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domingo, 3 de enero de 2021

"lumbrera de la Iglesia y padre de los pobres"

Beato Ayraldo, obispo cartujo. 3 de enero.

Fue hijo de Guillermo II, "El Atrevido", Conde de Borgoña. Su hermano sería arzobispo de Vienne y papa, Calixto II. El mundo militar y el de la nobleza se le abrían, pero Ayraldo prefirió la sencillez del claustro, el recogimiento y la oración, por lo cual tomó el hábito cartujo en la Cartuja de Les Portes, en Lyon. Fue monje humildísimo, penitente y dado a la caridad con los monjes ancianos. Fue entusiasta cumplidor y propagador de las excelencias de las “Costumbres”, una Regla publicada en 1127, pues San Bruno no dejó Regla escrita. Su piedad, exactitud en el cumplimiento y otras vrtudes hicieron que, aún joven, fuera elegido prior del monasterio.

Pocos años después fue elegido por los canónigos de Maurienne como su prelado, luego que la sede episcopal quedara vacante por la muerte del obispo. Auraldo se negó, pero fue obligado por las instancias del Conde de Saboya y del papa. En la cátedra no abandonó su estilo de vida cartujano, conservando siempre su cilicio y el hábito de la Cartuja bajo las ropas propias de su dignidad. Sus comidas siguieron siendo frugales y nada lujoso le rodeaba. Todos los regalos que recibía iban a los pobres, así como gran parte de las rentas que le correspondían como obispo. Reformó al clero solo con su ejemplo, puso paz entre los bandos, consoló a enfermos y desamparados, se enfrentó a poderosos que pretendían controlar la Iglesia, turbando la paz. Siempre que podía pasaba tiempos de soledad en su amado monasterio de Les Portes.

En el Adviento de 1145 vio cercana su muerte y llamó a su lado a sus amigos los obispos Arducio de Ginebra y Bernardo de Belley, cartujos como él, quienes le consolaron constantemente con los premios de la vida eterna, ayudándole en su tránsito, que le llegó el 2 de enero de 1146. Numerosos milagros se certificaron en sus funerales. Fue sepultado en la catedral y en su sepulcro se puso la siguiente inscripción: "Aquí yace Ayraldo, monje de Les Portes, y honor del Pontificado, lumbrera de la Iglesia y padre de los pobres, glorioso por su santidad y por sus numerosos milagros".

Su sepulcro, venerado durante siglos, fue profanado el 18 de marzo de 1794, durante la Revolución Francesa. El cuerpo incorrupto fue sacado y colgado desnudo en la otrora Sala Capitular de la catedral mientras se hacía al pueblo desfilar por allí para que lo escarnecieran, a la par que los funcionarios le "liberaban de la superstición romana". Su culto era tan fuerte que los Revolucionarios necesitaron poner por escrito toda una serie de difamaciones que se imprimieron para repartirlas y para que el pueblo desistiera de venerarle. Curiosamente, siglos después servirían como prueba para demostrar lo inmemorial y célebre de su devoción. Finalmente, no se sabe por qué, en lugar de arrastrar por las calles la santa reliquia el día de la “Diosa Razón”, como estaba previsto, lo hicieron con una imagen suya, dejando el cuerpo colgado.

Un católico anónimo lo descolgó y lo escondió, pudiendo mantenerlo a salvo hasta 1846, cuando ya anciano reveló su secreto y lo entregó a la Iglesia. El obispo de Maurienne lo colocó en su capilla privada hasta obtener de Roma el permiso para la veneración pública. Esta no llegó hasta el 8 de enero de 1863, cuando el Papa Pío IX confirmó el culto inmemorial, procediendo a la beatificación. El 6 de agosto del mismo año se aprobó el Oficio Propio para la Cartuja y para la diócesis de Maurienne. En 1891, terminada la restauración de la catedral, la santa reliquia fue trasladada a esta en una solemne procesión. En 1979 su memoria litúrgica pasó al 3 de enero.


Fuente:
"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000.

A 3 de enero además se celebra a:

Santos Theopento y
Theonás, mártires
.
San Gordio de Cesarea,
centurión y mártir
.
San Blimont, abad.





martes, 24 de abril de 2018

"podrás herir mi cuerpo, pero mi alma será salvada"

San Alejandro de Lyon, mártir. 24 de abril.

Santos Ireneo, Epipodio y Alejandro.
Este santo está relacionado con San Epipodio de Lyon (22 de abril) por su culto, y las leyendas les quiere siendo amigos.

En 177 estalló una severa persecución en Lyon, en la cual padecieron Santa Blandina y numerosos mártires (2 de junio). Ambos amigos hallaron refugio en casa de una prominente viuda lionesa, la cual les tuvo escondidos durante un tiempo, pero finalmente fueron descubiertos, retenidos durante tres días y llevados a juicio. El proceso fue público y tenemos unas Actas, aunque tardías, son confiables en el fondo. A ambos se les interrogó, hasta el momento en que, viendo el juez que uno a otro se animaban, les mandó separar. Una vez martirizado Epipodio el 22 de abril, dos días más tarde le llegó el turno a Alejandro.

Como a su compañero, el juez intentó ganárselo con promesas, diciéndole: "Todavía tienes tu propio destino en tus manos. Has tenido tiempo para pensar ver las consecuencias de la obstinación de tu amigo, que le ha costado la cabeza. Gracias a nuestros dioses, podemos decir que prácticamente hemos exterminado a todos los partidarios de tu fe sectaria; tú eres es uno de los últimos en sobrevivir. Así que sé sabio y sensato".

Alejandro le respondió: "Lo único que puedo hacer es dar gracias a mi Dios, ¡alabado sea su nombre! Cuanto más intentas asustarme, más quiero seguir el ejemplo de mis predecesores. Porque piensas que esa gente está perdida, pero en realidad ahora están en el cielo. No, los verdaderos perdedores son tú y tus torturadores. Mi amigo ya ha recibido su recompensa y estoy impaciente por seguirlo. He sido cristiano toda mi vida y continuaré siéndolo. Entonces, ¿a qué esperas? Porque a lo sumo podrás herir mi cuerpo, pero mi alma será salvada por mi Señor".

