jueves, 23 de julio de 2015

Beata Brígida de Holanda.

Pregunta: Estamos estudiando frescos en piliares del claustro bajo del Ex Convento de Santo Domingo de Oaxaca, y en una de ellas en su cartela, se lee "Beata Brigida", pero no encontramos éste nombre en la órden dominica, Existe alguna beata o santa que tenga éste nombre?... Gracias. México.

Respuesta: Hola. Aqui te envío la información pedida. No es una santa muy conocida esta, ni siquiera en los ámbitos dominicos. Se trata de:

Beata Brígida de Holanda, viuda, terciaria dominica. 23 de julio y 12 de junio.
Lo que de ella he encontrado, está en el "Sacro Diario Cominicano", un extracto de santos, beatos y venerables de la Orden de Predicadores, con algunos datos históricos y alguna floritura propia del siglo XVIII. Esta obra (que me es muy valiosa, porque me ha ayudado a encontrar varios santos desconocidos) no dice mucho sobre Brígida, y omite toda su infancia y juventud, lo más probable es porque, aparte de no saberse nada, no fue nunca ningún personaje al que mereciera inventarle una leyenda. Es tal vez ese desconocimiento el que le ha colocado una azucena virginal en esta obra mexicana.

Vivió en el siglo XIV, y tras enviudar, entró a la Tercera Orden de Santo Domingo. Brígida, una vez tomado el hábito de terciaria, se dedicó a una vida de durísimas penitencias, durmiendo en el suelo, usando cilicio y tomando disciplina diariamente. Meditaba continuamente la Pasión y Muerte del Señor, sintiéndose crucificada con Él. Tanto fue así, que se le apareció Jesucristo crucificado e imprimió en su cuerpo las llagas de la Pasión, que le acarrearon grandes dolores físicos y morales. Desde que murió, sobre 1348, fue tenida por santa, pero no consta su beatificación. Su culto debió ser local, para ser luego olvidado o reducido al sitio de su muerte. Las beguinas de Brígida, Amersfoort, se decían fundadas por ella.

Hay que decir que esta fue la primera de una serie de investigaciones que he estado realizando sobre los santos representados en los frescos de este ex-convento dominico de Oaxaca. Poco a poco y según lo permitan los resultados, iré publicando algo, sobre los santos o beatos más desconocidos.

Fuente:
-"Sacro Diario Dominicano".  P. FRANCISCO VIDAL O.P. Valencia, 1747.


A 12 de junio además se celebra a 
San Onofre, penitente.
San Odulf de Utrecht, presbítero.
Santa Cunera de Rehen, virgen y mártir.

jueves, 16 de julio de 2015

La virgen sacerdote.

Pregunta: Hola, una vez oí hablar de una santa a la que le decían la “virgen sacerdote” porque en una guerra hacía de sacerdote. Siempre me ha llamado la curiosidad si eso pudo ser y quien sería esta santa. Gracias. México. 

Respuesta: Hola, la santa por la que me preguntas es:

Santa María Magdalena Postel, virgen fundadora. 16 de julio.
Hija de agricultores acomodados, nació en Barfleur, Cherburgo, en 1756, y su nombre de pila fue Julia Francisca Catalina. Desde niña quiso ser religiosa, y ya joven hizo voto de virginidad, fundando a su vez una escuela caritativa para niñas pobres, aunque desde mucho antes se había dedicado a impartir el catecismo a niños pobres. En plena persecución de la Revolución Francesa no tuvo miedo del terror impuesto por los revolucionarios y se alistó en la Tercera Orden Franciscana, donde comenzó a llamarse María Magdalena. Comienza toda una actividad muy peligrosa, ocultando sacerdotes y ayudándoles a huir, sobre todo a Inglaterra; organiza grupos de catequesis, custodia ornamentos y paramentos litúrgicos. Es en este marco donde se le comienza a llamar así “la virgen sacerdote”, porque llevaba la comunión a presos, enfermos y cristianos escondidos. Hoy no sería algo tan llamativo, pero en pleno siglo XVIII, que una mujer llevase la comunión e impartiese bendiciones era impensable. Pero persecución por medio, no hubo escrúpulos: fue necesario y así se hizo. Así que no le llamaban así porque cantase misa o hiciera otras funciones litúrgicas propias del sacerdote.

Pasada esta época dura, funda en 1805 en Cherburgo una escuela con algunas compañeras y en 1807 funda la Congregación de las Hermanas de las Escuelas Cristianas de la Merced, más conocidas como Hermanas Pobres de la Misericordia, en la antigua abadía de San Salvador de Vicomte, cercana a Monteburgo. Basa su Congregación en la Regla, Constituciones y métodos educativos de los Hermanos de La Salle, pero dedicadas a la educación de las niñas. En 1842 el P. Delamare funda la rama masculina de esta congregación y se instalan en la derribada Monteburgo, donde recuperan la devoción a Nuestra Señora de la Estrella (8 de mayo). Aunque originalmente las religiosas estarían dedicadas solamente a la enseñanza, Roma le planteó que sus religiosas fueran también enfermeras, a lo que accedió. Magdalena llegó a ver 37 casas de sus religiosas, pues murió en Saint-Sauveur con 90 años, el 14 de julio de 1846 y sus reliquias se custodian allí mismo. Le sucedió en el cargo de superiora la Beata Plácida Viel (4 de marzo). Fue canonizada por Pío XI en 1925.

Fuente:
-"La Casa de Los Santos: Un Santo para cada día del Año". CARLOS PUJOL.


A 16 de julio además se celebra a  
San Heller de Jersey, mártir.
Beatos Claudio Beguignot y Lázaro Tiersot, cartujos mártires.

martes, 14 de julio de 2015

Santa Regenuflis, la virgen que murió de amor.

Santa Regenuflis (o Ragenufle) de Incourt, virgen. 14 de julio y Domingo de Pentecostés.

Procesión de Santa Ragenufle. Incourt, años 1920.


