sábado, 15 de agosto de 2015

El caso Napoleón, una verguenza.

El 15 de agosto, día jubiloso de la Asunción de la Madre de Dios tuvo su rejuego político en la Francia del siglo XIX. En este juego de intereses se mezclan un mártir antiguo, un emperador ensorbecido y una Iglesia débil y servil. Todo para confluir en el expediente X de:

San Napoleón, soldado mártir. 15 de agosto y 2 de mayo.

El de 2 de diciembre de 1804 Napoleón Bonaparte se coronaba como emperador de los franceses, y al año justo, el 2 de diciembre de 1805, ganaba la batalla de Austerlitz, dando inicio al Imperio Napolónico, que como todo gobierno en manos de un iluminado, pretendía cambiar los destinos del mundo. Y si para ello la realidad era un obstáculo, pues tanto peor para la realidad. Historia, culto, vida cotidiana debían ser cotejadas con la única "realidad" posible: la voluntad del Emperador. No se inventaba nada Napoléon, pues ya la República Francesa en un delirio renovador había hasta cambiado los meses y años, como quien pone a 0 un cronómetro.

Una de las primeras medidas, autocomplaciente por demás, fue declarar una Fiesta Nacional que pusiera la mirada en el emperador. No le valía la fiesta de San Luis de Francia (25 de agosto), que era patrono de los Borbones. Del 14 de julio, ni hablar. Así que se decidió fuera el cumpleaños del mismo Napoleón, que había nacido el 15 de agosto de 1769. Ya lo había hecho antes, pues el Concordato con la Santa Sede había sido firmado el 15 de julio, pero Napoleón lo retrasó su publicación a 15 de agosto, para que coincidiera con su cumpleaños. En 1802 hizo lo mismo, el 3 de agosto era creado Cónsul Vitalicio, pero no lo hizo público hasta el día 15, para que igualmente coincidiera con el día de su nacimiento. Así las proezas, glorias de Francia se personalizaban en él. Pero el deseo de proclamar su cumpleaños como Fiesta Nacional chocaba con un obstáculo: era día de la Asunción, celebración mariana profundamente arraigada en Francia, que además, ya era festiva. Para colmo, había sido una de las fiestas más promovidas por la antigua monarquía francesa, de la que él quería distanciarse. Necesitaba su propia fiesta.

Resurge San Neopolus.
Portalis, Ministro de Cultos del Imperio fue quien sugirió que si tantos hombres en Córcega llevaban el nombre de Napoleón, necesariamente tenía que haber un santo llamado así, por lo que encargó a la Iglesia y a historiadores que lo hallaran. Y mientras, para ir adelantando, el 19 de febrero de 1806 hizo público que el 15 de agosto de ese mismo año el 15 de agosto se celebraría a San Napoleón, patrono del Emperador. Pero ni rastro de un santo de ese nombre. La solución la halló el Cardenal Cappara, que estaba en Francia enfrascado en la elaboración del "Catecismo Imperial" (da miedo el nombre). Cappara halló en el martirologio romano, a 2 de mayo, lo siguiente: "In Rome SS. Martyrum Saturnini, Neopoli". Ya tenía el nombre. Habilmente tradujeron Neopolus a Napoleone, y de ahí a Napoleón. Ciertamente, el origen es el mismo: "ciudad nueva". Que el martirologio pseudo jeronimiano pusiera este martirio en Alejandría no fue obstáculo alguno.
Estampa de "san" Napoleón
con el rostro de Bonaparte.
Pero de un santo del que solo se sabía el nombre, no había que decir, así que el 14 de marzo de 1806 el obispo de Tournay, ante el desconcierto del clero, mandó que el 15 de agosto celebrasen a San Napoleón obispo, que ya se haría el oficio litúrgico propio. El 21 de mayo la leyenda ya estaba conformada, por obra de Cappara: San Napoleón era un soldado romano, victorioso en batallas y más aún victorioso en los innumerables tormentos a los que fue sometido, para finalmente morir en la prisión. El 15 de agosto la festividad fue solemne, pero solo en los ámbitos del Emperador, la mayoría de localidades celebraron la Asunción, aunque se hicieran referencias al santo del emperador. En territorios de la hoy Bélgica se celebró con desidia, e incluso algunos sacerdotes se negaron a celebrar aquella impostura que suplantaba a la Madre de Dios. El papa Pío VII protestó, pero con cautela, pues sabía que lo mismo que el emperador se servía de la Iglesia podía comenzar a perseguirla. Por su parte, la Iglesia francesa, tan nacionalista, se sumó con gozo a la novedad: la iglesia de Santa Genoveva de París, la abadía de Santa Cruz de Quimperle y otras, tomaron a San Napoleón como patrón. Los bonapartistas hicieron lo mismo. Incluso se llegó a imprimir y bendecir estampas del santo ¡con el rostro del emperador!

El fin de esta payasada imperial llegó pronto. En 1815 le llegó la derrota a Napoleón, y el nuevo rey, Luis XVIII anuló la fiesta del santo Napoleón, devolviendo a su sitio la Asunción de la Virgen Santísima. Napoléon III en 1852 volvió a celebrar el cumpleaños del primer emperador de los franceses, pero sin hacer alusión al santo soldado mártir. Con el tiempo, solo quedan los vestigios arquitectónicos e iconográficos, como alguna escultura o vidriera en iglesias, que recuerdan el infausto tiempo en que un emperador quiso un santo propio.

