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domingo, 19 de noviembre de 2017

Patriota, apóstol y carmelita.

San Rafael de San José Kalinowski, presbítero carmelita. 19 de noviembre.

Oriundo de una familia polaca, José Kalinowski vio la luz en Vilna (Polonia) el 1 de septiembre de 1835. A sus ocho años, en 1843, entra como alumno interno en el Instituto de Nobles, del que su padre es profesor y del que , más tarde, llegará a ser director. En 1850, comienza sus estudios superiores en el Instituto de Agronomía de Hory-Horki. Dos años más tarde ingresa en la Academia Militar de Ingenieros del Zar Nicolás, en San Petersburgo. Después de obtener el título de Ingeniero en dicha Academia, en 1957, es nombrado profesor de matemáticas en la misma Academia y obtiene el grado de teniente. Entre 1858-1860, trabaja en el proyecto de la línea de ferrocarril Odessa-Kiew-Kursk. En noviembre de 1860, a petición propia, es destinado a la fortaleza de Brest Litowski, ascendiendo a capitán de Estado Mayor del ejército ruso.

El 17 de mayo de 1863, obtiene la baja solicitada en el ejército del Zar. Un mes más tarde, se alista sin embargo en el levantamiento de Polonia para liberarla del poder zarista de ocupación, y ante las insistencias del Gobierno nacional polaco, clandestino, acepta el cargo de Ministro de la Guerra en Vielna, para toda la comarca de Lituania. Kalinowski, conocedor del poderío militar ruso, sabe cuál va a ser el resultado de aquella insurrección, pero su patriotismo le obliga a no claudicar. En el otoño de este mismo año la insurrección queda vencida.

A causa de su participación en este movimiento de liberación en Polonia, en la noche del 24 al 25 de marzo de 1864 es arrestado por los rusos y el día 2 de junio condenado a muerte. La pena le es conmutada por 10 años de trabajos forzados en Siberia, hacia donde parte el 11 de julio. En Siberia en 1874, los condenados experimentan algunos cambios en su condición debido a sucesivas amnistías, pasando de deportados a expatriados, con las consiguientes mejoras de vida. Conseguida la libertad en septiembre de 1874, se traslada a Austria y en octubre a París donde es nombrado educador del príncipe Augusto Czartoryski. En 1875, viaja con el príncipe, que tiene síntomas de tuberculosis, a diversos lugares de Francia, Suiza, Italia y Polonia, buscando remedio para su salud.

En 1877, el día 15 de julio ingresa al Carmelo Teresiano, llega al noviciado de Graz, en Austria. Después de unos meses de prueba, recibe el hábito el 26 de noviembre y cambia su nombre por el de Rafael de San José. De 1878 a 1881, hace sus estudios eclesiásticos en Giör (Hungría). Y en 1882, recibe la ordenación sacerdotal en Czerna (Polonia). De 1882 a 1907, el P. Rafael consumió el resto de su vida sirviendo en puestos de responsabilidad en la Orden: superior, organizador de la vida carmelitana y formador de varias generaciones de carmelitas.

Dedicó mucho tiempo y esfuerzos a los monasterios de las carmelitas descalzas y colaboró en la fundación de dos nuevos conventos. El estudio y la investigación ocuparon buena parte de los últimos años de su vida. Fruto de estos trabajos fue la edición, en cuatro tomos, de las Crónicas de las Carmelitas Descalzas en Polonia durante los siglos XVII y XVIII. Publicó también algunos trabajos propios, así como algunas traducciones del francés al polaco. Se distinguió en el celo por la unidad de la Iglesia y la incansable dedicación al ministerio del sacramento de la penitencia y a la dirección espiritual. Muy devoto de María, acudían a él los fieles incluso desde muchos kilómetros de distancia, haciendo florecer en Polonia la Orden del Carmelo Teresiano.


Funerales del santo.
Siempre delicado de salud, sobre todo desde su permanencia en Siberia, entregó su alma a Dios en Wadowice el 15 de noviembre de 1907, y enterrado en el convento de Czerna el día 20 de noviembre. El 22 de junio de 1983 era beatificado en Cracovia, y el 17 de noviembre de 1991, canonizado por Juan Pablo II.


Fuente:
http://www.portalcarmelitano.org


A 19 de noviembre además se celebra a
San Pablo de Skálholt, obispo.
San Abdías, Profeta.

viernes, 28 de julio de 2017

Beato Juan Soreth, General y Reformador de la Orden

Hoy celebra el carmelo descalzo la memoria de uno de los carmelitas más insignes de la Orden. Por sus escritos, su obra, sus virtudes, fundador, reformador, legislador, humilde a pesar de los cargos, caritativo y penitente. Y es:

Beato Juan Soreth, General de la Orden, Reformador y Fundador. 28 de julio (24 en la O. Carm).

Juan nació en Caen, Normandía, en 1394. En 1412 tomó el hábito carmelita en su ciudad natal, donde también fue ordenado presbítero, cerca de 1417. Fue maestro de filosofía en varios conventos y en 1433 los superiores le enviaron a la Universidad de París, a doctorarse en Teología, terminando en 1438 y siendo Maestro de la misma durante dos años. Su ejemplaridad y celo por la Orden era tal que en 1440 fue elegido Provincial de Francia, donde comenzó una obra reformadora muy importante en los conventos de su jurisdicción. Amor a la Regla, observancia y vida interior y comunitaria fueron sus grandes obsesiones. Fue pacificador, y siempre buscó el bien y la justicia, como cuando medió en el pleito entre la Universidad y los frailes mendicantes parisinos.

En 1451 se le eligió Superior General de la Orden, y lo sería vitaliciamente, pues siempre fue reelegido. Soreth se enfrentaba una situación catastrófica social y religiosamente. La peste había diezmado ciudades y conventos. La disciplina religiosa se había disipado en aras de la subsistencia, aceptándose a cualquier individuo, o relacionándose en demasía con los seglares. Muchos religiosos no iban al coro, faltaban a la pobreza, habían abandonado el apostolado. El papa Calixto III fue su gran valedor para la ingente reforma que llevó a cabo. También quiso este papa crearle cardenal y ordenarle obispo, para que tuviera más poder en su reforma, pero el santo solo quería contar con su ejemplo y autoridad como General de la Orden, por lo que se negó a recibir dignidad eclesiástica alguna. Escribió una "Expositio paraenetica in Regulam Carmelitarum", que habla de la importancia de la observancia interior, sin la cual las normas y austeridades externas nada son. Toca igualmente los temas de la oración, el silencio y la humildad para la vida personal y comunitaria de un religioso. Redactó unas nuevas Constituciones y se hizo rodear de frailes competentes y santos para que le ayudaran con la labor reformadora.

Visitó conventos de toda Europa, exhortando, poniendo paz, restableciendo la disciplina eclesiástica y la armonía en las casas de la Orden. Aunque no siempre hubo esa armonía, como en Colonia, donde fue arrojado del convento y tuvo que excomulgar a los frailes rebeldes a su persona. Sabiendo que era imposible reformar todos los conventos y todos los frailes al mismo tiempo, estableció en cada provincia religiosa algunos conventos en los que la Regla se viviera a plenitud, permitiendo a estos el traslado de los frailes que quisieran una vida más carmelitana. En 1462 republicó una edición revisada de las Constituciones.

También apoyó la Reforma Mantuana, propia de Italia, que dependía de la Orden, pero tenía sus propias Constituciones. El origen de esta reforma está en la de "Las Selvas", en la que destacó entre sus primeros religiosos el Beato Ángel Agustín Mazinghi (17 de agosto) y duraría hasta 1783, destacando también en ella el Beato Bartolomé Fanti (5 de diciembre). Pero no solo se dedicó a los frailes, sino que, viendo la necesidad de la vida claustral femenina, comenzó la obra de erección de monasterios de monjas. En 1452 Clemente V le expidió la Bula "Cum Nulla", según la cual fue posible fundar las monjas. Así, unió a la Orden algunas comunidades de beatas de los Países Bajos, dándoles el hábito y la espiritualidad carmelitana de oración, la Regla de San Alberto (17 de septiembre) y por supuesto, la filial devoción a la Virgen María. En esta obra le fue indispensable la ayuda de la Beata Francisca de Ambroise (5 de noviembre), a quien se considera la primera monja carmelita (no contamos a las "elianas", por supuesto). También fundó la Tercera Orden para los laicos, estos a partir de algunas asociaciones piadosas en torno a las iglesias del Carmen, y para ellos escribió unas Constituciones en 1455.