Los datos sobre esta santa son tardíos con respecto a su época. En el siglo XII el culto se concreta y su nombre entra en algunos breviarios locales. Lo que sabemos de ella es poco: Ragenufle nació en Brombais, en 635, de padres cristianos acomodados, pero poco piadosos, mientras que ella desde niña sintió gusto por la religión, la caridad y la oración. Cuando tenía 15 años sus padres la prometieron contra su voluntad con Ebroin, un joven noble de Incourt. El día del matrimonio, la joven huyó con una sierva de sus padres, y se refugiaron en un bosque cercano a Incourt, donde construyeron una ermita y de dedicaron a la oración. Allí la santa hizo brotar una fuente, de la que pronto se supo que sus aguas eran milagrosas, y los enfermos hallaban la salud, y los endemoniados la paz, aparte de ser, según la leyenda, la única fuente de agua potable de la región. La santa recibía a los necesitados de aquellas aguas diciéndoles "Sólo pido una cosa para ti: que encuentres el verdadero amor de Dios." Poco tiempo vivió su vida retirada Ragenuflis, pues el 14 de julio de ese mismo año, 650, moría. Entonces, sus padres, arrepentidos y para buscar el perdón de Dios, construyeron una iglesia dedicada a la Virgen María sobre la tumba de su hija.

Con el tiempo Ragenuflis sería venerada como santa, su sepulcro convertido en altar y la iglesia tomó su nombre. En 1454 sus reliquias fueron trasladadas a la iglesia de Santiago de Lovaina. Se le invoca principalmente contra las fiebres y la hidropesía. El primer culto público que está atestiguado es una procesión realizada el Domingo de Pentecostés de 1112 y que se realizó todos los años ininterrumpidamente hasta los años post-conciliares, 1968 concretamente. En 1992 fue retomada por algunas asociaciones culturales. En 2000, con motivo de los 1350 años de su muerte, se reparó la fuente cuyas últimas obras eran de 1953, y se puso una placa con la frase de la santa. 



Fuentes:
-“Vies des pères, martyrs et autres principaux saints”. Volumen 4.  JEAN-FRANÇOIS GODESCARD. París, 1836.
- http://brabantiaelibri.blogspot.com.es/2013/03/les-figures-illustres-du-brabant-wallon.html.



A 14 de julio además se celebra a  
San Basin de Drongen, rey mártir.
Beato Bonifacio de Saboya, obispo cartujo

domingo, 12 de julio de 2015

San Lucio, quesero y mártir.

San Lucio con su atributo principal: un queso.
San Lucio (o Uguzzo) de Cavargna, pastor y mártir de la caridad. 12 de julio. 

La primera “vita” crítica se escribió en 1861, después de más de cinco siglos de culto. Anteriormente su memoria ya aparece en el "Catalogus sanctorum Italiae", de 1613. Según estas, que recogen las tradiciones anteriores, sus padres eran unos pobres pastores de Val Cavargna, allá entre el siglo XII o XIII. El niño fue llamado “Lucio” por una inspiración divina a sus padres, pues sería “luz” en el mundo. Recibió una sólida educación basada en el Evangelio, y apenas creció lo suficiente, sus padres le encargaron el pastoreo de las ovejas, por lo que pasaba largos tiempos entre las montañas en soledad, lo que aprovechaba para dedicarse a la oración y la contemplación.

En invierno, cuando las ovejas se quedaban en casa, sus padres le colocaron con un fabricante de quesos, para que le ayudase y algún día pudiera dedicarse a ello. La leyenda nos dice que su ardiente caridad le llevó hacer milagros: a partir del suero inservible, desechado por el quesero, fabricaba quesos que daba a los pobres. Su maestro, enterado, pensó que le robaba y le echó. Y Dios entonces le envió un castigo, dice la leyenda, pues sus quesos se pudrieron, las ovejas murieron y sus pastos se secaron. Y sin embargo, a otro quesero que acogió al caritativo niño, le ocurrió que sus ovejas produjeron el doble de leche, los pastos reverdecían incluso en invierno.

Ante esto, el primer quesero fue llenándose de envidia y rencor, dirigiendo su odio hacia el jovencito Lucio. Cada prodigio que oía le llenaba el corazón de más y más odio. Y una noche  en que el joven iba hacia su casa, le salió al encuentro y le mató con el propio cuchillo de Lucio. En el lugar donde fue asesinado, se formó un pequeño lago, convertido en fuente posteriormente, donde los pobres y enfermos hallaban salud, y la leyenda dice que el día de su fiesta estas aguas se volvían rojas.

El terrible asesinato fue visto por todos como un verdadero martirio por la caridad evangélica, más que por la fe. Pronto su tumba se convirtió en meta de peregrinos, en especial de aquellos que buscaban la salud de la vista. Se le invoca como santo abogado de los fabricantes de queso, los pastores, los animales domésticos y los pobres. Es además abogado para obtener buen tiempo y es invocado contra la sequía, las tormentas y el granizo, y estos últimos patronatos se dan por el día de su memoria, en pleno verano.


A 15 de julio además se celebra a
Nuestra Señora, Santa María de Lure.
Beato Andrés de Rinn, niño mártir.
San Menou de Quimper, obispo.

sábado, 11 de julio de 2015

San Berthevin, muerto por envidia.

Martirio de San Berthevin.
Catedral de Lisieux.
San Berthevin de Sur-Vicoin  (o Lisieux), mártir. 11 de julio (traslación de las reliquias) y 8 de septiembre.

Varias versiones se entremezclan en la vida de este santo. Algunas le hacen presbítero, otras diácono. En general, se nos cuenta que era un sacerdote originario de Lisieux, el cual ante las invasiones normandas en Francia, abandonó el norte, para dirigirse a Landed, Val-Guidon (la actual Laval). Allí vivió primeramente como eremita, hasta que el duque de Laval le contrató para ser preceptor de sus hijos, por sus virtudes y sabiduría, lo que le trajo la envidia de unos parientes que aspiraban al cargo. Otras versiones dicen que los envidiosos fueron los sirvientes del duque, a los que Berthevin dejaba en evidencia con sus modales, piedad y vida rectísima. Como fuese, en lo que coinciden es que fue asesinado, y para esconder el delito, arrojaron el cuerpo a un pozo. Lejos, en Normandía, su madre tuvo una revelación de lo ocurrido a su hijo y salió en búsqueda de sus reliquias. Mientras, unas luces  misteriosas que salían del pozo alertaron a los pobladores, que descubrieron el cuerpo del santo mártir. Esas luces y que las aguas se volvieran curativas dieron impulso al culto a Berthevin, que fue enterrado en la iglesia principal, convirtiendo su sepulcro, y al pozo, en meta de devoción.