Fuentes:
-http://inmf.org/saintnapoleon.htm
-http://napoleon1er.perso.neuf.fr/Saint-Napoleon.html

A 15 de agosto además se celebra a:

Nuestra Señora de la
Asunción de Guanabacoa
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Nuestra Señora de
la Asunción de Cuaco
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Nuestra Señora de
la Asunción de Tzoculiac
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San Altfried de
Hildesheim, obispo
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viernes, 14 de agosto de 2015

Santa Atanasia de Aegina.

Santa Atanasia de Aegina, abadesa, la Taumaturga. 14 de agosto, 13 y 18 de abril (traslación de las reliquias, Iglesias Orientales).

Su “vita”, datada en 916, a unos 50 años de la muerte de la santa, y cuyo original se conserva en el Vaticano, fue escrita tal vez por un presbítero que fue testigo de los hechos relacionados con la veneración de sus reliquias.

Según este documento, Atanasia era hija de los nobles cristianos, Nicetas e Irene, que la educaron piadosamente, enseñándole a leer con las Sagradas Escrituras y el Salterio. Con unos diez años trabajaba en el telar de sus padres, trabajo que al ser monótono y en silencio, le permitía orar al mismo tiempo que trabajaba. Un día vio una estrella brillante descender hasta su pecho, donde derramaba una luz clarísima, que fue atenuándose hasta desaparecer. Esta gracia le supuso la conversión total, y con ella el deseo del abandono del mundo y sus vanidades, en aras de la vida en Cristo. Pero a los 16 años la casaron con un oficial del ejército, pero el matrimonio sólo duró 16 días, pus el esposo falleció al cabo, en una batalla contra los árabes bajo Maurousioi. Unos años más tarde, cuando ya podía elegir la vida monástica, un edicto imperial que mandaba casar a todas las mujeres solteras y viudas, sus padres la casaron de nuevo, esta vez con un cristiano piadoso, con el que podía dar rienda suelta a sus devociones y su caridad. Esta era constante, principalmente con las viudas y huérfanos, y los monasterios pobres. Pero sus predilectos fueron los “athinganoi” (intocables), miembros de una secta herética que retornaron a prácticas judías y que los cristianos no se atrevían ni a cruzarse con ellos en la calle. Pero Atanasia les consolaba, daba alimentos, remedios, los enterraba, y en una hambruna que vino sobre el país, cuando todos les dieron la espalda, ella los socorrió, alentando a otros cristianos piadosos a hacerlo también. Y más aún: los domingos los reunía y les predicaba las Escrituras, logrando algunas conversiones. 

Llegó el tiempo en que Atanasia convino con su marido retirarse del mundo tomando los hábitos monásticos. Su marido entró a un monasterio, donde murió al poco tiempo con fama de santidad. Atanasia donó sus posesiones y junto a unas mujeres piadosas de Aegina fundó un monasterio, del que a los cuatro años fue nombrada abadesa en contra de su voluntad, y además, ordenada diaconisa. Fue una abadesa humilde, paciente y muy penitente. Jamás consintió le sirvieran las demás monjas, sino que ella servía la mesa y se reservaba para sí los trabajos más duros. No bebía jamás vino, ni comía frutas, queso o pescado, permitiéndose este sólo en Pascua, como acción de gracias. Ofrecía muchas vigilias y de tanto orar con los salmos, llegó a sabérselos de memoria y los rumiaba constantemente. Dormía sobre una piedra cubierta con una piel para que las monjas no lo viese, y solo tres horas, dedicando a la oración las demás horas nocturnas. Vestía una áspera piel de oveja debajo del hábito, que solo vieron las monjas al amortajarla. Dios le concedió el don de lágrimas, que derramaba al recitar el salterio, que era su oración predilecta y la inflamaba por dentro mientras adoraba a Cristo. Varias veces tuvo visión de Cristo, al que contemplaba en toda su gloria. Su boca solo se abría para alabar a Dios o hablar con suavidad a las monjas y los demás. Nunca se le oyó decir una palabra airada o malsonante, ni a religiosos ni seglares, ni libres ni esclavos. Era muy devota de San Juan Evangelista (27 de diciembre y 6 de mayo, "Ante Portam Latinam"), del que mereció tener una visión un día de su festividad. Tuvo también el don de milagros. A un ciego devolvió la vista diciéndole “que Cristo, quién curó al ciego dándole la luz, te cure completamente a ti, hermano, de tu aflicción”.

Cuatro años más pasaron y conoció al presbítero Matías, el cual, con la aprobación del obispo de la ciudad, le ofreció un sitio en Timia para fundar otro monasterio, más retirado en la soledad, aunque le recomendó mitigar las asperezas y las penitencias exageradas. Con esta llamada de atención, Atanasia vio en Matías la mano de Dios y junto a sus monjas y el presbítero como consejero y director, se trasladaron a Timia, al sitio donde había habido una basílica dedicada a
San Esteban (26 de diciembre y 3 de agosto, Invención de las reliquias). Aquí continuó su vida penitente, aunque con moderación cristiana. Pero poco le duró Matías, que falleció en un naufragio mientras viajaba a Constantinopla. Para sucederle Atanasia eligió a un presbítero santo llamado Ignacio, que igualmente murió pronto. Construyó tres iglesias, una a la Madre de Dios, otra a San Juan Bautista (24 de junio, Natividad; 23 de septiembre, Imposición del nombre; 24 ó 21 de febrero, primera Invención de la cabeza; 29 de agosto, segunda Invención de la cabeza, hoy fiesta de la Degollación; 25 de mayo, tercera Invención de la cabeza) y al milagroso San Nicolás (6 de diciembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) , además de reedificar la de San Esteban donde estableció su monasterio. 