Fue devotísimo del Santísimo Sacramento, pasando todas las horas que podía en adoración del Señor. Y demostró este amor en 1468, durante el saqueo de Lieja por parte de Carlos el Temerario. Habiéndose incendiado una iglesia, nuestro Beato salvó el copón con el Sacramento, a riesgo de perder su vida, y lo llevó a la iglesia carmelita. En 1459 logró que el Papa Pío II aprobase el Oficio Litúrgico propio de San Ángelo (5 de mayo), el protomártir carmelita.

El santo reformador murió en Angers el 25 de julio de 1471, en circunstancias poco claras. Algunas crónicas hablan que murió envenenado por un fraile opuesto a la reforma continua del santo, aunque la historia oficial cuenta que murió de cólera luego de comer fresas verdes. El Beato Bautista Mantuano (17 de abril) le dedicó una hermosa elegía. Aunque recibió culto, nunca fue beatificado hasta que se comenzó el proceso de la Beata Francisca de Ambroise, lo cual impulsó el culto a Juan Soreth hasta ser confirmado el culto por Pío IX en 1866.


Fuente:

-Los Carmelitas: historia de la Orden del Carmen. Tomos 2 y 4. JOACHIM SMET. BAC, 1987.


A 28 de julio además se celebra a
Santos Nazario y Celso de Milán, mártires.
San Inocencio I, papa.

jueves, 1 de junio de 2017

San Simeón, carmelita.

San Simeón de Treveris, ermitaño carmelita. 1 de junio.

Su leyenda, algo confusa, le hace nacer a finales del siglo X y oriundo de Siracusa. Fue educado en Constantinopla y luego vivió como ermitaño en la Tierra Santa, primero junto al Jordán, y luego con los "carmelitas" de Belén, donde tomó el hábito. A continuación, en una comunidad monástica de Belén. También formó parte del monasterio eliano junto al Mar Rojo, y finalmente fue religioso del monasterio de los carmelitas del Monte Sinaí, donde fue ordenado diácono. En todos estos conventos dejaba un sabor a oración, penitencia, obediencia y humildad. Era muy piadoso y devotísimo de la Virgen María. En el Sinaí conoció al Duque de Normandía, que le eligió como consejero mientras estaba duraba la Primera Cruzada. Cuando el Duque regresó a Normandía, Simeón recibió un aviso del cielo que debía acompañarle. Así que entró en Europa.

Las leyendas son muy confusas, y le hacen ser compañero de peregrinaje por Tierra Santa del legendario arzobispo San Poppo de Bamberg (16 de junio). Según la leyenda, el santo obispo pidió a una monja del monasterio fundado por Santa Severa (20 de julio) que le hiciera unos zapatos. La monja, que amaba al santo, los hizo y los hechizó para que Poppo no pudiera negarse a cohabitar con ella. Ambos pecaron, y el santo para olvidarla regaló los zapatos a su vicario, que los aceptó sin saber eran embrujados. También pecó el vicario con la monja, y así, según la leyenda, todos los frailes y presbíteros de la región, se probaron los zapatos, y pecaron. En fin, que se supo lo ocurrido, los zapatos fueron exorcizados, la monja echada del monasterio y los presbíteros fueron castigados. Por este pecado, San Poppo peregrinó descalzo a Tierra Santa, y a este viaje llevó consigo a nuestro Simeón.

Celda del santo.
Porta Nigra.
Una vez que regresaron a Europa, Simeón se encerró en una celda en la torre de la Porta Nigra, en Tréveris. El abad del monasterio de San Maximino (29 de mayo) quedó a cargo de ser su superior. Allí vivió el santo una vida de oración y penitencia hasta 1035, cuando voló al cielo. En 1042 fue canonizado por el papa Benedicto IX, siendo el segundo varón en serlo, el primero fue San Ulric de Ausburg (4 de julio). Una capilla dedicada a su memoria fue construida en el sitio donde estuvo su celda, y allí estuvieron sus reliquias hasta 1400, cuando fueron trasladadas a la iglesia de San Gervasio. En 1802 esta iglesia fue demolida por orden de Napoleón, y a finales del XIX fue construida una iglesia dedicada a San Simeón, y allí se veneran sus reliquias.


Fuente:
https://www.heiligenlexikon.de


A 1 de junio además se celebra a
San Ronan de Bretaña, obispo.
San Elías y compañeros mártires.

lunes, 22 de mayo de 2017

Del Carmen y de la Caridad.

Santa Joaquina de Vedruna, viuda y fundadora. 22 de mayo.

Nació en Barcelona, en 1773. Su padre, Don Lorenzo de Vedruna, era rico y alto empleado del gobierno. Su familia era muy católica. Desde muy pequeña tuvo mucha devoción al Niño Jesús y a las benditas almas del Purgatorio. Algo que la caracterizó desde sus primeros años fue un gran amor a la limpieza. No toleraba ninguna mancha de mugre en sus vestidos. Y esto la fue llevando a no tolerar tampoco mancas de pecado en su alma. A los doce años sintió un gran deseo de ser monja carmelita. Pero las religiosas no la aceptaron porque les parecía muy niña todavía para decidirse por la vocación religiosa.

En 1799, con 26 años, contrae matrimonio con un rico hacendado, don Teodoro de Mas, muy amigo de su padre, y empleado oficial como él. Teodoro estimaba mucho a las tres hijas de Don Lorenzo y para decidirse por una de ellas les llevó un pequeño paquetico de dulces de regalo. Las dos primeras lo rechazaron como un regalo demasiado infantil, pero Joaquina lo aceptó con alegría exclamando: "Me encantan las almendras". Este gesto de humildad decidió al joven a elegirla como esposa. Al principio de su matrimonio sentía a veces serios escrúpulos por no haber seguido la vocación de religiosa que de niña tanto le llamaba la atención, pero su esposo la consolaba diciéndole que en la vida de hogar se puede llegar a tan alta santidad como en un convento y que con sus buenas obras de piedad iría reemplazando las que iba a hacer en la vida religiosa. Esto la tranquilizó. 16 años vivió con su esposo, y Dios le regaló ocho hijos. Y como premio a su sacrificios, cuatro hijas se hicieron religiosas, y varias de sus nietas también.

Cuando Napoleón invadió España; el esposo de Joaquina se fue al ejército a defender la patria y participó valerosamente en cinco batallas contra los invasores. Joaquina y sus niños tuvieron que abandonar la ciudad de Barcelona y huir hacia la pequeña ciudad de Vich. Cuando Joaquina y sus hijos andaban por la llanura huyendo, de pronto apareció una misteriosa señora y la condujo hasta Vich a casa de una familia muy buena, que los recibió con gran cariño. Enseguida la Señora desapareció y nadie pudo dar razón de ella. Joaquina creyó siempre que fue la Virgen quien llegó a auxiliarla. Un día mientras estaba rodeada de su familia, le pareció oír una voz que le decía: "Pronto te vas a quedar viuda". Ella se preparó a aceptar la voluntad de Dios, y a los dos meses, aunque su esposo gozaba de buena salud, y apenas tenía 42 años, murió imprevistamente. Joaquina quedaba viuda a los 33 años, y encargada de ocho hijitos. Desde aquel día dejó todos sus vestidos de señora rica. Y se dedicó por completo a ayudar a los pobres y a asistir a los enfermos en los hospitales. Al principio la gente creía que se había vuelto loca por la tristeza de la muerte de su esposo, pero pronto se dieron cuenta de que lo que se estaba volviendo era una gran santa. Y admiraban su generosidad con los necesitados. Ella vivía como la gente más pobre, pero todas sus energías eran para ayudar a los que padecían miseria o enfermedad.

Durante diez años estuvo dedicada a penitencias, muchas oraciones y continuas obras de caridad, pidiéndole a Dios que le iluminara lo que más le convenía hacer para el futuro. Cuatro de sus hijas se fueron de religiosas y los otros cuatro hijos se fueron casando, y al fin ella quedó libre de toda responsabilidad hogareña. Ahora iba a poder realizar su gran deseo de cuando era niña: ser religiosa. Se encontró providencialmente con un sacerdote muy santo, el Padre Esteban, capuchino, el cual le dijo que Dios la tenía destinada para fundar una comunidad de religiosas dedicada a la vida activa de apostolado. El sabio Padre Esteban redacta las constituciones de la nueva comunidad, y en 1826, ante el Sr. Obispo de Vich, que las apoya totalmente, empieza con ocho jovencitas su nueva comunidad a la cual le pone el nombre de "Carmelitas de la Caridad". Pronto ya las religiosas son trece y más tarde cien. Su comunidad, como el granito de mostaza, empieza siendo muy pequeña, y llega a ser un gran árbol lleno de buenos frutos. Ella va fundando casas de religiosas por toda la provincia.