Entonces el juez ordenó que le estiraran en el potro. Pero antes se cansaron de estirar los verdugos, que Alejandro de alabar a Cristo. Un segundo y un tercer turno de verdugos le hicieron padecer, pero el santo permaneció fiel a Cristo. Cuando el juez le preguntó si seguía en su obstinación y si quería sacrificar a los dioses, el joven le replicó: "Tus dioses son en realidad sólo demonios, pero el Dios que yo adoro ha hecho cielo y tierra: él me dará fuerza hasta mi último suspiro, de eso estoy seguro". 

El juez entonces rugió: "¡Esta gente cristiana piensa que soportar tales dolores contribuye a su glorificación! No hay nada que hacer con ellos, tenemos que deshacernos de ellos". Y luego dijo al público: "Porque este hombre aquí presente, llamado Alejandro, está lejos de dar un buen ejemplo, y porque no rinde tributo a nuestros dioses; por la dignidad de nuestro cargo, que no permite que este ciudadano infiel sufra más de lo necesario; de lo contrario, seguiríamos siendo cómplices de la perseverancia de su fe a través de su sufrimiento: juzgamos que sea colgado en una cruz para pagar por su crimen con la muerte".


Interrogatorio de Alejandro.
Y Alejandro fue crucificado, expirando pronto y con el Nombre de Jesús en los labios, el 24 de abril de 177.

El cuerpo del santo, y el de Epipodio, fue sepultado en una cueva, que luego sería sitio de peregrinación. Ciertamente el culto a ambos es antiquísimo en la iglesia lionesa, que venera sus reliquias aún. Una leyenda medieval habla de la reliquia de la sandalia de San Epipodio, pero es tardía, pues San Gregorio Turolense (17 de noviembre) en el siglo VI menciona el fuerte culto a estos santos, detalla sus sepulcros junto al de San Ireneo (28 de junio) y habla de lo portentoso de sus reliquias, no menciona para nada tal sandalia.


Fuente:
-"Acta Sanctorum". Tomo XV. Bélgica, 1648.
-"Historia Eclesiástica. Libro V, I". EUSEBIO. Traducción de George Grayling. Barcelona 2008.
-"Los mártires o el triunfo de la religión cristiana". François-René Chateaubriand. Madrid, 1856.


A 24 de abril además se celebra a:

domingo, 22 de abril de 2018

"si muero por tus torturas alcanzaré una vida eterna"

San Epipodio de Lyon, mártir. 22 de abril.

Este santo está relacionado con San Alejandro de Lyon (24 de abril) pues su "passio" les quiere siendo amigos.

En 177 estalló una severa persecución en Lyon, en la cual padecieron Santa Blandina y numerosos mártires (2 de junio). Ambos amigos hallaron refugio en casa de una prominente viuda lionesa, la cual les tuvo escondidos durante un tiempo, pero finalmente fueron descubiertos, retenidos durante tres días y llevados a juicio. El proceso fue público y tenemos unas Actas, aunque tardías, son confiables en el fondo. A ambos se les interrogó, hasta el momento en que, viendo el juez que uno a otro se animaban, les mandó separar.

A Epidopio le dijo el juez: "Sería una vergüenza para un joven tan bello como tú se perdiera por un ideal tan inútil. Mira a tu alrededor; ¡cuántas generaciones el mundo entero no ha venerado a los mismos dioses, desde las almas más simples hasta los emperadores hasta ahora! Además, a nuestros dioses les encanta la alegría: prefieren ser adorados desde una mesa bien dispuesta, en medio de juegos, bailes, música, bebidas y juegos públicos. Compara eso con tu aburrida y sombría religión, en la que adoran a un hombre que ha sido muerto en la cruz, cuyo mayor placer parece ser el sufrimiento, y que prefiere ser honrado por personas que han estado demacradas por el ayuno. Sin mencionar esta penosa e infértil virginidad. Pero sobre todo: ¡piensa cuánto apoyo puedes esperar de un dios que ni siquiera ha logrado evitar un simple ataque a su propia vida! Te digo todo esto para que abras tus ojos a las verdaderas bendiciones de la vida".

Epipodio le respondió: "Tus amables palabras no son más que mortal veneno. Tu compasión es una verdadera crueldad. Para mí, la vida que me ofreces equivale a la muerte eterna. Y la muerte que me amenaza es la transición a la vida real. Y el Jesús que, según tú, sólo murió en la cruz: ¿sabes también que resucitó de entre los muertos y que ascendió al cielo, y se puso en camino al gozo inmortal para que todos le siguieran? Por eso intentaré bajar a tu nivel y hablar tu idioma. Porque las tinieblas en las que vives no serán tan densas y podrás ver que cada ser humano está formado por un alma y un cuerpo. Nosotros creemos que el alma impone su voluntad al cuerpo. Los dioses de los que hablas no son más que lo que llevas en tu vientre, ahí es donde tienes lo mejor que les sacrificas. Yo, si embargo, si muero por tus torturas, dejaré una vida de dolor para alcanzar una vida eterna donde ningún dolor o muerte pueda volver".

Entonces el juez, aun admirando la valentía de Epipodio, mandó le rompieran la boca por blasfemar contra los dioses. Pero aún con la boca ensangrentada y llena de dolor, el santo mártir confesaba al Padre, el Hijo y al Espíritu Santo. Luego fue condenado a que le desgarraran los costados con garfios de hierro, mas Epipodio no cejaba. Entonces la multitud comenzó a pedir su final, pues nada parecía hacerle apostatar. Temeroso de un motín, el juez mandó fuera decapitado en el acto. Fue el 22 de abril del año 177.

El cuerpo del santo, y el de Alejandro, fue sepultado en una cueva, que luego sería sitio de peregrinación. Ciertamente el culto a ambos es antiquísimo en la iglesia lionesa, que venera sus reliquias aún. Entre ellas, venera una sandalia que habría sido de nuestro Epipodio, y que habría perdido en casa de la viuda al ser arrestado. Una leyenda muy posterior al martirio del santo dice que, estando un joven lionés muy enfermo, se le apareció San Epipodio indicándole que debía contactar a dicha viuda y tocar su sandalia, por medio de la cual se sanaría. El joven buscó a la mujer, que quedó sorprendida, pues aunque ella misma había aplicado el zapato del santo a algunos enfermos, siempre lo había tenido en secreto. El joven tocó el objeto y al punto quedó sano. Pero es una leyenda medieval, pues San Gregorio Turolense (17 de noviembre) en el siglo VI menciona el fuerte culto a estos santos, detalla sus sepulcros junto al de San Ireneo (28 de junio) y habla de lo portentoso de sus reliquias, mas no menciona para nada tal sandalia.