Se fue a Constantinopla, al servicio de la reina Teodora, y lo hizo con pena por estar separada de su monasterio, aunque en medio de la corte vivía retirada y en una estrecha celda con dos monjas. Se lamentaba con estas "me he convertido en una exiliada de la iglesia de la Madre de Dios por abandonarla y pasar tiempo aquí". Al cabo de siete años, la Santísima Virgen le reveló que ya era hora de regresar, y así le dijo a sus religiosas: "El tiempo ha llegado por fin de que partamos hacia donde residimos previamente; pues un trance vi a la Madre de Dios y a todas las hermanas a las puertas de la iglesia de Nuestra Señora, y nos invitaban a entrar en ella". 

Regresó a Timia, donde reanudó su vida de penitencia y oración. A los tres días de llegar pasó por allí un célebre presbítero errante, que gustaba de peregrinar por los santos lugares, visitando las reliquias de los santos, predicando y exhortando a los pueblos a la conversión. Visitando la iglesia del monasterio, tuvo una revelación y dijo “Sería apropiado que este lugar sea honrado por medio de la sepultura de algunos cuerpos santos”. Y pronto sucedería, pues en breve Atanasia enfermó gravemente, y tuvo la revelación en la que dos ángeles le ofrecían un papel y le decían “Aquí tienes tu liberación. Toma y gózate”, cual si de una cédula de libertad de tratase. En doce días moriría, supo también, por lo que se preparó para el desenlace meditando continuamente las Escrituras, absteniéndose de cualquier comida y bebida. Mandó a las hermanas cantasen alegres alabanzas por la partida, y rogasen a Dios le perdonase sus muchos pecados. Bendijo a las monjas, y abrazando a las religiosas Eufrasia y Matrona les dijo "He aquí, mis amadas hermanas, que desde el día de hoy vamos a estar separadas, pero el Señor nos unirá de nuevo en el la eternidad. Que Él conceda a ambas la paz, el amor y la armonía”. Llegado el gran día de la Dormición de la Santísima Virgen, dijo a sus monjas: "no descuidéis por mi ninguno de los ritos de la fiesta. Prestar especial atención a la salmodia y servid a los necesitados lo mejor que podáis. Luego, después de la liturgia divina enterrad este humilde cuerpo mío a la tierra”. Cuando ya no pudo hablar, lo último que dijo fue que rezasen los salmos por ella, pues ya no podría articular más palabras.

Terminada la liturgia festiva del 14 de agosto de 860, víspera de la Asunción, falleció tan dulcemente, que ni fue necesario cerrarle los ojos ni la boca requirió ser atada, como se suele hacer a los difuntos. La enterraron con gran duelo y, según la costumbre monástica, la nueva abadesa pasó las noches junto a la sepultura, implorando el perdón para la difunta. Y se le apareció Atanasia anunciándole que a los cuarenta días de su muerte, sentirían su protección benéfica sobre la comunidad. En el cuadragésimo día después de la muerte se celebraba un banquete en conmemoración de los difuntos, en el cual se distribuía comida a los pobres. Pero las monjas olvidaron la costumbre y esa noche Atanasia se le apareció airada a la abadesa y le dijo "¿Por qué no hiciste mi conmemoración de cuadragésimo día, ni preparaste nada para los pobres, ni el banquete para mis amigos?" La abadesa cayó en cuenta que era la noche del día cuarenta después de la muerte. Al otro día, dos monjas vieron como los ángeles vestían como una emperatriz a Atanasia, mientras la conducían al cielo, la coronaban y ponían en su mano un cetro de poder, lleno de joyas. Después de la aparición comenzó un prodigio que duró durante un año entero: se oía crujir el ataúd desde el sitio del enterramiento, lo que fue tomado como que Atanasia no quería permanecer enterrada allí, sino que sus reliquias se venerasen dignamente. Y se encargó de demostrarlo con un portento. Al año justo de su fallecimiento, fueron llevados dos hombres y una mujer endemoniados ante la tumba de Atanasia, se lanzaron frenéticamente sobre la sepultura, y con las manos, escarbaron y sacaron el ataúd, quedando libres del demonio en el acto, confesando que la santa había obligado al diablo a sacar a la luz sus santos restos. Al abrir la tapa, se pudo ver el cuerpo incorrupto y manando un fragante aceite. Los ojos brillantes y la piel tersa, los labios húmedos y los brazos y manos flexibles.

El cuerpo fue trasladado a otro ataúd, pero antes las monjas quisieron cambiarle el hábito, poniéndole uno ricamente bordado, pero la santa parecía negarse, pues los brazos aparecían rígidos. Una monja le dijo "¡Oh hermana, cuando vivías con nosotras poseías el don de la obediencia inquebrantable, porque ahora no nos obedeces y vistes esta túnica que te hemos traído". Y la santa, obedeciendo, volvió a relajar los brazos, dejándose vestir. Otros milagros se cuentan, como liberación de endemoniados, parálisis curadas, ciegos, sordos, cojos que se apartaban de sus reliquias viendo, oyendo y andando perfectamente. Otra se libró de tumores apoyando su cabeza en las reliquias, un niño que solo podía arrastrarse, al contacto con el ataúd de la santa, se levantó corriendo. A una de sus monjas le sanó el cuello al tacto con su sticharion, una vestidura litúrgica propia de los diáconos (que la santa usó al ser diaconisa). A otra le sanó el estómago al ponerse sobre la barriga una hoja de laurel de la corona que pendía sobre la santa. Y otras maravillas se narran, no en balde en breve se le llama “la taumaturga” por parte de la Iglesia Ortodoxa, aunque inexplicablemente su memoria no aparece en el Synaxario de Constantinopla del siglo X, a pesar de haber tenido tanta fama. 