Varios sitios se arrogan ser la parroquia natal del santo, especialmente Parigny, donde también hay una fuente milagrosa en la que el santo, que habría sido pastorcillo de niño, abrevaba sus ovejas, y él mismo habría bendecido sus aguas antes de partir. Aquí además, le añaden a la leyenda, historias típicas de santos pastores, como la de trazar un círculo en torno al ganado para protegerlo, que no salía del "cerco", ni entraban los lobos a este. Así podía dedicarse tranquilamente a sus devociones.


En el siglo XIII su nombre fue inscrito en el Breviario de Bayeux. Las reliquias fueron llevadas a la catedral de Lisieux, junto a las de San Ursino de Bourges (8 de noviembre), aunque en la catedral de Avranches igualmente había un relicario del que se decía poseer las reliquias de ambos santos mártires. ambas reliquias fueron profanadas y desaparecieron en la Revolución Francesa. 

Fuente:
-"Les saints lexoviens". PATRICE LAJOYE. French National Centre for Scientific Research. Paris, 2000.  



A 11 de julio además se celebra a  
Santos Sigeberto, abad, y Plácido, mártir.
Santos Leoncio II de Burdeos, obispo, y Placidina, diaconisa, esposos.

miércoles, 8 de julio de 2015

Santa Morwenna de Cornwall.

Santa Morwenna de Cornwall, virgen. 8 de julio. 

A esta santa, de culto antiguo, su leyenda la sitúa en el siglo V, y la hace una de las hijas del prolífico (hasta a 24 santos se les hace hijos suyos)  y legendario rey San Brychan de Gales (6 de abril). Nacida en Gales, desde pequeña quiso dedicarse a Dios, para lo cual, se construyó una pequeña ermita en Hennacliff, sobre un acantilado mirando al mar, y desde donde veía las costas de su tierra natal. Deseosa de llevar la fe de Cristo al pueblo, les construyó una iglesia con sus propias manos, cargando las piedras desde lo alto del acantilado hasta abajo. En el primer viaje se sentó a descansar y donde depositó la piedra surgió una fuente milagrosa que aún se conserva, junto a la iglesia, pues la construyó allí mismo.

En 480 se sintió morir, y avisó a su hermano San Nectan de Hartland (17 de junio) para que le impartiera los sacramentos y, además, la elevase en sus brazos para poder ver por última vez su tierra de Gales. Una vez entada en la gloria de Cristo, Nectan la enterró en su ermita, que sería pronto un lugar de culto a su memoria. Al parecer las reliquias se trasladaron en algún momento a la iglesia construida por la santa, pero se perdieron. Actualmente el sitio se llama Morwenstow, o sea "lugar santificado por Morwenna". En el siglo XIII se le añadió un hospital que tuvo por titular a San Juan Bautista, pasando el santo a ser co-titular de la iglesia.

En ocasiones su leyenda se confunde con San(ta) Merryn (7 de julio), o con Santa Marwenna (12 de agosto), también una de las “hijas” de San Brychan. La primera referencia a su persona está en la “vita” de San Nectan, en el siglo XII. 


Fuentes: 
-"The Saints of Cornwall". NICHOLAS ORME. Oxford, 2000.
-http://www.antiochian.org/node/18933.


A 8 de julio además se celebra a  
Santa Sunniva de Noruega, virgen y mártir
Santos Kilian, Colman y Totnan, mártires.

domingo, 5 de julio de 2015

Santa Trófima, la de Minori.

Santa Trófima de Minori, virgen y mártir. 5 de julio, 5 noviembre (invención de las reliquias), 27 de noviembre (re-invención de las reliquias) y 13 de julio (traslación de las reliquias y defensión de la ciudad de Minori).

De esta mártir venerada en algunos sitios italianos, y en Nueva York, por la emigración italiana, todo lo que se conoce está envuelto en la bruma de la leyenda. Según esta, en el año 700, una mujer que lavaba la ropa en la desembocadura de la bahía de Salerno, vio llegar hasta ella un sarcófago de mármol flotando (!) sobre las aguas. Intentó sujetarlo, pero su brazo quedó dormido, hasta que se arrepintió de haberlo tocado. Corrió a la ciudad de Amalfi a avisar al clero, el cual, con el obispo a la cabeza, y seguido del pueblo, bajó al río en procesión a contemplar el prodigio. Convencidos de que portaría reliquias sagradas, intentaron sacar la pieza del agua, pero fue imposible. No había fuerza humana que pudiera hacerlo. Así que trajeron dos novillas blancas, que nunca habían sido uncidas, le ataron el sepulcro a un arnés y los animales tiraron, logrando sacarlo del agua sin esfuerzo alguno hasta detenerse en un punto sin querer avanzar más. Examinado el ataúd, vieron una inscripción en la tapa, que decía que dentro estaba el cuerpo de una virgen mártir llamada Trófima, la cual luego de huir de sus padres desde Sicilia, “había entregado su cuerpo a Minori y su alma al Salvador”. En el sitio donde las novillas se detuvieron se construyó una basílica en honor de la santa mártir. Tradiciones locales posteriores añadieron detalles, como que fue su propio padre quien la mató por bautizarse, que tenía 12 años, que fue un ángel quien le inspiró consagrarse a Cristo y le anunció que por ello sería martirizada.