Tuvo Santa Joaquina la dicha de encontrarse también con el gran apóstol San Antonio María Claret (24 de octubre) cuyos consejos le fueron de gran provecho para el progreso de su nueva congregación. Vino luego la guerra carlista y nuestra santa, perseguida por los izquierdistas, tuvo que huir a Francia donde estuvo desterrada por tres años. Allí recibió la ayuda muy oportuna de un joven misteriosos que ella creyó siempre haber sido San Miguel Arcángel, y Dios le preparó en estas tierras a una familia española que la trató con verdadera caridad. Al volver a España, quizás como fruto de los sufrimientos padecidos y de tantas oraciones, empezó a crecer admirablemente su comunidad y las casas se fueron multiplicando como verdadera bendición de Dios.

En 1850 empezó a sentir los primeros síntomas de la parálisis que la iba a inmovilizar por completo. Aconsejada por el Vicario Episcopal renunció a todos sus cargos y se dedicó a vivir humildemente como una religiosa sin puesto ninguno. Aunque conservaba plenamente sus cualidades mentales, sin embargo dejó a otras personas que dirigieran la Congregación. Dios le suscitó un nuevo y santo director para su comunidad, el Padre Bernardo Sala, benedictino, quien se propuso dirigir a las religiosas según el espíritu de la santa fundadora. Durante cuatro años la parálisis se fue extendiendo y la fue inmovilizando por completo hasta quitarle también el habla. Vino luego una epidemia de cólera, la cual acabó con su vida y el 28 de agosto de 1854 pasó santamente a la eternidad. Antes había tenido el gusto de ver aprobada su Comunidad religiosa por la Santa Iglesia en 1850. Fue beatificada por el papa Pío XII el 19 de mayo de 1940 y canonizada el 12 de abril de 1959 por el papa San Juan XXIII.


Fuente:
-Jhonatan Alarcón.


A 22 de mayo además se celebra a:

San Goswin de Colonia,
niño mártir.
Santa Julia de Córcega,
virgen y mártir
.
Beata Renata
de Baviera, viuda
.








miércoles, 25 de mayo de 2016

De la extática del Carmelo

Santa María Magdalena de Pazzi, virgen carmelita. 25 de mayo.

Nació en Florencia, Italia, el 2 de abril de 1566, en el célebre clan de los Pazzi, ilustre en hombres de armas y de Iglesia. Su nombre de bautismo fue Catalina. Su padre, Camilo Geri de Pazzi, era gobernador de Florencia, y su madre, María, era de la noble familia de los Buondelmonti. Fue educada en el refinamiento, las artes y la piedad, como toda niña noble.  El 26 de marzo de 1576, con sólo diez años, recibe la primera comunión, lo que es un verdadero privilegio para su época, y además, obtiene el permiso para comulgar todos los domingos. Por estos días comienza a dirigirse con el jesuita Andrés Rossi, el cual la lanza por los derroteros de la oración mental. Ese mismo año hace voto de virginidad perpetua.

A los doce años, el 30 de noviembre de 1578 tiene su primer éxtasis mientras se hallaba de veraneo. En 1580 se separa de su familia, su padre ha sido nombrado gobernador de Cortona, y la interna en las monjas de San Juan para que completen su educación. En 1581 Camilo y María regresan a Florencia y nuestra santita, que ya tiene definida su vocación religiosa, sale del internado. Tiene catorce años y sus padres comienzan a buscarle un marido acorde a su nobleza, pero Catalina le dice que quiere ser monja, con lo cual les causa gran disgusto. Ella permanece firme a pesar de las insistencias de los padres, que finalmente ceden con reticencias. En 1582 pasa un tiempo de prueba en las carmelitas de Florencia. Luego de barajar algunas órdenes religiosas, se decanta por la Orden del Carmen por los privilegios que tenían las carmelitas de comulgar frecuentemente. Luego de obtener la bendición paterna para consagrarse a Dios, entra en el Carmelo el 30 de noviembre del mismo año. El 30 de enero de 1583 toma el hábito eligiendo como nombre religioso María Magdalena, en honor a la gran discípula y amadora de Jesús. Al serle entregado el crucifijo, el sacerdote pronunció las palabras de la fórmula, de origen bíblico: "líbreme Dios de gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo" la impresionaron tanto que las convirtió en norma de vida para siempre.

El noviciado transcurre entre enfermedades, sequedades y adelantos en la oración. Es pronta a cumplir los horarios, a obedecer y a observar la pobreza religiosa. Enferma continuamente y en 1584 se teme por su vida, por lo que el 27 de mayo, domingo de la Santísima Trinidad, emite la profesión religiosa. Luego de emitir los votos tiene un éxtasis en el cual su rostro parecía encendido en fuego, y clama: "Oh amor de Dios que no eres conocido ni amado: ¡cuán ofendido estás!". Y este será su espíritu siempre: la consolación y reparación al amor gratuito de Jesús, no correspondido por las almas. A partir de ese día y durante cuarenta días, luego de cada comunión cae en éxtasis. Recibe enseñanzas del cielo y las trasmite, siendo copiadas por las religiosas que la acompañan. Esas locuciones y otros escritos conforman una sólida doctrina que merece conocerse más. Al año siguiente, el 8 de junio, Vigilia de Pentecostés tiene un ciclo de éxtasis que duran toda la Octava de Pentecostés, hasta el Domingo de Trinidad. Este día comienza un período de sequedad, pruebas y tentaciones que ella misma llama "el foso de los leones". Fue una purificación total de todo apego, egoísmos, preparando el alma en humildad y vaciamiento de todo para llenarlo de Dios. Dios extirpa todo el interior, podemos usar esta imagen: Dios limpia el molde del corazón del hombre, para volcarse en este y moldearse Él mismo en el corazón, de modo que lo que trasmita el alma sea al mismo Dios. Es la cristificación total, la preparación para el matrimonio espiritual.

San Agustín se le aparece.
En la fiesta de San Elías de 1586 tiene un éxtasis en el cual Dios le encomienda la reforma de la Iglesia. Escribe cartas y alegatos inspiradísimos, que remite al papa Sixto V y a varios prelados en los cuales denuncia males, pide corrección y penitencia y sobre todo, apela a la fidelidad a Cristo y el Evangelio. A pesar del período terrible de estos cinco años, recibe dones y gracias. El día de la Encarnación de 1585 se le aparece San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental), que le escribió en el corazón las palabras "Verbum caro factum est". El 15 de abril de este mismo año recibe en el alma los estigmas de la Pasión. El 28 del mismo mes se desposa con Cristo en místico matrimonio.

En 1589 es elegida submaestra de novicias. El día de Pentecostés, 10 de 1590, termina la etapa de la terrible prueba. Su alma recupera la serenidad, a la par que el amor de Dios le quema y le urge que sea conocido y amado por todos. Conocidas son sus "carreras" por el monasterio y toques violentos de la campana a los desgarradores gritos de "¡el Amor no es amado!", pues le era inconcebible que teniendo a mano al mismo Cristo y su amor infinito, las almas no lo aprovechasen. Son los ímpetus de amor que también leemos de San Miguel de los Santos (8 de junio y 10 de abril) o de San Felipe Neri (26 de mayo). Otra de sus máximas es "No morir, sino sufrir", superando al "O padecer o morir" de Santa Teresa de Jesús (15 de octubre y 26 de agosto, la Trasverberación). Tuvo don de profecía, pues a Alejandro de Médicis le profetizó que sería papa (lo fue con el nombre de León XI) y que duraría poco en el papado, como realmente fue, pues solo reinó 27 días. También tuvo don de conciencias, el don de bilocación y milagros, pues sanó a varios enfermos que tuvieron algún contacto con ella. 

El 6 de octubre de 1695 es elegida maestra de profesas, labor que desarrolló con una exquisitez enorme. En 1598 la nombran maestra de novicias. Guió a sus novicias y profesas por las sendas del amor infinito de Dios, inculcándoles la constante presencia de Dios, el espíritu de consolación a Cristo por tanto amor no correspondido y, claro, el amor a la Orden del Carmen. En 1604 tuvo su último éxtasis. Luego de este dijo: "Vi el amor inmenso que nos tiene Nuestro Señor y vi también que las almas que ofrecen sus sufrimientos uniéndolos a los sufrimientos de Cristo se vuelven inmensamente hermosas. ¡Oh, si las gentes supieran lo mucho que ganan cuando ofrecen a Dios sus padecimientos!" Este mismo año fue elegida subpriora de la comunidad. Comienza su penosa enfermedad que la llena de dolores y padecimientos durante tres años. Dolores de cabeza, parálisis intermitentes, sensibilidad cutánea extrema, de tal modo que el contacto del hábito era un tortura. Preguntada como podía soportarlos, respondió: "Meditando en los sufrimientos que Jesucristo padeció en su santísima Pasión y muerte. Quien mira las heridas de Jesús crucificado y medita en sus dolores, adquiere un gran valor para sufrir sin impacientarse, y ofrecerlo todo por amor a Dios". En 1607, con solo 41 años, fallece el 27 de mayo. Su cuerpo se venera incorrupto en el Carmen de Florencia.