Algunas obras sobre temas carmelitanos la añaden como santa propia, por ejemplo el célebre "Glorias del Carmelo", pero ya sabemos la causa.


Fuente:
-Holy Women of Byzantium. Life of St. Athanasia of Aegina. (PDF). ALICE-MARY TALBOT. www.doaks.org/etexts.html.



A 14 de agosto además se celebra a
San Eusebio de Roma, mártir.
San Marcelo de Apamea, obispo y mártir.

jueves, 13 de agosto de 2015

Santas Centola y Elena de Burgos.

Pregunta: En primer lugar mis felicitaciones por la web, todo un ejemplo de rigurosidad, respeto y buen gusto.  Aprovecho este mensaje para consultar por varias cuestiones por las que siento especial curiosidad. En primer lugar y dado que vine ayer de Burgos donde hay una impresionante representación pictórica de estas Santas, quisiera saber ¿Cual es la historia de Santa Centola y Santa Elena? 

Respuesta: Hola. Gracias por tus elogios a la página. Hago lo que puedo, la verdad. No tengo todo el tiempo ni el conocimiento o información para hacer lo que desearía, pero lo intento. Me haces varias preguntas, pero comienzo por lo primero: Elena y Centola, y te respondo, tomando de un antiguo santoral, entrecomillando trozos textuales:

Santas Elena y Centola, mártires. 2, 4 y 13 de agosto.

Según este santoral, Centola nació en Toledo, de padres nobles y paganos. Desde pequeña observó, por sus propios razonamientos y observación de la realidad, amén de la ayuda divina, la falsedad de la idolatría (aquí el autor se explaya en lo que él llama “ridiculeces del gentilismo”). Así, abrazó en secreto la fe cristiana con todo lo que significa: oración, caridad, sacrificios, anuncio de Jesucristo. Su padre intentó que abandonara la nueva fe y volviera a la fe de sus padres. Promesas, regalos, amenazas, nada pudo “separarla de Jesucristo, cuyo amor se había apoderado de su corazón enteramente” (sigue el autor). Así fue que, sintiéndolo mucho, huyó de su casa llegando a Soris o Siaria (actualmente Sierro), tierra que pertenecía al antiguo obispado de Burgos, aunque no a la ciudad. Allí se hospedó en la casa de una señora cristiana llamada Elena. No nos dicen las crónicas o tradiciones ni como se conocieron, ni por qué allí, pero es probable que siendo la hospitalidad entre los de la misma fe, una virtud amada por los cristianos, Elena la acogiese al saber que huía por motivos religiosos. Así es que Centola y Elena, ya juntas se dedicaron a obras de caridad y piedad.

La cosa podría haberse calmado si no hubiese sido porque el emperador Maximino “persuadido a que la subsistencia de su imperio dependía en destruir la religión del Crucificado” (según este Año Cristiano), envió a su ministro Eglisio a las tierras cántabras, para obligar a los cristianos a cumplir la ley de sacrificar a los dioses, renegando de su fe. Enterado que Centola, además de no ocultar su fe, la predicaba y convertía a la Iglesia a muchos habitantes de la zona, la mandó a llamar al tribunal. Otra vez las promesas, halagos, amenazas (pero esta vez por parte de quien sí las ejecutaría) no pudieron doblegarla, por lo que Eglisio mandó fuera estirada en el potro y, aunque oyó claramente como se descoyuntaban los huesos, mandó le desgarraran el cuerpo con garfios de hierro. Pero Centola, ni renegó de la fe, ni suplicó, antes bien se burló de los verdugos y les retó a probar nuevos tormentos. Y eso hizo el ministro: mandó le cortaran los pechos, la llevaran a su prisión y la dejaran morir sin curación alguna y desangrada.

Enteradas de esto, se llegaron a la cárcel algunas nobles del pueblo, espantadas de la crueldad del gobernador y compadecidas de Centola (por tanto, se afirma el hecho de que sería muy conocida entre todas). Algunas intentaron persuadirla de su empeño de fidelidad, y que cediese a los requerimientos de la ley. Centola, por su parte, les contestó con una apología de la fe cristiana (tal vez añadido posteriormente) y les dio a entender el premio que a ella misma le aguardaban por permanecer fiel a Cristo, los cuales si ellas los hubiesen apenas intuido, le tendrían envidia y no compasión. Supo Eglisio de esta prédica en la cárcel y mandó cortarle la lengua, pero “aquel Señor por quien padecía hizo que hablase sin tan preciso instrumento, por una de aquellas portentosas maravillas de su infinito poder”.

O sea, que aún sin lengua habló, y más que hablar, profetizó a Elena, que vino a visitarla también, que ella también sería mártir, y le deseó “valor para que no desmayes en la prueba”. Y dicho y hecho, enterado Eglisio que estaba allí Elena, y que era cristiana, la apresó, de lo que se alegró Elena, “deseosa de acompañar á su amiga en la muerte, como lo había hecho en vida”. Finalmente, ambas fueron degolladas el 13 de agosto de 304, posiblemente a las afueras de la ciudad. En el año 782 los esposos Fredenandus y Gutina, señores de Castro-Sierro, construyen una pequeña iglesia sobre el río Butrón, en Valdelateja, sobre el tradicional lugar del martirio, y donde aún se venera la memoria de las santas. Según el obispo de Burgos, Gonzalo de Hinojosa, los obispos de Astorga y León llevaron los cuerpos a dicha iglesia (dice que los compraron por 300 libras de oro).