La primera relación de la invención de las reliquias, que no se conserva, es contemporánea del hecho, y además narra hechos históricos: Poco durarían allí las reliquias, pues sabiendo los habitantes de Minori el afán del rey Sicard de los longobardos, por las reliquias (no dudó en robarles el supuesto cuerpo de San Bartolomé a Lipari), llevaron el sarcófago de Trofimena a la catedral de Amalfi, donde era más difícil un expolio. Pero no quería eso la santa, por lo cual, se le apareció al obispo Pedro, advirtiéndole que moriría en breve y su cuerpo sería devorado por los perros. Y efectivamente, el rey Sicard no le importó invadir la ciudad, violentar la catedral y llevarse las reliquias de Trófima a Benevento, no sin antes en venganza por intentar escondérselas, profanó la tumba del obispo y echó su cadáver a los perros callejeros. Pero al año siguiente, Sicard fue asesinado, y el clero de Amalfi exigió a la princesa Radelchis y al obispo de Benevento, la devolución de las sagradas reliquias. Finalmente, el 13 de julio de 840, las reliquias volvieron a Minori (salvo un pedazo de cráneo, que pasó a Salerno), y fueron ocultadas en la basílica, por miedo a un nuevo robo. Y tan ocultas, que se perdió su rastro y aunque la memoria litúrgica se mantuvo (en el siglo XVII se introdujo su nombre en el propio de varias diócesis) la veneración de las reliquias se interrumpió hasta el siglo XVIII, cuando en unas obras de restauración de la basílica de la santa, aparecieron metidas entre dos paredes, el 27 de noviembre de 1793. El hecho fue anunciado a voleo de campanas, celebrado con una fastuosa novena, predicaciones y una hermosa procesión. Se depositaron en un relicario de alabastro y se depositaron en la cripta de la basílica.


La semejanza de nombres ha hecho que se la identifique con Santa Febronia de Nísibe (25 de junio), y que también se venera en Patti y Menori. No faltan quienes digan que las reliquias en realidad en origen hayan sido identificadas como las de la Febronia nisibita, y que con el tiempo hayan sido identificadas como una santa distinta. La más antigua redacción que se conserva, y recoge la leyenda y la historia de los robos y traslaciones es de 1601.


Fuentes:
-“Italia Sacra” Tomo VI. FERDINANDO UGHELLI. Venecia, 1721.
-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.



A 5 de julio se celebra además a  
Santos Nicostrato y Zoé de Roma, esposos mártires.
San Guillermo de Hirsau, abad.

sábado, 4 de julio de 2015

San Calais, el halla tesoros.

San Calais y el tesoro.
San Calais de Anille, abad. 4 de julio. 

La leyenda de San Calais surge en torno a sus reliquias, más de 100 años después de su muerte, cuando el culto ya estaba consolidado. Según esta, Calais, o Carileffus (nombre latinizado), nació en una familia noble y virtuosa. Siendo niño le enviaron sus padres al monasterio de Menat, Clermont, para que desde se instruyese en las letras y la devoción. Allí, luego de una infancia y primera juventud ejercitándose en las virtudes, mediante la disciplina, la oración, la penitencia y la caridad, maduró su vocación monástica. Pero su corazón quería una vida más estrecha y penitente, por lo que, junto a San Avito (17 de junio), y santos Daumer y Gall (4 de mayo) se retiraron a una vida oculta en la región de Micy, cerca de Orleáns. La leyenda propia de San Avito dice que este era abad en ese momento y solo meciona a Calais como compañero. Allí construyeron un monasterio pequeño y pobre, dedicándose a la oración y al trabajo, para mantenerse y ocupar el resto del día. Otra leyenda le hace discípulo de San Mesmin (15 de diciembre) en Micy.

Poco a poco su fama fue creciendo y el pueblo comenzó a hablar de aquellos piadosos ermitaños, lo que hizo que el obispo Máximo quisiera conocerles. Aprovechando una visita al a ciudad, el obispo gozó de la presencia de los santos unos días y edificado por su vida, decidió ordenar presbíteros a Avito y Calais, para que añadiesen a su vida el poder celebrar el sacrificio de la misa, además de servirles de apóstoles entre los lugareños. Obedecieron, pero su vocación era al eremitismo y no al apostolado, así que luego de ser ordenados se retiraron de la zona, yéndose a Pitiacus, donde levantaron una ermita, que luego sería la iglesia y abadía de San Avito, y donde Calais hallaría una fuente de agua milagrosa, actualmente llamada “Font Sant-Calais”. Pero nada, que aquí tampoco tenían paz y en breve ya tenían discípulos, gente buscando consejo, nobles locales interesados, etc., así que Calais se despidió de Avito y acompañado de Daumer y Gall se alejó, en dirección a Le Mans.

San Calais y San Avito huyen.
Llegados a Anille, descubrieron un sitio apartado, pedregoso junto a un río, donde los hombres no se aventuraban,  y allí levantaron sus chozas y la ermita. Su primera visita fue un búfalo salvaje, que a instancias del santo se dejó acariciar por los tres religiosos. El santo les dijo: “Esta fiereza que veis vuelta mansedumbre es una señal de Dios. Un día vendrá a este lugar un hombre poderoso que en principio se mostrará áspero y riguroso con nosotros, pero a quien Dios ha de amansar”. Y así fue, estando en Le Mans Chideberto, supo de un hermoso búfalo que andaba por los montes cercanos y pretendió cazarlo. Le persiguió y el animal corrió a la celda del santo, refugiándose tras de este. El rey se enfadó sobremanera de que aquel monje se le encarase y no le permitiese matar al animal, por lo que les echó de aquellas tierras, bajo pena de azotarles hasta la muerte (para uno que asesinó a sus propios sobrinos, esto es nada). Calais le pidió con humildad les dejase vivir allí tranquilamente, y aún le convidó a tomar un vaso de vino en su ermita. Childeberto se enojó aún más ante el descaro de aquel monje y pretendió irse. Pretendió digo, pues al intentar mover su caballo, este quedó fijado al suelo como una estatua. Por más que intentaba, el caballo estaba impasible. Rendido el rey ante este portento, pidió disculpas al santo, el cual se las dio, con lo que el rey pudo desmontar y se echó a los pies de Calais, pidiéndole su bendición. Calais le reconvino acerca de su poco ejemplar vida y aún hizo otro portento: tenían sed el rey y sus monteros, por lo que el santo sacó el vaso de vino y de este bebieron todos, sin que menguase ni una gota. En agradecimiento, Childeberto le otorgo tierras para que edificase un monasterio. Así pues, puestos a edificar el monasterio, Calais cavó en la tierra y halló un gran tesoro, que le sirvió para hacer la construcción y la iglesia. Es, además, su motivo iconográfico más conocido.