Fue beatificada el 8 de mayo de 1626 por Urbano VIII, y canonizada el 22 de abril de 1669 por Clemente IX. Ese mismo año se publica en Roma la obra "Avisos y enseñanzas", que es una recopilación de sus palabras durante los éxtasis entre 1590 y 1607. Aunque en principio son instrucciones para el ámbito monástico, su valor traspasa los claustros y sirven para cualquier cristiano que pretenda la perfección. De hecho San Alfonso María Liguori (1 de agosto) lo tenía como libro de cabecera, lo recomendaba a todos y más de una vez lo cita. Y deberíamos leerlo todos, especialmente en el año jubilar que estamos viviendo por el 450 aniversario de su nacimiento.


Y terminar, como no, con algunas frases de la santa:

La Comunión: "El momento más oportuno para tratar Dios, escuchar sus inspiraciones y aprender de Él mismo a servirle según su voluntad es, indudablemente, cuando tenéis dentro de vosotros a este divino Huésped. Debéis, pues, estar atentos a su divina voz, porque el que aprende del mismo Jesús, no necesita de otros libros ni de más enseñanzas".

La Madre de Dios: "María es la fuente sellada con el sello inmaculado del Verbo Eterno, que la declara Virgen y Madre, Madre y Virgen, complacencia de la Santísima Trinidad. (...) Hortus Conclusus en el que está encerrado el Dador del ser, porque en María se encierra el mismo Dios".

La Voluntad de Dios: "Cuando sucedan cosas que vayan contra vuestro gusto y os parezca que las criaturas hacen todo lo contrario de lo que a vosotros os conviene, deponed vuestro entendimiento, voluntad y ciencia (...) Permaneced alegres en medio de las dificultades que se os presenten en el servicio de Dios y pensad que todo sucede por voluntad de Dios, que lo ha ordenado así desde toda la eternidad para vuestro bien, aunque ahora no alcancé a comprenderlo".

"Es más agradable a Dios una obra hecha contra gusto, que muchas realizadas con agrado y sentimiento; sin embargo, cuando estéis en sequedad y abandono, alegraos y gozaos de que Dios se digne haceros partícipe de sus mayores dones (...) con que acostumbra a regalar a las almas que más ama".

Sencillez: "Imitad a quienes, según veis por la experiencia y las obras, tienen más luz del Señor y mayor deseo de perfección, sin preocuparse de si tales personas poseen o no todas las cualidades exteriores que parezcan convenientes, fijándoos únicamente en la gloria de Dios".

Oración: "La oración es un camino corto para llegar a la perfección; en ella Dios enseña, y por este medio el alma se desprende de las cosas creadas y se une a Dios".


Fuentes:
-"Vida de la bienaventurada y extática virgen Maria Magdalena de Pazzi". FR. JUAN BAUTISTA LEZANA. Roma, 1648.
-"Flores del Carmelo, vidas de los santos de N. S. del Carmen". FR. JOSÉ DE SANTA TERESA. Madrid, 1678.
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Mayo. P. Jean CROISSET. S.J. Barcelona, 1862.
-"Avisos y enseñanzas". MARÍA MAGDALENA DE PAZZI. Onda, 1991.
- "Nuevo Año Cristiano". Tomo 5. Editorial Edibesa, 2001.


El 25 de mayo además se celebra a:

San Urbano I, papa y mártir. 
La Tercera Invención
de la cabeza del Bautist
a.
San Dunchladh
de Iona, abad
. 
San Gregorio VII, papa.

martes, 17 de mayo de 2016

Bertoldo II, el emigrante.

Beato Bertoldo II de Lombardía, IV General latino. 17 de mayo.


De este “santo nuestro pasado”, que no hay que confundir con San Bertoldo (29 de marzo), no sabemos nada de su origen e infancia, salvo que los biógrafos le hacen natural de Lombardía y nacido a mediados del siglo XII. Fue de familia de caballeros y caballero él mismo.

Según una apócrifa carta de San Cirilo de Constantinopla (6 de marzo), Bertoldo fue de aquellos caballeros que una vez acabada la Cruzada y hartos del mundo y de las armas, quiso retirarse a soledad. Visitando la santa cueva y los lugares santificados por los profetas San Elías (20 de julio en la Iglesia romana; 12 de enero, la ascensión al Paraíso; 20 de junio, traslación de reliquias a la iglesia de los Santos Apóstoles en Constantinopla) y San Eliseo (14 de junio), conoció a los carmelitas, que ya tenían su regla, dada por San Alberto de Jerusalén (17 de septiembre y 8 de abril) a San Brocardo (2 de septiembre). A la sazón, estaban regidos los monjes del Carmelo por San Cirilo Constantinopolitano, el cual, apenas conoció a Bertoldo y vio su devoción, virtudes y luces, le dio el hábito carmelita. Fue un ejemplar religioso y, pronto se convirtió en la mano derecha de Cirilo.

En 1224 murió San Cirilo y los monjes eligieron a Bertoldo como superior y General de la Orden. En este mismo Capítulo en el que se eligió, debatieron los monjes si era conveniente pasar a Europa y extenderse por toda la cristiandad. El motivo principal era el peligro que corrían en Palestina, pues los crueles sarracenos asolaban cualquier territorio cristiano, y cada vez se acercaban más a la Tierra Santa. Si bien una facción recordaba las palabras evangélicas "si os persiguen en una ciudad, huid a otra" (San Mateo), la otra abogaba por permanecer en el Carmelo y afrontar el martirio si era necesario, y evocaban las palabras de Cristo "vosotros no temáis, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino" (San Lucas). Esa misma noche, se le apareció la Santísima Virgen a Bertoldo y le dijo: "Esta es la voluntad de mi Divino Hijo: Que la Orden del Carmelo ilustre no solo la Palestina y Siria, sino todo el orbe cristiano". Así que determinó Bertoldo que debían ir a Europa. Por ello se le atribuye la expansión de la Orden con los primeros religiosos llevados por los reyes cristianos y establecidos en Nicosia, Nápoles, Roma, España. Incluso en Alemania e Inglaterra.

En 1225, como había visto en visión San Bertoldo I, padecieron el martirio muchos carmelitas en Oriente, por parte de los sarracenos. Sus cabezas fueron arrojadas a la fuente de Elías y los cuerpos esparcidos por un valle que luego se llamaría "Valle de los mártires". Pero ese mismo año, en Europa empezarían a los carmelitas padecer otro “martirio”, por parte de los cristianos: la intención del clero y algunas órdenes monásticas de suprimir a los carmelitas. La principal razón aducida era que los carmelitas eran monjes de Oriente sin Regla aprobada por la Iglesia. Acudieron los carmelitas a Rieul, Patriarca de Jerusalén y sucesor de San Alberto, para que les confirmase la Regla Albertiniana. Este lo hizo y, además, les aconsejó que la hicieran confirmar por el papa. 

La persecución arreció y efectivamente, los carmelitas vieron zozobrar la Orden, por la insistencia y tejemanejes de dos prelados. Los carmelitas pidieron al papa Honorio III que les confirmase la Regla y este lo hizo, a pesar de que ya el Decreto de supresión ya estaba redactado por los tales prelados, y solo faltaba la firma del papa. La leyenda cuenta que la Virgen se le apareció al papa y le dijo que recibiese a sus hijos del Carmelo en la Iglesia, y que como prueba de su protección sobre la Orden, aquella misma noche, 15 de julio de 1226, habían muerto aquellos dos "infestissimi curiale", de diversa muerte, pero a la misma hora. Confirmado el hecho por parte del papa, expedió la Bula "Ut vivendi", que aprobaba la Regla Albertiniana, fechada a 26 de enero de 1226.

En memoria de esta aprobación (de palabra) del papa, al día siguiente de la muerte de los enemigos del Carmelo, el Beato Bertoldo instituyó para siempre, a 16 de julio, la Conmemoración Solemne de la Bienaventurada Virgen del Monte Carmelo. Ese mismo año, visitando el Monte Carmelo, nuestro Bertoldo falleció santamente. Fue sucedido por el Beato Alano (12 de noviembre), V General latino y bajo cuyo generalato la Orden pasaría definitivamente a Europa, abandonando el monte Carmelo hasta el siglo XVII.