Los calendarios mozárabes ponen a Centola el día 2 de agosto, pero no le dan título de mártir y su culto no se asoció a Elena hasta el siglo XIV, luego del traslado de los cuerpos, realizado por el mismo Gonzalo de Hinojosa, que puso su martirio a 4 de agosto del 304. Se realizó esta traslación en 1317, reinando Alfonso XI, para que recibieran culto más apropiado en la catedral de Burgos (aunque se dejaron las cabezas en Sierro). Don Gonzalo los colocó en el altar mayor, y les concedió misa y oficio propio, con Rito Doble de primera clase. Hoy es una memoria obligatoria. Decretó se hiciese procesión y que el 4 de agosto fuera de precepto para la ciudad y diócesis de Burgos. Baronio las inscribió en su martirologio el 13 de agosto “Burgis in Hispania Santarum Centollæ & Elena Martirum”. Actualmente el arzobispado de Burgos celebra a Santa Centola el 13 de agosto, pero sólo a esta, porque aunque las actas son legendarias y sin crédito el culto a Centola está arraigado en Sierro. No así el de Elena, cuya persona y culto se añadió en el siglo XIV y de la que no se sabe nada, tal vez sea otra mártir desconocida, tal vez ni siquiera eso.


Fuente:
-"Año Cristiano de España, Volumen 8. Madrid, 1853.


A 13 de agosto además se celebra a la  
Beata Gertrudis de Altemberg, virgen.
Santa Radegundis de Poitiers, reina y abadesa. 

miércoles, 12 de agosto de 2015

Un mártir del Santo Escapulario

Beato Isidoro Bankaja, catequista, mártir del escapulario. 12 de agosto. 

Nació Isidoro en la década de 1880, lamentablemente no conocemos la fecha, ni el año, pues su edad era imprecisa al momento de su muerte. Fueron sus padres Yonzwa y su madre Inyuka, de religión pagana, como la mayoría de su aldea, Boangi. Tuvo una hermana y un hermano. De su niñez poco se conoce, pues le encontramos de nuevo en 1905, y entre los 20 y 25 años, empleado como peón de albañil en una empresa de Obras Públicas en Mbandaka. Un tiempo antes ya había comenzado su acercamiento al cristianismo, con la correspondiente catequesis con los monjes trapenses, misioneros en África. El 6 de mayo de 1906 recibe el Bautismo, y junto a su filiación a Cristo por medio del Sacramento, recibe la filiación a la Santísima Virgen por medio de su hábito: el Escapulario del Carmen. En noviembre de ese mismo año recibe la confirmación y el 8 de agosto de 1907 se acerca por primera vez a la Eucaristía. Todo y siempre de la mano de la Madre de Dios, a quien profesa una ardiente devoción.

Poco tiempo después comenzó a trabajar en una empresa de caucho propiedad de un belga de nombre Longange, abiertamente opuesto a la Iglesia y los católicos, racista (como eran casi todos en el siglo XIX) y de carácter violento. Un día ve el escapulario que pende del cuello de Isidoro y le conmina a que se quite ese “amuleto”. Isidoro no obedece, y a los pocos días, viéndole de nuevo con el escapulario al cuello, manda le den 25 azotes. Isidoro sufrió el castigo con paciencia, sin quejarse, pero sin quitarse su amado hábito de María.

No le importa al belga que Isidoro sea cumplidor con el trabajo, puntual, íntegro, pues le puede el odio a la religión. Que Isidoro hable de Dios a sus compañeros lo revuelve. En 1909 vuelve a ser golpeado por lo mismo: el Escapulario. Pero el joven no se amilana ni se quita su prenda. Enterado que Longange quiere librarse de él, va a su encuentro y le dice: “No te he robado. No me he acercado a tu mujer ni a tus concubinas. He hecho cuanto me has mandado. ¿Por qué quieres matarme?" Al verse descubierto, Longange montó en cólera y mandó le golpeasen con una pieza para domar elefantes, que es un cuero lleno de púas. El otro negro se niega, y el mismo Longange tomó el flagelo y le golpea como un poseso mientras le grita que deje el teatro, pida perdón y se quite “esos trapos”. Pero el santo mártir calla y sufre. Longange le quita el escapulario, lo pisotea y lo da a su perro, que lo destroza.

Le deja tirado en el suelo el belga, chorreando sangre, hasta que manda lo metan en un calabozo lleno de ratas, por miedo a que se conozca lo que ha hecho, y menos se entere un inspector de la empresa, de nombre Potama, que estaba por la zona. En la improvisada cárcel sufre y reza Isidoro hasta que un día logra escapar, arrastrándose. En ese estado lo encuentra Moyá Mptsu, criado del inspector Potama. Isidoro le dice: "Si ves a mi madre, si vas a casa del juez, si vas a la residencia del padre, diles a todos que muero porque soy cristiano". Mas no muere, se recupera de las heridas con unos amigos y una vez mejor, vuelve a su rutina de piedad y enseñanza del catecismo. Pero Longange no está tranquilo, su odio es satánico, y de nuevo le castiga brutalmente con el látigo para elefantes. No logra matarle, entonces le arroja otra vez al calabozo, en esta ocasión atado sujetado por los pies con dos argollas de hierro. Todo por Cristo.