Fuente:
-"Acta Sanctorum". Tomo XV. Bélgica, 1648.
-"Historia Eclesiástica. Libro V, I". EUSEBIO. Traducción de George Grayling. Barcelona 2008.
-"Los mártires o el triunfo de la religión cristiana". François-René Chateaubriand. Madrid, 1856.


A 22 de abril además se celebra a:

martes, 6 de junio de 2017

San Agobard de Lyon.

San Agobard de Lyon, obispo. 6 de junio.


Nació alrededor de 769 y fue originario de alguna región franca. Aunque el inefable Tamayo Salazar fantasea con que nació en España, de donde huyó a Francia durante las incursiones de los sarracenos. Fue secretario y obispo auxiliar, con derecho a sucesión, del arzobispo de Lyon. Cuando este falleció, reinando Luis I "el Pío". Una de las primeras cuestiones que enfrentó Agobard fue la del obispo Félix de Urgell, que había sido desterrado por San Carlomagno (28 de enero y 29 de diciembre, traslación de las reliquias) por su cercanía a la herejía nestoriana. Félix se refugió en Lyon, donde le condenaron los Sínodos de Narbona, en 781, y Ratisbona, en 792. Igualmente, en Frankfurt y Aquisgrán, 794 y 799, respectivamente, se le condenó, pero Félix continuó en sus declaraciones a pesar de la sabia reconvención de nuestro santo, que le veía frecuentemente. En 818 moriría Félix sin renunciar a sus errores teológicos.

Fue Agobard implacable con la cuestión judía. Escribió su "Insolens Judaeorum", repleto de denuncias, no todas exactas, sobre la cuestión de los judíos, su preponderancia en los reinos francos y el peligro de su acercamiento al poder, la economía y la religión. Normalmente les presenta como una amenaza a la unidad política y religiosa del imperio franco que ya comenzaba a perfilarse. Denuncia como trabajan en domingo, venden carne en cuaresma, prestan con usura, vendían esclavos cristianos a los moros en España, incluso niños. Además sobre este asunto escribió numerosas cartas a prelados, príncipes y abades, entre estos a su amigo San Adelhard de Corbie (2 de enero). Y estas denuncias le valieron persecución por parte de los judíos, que protestaron ante el rey Luis. Este, para evitarse problemas con los influyentes judíos, decretó que Agobard debía dejar de denunciar a los judíos. Este, pensando que era imposible que el rey defendiera a los judíos, pensó que la carta era falsa y no la acató. Los judíos se rebelaron contra el obispo quemando algunas iglesias y matando a algunos cristianos. Y Luis solo atinó a sugerir a Abogard que dimitiera de su sede, para que la paz llegara a Lyon; incluso llegó a escribir a algunos prelados para que le convencieran, entre ellos a San Wala (31 de agosto), hermano de Adelhard. Y Luis, aunque no logró la deposición, tampoco removió sus privilegios a los judíos.

Agobard también tuvo que hacer frente los magos paganos que aún quedaban en su sede, que asustaban al pueblo con toda clase de presagios y profecías. Anunciaban que habría castigos, plagas terremotos si no se sacrificaba a los dioses protectores. Cualquier enfermedad, mal o guerra era para ellos un signo de maldición. Agobard, por su parte, predicaba la paz de Cristo, su misericordia y que los males venían por la mano del hombre pecador. Se oponía a las guerras, buscando la justicia y el imperio de la ley frente a la injusticia de los hombres, aunque fueran poderosos. Por ello sobre 830 fue desterrado luego que el imperio se dividiera entre los tres hijos de Luis, trayendo las conocidas peleas, traiciones y bajezas entre ellos. Agobard y su coadjutor San Barnard (23 de enero) tuvieron que huir a Vienne por culpa de Thierry III. El pueblo de Lyon se sublevó y el santo pudo volver a su sede. En adelante trabajó por el Evangelio en paz, hasta el 6 de junio de 840, cuando voló al cielo.


A 6 de junio además se celebra a
San Felipe el Diácono.
San Iarfhlaith de Tuam, eremita y obispo.

domingo, 15 de enero de 2017

Bonito de alma, que no de nombre.

San Bonet de Clermont, obispo y monje. 15 de enero.

Bonet, mal traducido "Bonito", nació en Auvernia, sobre 623, en una familia de magristrados romanos. Sus padres se llamaban Teodato y Slagria. La leyenda cuenta que estando su madre encinta, saliendo de una iglesia se le acercó un sacerdote y besó su pie, pidiéndole la bendición. La mujer quedó sorprendida y el presbítero le dijo: "No se trata de usted, mi señora, sino que pido la bendición al niño que lleva en su regazo, y dará pronto a luz. Será un hombre santo y una luz en la Iglesia de Dios". Sin embargo, el niño Bonet fue educado por su familia para seguir los pasos de su padre, como funcionario, y por ello estudió leyes. Llegó a ser canciller de San Sigeberto III (1 de febrero), y al mismo tiempo fue ordenado sacerdote. Era un presbítero humilde, a pesar de vivir en la corte, y dado a los pobres y a la oración. Su hermano mayor fue el célebre San Avet (21 de enero), obispo de Clermont. Este, cuando estaba para morir, sobre 689 pidió al rey Thierry, sucesor de Sigeberto que cediera a Bonet el obispado de Clermont que dejaría vacante por su muerte. El rey accedió y Bonet, a pesar de sus escrúpulos, fue consagrado obispo.

Fue pastor celoso de la caridad y la evangelización, de la reforma del clero y de las costumbres de los fieles. Pero el obispado no era para él. A pesar de intentarlo, su vida penitente y orante y su amor por la soledad le impelían a aspirar a otra vida. Por eso San Tilo (7 de enero) le recomendó, luego de 10 años de episcopado, que renunciara a la sede y llevara vida solitaria. Así lo hizo, dejando el cayado en manos de Rodobert, su sucesor. Luego de esto, Se puso una simple túnica y a pie peregrinó a Roma, donde en el año 700 visitó al papa San Sergio I (8 de septiembre). En Roma se dedicó al cuidado de los enfermos y a la redención de los cautivos, a veces a costa de su propia libertad y vida, pues se exponía a muchos peligros.