Por diversas causas, principalmente por dejarse llevar por la pasión y sumándole el desconocimiento de la historia, no pocos hagiógrafos escribieron que dichos "infestissimi curiale" son nada menos que Santo Tomás de Aquino (7 de marzo y 28 de enero, traslación de las reliquias) y San Buenaventura (15 de julio). La razón de tal asimilación puede originarse en que realmente ambos santos murieron inesperadamente. Tomás mientras se dirigía al II Concilio de Lyon, y Buenaventura, el 15 de julio, habiendo comenzado dicho Concilio. Pero esto fue en 1274, pues en 1225, ambos santos ¡tenían un año de edad!

Fuente: 

-"Flos Sanctorum del Carmelo". P. SIMEÓN MARÍA BESALDUCH, O.Carm. Barcelona 1951.


A 17 de mayo además se celebra a

San Torpes, mártir. 
San Pascual Baylon,
religioso franciscano
.
San Cathan,
fundador y abad.




miércoles, 12 de agosto de 2015

Un mártir del Santo Escapulario

Beato Isidoro Bankaja, catequista, mártir del escapulario. 12 de agosto. 

Nació Isidoro en la década de 1880, lamentablemente no conocemos la fecha, ni el año, pues su edad era imprecisa al momento de su muerte. Fueron sus padres Yonzwa y su madre Inyuka, de religión pagana, como la mayoría de su aldea, Boangi. Tuvo una hermana y un hermano. De su niñez poco se conoce, pues le encontramos de nuevo en 1905, y entre los 20 y 25 años, empleado como peón de albañil en una empresa de Obras Públicas en Mbandaka. Un tiempo antes ya había comenzado su acercamiento al cristianismo, con la correspondiente catequesis con los monjes trapenses, misioneros en África. El 6 de mayo de 1906 recibe el Bautismo, y junto a su filiación a Cristo por medio del Sacramento, recibe la filiación a la Santísima Virgen por medio de su hábito: el Escapulario del Carmen. En noviembre de ese mismo año recibe la confirmación y el 8 de agosto de 1907 se acerca por primera vez a la Eucaristía. Todo y siempre de la mano de la Madre de Dios, a quien profesa una ardiente devoción.

Poco tiempo después comenzó a trabajar en una empresa de caucho propiedad de un belga de nombre Longange, abiertamente opuesto a la Iglesia y los católicos, racista (como eran casi todos en el siglo XIX) y de carácter violento. Un día ve el escapulario que pende del cuello de Isidoro y le conmina a que se quite ese “amuleto”. Isidoro no obedece, y a los pocos días, viéndole de nuevo con el escapulario al cuello, manda le den 25 azotes. Isidoro sufrió el castigo con paciencia, sin quejarse, pero sin quitarse su amado hábito de María.

No le importa al belga que Isidoro sea cumplidor con el trabajo, puntual, íntegro, pues le puede el odio a la religión. Que Isidoro hable de Dios a sus compañeros lo revuelve. En 1909 vuelve a ser golpeado por lo mismo: el Escapulario. Pero el joven no se amilana ni se quita su prenda. Enterado que Longange quiere librarse de él, va a su encuentro y le dice: “No te he robado. No me he acercado a tu mujer ni a tus concubinas. He hecho cuanto me has mandado. ¿Por qué quieres matarme?" Al verse descubierto, Longange montó en cólera y mandó le golpeasen con una pieza para domar elefantes, que es un cuero lleno de púas. El otro negro se niega, y el mismo Longange tomó el flagelo y le golpea como un poseso mientras le grita que deje el teatro, pida perdón y se quite “esos trapos”. Pero el santo mártir calla y sufre. Longange le quita el escapulario, lo pisotea y lo da a su perro, que lo destroza.

Le deja tirado en el suelo el belga, chorreando sangre, hasta que manda lo metan en un calabozo lleno de ratas, por miedo a que se conozca lo que ha hecho, y menos se entere un inspector de la empresa, de nombre Potama, que estaba por la zona. En la improvisada cárcel sufre y reza Isidoro hasta que un día logra escapar, arrastrándose. En ese estado lo encuentra Moyá Mptsu, criado del inspector Potama. Isidoro le dice: "Si ves a mi madre, si vas a casa del juez, si vas a la residencia del padre, diles a todos que muero porque soy cristiano". Mas no muere, se recupera de las heridas con unos amigos y una vez mejor, vuelve a su rutina de piedad y enseñanza del catecismo. Pero Longange no está tranquilo, su odio es satánico, y de nuevo le castiga brutalmente con el látigo para elefantes. No logra matarle, entonces le arroja otra vez al calabozo, en esta ocasión atado sujetado por los pies con dos argollas de hierro. Todo por Cristo.

Ante una inspección, Longange manda se lleven a aquel desecho humano para que no le vean herido. En una distracción de los negros que le arrastran, Isidoro comienza a alejarse por un pantano, hasta un embarcadero. Allí le acogen con espanto, pues las heridas se le pudren y los gusanos hacen pasto con su cuerpo. El 25 de julio le visitan los misioneros, que le confiesan y le dan la Eucaristía. Isidoro llora con ellos y les cuenta la causa de su martirio: “El blanco no amaba a los cristianos. No quería que yo llevara el hábito de María, el escapulario. Me insultaba cuando rezaba". Y añade “no tiene importancia que yo muera. Si Dios quiere que viva, viviré, si Dios quiere que muera, moriré. Me da igual". El misionero le pregunta si odia a su agresor, y como buen santo responde: “No estoy enojado contra el blanco, el que me haya flagelado es asunto suyo, no mío. Sí, si muero pediré por él en el cielo".

El 15 de agosto, día grande de su amada Virgen María, escupe sangre y pus, y aunque la fiebre y los dolores le consuman se levanta y participa en las oraciones. Una vez vuelto a su rincón, muere con el rosario en las manos. Los cristianos le entierran con la certeza de que ha muerto por la fe. Con veneración ponen en sus manos el rosario y al cuello su santo Escapulario. El 25 de abril de 1994, el papa San Juan Pablo II lo beatificó. Aunque no perteneció directamente a la Orden del Carmen, forma parte de ella como todos los que usan el Escapulario, y en su caso, su amor por el hábito de la Madre de Dios le hace todo un carmelita.

Fuente:
- "Nuevo Año Cristiano". Tomo 8. Editorial Edibesa, 2001.


A 12 de agosto además se celebra a 
San Alejandro "el Carbonero", obispo y mártir.
Santos Aniceto y Focio, mártires. 

sábado, 7 de junio de 2014

Beata Ana de San Bartolomé, casi Madre Nuestra

La Beata Ana de San Bartolomé (7 de junio) es uno de los pilares del carmelo teresiano, a la que debemos mucho los que amamos este carisma. De las monjas fieles, luchadoras, impregnadas del espíritu teresiano, que se enfrentaron a frailes, generales y obispos para conservar el espíritu de Nuestra Madre. De las santas, en fin. Lega, fundadora, priora, mística, intuitiva, consejera de gobernantes, libertadora de los cristianos... Muchas cosas podríamos decir de ella, leyendo sus cartas y su autobiografía, escrita por obediencia a los superiores. Por falta de tiempo no puedo hacer un artículo como se merece (suponiendo que pudiera hacerlo yo), sino que os brindo un sencillo resumen del libro "La Beata Sor Ana de San Bartolomé. Una maravilla de Dios", del agustino recoleto P. Ángel Peña. 

I. Los inicios:
Ana García Manzanas nace el 1 de octubre de 1549, sexta de siete hermanos, e hija de Alonso Sánchez y María Sánchez. De su infancia sabemos que dedicaba largos ratos a la penitencia y la oración y que tuvo la gracia de ser acompañada frecuentemente por el Niño Jesús, que según ella crecía, se iba mostrando de su edad. A los diez años habían muerto sus padres y fue enviada como pastora por sus hermanos. A los 13 años la quieren casar, pero ella desecha a todos los pretendientes y suplica a Dios la libre de matrimonio alguno si no es con Él mismo. Tiene una revelación de una orden nueva: carmelitas que viven la regla primitiva, y con ellas quiere entrar. Rechaza a las jerónimas, que la invitan a profesar con ellas. Los hermanos le dicen que de carmelitas fundadas por "una loca llamada Teresa"; nada, que si quiere, a las jerónimas. Uno llega a acuchillarle. Finalmente su tío intercede por ella y la llevan a Ávila, donde le dilatan la entrada y mientras, los hermanos le hacen la vida imposible, cargándola de trabajos todo el día. Al fin, el 2 de noviembre de 1570 entra al monasterio como hermana lega, siendo la primera de la descalcez. 

