ayuda de los presbíteros Marcelo, Valeriano (galos) y de Atalo (natural de Pergamo, ciudadano romano) y el diácono Sancto. Puntales de la comunidad fueron los seglares Alejandro (frigio), Alcibíades, Filomeno y Macario (ciudadanos romanos), Aristeo, Zózimo, Zótico y Apolonio (griegos). Griego sería también el niño mártir, Póntico. Jóvenes célebres la iglesia local eran San Epipodio (22 de abril) y San Alejandro (24 de abril), ambos lioneses, aunque de familia griega y gala, respectivamente.

Otro era Vecio Epagato, noble influyente y gran predicamento entre la ciudadanía. Otros de los que nada se sabe, pero cuyos nombres recogen las actas del martirio, aunque no todos fueron mártires: Maturo, Silvio, Primo, Ulpio, Vitolo, Gemino, Octubrio, Pio Tito, Cornelio y Julio. Puntales también fueron en la organización de la iglesia varias mujeres, vírgenes, casadas o viudas, como Bibliada, Tolima, Samnita, Rodana y Elpis (Esperanza), de origen romano. Otras eran galas y esclavas libertas, como Julia, Albina, Grata, Roguia, Emilia y Pompeia. Y otras, de las que se desconoce su estado y origen, que son Antonia, Justa, Ulumpa (Eulampia), Ausonia, y Lucía, una viuda que vivía a las afueras. Y finalmente, la más conocida y venerada, la que encabeza la lista de mártires:

Santa Blandina, esclava, virgen y mártir. 2 de junio.

Formaba parte de la comunidad cristiana antes esbozada, junto a su ama, también cristiana, cuyo nombre no nos ha llegado. Esta iglesia local no tardó en destacar, lo que atrajo el temor de nobles, de pueblo que no se fiaba de los cristianos y del gobernador Tácito, que mandó apresar a algunos para hacerles apostatar. Fueron hechos prisioneros el diácono Sancto, Maturo, aún neófito, Alcíbiades, Bibliada, Blandina, su ama y otros varios que, según la costumbre, habían ido a visitarles, llevarles consuelo y a orar. El juicio público coincidió con la celebración de unos festejos y juegos. Entre estos juegos, ya sabemos, era frecuente la lucha entre hombres y bestias, como toros, leones, osos, así que teniendo prisioneros, que mejor que fueran los cristianos los que “jugaran” con los animales.

El día del juicio los cristianos fueron llevados ante el gobernador y la multitud. El escenario estaría preparado: potro, fuego, flagelos… Un pregonero debía anunciar la causa del enjuiciamiento (ateísmo, canibalismo, traición al César, etc.) a la multitud, entre la que había cristianos escondidos, orando por sus hermanos. Y uno era Vecio Epagato, noble y cristiano en lo oculto; cuando se anunció el juicio, se adelantó y dijo:

-“Yo pido que se me autorice para defender á estos hombres. Me empeño probar que no han cometido ninguno de los actos que se les imputan”.
-“¿Con que tú también eres cristiano?" dijo el gobernador.
-“Si, lo soy” - respondió Vecio, por lo que pasó de defensor a acusado con los demás.

Apenas comenzó el interrogatorio, se mostró la entereza de unos y la flaqueza de otros; entre estos últimos estaba Bibliada, que renunció a Cristo. Los que quedaron, les suplieron en valentía. Preguntado el diácono Sancto por sus orígenes, dijo - “Yo soy cristiano”, es decir, que su única familia, su única patria y origen era su Dios.

Fue llamada Blandina, que se adelantó resueltamente. Torturada hasta el cansancio, repetía contantemente: - “Soy cristiana, y entre nosotros no se hace mal alguno”.

Bibliada, cuando vio a sus hermanos padecer, aunque había apostatado, aún tuvo valentía para negar una de las causas de la condena, y gritó: –“¿Nosotros, comer niños? ¡Nosotros, ¿a quienes ni es lícito gustar la sangre de los animales?!

Santa Blandina.
Vidriera modernista
Duraron los interrogatorios varios días, y todas las tardes, los sobrevivientes eran llevados a la cárcel de nuevo, o encadenados o en el cepo. Algunos morían allí mismo, de agotamiento o las heridas, pero no se cansaban los perseguidores, cada día traían más cristianos a sustituir a los fallecidos. Algunos pastores, ante esto, aconsejaron huir a los fieles más prominentes y conocidos. Epipodio y Alejandro, traicionados por un esclavo, a la choza apartada de la viuda Lucía.

Potino, el obispo de todos, se quedó para animar y consolar a los que no podían huir, pero fue apresado y llevado a la cárcel. Era un anciano de 90 años y su traslado fue un acontecimiento: querían verle derrotado y suplicante, pero le vieron digno y con la frente alta de ir al martirio. Cuando no pudo andar más, no pidió clemencia, sino que lo llevaran en brazos, para llegar antes a su destino: el martirio. Preguntado por el juez, sobre que dios era ese, el de los cristianos, respondió: -“Tú le conocerás, si de ello te haces digno”. Y no quiso preguntarle más. Le llevaron a la prisión nuevamente y aquí se apoderó de él la multitud, que le apaleó y le arrojó piedras y cuanto pudo. Finalmente, al llegar a la prisión, desfalleció durante dos días, para morir en paz, rodeado de sus hijos amados.