La Virgen aparece al santo
Después de Roma, se trasladó a Lyon, donde continuó su vida evangélica de oración y caridad. Además, realizó muchos milagros, como restituir la vista a algunos ciegos. En una ocasión rezaba el pueblo en la iglesia de San Miguel, y él entre ellos, en una esquina. El pueblo se lamentaba que no hubiera entre ellos un sacerdote que les dijera la misa, cuando una luz le iluminó desde el cielo, se apartó y la luz le siguió. Entonces se vio bajar del cielo un cortejo de ángeles y vírgenes, presidido por la Santísima Virgen, quien entregó una hermosa casulla al santo para que celebrase la misa. Esa casulla del milagro aún se venera en Lyon. Finalmente, sobre 705 se retiró al monasterio benedictino de Manlieu, donde vivió pobremente y escondido de los demás, sin mencionar a los demás quien era. Murió el 15 de enero de 710. Fue sepultado en su iglesia catedral y sus reliquias se veneraron públicamente hasta que en un terremoto se perdieron.


Fuente:
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.


A 15 de enero además se celebra a  
San Alejandro el Acemeta, abad.
San Erembert de Arras, obispo.

martes, 9 de agosto de 2016

Santos Amor y Viator.

Santos Amor y Viator de Franche-Compté, mártires. 9 de agosto.
"Augusti V idus, in suburbio Lvgdunensi, natalis sanctorum martyrum Amoris et Viatoris".

Esta escueta entrada del Martirologio de Lyon es lo único cierto que podemos saber de estos mártires: Que padecieron el martirio en Lyon el 9 de agosto de un año incierto.

Pero esta escasez de datos no supone para nada que ambos santos no hayan gozado y aún, de culto y devoción. En el Jura, en Franche-Compté, se veneran sus reliquias desde tiempos inmemoriales en un pueblo llamado St-Amour, antes Vincia. Según la tradición local, las reliquias las llevó a la ciudad el rey San Gontran I de Borgoña (28 de enero) en el siglo VI, construyendo para ellas una iglesia a la memoria de ambos santos. Es curioso cómo no será hasta el siglo XVI cuando se comienza a propagar que ambos santos eran soldados de la Legión Tebana (22 de septiembre), que estaban ausentes en el momento del martirio de sus compañeros. Algunos martirologios franceses les ponen como compañeros de Santos Alejandro y Epidopio de Lyon (24 de abril).

Tuvieron una poderosa cofradía y cada año una procesión se celebraba el último domingo de agosto. En el siglo XIX, luego de la Revolución, cuando la vida religiosa decayó, esta costumbre se perdió, pero se mantiene hasta hoy la tradición de rezar todos los viernes la misa del "Común de Mártires". Los Bollandistas los mencionan a 9 de agosto: "En Franche-Compté, Santos Amor y Viator, mártires, que se cree fueron oficiales de la famosa legión tebana, pero cuya vida es poco conocida. La pequeña ciudad de Saint-Amour (Jura) se enorgullece de estar en posesión de las reliquias de estos santos mártires". Y como única referencia, publican una carta enviada por la parroquia, fechada a 1 de abril de 1734.


Fuente:
-"Vie des saints de Franche-Comté". Tomo 4. Besançon, 1856.


A 9 de agosto además se celebra a 
San Román de Roma, mártir.
San Ernée de Celciacum, abad. 

jueves, 16 de junio de 2016

San Aureliano.

San Aureliano de Arlés, obispo. 16 de junio.

De San Aureliano se sabe fue hijo de San Sacerdos (9 de mayo), arzobispo de Lyon, que fue pariente y sucesor de San Niceto (9 de julio). Su primer hecho conocido data de 546, año en que con 23 años fue elegido obispo de Arlés, siendo segundo sucesor del célebre San Cesáreo (27 de agosto). El papa Virgilio confirmó su elección nombrándole arzobispo metropolitano y además, le nombró Vicario de la Sede de San Pedro para el reino franco, reinando Childeberto. Armado con esta autoridad en 549 celebró un Concilio en Orleáns en el que se dieron normas disciplinares sobre la vida monástica y de los sacerdotes, el culto y el tratamiento de los bienes eclesiásticos. Durante su episcopado edificó varias iglesias y dos monasterios en Arlés, para los cuales dotó de Regla, y aunque durante siglos se creyó obra suya, en realidad solo es una corrección de la de Cesáreo. No hay que confundir este monasterio femenino con el de Santa Cesárea (11 y 12 de enero), que es anterior.

Es la época de "los tres Capítulos", es decir, las obras de los tres obispos y teólogos Teodoro de Mopsuestia, Ibas de Edesa y Teodoreto de Ciro. El tema candente era la unión de las Iglesias siria y copta con la Iglesia de Calcedonia. Los Concilios de Éfeso y Calcedonia plantearon la ortodoxia de las obras de estos tres prelados, con diferencias teológicas entre sí y con la Ortodoxia de la Iglesia, encabezada por San Cirilo de Alejandría (27 de junio). El Concilio de Calcedonia no condenó a ninguno, pero luego, con las tensiones entre Cirilo con los nestorianos y los monofisitas (se acercaba a ambos, despertando recelos en cada uno). En Occidente los obispos no forzaron la situación, permaneciendo pendientes, pero sin intervenir.

En 553 el II Concilio de Constantinopla finalmente ratificó la condena de "Los Tres Capítulos" impelido por el deseo del emperador Justiniano, que publicó la "Homología", trece cánones que condenaban a los tres obispos. El papa Vigilio había recordado antes al emperador que si bien Teodoro había sido condenado, Teodoreto e Ibas no lo habían sido. Pero Justiniano amenazó al papa con el destierro si no aceptaba su decisión, por lo que Vigilio, cuya polémica elección no le ayudaba en nada, transigió y en 554 publicaba el "Segundo Constitutum", que complacía al Concilio y al emperador. Por supuesto que la Iglesias etíope y la siríaca se negaron a aceptar semejante condena. Aureliano escribió al papa Vigilio sobre el escándalo que provocado en algunos obispos su condescendencia con el Emperador y las consecuencias que esto podría traer para Occidente. Pero Vigilio le aseguró que su fe católica era completa y que no negaría punto alguno de los grandes Concilios de Nicea, Éfeso, Constantinopla I y Calcedonia. Además, le mandó mediara ante el rey Childeberto para que impidiese con su poder que Totila el Godo, de fe arriana y que había tomado Roma, no hiciera padecer a los católicos.