II. Con Teresa:
En 1571, siendo novicia aún, conoce a la Santa Madre Teresa de Jesús (15 de octubre y 26 de agosto), que al verla, dice: "Aunque sea novicia, llévenla a mi celda, que quiero que sea mi compañera". Siendo priora la santa en la Encarnación le dará permiso para la profesión, que ocurrió el 15 de agosto de 1572. Fue tornera y enfermera. Jamás estaba ociosa y aún de priora, si iba al locutorio, hilaba, cosía, escribía o rezaba el rosario. En 1574 enferma de cuidado, por lo que la Santa no puede llevarla consigo, como quería, a las fundaciones de Beas de Segura y Sevilla. Vuelta la santa de Sevilla, encuentra gran pobreza en el monasterio, y varias enfermas por el hambre que pasaban. Pone a Ana de enfermera y esta, por obediencia, arrastrando su enfermedad, consuela a las otras y mejora su salud. Desde ese momento, comienza a atender a la Santa y no se separará de ella hasta ayudarla a morir en sus brazos. Juntas vivieron  los caminos calurosos o fríos, secos o húmedos; los desplantes de Burgos y las alegrías de Palencia. Juntas por esos mundos: Valladolid, Salamanca, Villanueva de la Jara. Juntas padeciendo, riendo, enfermando y sanando. Juntas temieron la persecusión de los "calzados", la angustia por la prisión del Santo Padre, los ataques a Gracián y el casi derrumbe de la obra teresiana. Juntas agradecieron a Dios por el Capítulo de Alcalá de Henares. Juntas, en fin, llegaron a Alba de Tormes el 20 de septiembre de 1582, para morir la santa el 4 de octubre del mismo año, sostenida por Ana de San Bartolomé. 

Muerte de Santa Teresa
III. Sin Teresa:
Enterrada la Santa en Alba, quiso Ana quedarse a la vera de su cuerpo, pero fue enviada a Ávila, su verdadero convento. Fue testigo entre 1583 y 1588 de las desastrosas e indignas traslaciones del cuerpo de Santa Teresa, de Alba a Ávila y viceversa. Tuvo, como otras religiosas, apariciones de la santa, ya fuera bendiciendo a la priora, en el coro sentada entre las demás monjas, o sintiendo el mismo olor que expedía su cuerpo incorrupto en varias estancias del convento de Ávila. En 1591 María de San Jerónimo es nombrada priora del convento de Madrid para atajar un atisbo de separación de las monjas de dicho convento, y llevó consigo a nuestra beata a dicha ciudad. En 1595 la llevaría consigo a la fundación de Ocaña, donde permaneció hasta 1598 y se fraguó la tercera y definitiva parte de su vida. Ella lo cuenta: 
"Estando en esta fundación de Ocaña, la noche de Navidad, después de los Maitines, me quedé recogida y en sueños me mostraron la venida que había de hacer a la Francia. Entráronme en un mar muy oscuro que me daba temor y me enviaron con unas compañeras que no eran mis conocidas, sino una conocí después en este recogimiento. Me hallé forzada mi espíritu antes de esta vista en un vivo deseo de ser mártir, y aunque algunas veces se me han apretado estos deseos, no tan perfectos como esta vez, que me hallaba con una conformidad y gozo, tomándolo por Dios con el más encendido amor que en esta parte he tenido (...) Se me mostró Nuestro Señor como cuando andaba por el mundo, mas con grandísima hermosura y Majestad, pero por otra parte afligido, dándome a entender la mucha pena que tenía y tocándome en el hombro, me dijo: “Hija, ayúdame. Mira las almas que se me pierden en Francia”. Y fuéme mostrando todo el reino y estas tierras de por acá cómo se están abrasando en herejías y grandes pecados. Y de aquel tocarme en el hombro me parece descargó su pena y me la dio a mí tan grande y sentí tan gran dolor que me parece me moría. Los efectos con que quedé de este arrobamiento y visión fue un amor tan abrasado con aquellas almas y las de todos mis prójimos que me parece me iba secando". 


"estando de rodillas recogida, vi a Nuestro Señor
Jesucristo (...) que me puso la mano en el hombro
porque descargue en mi su pena, y quedéme
como desmayada, porque me dio su Divina
Majestad a entender las muchas almas que se
perdían en Francia, y dejóme
"
Diálogos sobre su espíritu.
IV. A Francia, o sea, al Calvario:
La fundación en Francia, procurada por Madame Acarie y su primo Pedro Berulle, había pasado por varios contratiempos que podéis leer en el artículo dedicado a esta santa mujer en este blog. En 1604 Berulle fue a España a buscar las religiosas necesarias, pero halló que la religiosa que más lo había procurado, la Gran María de San José, había fallecido. Berulle la sustituyó con Ana de San Bartolomé, cosa que no gustó ni al Nuncio ni a las demás monjas (Ana de Jesús Lobera, Leonor de San Bernardo, Isabel de los Ángeles, Isabel de San Pablo y Beatriz de la Concepción), pues Ana de San Bartolomé era una lega sin instrucción. Entraron en Francia el 29 de agosto de 1604, y llegaron a París el 15 de octubre. El 18 se fundaría el convento de la Encarnación, nombrando a Ana de Jesús como priora.

A los dos meses los superiores determinaron darle el velo negro de corista a Ana, que se negó rotundamente. Era necesario, para que fuera fundadora y priora, dada la posibilidad de hacer otras fundaciones. La Venerable Ana de Jesús se opuso fuertemente, diciendo que iba contra la Santa, que la había querido de velo blanco, que jamás se había visto que una lega cambiase al velo negro, y menos para ser priora y fundadora. Dice la Beata su autobiografía:

"La prelada [Ana de Jesús] no quería. Yo estaba sola y ella me tenía a veces en una celda una hora entera, diciéndome cosas de harta temeridad, que no los creyese, que me condenaría y que por mí se perdería y relajaría la Orden en Francia y en España".

Finalmente Berulle y los superiores harían su voluntad, y el 11 de enero de 1065 tomaría el velo negro. Dos días después sería encomendada como fundadora y priora de Pontoise. El 15 de enero llegó a la ciudad. No le fue fácil; estaba acostumbrada a obedecer, no a mandar. No podía enseñar a rezar el breviario a las cuatro novicias que entraron, pues no sabía leer latín. Ninguna hablaba español, ni ella hablaba francés. Finalmente, por un milagro, pues Ana de San Bartolomé tenía don de lenguas, lograron entenderse. Mientras, en París, la tensión entre Berulle y Ana de Jesús crecía, puesto que este, pretendía mantener a perpetuidad la autoridad sobre las carmelitas, en contra de lo acordado, que era que sólo sería hasta que los carmelitas descalzos entraran en Francia. Como no se preveía aún dicha fundación, Berulle maquinaba, y, todo sea dicho, los descalzos desentendidos de sus monjas. Pronto entendió Ana de San Bertolomé las verdaderas intenciones de Berulle de hacerla monja de coro: manipularla e influir en las monjas para imponer su propia visión de la vida religiosa reformada, valiéndose de una figura tan cercana a la Santa Madre como Ana de San Bartolomé. Pero no contaba con el temple de una hija de Santa Teresa como era la Beata.

Ana de Jesús dejó París, y fue de fundadora a Dijon, por lo que Ana de San Bartolomé fue mandada de priora a París, y para que las monjas de Pontoise no protestaran, la sacaron disfrazada de hombre. Toda una locura e improvisación por parte de Berulle y compañía. Milagros casi eran necesarios para que todo aquello prosperase. El primer año le fue bien, pero al cabo, las tensiones de Berulle con las monjas se acentuaron y Ana de San Bartolomé las padeció. La acusaron de pretender introducir a los frailes (¡como si ese no fuese el "convenio"!) para librarse de su obediencia. Comenzaron a sembrar cizaña entre las monjas francesas contra la beata, diciéndoles (según cuenta Ana en su autobiografía): 

Cardenal Berulle.
Solo hay que ver esa cara...
"No tratéis con la Madre vuestras almas, que su espíritu no es para vosotras. Ella es extranjera, y más, española. No os fiéis de ella, que si quiere a los frailes, os darán una vida muy cruel. Son recios; no es para vosotras su término". 