Ante una inspección, Longange manda se lleven a aquel desecho humano para que no le vean herido. En una distracción de los negros que le arrastran, Isidoro comienza a alejarse por un pantano, hasta un embarcadero. Allí le acogen con espanto, pues las heridas se le pudren y los gusanos hacen pasto con su cuerpo. El 25 de julio le visitan los misioneros, que le confiesan y le dan la Eucaristía. Isidoro llora con ellos y les cuenta la causa de su martirio: “El blanco no amaba a los cristianos. No quería que yo llevara el hábito de María, el escapulario. Me insultaba cuando rezaba". Y añade “no tiene importancia que yo muera. Si Dios quiere que viva, viviré, si Dios quiere que muera, moriré. Me da igual". El misionero le pregunta si odia a su agresor, y como buen santo responde: “No estoy enojado contra el blanco, el que me haya flagelado es asunto suyo, no mío. Sí, si muero pediré por él en el cielo".

El 15 de agosto, día grande de su amada Virgen María, escupe sangre y pus, y aunque la fiebre y los dolores le consuman se levanta y participa en las oraciones. Una vez vuelto a su rincón, muere con el rosario en las manos. Los cristianos le entierran con la certeza de que ha muerto por la fe. Con veneración ponen en sus manos el rosario y al cuello su santo Escapulario. El 25 de abril de 1994, el papa San Juan Pablo II lo beatificó. Aunque no perteneció directamente a la Orden del Carmen, forma parte de ella como todos los que usan el Escapulario, y en su caso, su amor por el hábito de la Madre de Dios le hace todo un carmelita.

Fuente:
- "Nuevo Año Cristiano". Tomo 8. Editorial Edibesa, 2001.


A 12 de agosto además se celebra a 
San Alejandro "el Carbonero", obispo y mártir.
Santos Aniceto y Focio, mártires. 

martes, 11 de agosto de 2015

San Tiburcio, de los carbones al cielo.

San Tiburcio de Roma, mártir. 11 de agosto.

Perteneció a una venerable familia romana, y era hijo de Cromacio, vice-prefecto romano, que en su juventud había sido perseguidor de cristianos y, según la leyenda, había sido convertido por San Sebastián (20 de enero) y San Tranquilino (6 de julio), padre de los mártires Santos Marco y Marceliano (18 de junio). Estos no solo le dieron la vida en Cristo, sino la salud física, pues al bautizarse quedó sano milagrosamente de la gota. Pues convertido Cromacio, bautizó a su familia, dio la libertad a sus esclavos y renunciando a su puesto en el gobierno, se retiró a una villa que tenía en las afueras, donde muchos cristianos perseguidos hallaron socorro. El jovencito Tiburcio imitó a su padre en el ardor por la fe de Cristo, destacando en su fervor y caridad para con los pobres. Estudió derecho y fue uno de los más importantes de su tiempo de la ciudad de Roma. Pero el aplauso del mundo no le satisfacía y decidió retirarse a la soledad, aunque el deseo del martirio le impulsaba a permanecer visible a los paganos. El papa San Cayo (22 de abril) ante el peligro de la persecución, quería que tan prometedor joven para la Iglesia, conservara su vida y se ausentara de la ciudad, con vistas a que en tiempos de paz, fuera figura importante en la comunidad cristiana. Pero no pudo convencerle; el joven Tiburcio le rogó con encendidas palabras quedarse en la ciudad y esperar que Dios hiciera su voluntad.

Y pronto tuvo ocasión de señalarse como cristiano: Halló un día en la calle el cadáver de un hombre que se había precipitado desde lo alto. Se acercó Tiburcio, y sosteniendo el cuerpo, le dijo “en Nombre de Cristo, vuelve a la vida si has de dejar tu supersticiosa fe”, y el hombre revivió y confesó a Cristo, con asombro de los asistentes, de los cuales muchos se convirtieron. Pronto se hizo conocido de todos el portento que había realizado un cristiano y otros se sintieron interesados, conocieron a Tiburcio y se convertían a Cristo. Tiburcio visitaba a los pobres, socorría a los cristianos perseguidos, distribuía limosnas a las viudas y los huérfanos. También predicaba a los catecúmenos y neófitos. Entre estos últimos había uno de nombre Torcuato, que solo se había bautizado por novedad y por saber más de aquellos cristianos, pero no había mudado en nada su vida de excesos, ni su pasión por el juego ni mucho menos su atracción por los hombres, teniendo varios esclavos jovencísimos de los que disfrutaba. Varias veces intentó atajar su conducta escandalosa Tiburcio. Primero le reprendió en privado, exhortándole en nombre de Cristo,  finalmente lo hizo en público, denunciando su indignidad de llamarse cristiano, y de frecuentar los lugares santificados por los mártires, y participar en las reuniones cristianas. Y se ganó el rencor y el odio de Torcuato, que al verse denunciado públicamente fingió reconvenirse y cambiar de vida, pero en su corazón dejó anidar el odio.