Falleció Aureliano el 16 de junio de 551 en Lyon. En 1308 se hallaron su sepulcro y lápida en la iglesia de San Niceto de Lyon, que daban memoria de su vida y labor por la Iglesia.



Fuente:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Junio. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1862.


A 16 de junio además se celebra a Santos Julita y Quirico, mártires.

miércoles, 27 de febrero de 2013

San Baldomero para el cerrajero

San Baldomero.
Savigny
Pregunta: Hola buenas noches. te escribo desde la República Argentina. ¡¡ FELICITACIONES!! por tan hermoso blog! Hoy lo he descubierto y ha llenado mi día realmente. Mi hijo (...) inaugura su negocio de Cerrajería. Hace ya algún tiempo que estoy buscando quien es el Santo Patrono de los cerrajeros. Encontré en un lugar que es San Pedro, dicen que por las llaves que porta. Pero no encuentro por ningún lado, ni las oraciones, ni la Novena a San Pedro, si realmente fuera este el Santo Patrono. Tampoco puedo hallar la Novena al Jesús de la Buena Esperanza. Si conoces estas oraciones y estas novenas, ¿tendrías la gentileza de enviármelas? Mil gracias. Un saludo afectuoso desde mi bella Argentina.

Respuesta: Hola! Gracias por tus amables palabras y elogios al blog, solo hago lo que buenamente puedo. Tengo que disculparme por la demora, pero la pregunta había ido a parar al spam, no sé por qué, y recién acabo de verla. Y te respondo, con el deseo de que el negocio vaya bien. Como dices, aunque San Pedro y otros santos que veremos al final, también son patronos de cerrajeros, por las llaves; el tradicional patrono de los artesanos de las llaves es:

San Baldomero de Lyon, monje subdiácono. 27 de febrero y 8 de diciembre (traslación a Savigny).
Vivió en el siglo VII, en la ciudad francesa de Lyon, donde tenía el oficio de herrero y cerrajero. Desde joven había hecho un voto de castidad, nunca se casó y consideraba a los pobres y mendigos como sus hijos propios, llegando incluso a vender sus propias herramientas más de una vez, para socorrer a los más pobres. Era muy querido y respetado, por su caridad y vida piadosa. En una ocasión, mientras oraba en la iglesia del monasterio de San Justo, lo vio el abad San Vivencio (12 de julio), y quedó prendado de su modestia e impresionado, vio salir de él unos resplandores. Habló con él y notando su santidad y grado de vida espiritual, le propuso entrara al monasterio como monje. Así pasó, entró al monasterio donde profesó y fue ordenado subdiácono. Vivió una vida piadosa en el monasterio, ejerciendo el mismo oficio que había desempeñado fuera, hasta el 24 de febrero de 630 o 650, día de su muerte (por mala calidad de los documentos, no se precisa el año).


San Baldomero.
Ilustración moderna
Aunque esto es sólo lo que se conoce de él, la devoción ha sido constante, gracias  a la cantidad de milagros que ocurrieron en su tumba. El Acta Sanctorum pone que desde el mismo siglo VII, su nombre aparece inscrito en los martirologios y sus reliquias fueron veneradas sin interrupción hasta el siglo XVI, en que los protestantes las profanaron y desaparecieron, salvo un brazo que con anterioridad había sido trasladado a la iglesia a él dedicada en el Loira; así como otras reliquias que anteriormente habían sido trasladadas solemnemente al monasterio de Savigny.

Según el "Gran Libro de los Santos" de Jacques Baudoin, también se le conoce como San Galmier o San Gaumier. Es el patrón de Lyon, de los cerrajeros y herreros. Sus atributos típicos son las vestimentas monacales, el yunque, martillo, tenazas y unas llaves.

En cuanto a las oraciones que me pides, aquí puedes hallar algunas: www.devocionario.com. El tema de las oraciones, salvo excepciones, no lo trato aquí, puesto que no es un blog devocional ni piadoso. Y como dije antes, veamos otros santos con llaves:
 

San Benno de Meisen: Para evitar que el emperador excomulgado entrara a su catedral, lanzó las llaves al Elba. Un tiempo más tarde, un pez se las devolvió. 16 de junio.

Santa Lioba de St-Petersberg: Era sacristana de su monasterio y perdió las llaves del coro, por lo que las monjas no podían entrar a orar. Antes del amanecer, un zorro llegó hasta ella y se las trajo. A decir de Tetta, la abadesa, había sido el demonio el ladrón.  23 y 28 (traslación de las reliquias) de septiembre.

San Servacio de Tongres
San Servacio de Tongres: En su iconografía presenta siempre una llave porque, según la leyenda, el mismo San Pedro se le apareció y le dio una llave de plata, símbolo de autoridad, pero en realidad es una de las “clavis confesionis”, llaves que los papas solían dar a como premio a obispos o reyes, en las cuales había limaduras de las supuestas cadenas de San Pedro. 13 de mayo.

San Egwing de Worcester: Por ciertos pecados de juventud, se puso unos grilletes por penitencia y arrojó las llaves a un río. Yendo a Roma, un pez fue pescado en el Tíber y tenía dentro las llaves. 11 de enero.

San Maurilio de Angers: lanzó las llaves de la Catedral al río cuando huyó de la ciudad y, habiendo pescado un pez, las encontró dentro, por lo que volvió a su diócesis. 13 de septiembre.

San Lolan: era guardián de la basílica de San Pedro de Roma y una noche se fue a Escocia a predicar. Misteriosamente, las puertas de San Pedro no se abrieron a los canónigos, que oyeron una voz que dijo: “sólo el que cerró esta puerta, la podrá abrir”. Enviaron un diácono y un subdiácono que alcanzaron a Lolan. Este, al saber lo sucedido, se cortó la mano derecha, donde pusieron la llave y la basílica se abrió. 22 de septiembre.