Menuda cara dura, cuando el rigorismo del Carmelo francés fue obra suya y no de los frailes ni monjas españolas. Más aún, Berulle gobernaba el monasterio, aceptando o echando monjas, cambiando oficios a su antojo, o poniendo o quitando prácticas de devoción o penitencias, sin contar con la priora para nada. O más, diciéndole "que no tengo que tener pena ni cuidado, que ellos lo tendrán". La vigilaba, le ponía una monja espía de tornera o de compañera, prohibía a las monjas y a ella misma elegir confesor, a las monjas que le hablaran cualquier cosa de espíritu, siendo esto contra la regla y constituciones teresianas.

En 1608 logró salir de allí, para fundar en Tours, donde le tocó otra persecución  era ciudad casi totalmente protestantizada, y las calumnias llovieron sobre ella y las monjas: que si vivían con sacerdotes, que si una prostituta era monja allí, que si tenían hijos a escondidas. Y tampoco tuvo paz: la supriora era afín a Berulle y le informaba de cada paso que daba la beata. Llegaron a interceptarle las cartas que enviaba y recibía de España. En 1611 quiso volver a París, ya que, al fin, los descalzos estaban a punto de fundar. Berulle aceptó, pero le prohibió pidiese la obediencia a los descalzos, pues "ellas eran suyas" (!). Pero el General envió una orden a Ana para que fundase en Flandes, lo que enfureció a Berulle que quiso hacerla negarse y que le prestara obediencia. Ella, claro está, se negó rotundamente y fue castigada. Pero no osó Berulle contradecir al General y en octubre de 1611 partió Ana de San Bartolomé hacia Flandes. Y dice:
"Salí antes del amanecer fuera del lugar adonde me llevaron, que estaban allí los religiosos aguardando. Dios me dio tan grande consuelo de verme vuelta a la Orden que me parecía estaba como cuando echan una piedra en un pozo y se va al centro y allí reposa como en su gloria y paraíso".

V. Flandes, la nueva y definitiva morada.
Y a Flandes llegó. Tenía 62 años, que no son pocos para el siglo XVI, siendo ella también una "inquieta y andariega". Llegada a Flandes, estuvo un año con las carmelitas de esta ciudad, hasta el 17 de octubre de 1611, que partió como fundadora a Amberes. Esta fundación le infundía algunos temores, pero Jesucristo se le reveló consolándola y diciéndole: "No temas, que esta fundación resplandecerá con el tiempo como una antorcha que da mucha luz". El 26 de octubre llegarían a Amberes. Revisó los últimos retoques de la casa provisional y alquilada, y el 6 de noviembre se hizo el traslado solemne y se inaugura la clausura, em una probreza teresiana al cien porciento:

"Vinimos aquí en tanta pobreza que no teníamos sino 50 florines prestados, y los padres jesuitas nos dieron recaudo para decir la primera misa, que no teníamos cosa, y los del Magistrado no nos querían; querían tornarnos a enviar, y Dios lo ha todo allanado de tal manera que de toda la villa está este monasterio estimado y, en tres años que ha estamos aquí, está más proveído que otros de diez años. Hemos comprado el mejor sitio del lugar… La santa es la Priora, que lo más ordinario me imagino que la ando sirviendo como lo hacía cuando era viva, y que lo demás ella lo hace. Y sin ser muchas veces imaginación, actualmente la he sentido conmigo y que lo hace todo. Dios me ha dado en esto tanta paz y consuelo que nadie lo podrá creer". (Autobiografía)
El 21 de noviembre profesaría la primera novicia, y muy pronto se reencontraría con el P. Gracián, ya expulsado de la descalcez y en esos momentos "calzado", que visitaba la ciudad para predicar a los soldados y a unas religiosas con motivo del Adviento. El 11 de abril de 1619 profesaba en sus manos Sor Clara de la Cruz, antigua dama de la Infanta Isabel Clara Eugenia, a la que la Beata había profetizado años antes que sería monja. No solo acertó, sino que fue su secretaria, su apoyo y amiga hasta la muerte de la Beata. El 1 de mayo de 1619 se funda otro Carmelo de jóvenes inglesas, que pronto abandonarían la obediencia a la Orden, con pena y disgusto de Ana de San Bartolomé, que llegaría a escribir a Isabel Clara Eugenia, para que les llamara al orden, o las expulsara del país incluso. El 15 de agosto se inaugura la casa definitiva de las carmelitas, trasladadas de la primera casa. En 1618 será año de gran alegría para Ana de San Bartolomé: sus queridos descalzos fundan en Amberes, aportándole consuelo y seguridad. En 1623 las carmelitas de Borges huyen de Berulle, la Beata las acoge y con la misma comunidad funda el monasterio de Jeper. 1614 le llena de gran alegría, por la beatificación de la Santa Madre, el 24 de abril. Inmediatamente cambia el nombre a su monasterio de Amberes por el de "Beata Teresa y San José", siendo el primero en llevar el nombre de su amada Madre. Alegría completa en 1622, cuando Gregorio XV canoniza a Santa Teresa de Jesús. Nuestra Beata escribe:
"Me consolé el día de su canonización… Yo quedé en paz y gozo, que lo he tenido de ver esta santa honrada como lo merece de Dios y de su santa Iglesia. Bendigamos día y noche al Señor que la escogió para poner en ella tantas gracias, que es de su gloria mostrarlas en sus amigos".


Ana de San Bartolomé,
patrona de Amberes
VI. Libertadora de Amberes.
Es llamada, y con razón, libertadora de Amberes, pues en dos ocasiones el poder se su intercesión salvó la ciudad. En 1621, las tropas españolas y las holandesas terminan la tregua y se reanuda la guerra. Ana de San Bartolomé aumenta su oración, sus penitencias en aras de la victoria española y católica, contra los holandeses herejes, todo por la gloria de Dios y el bien de las almas. Es el siglo XVII, recordad. Al año siguiente, los españoles sufren pérdidas y el asedio a Bergen-op-Zoom es un fracaso. Spínola tiene que abandonar el asedio para no someter a los soldados a una matanza segura. Con esto, se quedaba el camino despejado para que los herejes tomaran Amberes. En diciembre de 1622 llegó el momento, las tropas holandesas atacaron la ciudad, pero no contaban con aquella monja que se sacrificaba y oraba intensamente por la exaltación de la fe católica, y perdieron. Sobre este hecho contará la M. Teresa de Jesús, quien sería la priora que le sucedió:
"Pasaba las noches en oración clamando a Dios por estas necesidades como lo hizo aquella noche cuando los holandeses quisieron venir a tomar Amberes, que antes de acostarse nos dijo a todas en el coro con grandísimo fervor: que por amor de Dios que rezásemos bien y apretásemos a Dios por estas cosas de su Iglesia, y esto tornaba a repetir con tanto ímpetu, que nos espantábamos, y pensábamos que había tenido nuevas, que se había de hacer alguna gran empresa. Y preguntádoselo dijo que no sabía esto, mas que Dios le ponía este espíritu; y desde las dos de la mañana se puso en oración hasta que yo fui a su celda a la mañana antes de ir al coro como lo tenía de costumbre, y en entrando me dijo: '¡Ay, hija!, y qué cansada que estoy, que parece tengo el cuerpo molido, alguna gran traición debe de haber, porque toda la noche parece he peleado y de la fuerza que me han hecho para que yo rezase que al momento que yo quería bajar los brazos que tenía levantados para clamar a Dios, me decían siempre reza más, más, más, y aunque hubiera peleado con un ejército no creo estuviera más cansada, que estoy toda en agua'. Y así fue menester mudarle la túnica, y a la mañana sosegó y dijo: 'Ya está hecho', y dos o tres horas de ahí vino la nueva de cómo había faltado muy poco para que los holandeses tomasen Amberes, y fuíselo a decir a nuestra Madre, la cual dio hartas gracias a Dios por esta merced. Hartas veces decía sentía había alguna traición, y de ahí algunos días venían las nuevas cómo era verdad. (Procesos de canonización).

Dos años después , en agosto de 1624, Spínola comienza el asedio de Breda, y aún con el temor que los holandeses aprovecharan para atacar Amberes de nuevo, como pasó de hecho el 13 de octubre del mismo año, con el fracaso de los herejes, en la rendición de Breda. Cartas dela Beata, estampas o pañuelos que habían sido tocados o bendecidos por ella eran tenidos como reliquias y muchos soldados llevaban alguno, confiando en la oración de esta Esposa de Cristo. Su otra gran intervención en favor de las tropas católicas, esta vez a distancia, fue en la batalla de la Montaña Blanca, el 8 de noviembre de 1620, donde el paladín de la victoria sería el carmelita Venerable Domingo de Jesús María y la Capitana de los ejércitos sería Nuestra Señora, en su advocación carmelitana de Nuestra Señora de la Divina Gracia. La Beata profetizaría sobre esta batalla: "En este día los cristianos han obtenido una gran victoria”, y a los pocos días la noticia de la victoria le dio la razón.
 