Ya resignado a ser abad, vivió Calais como un simple monje más, “siempre crucificado con Cristo”, dice San Siviardo, su biógrafo. Siempre iba descalzo y con un vestido muy áspero, además de un cilicio en las carnes. Dormía en el suelo y en ocasiones sobre ceniza. Solo comía pan y bebía agua, y algunas legumbres y yerbas del campo cuando sus monjes le insistían en cuidarle. Su fama de santo llegó a oídos de la mujer de Chideberto, Ultrogoda, que quiso conocerle, así como su estilo de vida monástica. A pesar que sabía que las mujeres tenían prohibida la entrada, no solo al monasterio, sino acercarse a sus muros, la reina envió un criado a decirle a Calais que con tal de recibir su bendición personalmente, en una visita, le donaría grandes riquezas al monasterio. Calais le respondió por medio del mensajero: “Decid a vuestra señora, que ni los monjes necesitamos riquezas, ni ella necesita de mi bendición. La bendición de Dios la hallará estándose en su casa. Y le hago saber que mis monjes y yo tenemos determinación que jamás en este monasterio entre mujer alguna”.

Reliquias del santo,
iglesia de
San Calais de Sarthe.
Finalmente, luego de una vida entregada a Cristo, Calais murió el 1 de julio de 536, día en que le recogía el martirologio romano. Fue enterrado en la iglesia y pronto su sepulcro se convirtió en meta de peregrinos, verificándose portentos que aumentaron la devoción del pueblo. Y las mujeres sin poder entrar, según un milagro que se dice de una que, interesada en conocer como vivían los monjes, se cortó los cabellos, se vistió de hombre y entró al monasterio. Allí dentro le asaltaron violentos dolores y espasmos hasta que reconoció su trama y el santo la sanó, aunque cuando la sacaron fuera del recinto. El sepulcro, además, servía de testigo de los juramentos, con terribles castigos para los que perjuraban y mentían. En el siglo IX las reliquias fueron a parar a Blois, ante el miedo por los normandos. En el siglo XVII regresaron a Saint-Calais, a la iglesia que lleva su nombre en Sarthe.

La primera “vita” fue escrita por San Siviardo (1 de marzo), quinto abad de Anille, en el siglo VII ampliada posteriormente con detalles sobre el culto y milagros en el siglo IX. Los historiadores creen que en realidad Calais fue un eremita con fama de santo que vivió en los alrededores del monasterio y que su devoción forjó la leyenda de Childeberto, el búfalo y la donación de tierras, de la que existen copias del Acta de Donación, fechada a 515, pero que se consideran tardías. Demostrar un origen milagroso, era un recurso de los monasterios ante las pretensiones de nobles, reyes u obispos, de suprimirles privilegios o tierras. 


Fuentes: 
-“Crónica general de la Orden de San Benito, Patriarca de Religiosos”. Volumen 1. FR. ANTONIO DE YEPES OSB. 1609. 
-“Hagiography and the Cult of Saints: The Diocese of Orléans, 800-1200”. THOMAS HEAD. Cambridge, 1990.


A 4 de julio además se celebra a  
Santa Bertha de Blangy, reclusa
San Odo de Canterbury, obispo.

viernes, 3 de julio de 2015

San Agapio Obispo.

San Agapio de Córdoba, obispo. 3 de julio.

Poco es lo que se sabe de este santo. Lo que conocemos es gracias a la Invención y Traslación de las reliquias de San Zoilo (27 de junio). Aún así, las noticias sobre su vida se hallan desperdigadas por aquí y por allá. Resumidas, se dice que era de ascendencia goda, de noble linaje, aunque no se sabe cuando nació, ni donde. A inicios del siglo VII se hizo monje, sin que se conozca en que cenobio, que se supone habría sido en Córdoba o cercano, pues antes de 613 fue nombrado obispo de esta ciudad. Supónese también que sería lo suficientemente conocido por virtudes y sabiduría como para ser promovido a la silla episcopal. De obispo continuó llevando su vida austera, con vestido pobre bajo los propios vestidos de prelado, alimentándose parcamente y durmiendo sobre una tabla, como en el monasterio.

Sobre 613 tuvo una revelación, en la que Dios le mostraba el sitio en el que se hallaban las reliquias, que se creían perdidas, de San Zoilo obispo y mártir de Córdoba. Y al otro día allá fue con gran parte del clero y el pueblo, en una gran procesión. El mismo Agapio no quiso ceder a nadie el honor de excavar para descubrir el arca, y fue el primero en cavar. Hicieron la invención de las santas reliquias, las veneraron y las trasladaron a la iglesia de San Félix en Córdoba, el cual poco tiempo después, el mismo Agapio ampliaría, embellecería y añadiría un gran monasterio masculino. De su labor pastoral poco más se conoce, que tampoco duró mucho, pues en 618 ya aparece otro obispo, de nombre Honorio, en la sede cordobesa. Sus reliquias fueron trasladadas en el siglo IX, junto a las de San Zoilo y San Félix (27 de julio y 9 de febrero, traslación a Alcalá), a Carrión de los Condes, al monasterio de San Felices, que tomaría el nombre de San Zoilo.

Y aparte de saberse poco, para colmo le confunden en ocasiones con San Agapio I, obispo que murió reinando Recaredo, unos años antes. Los Bollandistas insisten en que es uno solo, y se basan principalmente en que del anterior no hay rastro alguno. Numerosos martirologios españoles le recogen, diferenciándole del Agapio anterior, pero se copian unos de otros sin mucha crítica. Otros admiten que pudieron ser contemporáneos, pues consta un obispo Agapio de Tucci (la actual Martos) en los primeros años del siglo VII.


Fuentes:
-“Santoral Español, o Coleccion de Biografías de todos los santos nacidos en España”. Tomo II. EUSTAQUIO MARÍA DE NENCLARES. Madrid, 1864.
-“España Sagrada: teatro geográfico histórico de la Iglesia de España”. Tomo X. P. HENRIQUE FLÓREZ. OSA. Madrid, 1776.