San Humberto: San Pedro mismo se le apareció al santo en su primera misa y le dio una llave de oro. En realidad es otra “clavis confesionis”, en este caso perdida. 3 de noviembre.


A 27 de febrero además se celebra a:












RECUERDA:

PUEDES DESCARGAR MI LIBRO ELECTRÓNICO

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)

miércoles, 22 de agosto de 2012

San Bernardo VS la Inmaculada

San Bernardo con la cruz templaria
predica la Cruzada

San Bernardo (20 de agosto) es celebrado como uno de los grandes devotos de la Virgen María; en ocasiones se le pone incluso como paradigma de devoción mariana y por ello, de algunos santos se dice a veces que son unos de los mayores devotos de Nuestra Señora “desde los tiempos de San Bernardo”. El artículo anterior sobre su iconografía nos recuerda la “lactatio” mística como uno de los temas más repetidos en su iconografía. Algunas de las páginas marianas del Santo (especialmente en sus Sermones) son antológicas, como aquella en la que repite: “Mira a la estrella, invoca a María”.

PERO...
Hay una página de San Bernardo que tal vez llame la atención a algunos, espero que nadie por ello se sienta escandalizado. Por ello, antes que nada quiero transcribir las humildes palabras con las que concluye ese texto en las que de alguna forma reconoce el Santo que puede estar equivocado: “Pero cuanto os he dicho lo someto al juicio de alguien más prudente y entendido que yo, principalmente a la autoridad y examen de la Iglesia; y si en algo me separo de su sentir, estoy dispuesto a corregir mi juicio, lo mismo que en todo lo demás”.

Me estoy refiriendo a la “Carta 174”, dentro de las Obras Completas de San Bernardo, dirigida a los Canónigos de Lyon. En la edición bilingüe de la BAC en 8 tomos, se encuentra en el tomo VII (BAC Normal, nº 505, pp. 582-591). En la más antigua edición castellana en 2 tomos se encuentra en el II (BAC Normal, nº 130, pp. 1177-1181).  Esta última edición la fecha en el año 1140.

El argumento es el siguiente: Parece ser que en algunos lugares se estaba introduciendo la fiesta de la Concepción de María y el Cabildo de Lyon había decidido consultar al Santo sobre la oportunidad de celebrar esta fiesta. La respuesta de Bernardo nos puede sorprender. (Nota: pongo entre paréntesis los números de los párrafos de la carta, que voy resumiendo).

(1) Empieza el Santo “dorando la píldora” a los canónigos de Lyon, Iglesia a la que considera digna de alabanza “no sólo por la dignidad de su sede, sino además por su celo intachable y por sus laudables tradiciones”. Recuerda que “nunca se le vio admitir con facilidad innovaciones improvisadas” y por ello se sorprende de que introduzcan “una nueva celebración desconocida en los ritos de la Iglesia, que carece de fundamento y no la recomienda la antigua tradición”.
   
(2) Reconoce que hay que honrar a la Madre de Dios, pero puntualiza que “colmada de verdaderos título honoríficos, no necesita honores falsos”. (3) Admite que aprendió “a tener por santo y festivo el nacimiento de la Virgen, sintiendo firmemente con la Iglesia que recibió en el vientre la gracia de nacer santa”. (4) Recuerda los casos de Jeremías y Juan el Bautista y dice: (5) “Yo pienso que descendería sobre ella una bendición de santificación más plena, que no sólo santificaría su nacimiento, sino que haría también su vida inmune en delante de todo pecado. (…) Fue santo su nacimiento porque la inmensa santidad que salió de su vientre lo santificó”. (6) Pero añade: “¿Qué coherencia tiene pensar que la concepción debe ser también santa porque precedió a su nacimiento santo? (…) Previamente fue concebida privada de la santidad; por eso fue necesario santificarla una vez concebida, para que el parto fuera ya santo. (…) La santidad que se le concedió una vez concebida pudo santificar ciertamente su nacimiento posterior, pero de ninguna manera pudo retrotraerse a la concepción ya realizada”.
San Bernardo y la Virgen.
Relieve de madera. Siglo XVI
(7) Insiste el Abad de Claraval en que “no era posible que fuera santa antes de existir, ya que antes de ser concebida no existía” y cae en considerar vinculada la transmisión del pecado original con el acto generativo humano al afirmar: “¿Cómo pudo estar ausente el pecado donde estuvo presente el placer sensual?”. Para ello, según él, sería necesario afirmar que María “fue concebida no por obra de varón, sino del Espíritu Santo”, lo que con acierto dice que “es inaudito”. El fallo de Bernardo radica pues en su visión negativa de la sexualidad, a la que, como decíamos antes, vincula la transmisión del pecado original: “De ninguna manera pudo ser santificada antes de su concepción, porque no existía, ni en su misma concepción, por el pecado inherente”. (Decimos nosotros: ¿qué pecado hay inherente a la casta relación de unos esposos santos como Joaquín y Ana?).

(8) Afirma categóricamente que “la prerrogativa de una concepción santa se reservaba sólo al único que santificaría a todos. (…) Sólo él fue santo antes de su concepción”. (9) Tras todo esto responde a la cuestión de la celebración de la fiesta en estos términos: “Ante estos argumentos, ¿qué razón puede justificar la fiesta de la Concepción? ¿Cómo es posible, repito, afirmar que es santa una concepción que no es del Espíritu Santo, por no decir que procede del pecado, o cómo podremos celebrar como fiesta lo que no es santo?”. Y no se queda corto el Doctor Melífluo en sus siguientes palabras: “Gustosamente carecerá esta mujer gloriosa de un honor que parece honrar al pecado o conllevar una santidad falsa. Por lo demás, tampoco le agradaría una novedad contraria al rito de la Iglesia, novedad que es madre de la temeridad, hermana de la superstición e hija de la ligereza”.

Añade que sus consultantes deberían “haber consultado antes a la autoridad de la Sede Apostólica, y no haberse adherido con tanta precipitación e imprudencia a la ingenuidad de algunos indocumentados”. Menos mal que los últimos renglones de la carta arreglan un poco el desaguisado; son los que ya hemos transcrito antes de comenzar a resumirla y en los que humildemente se somete al juicio de la Iglesia. No podemos olvidar que lo que en esos momentos la Iglesia no había definido era materia opinable.