Llegando a todos la noticia de que Diocleciano había mandado se arreciara la persecución a los cristianos, pesquisando más detenidamente quienes lo eran, para que fueran apresados y sacrificaran a los dioses bajo pena de muerte, Torcuato planeó su venganza. Denunció a Tiburcio a los ministros, diciéndole donde solía reunirse con los cristianos, y para no aparecer como delator, convino que le apresaran a él mismo en compañía de Tiburcio. Así lo hicieron, y llevados los dos ante Fabiano, sucesor de Cromacio, Torcuato dijo era cristiano y había sido convencido por Tiburcio, al que pretendía seguir en todo. Respondióle Tiburcio: “Yerras si crees que no conozco tu traición, ni tu perfidia. Ninguno de nosotros te reconoció nunca por discípulo de Jesucristo; tu vida siempre desmintió tu fe, ni era posible que se contase en el número de los fieles a quien viva como un gentil: tus desórdenes eran el mejor testimonio de la religión que verdaderamente profesabas. Vivías entre nosotros; pero no eras de nosotros. Buena prueba es de eso tu alevosa traición. Mas no creas que me has ofendido intentando mi ruina, pues al contrario, me has proporcionado el mayor bien al que puedo aspirar. Nada deseaba con más ardiente pasión que derramar toda mi sangre y dar mi vida por amor de aquel Señor que primero quiso expirar por mi amor clavado en un afrentoso madero”.

Irritado, Fabiano le conminó a sacrificar a los dioses, a lo que le respondió Tiburcio: “Yo no reconozco otro Dios que al único Dios verdadero, creador del cielo y de la tierra. A este solo ofrezco sacrificios. Dichoso sería si yo mismo mereciera ser víctima sacrificada por su amor”. “Sea lo que fuere”- replicó Fabiano – “obedece ahora mismo, o disponte a pasearte muy despacio sobre carbones encendidos”. “Pronto estoy a sufrir los más crueles tormentos, pues ya es cosa muy sabida que estos no espantan a los cristianos” le dijo el esforzado Tiburcio.


Admirado Fabiano de aquella intrepidez, ordenó que se tendiese sobre el pavimento un gran montón de carbones encendidos para que Tiburcio, o echase incienso en honor a los dioses, o le obligasen a caminar descalzo sobre ellos. Y ni una ni otra, pues nuestro mártir no sacrificó, ni esperó le obligaran a nada, sino que él mismo se quitó el calzado y comenzó a pasearse sobre las brasas, como quien no siente el fuego. Gritó Fabiano “sabemos que ese maestro Cristo enseñó su magia a todos sus secuaces, y no nos causa admiración el sortilegio que acabas de ejecutar”. Ante esta blasfemia, Tiburcio replicó predicando las verdades de la religión de Cristo y la falsedad de los dioses paganos y la necedad de los que creían en ellos. Y no pudiendo aguantar por más tiempo al santo mártir, mandó le decapitaran. Le llevaron por la Vía Lavicana, y a cuatro millas de la ciudad le cortaron la cabeza, a 11 de agosto de 286. Su cuerpo fue recogido por un cristiano piadoso, que le dio sepultura, siendo un sitio señalado para los cristianos. Llegada la paz, dos parientas del santo, llamadas Lucina y Fermina levantaron una basílica y un monasterio para servir a Dios junto al invicto Tiburcio.



Fuente:
-“Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los dias del año”. Agosto. JEAN CROISSET. Barcelona, 1863.

domingo, 9 de agosto de 2015

San Román Romano

San Román de Roma, soldado mártir. 9 de agosto y 13 de mayo (traslación de las reliquias).

San Román, desde la ventanita, contempla
el milagro de San Lorenzo.
La víspera del gran San Lorenzo Mártir (10 de agosto y 20 de abril: en Roma, el encuentro de sus reliquias con las de San Esteban) se celebra la memoria de otro martirio glorioso, que ha quedado en la sombra gracias a la enorme devoción a San Lorenzo. Me refiero al triunfo de San Román, cuya “passio” fue añadida a la del santo diácono desde muy pronto. Martirilogios, menologios y flos sanctorum antiguos ya hacen mención de San Román. El más antiguo es la “Passio Polychroni”, una especie de relato sobre santos mártires que tienen en común haber sido sepultados por la misma persona. A grandes rasgos, sobre San Román dice esto: 

Estando Lorenzo padeciendo los tormentos, uno de los soldados, llamado Román, encargados de cumplir las órdenes del juez, admiró la valentía y la fe del santo mártir e inspirado por Dios y el ejemplo que veía, aceptó a Jesucristo en su interior. Mientras, cansado Decio de no poder doblegar al santo, le envió a la cárcel, hecho que aprovechó Román para pedir le dejasen llevar una jarra de agua a Lorenzo. Se lo concedieron, y entrando, vio un ángel que socorría a San Lorenzo. Definitivamente convertido, entre ambos convirtieron el agua de vida natural en agua de vida eterna, pues Lorenzo la usó para bautizar al recién converso.

Apenas bautizado, fue sorprendido por otros soldados, que lo llevaron al juez. Este mandó azotarlo para que renegara de su nueva fe, pero el intrépido neófito solo respondía "soy cristiano". Viendo que no podían hacer más, le decapitaron a las afueras, junto a la Puerta Salaria, el 9 de agosto de 258. El cuerpo fue abandonado allí, hasta que un presbítero y varios cristianos le dieron sepultura en la Vía Tiburtina, cerca de San Lorenzo. La memoria de su sepulcro se mantuvo durante las persecusiones y entrada la paz fueron traslasdadas a la basílica de San Lorenzo en Roma. Posteriormente, durante la dominación lombarda, fueron trasladadas a Lucca y Ferrara, donde se veneran aún. Se le invoca contra las posesiones, las tentaciones y las sequías. 


Fuente: 
-“Flos sanctorum de las vidas de los santos”. Tomo II. PEDRO DE RIBADENEYRA. Madrid, 1761.