El día final de los juegos, fueron llamados a comparecer Sanctos, Maturo y Blandina, Pero la multitud quería más, y empezó a clamar “Atalo, queremos a Atalo”, aunque por su ciudadanía romana estaba exento de sufrir bajo las fieras, pero aún así fue llamado por el gobernador, al menos para reírse de él. Le puso un cartel que decía “Ved aquí a Atalo el cristiano” y le mandó a dar vueltas, para enviarlo a prisión nuevamente. Pero a Sancto, Maturo y Blandina les mandó lanzar al circo a latigazos.

Había un madero en la arena, donde ataron a Blandina, para que la alcanzaran las bestias. A Maturo y Sancto los sentaron en una silla de hierro, debajo de la cual había un brasero ardiente pero mientras duró el tormento (el pueblo decidía la duración), ni uno ni otro se quejó. Sancto continuaba diciento “Yo soy cristiano”. Mientras, Blandina, rezaba en voz alta, para darles ánimo. Por esta vez las bestias no la tocaron y fue conducida la prisión, junto a Maturo y Sancto.

Al contrario de lo que pensaban los jueces y pueblo, el regreso de estos tres últimos a la cárcel, desfallecidos y atormentados, no hizo vacilar a los que allí estaban, sino todo lo contrario, hizo avergonzarse a los que por miedo habían apostatado de la fe, como Bibliada. Pedían a los carceleros los llevasen ante el juez, para retractarse de su apostasía y declararse cristianos. Se acercaron a sus hermanos y les pidieron perdón, todos juntos se abrazaron y animaron en lo que les esperaba: El tiunfo por medio del tormento. Dicen las Actas: "así, los miembros vivos de la Iglesia resucitaron los miembros muertos".

Llegó una carta de Marco Aurelio, el emperador, que mandaba tener clemencia con los que renegasen de la fe, y ajusticiar a aquellos que insistieran en ser cristianos. No tuvo prisa el gobernador y dejando a los cristianos presos, detuvo los juicios hasta principios de agosto, fechas en las que volvían a hacerse grandes festejos en la ciudad. Llegado el día, fue detenido Alejandro, el médico frigio, que era cristiano en secreto. Fue conducido al tormento junto con los cristianos que quedaban, que eran sólo 28, pues 18 habían muerto en prisión. Fueron condenados a ser degollados, menos cuatro, que serían reservados para las fieras. Atalo y Alejandro, luego de ser embestidos por las fieras y quedar vivos, fueron extendidos sobre planchas incandescantes. Atalo gritó:

- "¿No es esto realmente devorar a los hombres? ¡Y sois vosotros los que nos acusáis de ese crimen!"
- "¡Cristiano, ¿como se llama tu dios?!" - le gritaba la multitud.
- "Los nombres son para los bombres, Dios no tiene nombre". - respondió. 

Martirio de Blandina y Póntico.
Estaban allí también Blandina y el niño Póntico, que habían sido reservados para el último día, pero pero les habían sacado para que la visión de sus hermanos martirizados les hiciese sufrir más aún y recapacitasen. Finalmente, llegó el día de ambos y la gente creía que podría doblegar a Póntico, por su juventud, y le conminaba a sacrificar a los dioses. Blandina le animó mientras los verdugos y las fieras le destrozaron, luego ella misma fue envuelta en una red y expuesta a un toro, que a cornadas, la levantó por los aires, la pisoteó varias veces, mientras el pueblo gritaba y aplaudía eufórico. Y en medio de tanto dolor, Blandina elevaba sus oraciones al cielo. Fue la última en padecer tormentos, luego de animar a todos los demás. Los otros cristianos fieles, fueron decapitados directamente, por ser ciudadanos romanos, en la plaza del Ateneo.

Sabiendo el gobernador de la veneración que los crisitanos sentían hacia sus mártires, mandó juntar los cuerpos desmembrados y decapitados en un montón para ser quemado y lo que quedase, fuera arrojado al río Ródano. No quedaron reliquias, pero sí el recuerdo del sitio del martirio, donde se levantaría la bella basílica de Santa Blandina.

Fuentes:

-"Historia Eclesiástica. Libro V, I". EUSEBIO. Traducción de George Grayling. Barcelona 2008.
-"Vidas de los santos: colección de biografías publicadas en español". D. JOAQUÍN ROCA CORNET. Barcelona 1856.
-"Los mártires o el triunfo de la religión cristiana". François-René Chateaubriand. Madrid, 1856.


A 2 de junio además se celebra a
San Eugenio I, papa.
San Sadoc y compañeros mártires dominicos.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...