Pensemos que en la época de San Bernardo aún no estaba madura teológicamente la cuestión de la Inmaculada Concepción de María, y por ello habían de pasar 714 años de reflexiones y controversias desde que se escribió esta Carta hasta que un Papa, el Beato Pío IX, el 8 de diciembre de 1854 definiera solemnemente que 

“La doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles” (Dz 1641).
Por otra parte, lo que tenía claro San Bernardo es la necesidad absoluta que todos tenemos, incluida la Virgen María, de la redención de Jesucristo, y aún no se habían creado términos teológicos como “redención preventiva”. En lo que falla nuestro Santo es en mantener la opinión teológica, común en su tiempo, que vinculaba la transmisión del pecado original con la transmisión de la vida a través del acto sexual y que por tanto habrían tenido que transmitir Joaquín y Ana al concebir a María; al menos no toma en consideración la tradición apócrifa del “abrazo ante la Puerta Dorada de Jerusalén” por medio del cual hubiera sido concebida milagrosamente María.

En cualquier caso, como fiel hijo de la Iglesia y como verdadero devoto de la Virgen, si San Bernardo de Claraval hubiera conocido la evolución posterior de la mariología, habría festejado de todo corazón esa definición dogmática que tuvo lugar siete siglos después de su vida, y habría depuesto totalmente cualquier prejuicio ante la celebración de lo que en su época no era sino una innovación.


P. Ángel Luis Estecha González

viernes, 8 de junio de 2012

Santa Blandina y los mártires de Lyon.

Los mártires lyoneses.
Lyon y su Iglesia local.
Lyon era una ciudad cosmopolita, puente de comercio y política entre Roma y la Galia, y el resto del continente. El cristianismo, como es usual en el estos tiempos, llegó no por misiones organizadas, sino por cristianos de diversos sitios que fueron uniéndose y formando comunidad. Se reunían para la eucaristía, se ayudaban unos a otros y, se distinguían de los demás ciudadanos.

Había ya una comunidad incipiente en la ciudad de Lyon, que pidió a San Policarpo (23 de febrero) le enviase algunos sacerdotes y algún obispo. En 177 envió este desde Esmirna a su querido discípulo San Ireneo (28 de junio y 23 de agosto, Iglesia Ortodoxa) y San Potino, obispo (2 de junio). Potino organizó la comunidad, celebrando los sacramentos, estableciendo la ayuda a los pobres y viudas. Se valió de la ayuda de los presbíteros Marcelo, Valeriano (galos) y de Atalo (natural de Pergamo, ciudadano romano) y el diácono Sancto. Puntales de la comunidad fueron los seglares Alejandro (frigio), Alcibíades, Filomeno y Macario (ciudadanos romanos), Aristeo, Zózimo, Zótico y Apolonio (griegos). Griego sería también el niño mártir, Póntico. Jóvenes célebres la iglesia local eran San Epipodio (22 de abril) y San Alejandro (24 de abril), ambos lioneses, aunque de familia griega y gala, respectivamente.

Otro era Vecio Epagato, noble influyente y gran predicamento entre la ciudadanía. Otros de los que nada se sabe, pero cuyos nombres recogen las actas del martirio, aunque no todos fueron mártires: Maturo, Silvio, Primo, Ulpio, Vitolo, Gemino, Octubrio, Pio Tito, Cornelio y Julio. Puntales también fueron en la organización de la iglesia varias mujeres, vírgenes, casadas o viudas, como Bibliada, Tolima, Samnita, Rodana y Elpis (Esperanza), de origen romano. Otras eran galas y esclavas libertas, como Julia, Albina, Grata, Roguia, Emilia y Pompeia. Y otras, de las que se desconoce su estado y origen, que son Antonia, Justa, Ulumpa (Eulampia), Ausonia, y Lucía, una viuda que vivía a las afueras. Y finalmente, la más conocida y venerada, la que encabeza la lista de mártires:

Santa Blandina, esclava, virgen y mártir. 2 de junio.

Formaba parte de la comunidad cristiana antes esbozada, junto a su ama, también cristiana, cuyo nombre no nos ha llegado. Esta iglesia local no tardó en destacar, lo que atrajo el temor de nobles, de pueblo que no se fiaba de los cristianos y del gobernador Tácito, que mandó apresar a algunos para hacerles apostatar. Fueron hechos prisioneros el diácono Sancto, Maturo, aún neófito, Alcíbiades, Bibliada, Blandina, su ama y otros varios que, según la costumbre, habían ido a visitarles, llevarles consuelo y a orar. El juicio público coincidió con la celebración de unos festejos y juegos. Entre estos juegos, ya sabemos, era frecuente la lucha entre hombres y bestias, como toros, leones, osos, así que teniendo prisioneros, que mejor que fueran los cristianos los que “jugaran” con los animales.

El día del juicio los cristianos fueron llevados ante el gobernador y la multitud. El escenario estaría preparado: potro, fuego, flagelos… Un pregonero debía anunciar la causa del enjuiciamiento (ateísmo, canibalismo, traición al César, etc.) a la multitud, entre la que había cristianos escondidos, orando por sus hermanos. Y uno era Vecio Epagato, noble y cristiano en lo oculto; cuando se anunció el juicio, se adelantó y dijo:

-“Yo pido que se me autorice para defender á estos hombres. Me empeño probar que no han cometido ninguno de los actos que se les imputan”.
-“¿Con que tú también eres cristiano?" dijo el gobernador.
-“Si, lo soy” - respondió Vecio, por lo que pasó de defensor a acusado con los demás.

Apenas comenzó el interrogatorio, se mostró la entereza de unos y la flaqueza de otros; entre estos últimos estaba Bibliada, que renunció a Cristo. Los que quedaron, les suplieron en valentía. Preguntado el diácono Sancto por sus orígenes, dijo - “Yo soy cristiano”, es decir, que su única familia, su única patria y origen era su Dios.

Fue llamada Blandina, que se adelantó resueltamente. Torturada hasta el cansancio, repetía contantemente: - “Soy cristiana, y entre nosotros no se hace mal alguno”.