A 3 de julio además se celebra a
Santo Tomás, Apóstol.
San Jacinto de Cesarea, mártir.

jueves, 2 de julio de 2015

San Juan Francisco Regis

San Juan Francisco Regis, presbítero jesuita. 2 de julio (Compañía de Jesús), 16 de junio y 31 de diciembre.

"Vera Efigie" del santo.
Su familia era descendiente de la Casa Deplas, una de las casas nobles francesas, de las pocas en las que el calvinismo ni otras herejías hicieron mella en sus miembros. Los Regis, Juan y Magdalena, familia venida a menos, de terratenientes acomodados, vieron nacer a su hijo Juan Francisco el 31 de enero de 1597 en Fontcouverte. Tuvo varios hermanos que destacaron en las armas, pero el niño Juan desde infante, destacó por otras prendas. Con solo unos días de nacido, el demonio le atacó, quitándole las mantillas y arrojándolo bajo la cama paterna para que pereciera de frío, y no pasó así porque una doncella se sintió avisada de manera sobrenatural y le halló helado. Cuando tenía cinco años dijo a su madre que él se condenaría, con ligereza. A lo que su madre, espantada, le explicó lo que significaba la condenación y el infierno. Hizo tanta mella en su alma esto, que desde entonces se aplicó en salvar su alma y la del prójimo, mediante la obediencia, la conservación de la pureza y la meditación de las grandes verdades de la fe.

Viendo sus padres las virtudes del niño, le enviaron a perfeccionar sus virtudes el colegio de la Compañía de Béziers, donde sobresalió entre sus compañeros por su piedad, aplicación y obediencia perfecta a las reglas del colegio. Una de sus mayores alegrías fue ser congregante mariano, una de las principales devociones que los jesuitas tenían en sus colegios para los estudiantes, por la que todos sus santos, y santos de otras órdenes que estudiaron con ellos, pasaron, con gran fruto. Huía de los compañeros díscolos, que entre clases se iban a jugar a una montaña cercana, y él se iba al coro de la iglesia, a adorar al Sacramento. Ni las amenazas ni las burlas le sacaban de su interés por las cosas de Dios, sino que al contrario, lograba cada día más ascendencia en sus compañeros, amonestándoles con caridad, ayudándoles, por lo que en breve fue un referente moral para aquellos que querían ser más virtuosos. Ya trabajaba el pequeño apóstol para Dios. Y este le respondía: en una ocasión en que se echaba una siesta bajo un árbol, se despertó somnoliento, sin ver que se encaminaba a un risco, cuando un brazo invisible le sujetó y le hizo reaccionar. Durante toda su vida recordó este hecho y guardó gran devoción a su ángel de la guarda.

En 1615, con 18 años, terminó los estudios y pidió a los jesuitas ser miembro de la Compañía, luego de estar a las puertas de la muerte, y ser sanado milagrosamente. Sus padres se alegraron de su elección, y los religiosos le admitieron gustosos entre ellos, pues sabían bien de su valía. Comenzó el noviciado el 8 de diciembre de 1616 en Tolosa. Fue un novicio ejemplar en la puntualidad, la obediencia, sirviendo a todos de modelo. Discreto en su piedad, penitente sin excesos, humilde sin afectación. Aceptaba los trabajos que le diesen, como cuidar a los enfermos, o ser sacristán, con la mayor alegría, y se empeñaba en ellos con diligencia. Visitaba frecuentemente las reliquias de San Saturnino de Tolosa (29 de noviembre), de cuya presencia salía siempre fortalecido (y resplandeciente su rostro, que dirían sus compañeros) en sus aspiraciones de santidad y de ser misionero, como los santos mártires tolosenses. Y algo lograba, pues los superiores le permitían en ocasiones, enseñar el catecismo a los niños de algunas poblaciones cercanas la ciudad. En 1618, luego del noviciado de dos años prescriptivo en la Compañía, hizo los votos religiosos y fue enviado a Cahors y a Turnon, a terminar los estudios filosóficos. Siendo estudiante hizo el voto de hace al menos una hora de adoración al Santísimo Sacramento diariamente, por más estudios o trabajos que tuviera en el futuro. Y lo cumplió cabalmente. Cada domingo yudaba al párroco de Andance, enseñando a los niños y adultos el catecismo, canciones religiosas, actos de piedad, etc. En esta misma aldea fundó la Hermandad del Santísimo Sacramento, para alentar la devoción al Señor sacramentado. En 1621 le enviaron a Byllon, a Auch, y finalmente en 1625 a Puy, como profesor. Se empeñó en instruir, pero más aún en llevar al cielo a sus niños. A los pobres los trataba igual que a los ricos, sin distinción. Distribuía limosnas con discreción, visitaba a los enfermos, corregía costumbres de las familias, exhortaba y predicaba “a tiempo y destiempo” (2 Tim. 4, 2).

En 1628, regresa a Tolosa comenzar los estudios de Teología. Un compañero de habitación, celoso del santo, se queja al superior de que Juan Francisco pasaba la noche orando y no dormía, a lo que este le respondió: “Cuídaos de molestarle en sus devociones. No interfieras en su comunicación con Dios. Es un santo y algún día la Compañía lo celebrará”. En Tolosa igualmente se empeñó en la enseñanza del catecismo a pobres y ricos. Estos últimos le querían ganar para sus fiestas y cenas, a lo que jamás accedía el joven, sino era para poder hablar libremente de Dios. Comía resignado el mundano alimento, con tal de dar el alimento de la Palabra Divina a sus anfitriones, era su consuelo. En enero de 1630 le avisaron los superiores que comenzara a prepararse para ser ordenado presbítero, cuando lo determinasen ellos. Inició entonces un tiempo de recogimiento especial, doblando sus penitencias, ratos de oración y meditando cada día más la Palabra de Dios. Se prohibió la carne, el pescado, los huevos, los postres y el vino. Comenzó a alimentarse regularmente de pan y agua, hasta que los superiores le reconvinieron y entonces añadió la leche a su menú, aunque en ocasiones la rebajaba con agua. Se confesaba más frecuentemente y se hizo más asiduo a la dirección espiritual con lo cual se libró de cierto escrúpulo que le asaltó, sobre si era digno de alcanzar la dicha de ser ministro de Cristo. Así que el 14 de junio de 1631 fue ordenado presbítero, y cantó su primera misa al día siguiente, Domingo de la Trinidad. Ese mismo año la peste asoló Tolosa y el santo pidió permiso para atender a los apestados, para que no muriesen sin consuelo divino. Con dolor le autorizaron los superiores, y obró su misión no solo sin enfermar, sino incluso sanando a algunos milagrosamente. Luego de esto, hizo su tercer año de noviciado, o año de probación, del que salió reforzado en las virtudes.