VII. También muere hija de la Iglesia
En este mismo 1624, los primeros síntomas de su partida al cielo se hicieron notar. Sufrió una apoplejía de la que no se recuperó del todo, aunque la Infanta le hizo ver de los mejores médicos y tomar los mejores remedios del momento. Casi tenía que moverse a gatas, y aún así no abandonó sus oraciones y el trabajo. En una ocasión llegó incluso a cortar la leña para que se calentasen las monjas al salir del Oficio Divino. Dos años duró esta agonía, durante los cuales, intensificó su unión con el Amado, recitando frecuentemente con San Juan de la Cruz "adonde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido". Los días de comunión se preparaba desde la madrugada, con oraciones, ratos de silencio y se hacía leer los salmos. El 4 de junio de 1626 tuvo una recaída, el 7 del mismo mes se le impartió la extremaunción, y luego de comulgar tuvo un éxtasis de unos quince minutos, para luego morir dulcemente, sin tensión ni dolor aparente. A los pocos días, la venerable Catalina de Cristo escribió contando a la M. Teresa, como había tenido revelación de la muerte nuestra beata:
"El Señor me dio a entender en la oración que estaban a su cabecera todos los santos y toda la Trinidad y la Madre de Dios y nuestra santa Madre y el maestro, santísimo padre san José, con las demás vírgenes; y en saliendo su bendita alma del cuerpo, fue al cielo derecha con cánticos celestiales de todos los santos y santas y ángeles". 

El cuerpo fue puesto en el coro bajo de las monjas, y fue tanta la afluencia de gente a venerar el cuerpo de su "santa española", que las monjas, sin permiso, lo acercaron a la ventanilla de comulgar del presbiterio, para que los fieles la tocaran, besaran y pasaran objetos de devoción. Cuando les regañó el superior, ya no pudo impedirlo. Durante esos días de continua devoción, se tocaron miles de rosarios, los carros provenientes de Bruselas, Mons, y otras ciudades llegaron a atascar las entradas y salidas de Amberes. Aún no estaba enterrada y ya se hizo patente el primer prodigio: una endemoniada que llevaba poseída dos años fue liberada en la iglesia de los agustinos de Amberes, luego que le aplicaran una reliquia tocada al cuerpo de la Beata. Los procesos narran que continuaron los prodigios: las ropas, cama y objetos que había usado desprendían un olor sobrenatural, incluso después de haber sido lavados en lejía algunos, para probar.

En 1625 el P. Matías de San Francisco, General de la Orden, quiso ver el estado de las reliquias, se abrió el sepulcro y el cuerpo estaba íntegro y oloroso. Se le cambió de caja. En 1634 se volvió a abrir la sepultura, por deseo de la reina de Francia, María de Médicis, sanada milagrosamente en 1633 por la intercesión de Ana. Se comprobó por parte de los asistetes, el olor del cuerpo. En 1635 se concluyó el proceso ordinario, como de costumbre; recopilación y análisis de sus escritos, declaración de testigos, certificación de milagros y prodigios, evidencias de devoción popular, etc. En 1783 se abrió el sepulcro y se vio el cuerpo en buen estado. Se tocaron varios objetos, para reliquias. Pero el proceso se detuvo, se ralentizó, hasta recibir un definitivo impulso entre los siglos XIX y XX. En 1917 los restos fueron exhumados y colocados en su celda, convertida en oratorio. Finalmente Benedicto XV el 6 de mayo de 1917, y actualmente proceso para la definitiva su canonización duerme en el sueño de los papeles.
VIII. Un alma mística
Varios dones místicos tuvo Ana de San Bartolomé, como la bilocación: Sabiendo que su confesor, el P. Juan de San Cirilo estaba para morir, oró por él, se sintió arrebata y se vio a su lado, recomendándole un remedio al enfermero. A los pocos días el antes enfermo fue al monasterio a darle las gracias. Tuvo muchos éxtasis, mediante los cuales contemplaba y comprendía misterios de la fe, como la Santísima Trinidad, o la presencia de Cristo en el Sacramento. Tuvo don de conocimiento de las alma, y lo usaba para orar por los demás, y para aconsejar a religiosas y seglares, sin que estos le contasen sus problemas, o antes que lo hicieran, si iban a visitarla. Varios milagros realizó en vida, como multiplicar el dinero de un mercader que les había dado a guardar una suma, sanar a hermanas de melancolía, fiebres, dolores de muelas o de cabeza. Y todo con sencillez, discreción y naturalidad, sin alterar sus oficios, ni pavonearse por ello.

Sufrió ataques y tentaciones del demonio, al que llegó a ver en forma de perro gigante en la cocina de Ávila. Se le enfrentó diciéndole que no le temía, y que más prefería tener a siete demonios en el monasterio que a un solo hombre, con lo que el diablo se esfumó por la chimenea. Otro ataque del demonio lo venció con la oración, y como premio vio como San Juan Evangelista, San José, Santiago Apóstol y San Bartolomé bendecían la casa derramando agua bendita. Como no podía ser menos en una carmelita, fue hija amantísima de la Virgen María. Escribe en su autobiografía:
"Estando una vez en la fiesta de Navidad haciendo mi oración, adoraba las llagas de los pies de Jesucristo y vínome a la memoria: “Ahora, Señor, venís niño, y Vos en la cruz. ¿Qué haré de veros siempre así, oh Niño?”. Y en ese momento se le apareció la Virgen con el Niño en sus brazos mostrándomelo desnudo y pequeñito como lo tenía en sus sagradas entrañas y tenía en sus pequeñitos pies señaladas las llagas como llagas con unas gotas de sangre, que parecía le habían caído como señalados los clavos que había de tener"

De su devoción y trato frecuente con los santos, dice, igualmente en su Vida:

"Tuve devoción (desde niña) con los gloriosos San José, San Juan Bautista, San Francisco, San Bernardo y el arcángel San Gabriel, y a cada uno rezaba un padrenuestro y un avemaría cada día, y tres a las once mil vírgenes a quienes rogaba guardasen mi castidad (...) Una vez, el día de San José, habiéndome levantado, me puse en oración diciendo que como estaba mala me pesaba de no poder solemnizar su fiesta como yo quisiera. Entonces el glorioso San José me representó todas las mercedes que Dios le había hecho desde su niñez; de que quedé tan consolada y elevada que, si no me hubiera ido a la mano, me hubiera hecho mucho daño. Y cuando empezaron los cantores a cantar la misa, estaba fuera de mí".


La Beata contempla a San Elías
sobre los capitulares.
Tal vez la revelación más conocida, y representada en los ambientes carmelitanos, por su trascendencia es aquella donde vio a Nuestro Padre San Elías (20 de julio; 12 de enero, en la Iglesia Oriental, la ascensión al Paraíso; y 20 de junio, traslación de reliquias a la iglesia de los Santos Apóstoles en Constantinopla) bendecir el importante Capítulo de Valladolid de los descalzos:
"Una vez, estando nuestros padres en capítulo en Valladolid, habiéndose juntado de toda la provincia para definir cosas de la Orden y hacer prelados, acabando de comulgar que era cuando querían entrar en el Capítulo, yo los estaba encomendando a Dios. Y mostróme el Señor al santo padre nuestro Elías, que estaba sobre el convento donde estaban juntos, en una manera de nube como fuego, tendida su capa y abiertos los brazos sobre ellos, mostrando darles su espíritu. Y acabado el Capítulo vino el provincial a nuestro convento de Ávila, que era el padre fray Nicolás [Doria], un santo varón, y dijo a la Priora que había tenido un Capítulo de cielo que, entrando los frailes en él, se hallaron tan suspensos y recogidos que ninguno discrepó de otro en cuantas cosas se ordenaban. Y todos tenían un mismo espíritu sin hablarse los unas con los otros. Y dividían entonces las provincias y todos a una voz dijeron: 'llamemos ésta de San Elías' [provincia de Castilla], que parece en esto que sentían su espíritu. Y así lo dijo el provincial: 'Este Capítulo ha sido de Dios y de su Santo Espíritu por los efectos que todos me han confesado y lo que yo he sentido'".

 Y muchos más dones y virtudes podríamos relatar, pero necesitaríamos mucho más espacio y tiempo.


A 7 de junio además se celebra a
San Deochar de Herrieden, abad. 
San Mériadec de Vannes, obispo.

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Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...