Bibliada, cuando vio a sus hermanos padecer, aunque había apostatado, aún tuvo valentía para negar una de las causas de la condena, y gritó: –“¿Nosotros, comer niños? ¡Nosotros, ¿a quienes ni es lícito gustar la sangre de los animales?!”

Santa Blandina.
Vidriera modernista
Duraron los interrogatorios varios días, y todas las tardes, los sobrevivientes eran llevados a la cárcel de nuevo, o encadenados o en el cepo. Algunos morían allí mismo, de agotamiento o las heridas, pero no se cansaban los perseguidores, cada día traían más cristianos a sustituir a los fallecidos. Algunos pastores, ante esto, aconsejaron huir a los fieles más prominentes y conocidos. Epipodio y Alejandro, traicionados por un esclavo, a la choza apartada de la viuda Lucía.

Potino, el obispo de todos, se quedó para animar y consolar a los que no podían huir, pero fue apresado y llevado a la cárcel. Era un anciano de 90 años y su traslado fue un acontecimiento: querían verle derrotado y suplicante, pero le vieron digno y con la frente alta de ir al martirio. Cuando no pudo andar más, no pidió clemencia, sino que lo llevaran en brazos, para llegar antes a su destino: el martirio. Preguntado por el juez, sobre que dios era ese, el de los cristianos, respondió: -“Tú le conocerás, si de ello te haces digno”. Y no quiso preguntarle más. Le llevaron a la prisión nuevamente y aquí se apoderó de él la multitud, que le apaleó y le arrojó piedras y cuanto pudo. Finalmente, al llegar a la prisión, desfalleció durante dos días, para morir en paz, rodeado de sus hijos amados.

El día final de los juegos, fueron llamados a comparecer Sanctos, Maturo y Blandina, Pero la multitud quería más, y empezó a clamar “Atalo, queremos a Atalo”, aunque por su ciudadanía romana estaba exento de sufrir bajo las fieras, pero aún así fue llamado por el gobernador, al menos para reírse de él. Le puso un cartel que decía “Ved aquí a Atalo el cristiano” y le mandó a dar vueltas, para enviarlo a prisión nuevamente. Pero a Sancto, Maturo y Blandina les mandó lanzar al circo a latigazos.

Había un madero en la arena, donde ataron a Blandina, para que la alcanzaran las bestias. A Maturo y Sancto los sentaron en una silla de hierro, debajo de la cual había un brasero ardiente pero mientras duró el tormento (el pueblo decidía la duración), ni uno ni otro se quejó. Sancto continuaba diciento “Yo soy cristiano”. Mientras, Blandina, rezaba en voz alta, para darles ánimo. Por esta vez las bestias no la tocaron y fue conducida la prisión, junto a Maturo y Sancto.

Al contrario de lo que pensaban los jueces y pueblo, el regreso de estos tres últimos a la cárcel, desfallecidos y atormentados, no hizo vacilar a los que allí estaban, sino todo lo contrario, hizo avergonzarse a los que por miedo habían apostatado de la fe, como Bibliada. Pedían a los carceleros los llevasen ante el juez, para retractarse de su apostasía y declararse cristianos. Se acercaron a sus hermanos y les pidieron perdón, todos juntos se abrazaron y animaron en lo que les esperaba: El tiunfo por medio del tormento. Dicen las Actas: "así, los miembros vivos de la Iglesia resucitaron los miembros muertos".

Llegó una carta de Marco Aurelio, el emperador, que mandaba tener clemencia con los que renegasen de la fe, y ajusticiar a aquellos que insistieran en ser cristianos. No tuvo prisa el gobernador y dejando a los cristianos presos, detuvo los juicios hasta principios de agosto, fechas en las que volvían a hacerse grandes festejos en la ciudad. Llegado el día, fue detenido Alejandro, el médico frigio, que era cristiano en secreto. Fue conducido al tormento junto con los cristianos que quedaban, que eran sólo 28, pues 18 habían muerto en prisión. Fueron condenados a ser degollados, menos cuatro, que serían reservados para las fieras. Atalo y Alejandro, luego de ser embestidos por las fieras y quedar vivos, fueron extendidos sobre planchas incandescantes. Atalo gritó:

- "¿No es esto realmente devorar a los hombres? ¡Y sois vosotros los que nos acusáis de ese crimen!"
- "¡Cristiano, ¿como se llama tu dios?!" - le gritaba la multitud.
- "Los nombres son para los bombres, Dios no tiene nombre". - respondió. 

Martirio de Blandina y Póntico.
Estaban allí también Blandina y el niño Póntico, que habían sido reservados para el último día, pero pero les habían sacado para que la visión de sus hermanos martirizados les hiciese sufrir más aún y recapacitasen. Finalmente, llegó el día de ambos y la gente creía que podría doblegar a Póntico, por su juventud, y le conminaba a sacrificar a los dioses. Blandina le animó mientras los verdugos y las fieras le destrozaron, luego ella misma fue envuelta en una red y expuesta a un toro, que a cornadas, la levantó por los aires, la pisoteó varias veces, mientras el pueblo gritaba y aplaudía eufórico. Y en medio de tanto dolor, Blandina elevaba sus oraciones al cielo. Fue la última en padecer tormentos, luego de animar a todos los demás. Los otros cristianos fieles, fueron decapitados directamente, por ser ciudadanos romanos, en la plaza del Ateneo.

Sabiendo el gobernador de la veneración que los crisitanos sentían hacia sus mártires, mandó juntar los cuerpos desmembrados y decapitados en un montón para ser quemado y lo que quedase, fuera arrojado al río Ródano. No quedaron reliquias, pero sí el recuerdo del sitio del martirio, donde se levantaría la bella basílica de Santa Blandina.

Fuentes:

-"Historia Eclesiástica. Libro V, I". EUSEBIO. Traducción de George Grayling. Barcelona 2008.
-"Vidas de los santos: colección de biografías publicadas en español". D. JOAQUÍN ROCA CORNET. Barcelona 1856.
-"Los mártires o el triunfo de la religión cristiana". François-René Chateaubriand. Madrid, 1856.


A 2 de junio además se celebra a
San Eugenio I, papa.
San Sadoc y compañeros mártires dominicos.

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