A finales de 1631 le enviaron a predicar en el Languedoc, entre las ciudades y los pueblos a veces olvidados por los obispos. Su estilo, diferente al acostumbrado, no era de gran retórica, sino que empleaba palabras llanas, conocidas por el pueblo, sin grandes argumentos teológicos, sino que se componía de frases cortas y directas. En un sermón podía repetir varias veces la misma frase, con vistas a que se grabasen en el corazón de sus oyentes, de los que la mayoría ni sabía leer, y luego la meditasen. Predicaba por las mañanas, enseñaba el catecismo a los niños, y confesaba por las noches a los adultos. Su familia se avergonzaba de sus excesos y de cómo iba entre los pobres, como pedía limosna y se hacía rodear de chiquillos mugrientos y maleantes. Le decían que ya ellos hacían limosnas y obras benéficas por él. Y les respondió que ni el más pequeño amor propio le separaría de los pobres y los abandonados, y que si era motivo de escarnio, eso le alentaba más a dedicarse a los necesitados. Los herejes también fueron blanco de su predicación, logrando convertir a varios hugonotes destacados. Cerró alguna casa de prostitución, colocando a las mujeres en servicios honestos, de casas respetables, con ayuda de una asociación de mujeres que fundó. Predicó contra el clero ambicioso y poco dado a la caridad y contra los religiosos inobservantes. Así durante 10 años, misionando y llevando la Palabra y el consuelo de Cristo al pueblo entre Montpellier y Sommiéres. En esta última ciudad protegió a un grupo de campesinos que se escondieron en la iglesia huyendo de un piquete de herejes, que pretendían asesinarles y de paso asaltar la iglesia. El santo estaba predicando, bajó del púlpito y tomando un crucifijo se encaró a los herejes a las puertas del templo. Estos no se arredraron y pretendían entrar cuando el santo agarró del brazo al primero de ellos y le dijo “Detente, sacrílego, pues no he de permitir que en mi presencia se profane la casa de Dios. No pasarás a este santuario sino pisando a un ministro de Dios Vivo. Hiéreme, mátame, pero sabe que Dios hará vengar la injuria a sus altares”. Con los que aterrorizados se fueron por donde habían venido, y algunos incluso se confesaron y convirtieron.

El fruto de esta misión hizo que los superiores le enviaran a Viviers en 1633, donde los herejes habían hecho estragos, incluso entre el clero y los religiosos. El obispo no hallaba solución y sin ayuda no podía hacer nada. La moral, el cumplimiento de las leyes eran nulas. La usura y los saqueos habían hecho mella en los pobres y campesinos, de los que mucho habían tenido que amotinarse o hacerse bandoleros para poder sobrevivir. Las iglesias o habían sido profanadas, o eran sitios donde ya no se predicaba, pues los sacerdotes temían destacarse y ser asediados por los herejes. Algunas regiones no habían visto un sacerdote durante años, y otras sufrían a curas indolentes, amancebados y sin respeto a su ministerio. Ni ley humana, ni divina. Regis estableció un sistema de misiones localizadas, con la seguida visita del obispo, para confirmar a los fieles en la fe. Reformó al clero regular y secular, reparó iglesias, convirtió herejes, estableció asociaciones devotas, logró reconciliar a familias y pueblos enconados, y poco a poco la paz y la religión volvieron a la región. Un golpe de efecto fue, sin duda, la conversión del Conde La Mota-Brion, el cual puso orden en sus dominios, y fue un ejemplo para otros gobernantes y nobles locales, estableciendo hospitales, emitiendo leyes y juicios justos y poniendo orden en el campo y pueblos. Está claro que todo no fue paz, el clero disoluto y los herejes le hicieron igual guerra acusándole de mi infamias, pero fue defendido por sus superiores y por el obispo, que veía los buenos frutos de la misión.

En 1635 quiso ir al Canadá, en pos de los misioneros que allí daban su vida, literalmente, por el Evangelio, pero aunque los superiores loaban sus intenciones, no le satisficieron sus deseos por entender que su misión en la Francia devastada por la herejía y las luchas era igualmente necesaria. Así pues, le destinaron a Cheylard, villa del Conde La Mota-Brion, desde donde comenzó otra misión por los alrededores, en sitios escarpados, abandonados y de peligro. Ni los soles, ni las nieves le detuvieron, hasta el punto de quedarse en una montaña atrapado por la nieve durante unas semanas, todo por anunciar a Cristo. Herejes convertidos, moral enaltecida, fervor religioso, iglesias embellecidas, pobreza socorrida… esos eran los frutos de las misiones del santo. Trabajó en Marlhes, Fangas, Lachau, Valence y en Ravau, ciudad a la que Luis XIII había reduido a su obediencia, pero no a la obediencia a la fe católica. Al poco tiempo, a fuerza de socorrer las almas y los cuerpos, la situación había cambiado, pues el número de los reconciliados con la Iglesia aumentó. Sermones, catequesis, devociones, esplendor del culto, limosnas a los pobres, esto y más fueron ablandando el corazón de los herejes, incuso aquellos más cerrados por los respetos humanos. Predicando en Sant Aggreve un domingo supo de una taberna que abría y permitía las borracheras, por lo que se fue allí a predicarles a aquellos hombres sobre la santidad del domingo y de cómo se debía santificar este. En eso, uno de aquellos, le dio una sonora bofetada, a lo que el santo respondió diciendo: “Os lo agradezco, hermano, y si supierais quien soy, juzgaríais que merezco más”. Le pidieron perdón aquellos brutos, y salieron de la taberna, mandando cerrarla.

Su fama le precedía y los pueblos hacían fiesta cuando sabían que “el santo”, como ya le llamaban, iba a predicarles. Limpiaban las iglesias, advertían a los disolutos y a los herejes, con lo cual, ya ellos mismos se iban misionando unos a otros. Si predicaba en un pueblo, se acercaban de varios pueblos a la redonda, y algunos le seguían de una comarca a otra. Y los portentos confirmaban la opinión de santo que se tenía sobre él: al sobrino de un cura que le hospedaba le protegió desde lejos de una caída que tuvo, a una mujer que le remendó el manteo, le sanó los hijos, uno de hidropesía y otro de fiebres. Otra vez, se cayó y se rompió una pierna, pero no por eso dejó de ir a la misión que tenía concertada. Al final de la noche, accedió a que los médicos le miraran la pierna y la encontraron perfecta, como si nunca se hubiera roto.

En 1636 volvió a pedir le enviaran a Canadá, con otra negativa por respuesta. Su campo de misión estaba en Francia, le decían. Le enviaron a Puy, para que desde la comunidad de los jesuitas, partiese a diferentes misiones, como un cuartel general. Aquí dio ejemplo en primer lugar a los jesuitas, que le querían y admiraban. Y al pueblo, que se reunía por millares para oírle. Se hizo servir de muchas personas caritativas, para llevar la luz del Evangelio a los enfermos, los herejes, los pobres, las mujeres de mala vida. Su caridad no tenía límites, y Dios no tuvo límites para con él: hasta tres veces multiplicó el grano con el que socorría a los pobres diariamente. Una mujer que había sido echada de la ciudad, por deformársele el rostro por un cáncer gozó todos los días de la asistencia del P. Juan Francisco, que la alimentaba y divertía con palabras de consuelo. Otro que vivía igualmente retirado, lleno de llagas y gusanos, igualmente era atendido y mimado por el santo, que le limpiaba y besaba las llagas. A otros, muchos, sanó milagrosamente de parálisis, fiebres, flujos de sangre, etc. También tuvo el don de profecía, especialmente para indicar a algunos que se convirtieran rápidamente, pues su fin estaba cerca, cosa que siempre se verificaba al poco.

En 1638 se fue de misión a Monregard, donde convirtió a la famosa hugonote Luisa Romezin, una mujer de vida recta, caritativa y apasionada por las Escrituras y la religión. Ningún sacerdote se había atrevido a intentar convertirla, de hecho muchos quedaban confundidos ante sus argumentos, lo que dice bastante de la formación del clero del momento. Enterada ella de la presencia del famoso misionero, fue a escucharle a escondidas un sermón, y quedó prendada de su estilo sencillo, pero más aún de su porte humilde y cercano. supo el santo de su presencia, y concertaron una cita para hablar de las cosas de Dios. En tres días, la señora confesó que había descubierto la verdad en la fe católica, gracias a las conversaciones con el P. Juan Francisco. Abjuró públicamente de su fe, y no solo eso, sino que le siguió en sus correrías apostólicas en Monfalcon, Recoulles, etc. Y en 1702 fue una de las principales testigos en los procesos informativos para la canonización del santo.


Muerte del santo.
Iglesia de los jesuitas de Drongen, Bélgica.
Cuatro años duró la misión en Puy. A principios de diciembre de 1640 se sintió mal, y aventuró que no renovaría sus votos a mediados del año entrante, como debía hacerlo. Ese día partió hacia La Louvesc, pero de camino contrajo una pulmonía, por descansar en una casa derruida, en medio de una tormenta. El viento helado le caló hasta los pulmones, dejándole casi baldado. Pero se levantó e inició su misión, incansable como siempre, callando el mal de costado que le aquejaba. Celebró la Navidad con esplendor, confesiones, devociones y predicando tres sermones. Al día siguiente se desvaneció en la iglesia. Le atendieron rápidamente, pero nada podía hacerse ya. El día 30 le dieron el viático y renunció a tomar un caldo de pollo, por fidelidad a su austeridad de toda la vida. El 31 de diciembre tuvo un éxtasis al presentarle un crucifijo, y al anochecer dijo a su compañero: “¡Hermano! ¡Veo a Jesucristo nuestro Señor y a Su Madre Santísima abriendo el cielo para mí!”. Y dijo luego quedamente “A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”, y expiró.

Hubo un verdadero clamor popular al saber que "el santo" había muerto, y en breve la iglesia y los alrrededores de esta estaban llenos de gente que quería venerarle. El 2 de enero se celebraron los funerales, luego del cual, los superiores jesuitas decidieron que tanto que el santo había amado aquellas regiones y pueblos pequeños, lo mejor era enterrarle allí mismo, en la iglesia de La Louvesc, en la pared, al costado del altar. Esto propició las peregrinaciones a su tumba, de todos aquellos que vivían lejos y querían venerar la tumba de su bienhechor. Y esta veneración se mantuvo constante durante siglos, como constantes fueron las gracias y milagros que ocurrían junto a sus reliquias. En 1702 se comienza a recoger testimonios y a hablarse de la oportuna canonización del humilde jesuita. El 12 de enero de 1704 22 obispos franceses envían una carta al papa Clemente XI resumiendo las virtudes, y aportando una gran cantidad de prodigios del misionero, e implorándole su beatificación. El 27 de marzo de 1712 el mismo papa proclamó que había vivido las virtudes de manera heroica. El 28 de abril de 1715 se aprobaron algunos milagros. El 8 de mayo de 1716 se expedió el Breve de beatificación. Fue canonizado por Clemente XII el 16 de junio de 1737.


Fuente:
-"Vida del Bienaventurado Juan Francisco Regis". R.P. GUILLERMO DAUBENTON S.J Madrid, 1718. 


A 2 de julio además se celebra a 
San Swithun de Winchester, obispo.
Santa Monegundis de Tours, reclusa.

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