A 9 de agosto además se celebra a  
Santos Amor y Viator, mártires.
San Ernée de Celciacum, abad. 

sábado, 8 de agosto de 2015

Los 14 Santos Auxiliares.

Pregunta: ¿Quienes y para que sirven los 14 santos auxiliares? México.

Respuesta: Primero, no es correcto decir "para que sirve" un santo. Los santos son amigos, modelos, no pañuelos de usar y tirar. Sería como decir "mi amigo me sirve para..." o "uso a mi amigo para...". La relación con los santos, que es una expresión de la relación de Cristo con su Iglesia es una relación de amor y confianza. Aclarado esto, pasamos a la respuesta:

Los catorce Santos Auxiliares. 8 de agosto y viernes posterior al 14 de septiembre.

Los 14 Santos Auxiliares (15 en algunos menologios) son santos que ya son celebrados a lo largo de todo el año cristiano en días separados, pero que a 8 de agosto se unen en una fiesta común. Son santos que, en plena época medieval eran muy venerados y socorridos en muchas necesidades cotidianas (enfermedades humanas y animales, trabajos, dolores, muerte, catástrofes... etc). La unificación del culto surge en Alemania, y proviene de un culto anterior dado a 5 de estos santos de forma conjunta a los santos sanadores Blas, Jorge, Cristóbal, Pantaleón y Acacio, aunque como la mayoría de los cultos y devociones, tiene su propia leyenda.

Según esta, el viernes siguente al 14 de septiembre de 1445, vivía en Langheim un pastorcillo de nombre Hermann, que cuidaba los rebaños de ovejas del monasterio de Frankenthal, al guardar a los animales oyó el llanto de un bebé en el cobertizo del monasterio. Buscó y halló un precioso niño sentado en un montón de heno, pero al acercarse, aquel sonrió y desapareció. Ante esto Hermann huyó, pero vencido por la curiosidad, regresó al sitio y volvió a ver al niño, que ahora estaba entre dos candelabros, y parecía como de purísimo cristal. Hizo la señal de la cruz y el niño sonrió dulcemente y desapareció. Esa misma noche lo contó a sus padres, que le aconsejaron no decir nada, no le tomaran por loco. Al otro día lo contó al sacerdote y este le dijo: "Si vuelves a ver esa visión, invoca a Dios en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo." Con lo que el niño quedó más aliviado. Pero la visión no regresó. Todos los días iba Hermann al lugar, al sacar y regresar las ovejas, pero nada. Hasta las vísperas de San Pedro y San Pablo del año siguiente. Esa noche, Hermann guardó las ovejas y fue al punto de siempre, y esta vez vio al celestial niño, pero acompañado de otros niños, 14 exactamente, vestidos de rojo y blanco. Les preguntó Hermann quienes eran y que querían, y los catorce respondieron al unísono: "somos los santos auxiliadores y queremos una capilla en la se nos venere. Si nos haces este servicio, nosotros te prestaremos nuestro servicio". Y desaparecieron los quince niños.

El sábado siguiente Hermann y una señora que pasaba, vieron las velas encendidas en el sitio de siempre. Pero cuando contó la historia, ningún habitante de Langheimle creyó, ni sus padres y parientes. Pero ocurrió que aquellos días, una de las siervas del monasterio cayó enferma con una parálisis, y por más oraciones que hacían, nada le devolvía la salud. Alguien sugirió llevarla al cobertizo del monasterio e invocar a aquellos "santos auxiliares", por si acaso. Así hicieron, y solo con llegar al sitio, la joven recuperó el movimiento, el habla, se levantó, y por sí misma pudo agradecer a Dios y sus santos la curación. Este fue el punto de partida para el inicio de la devoción, que pronto se consolidó.

En 1448 ya se consagra una capilla a su veneración, cuyo altar estuvo en el sitio donde aparecieron los santos. En 1774 se consagraría una magnífica iglesia con un impresionante altar rococó presidido por Nuestra Señora, y en el que sobresalen los 14 bustos de los santos. Su devoción se extendió principalmente por toda Alemania, especialmente en Ratisbona. Su fiesta se introdujo en el propio de varias diócesis y muchas iglesias levantaron altares en honor de los catorce santos. Como dije antes, eran santos muy conocidos y ya venerados, por lo que era un culto que fácilmente podía extenderse. Aún pueden verse bellas obras del gótico internacional, del barroco sobre este tema. Generalmente los catorce santos están presididos por Jesucristo o la Santísima Virgen María. No siempre aparecen los mismos, y en ocasiones se ve algún santo de devoción local, sustituyendo alguno de los "oficiales", o sumándolo.


Como puedes ver, la leyenda no dice cuales eran esos catorce santos auxiliares, los historiadores determinan que los monjes que inician la devoción, eligieron entre aquellos que eran más populares entre el pueblo, que "satisfacían" más las necesidades, abarcaban más males, dolencias, catástrofes, partiendo de los patronatos que ya tenían. En el siglo XIX la devoción, que parecía perdida, renació, para caer de nuevo luego de los años 60 del siglo XX, y hoy parece tener un repunte, luego de años de crisis devocional a nivel general.

  
Y estos son los Auxiliares:

San Acacio de Armenia, mártir: Invocado contra los dolores de cabeza, se le reconoce porque suele aparecer crucificado (o con una gran cruz), coronado de espinas, y en ocasiones con un clavo en la cabeza. 22 de junio.

Santa Bárbara, virgen y mártir: Invocada contra la fiebre, la muerte súbita, el rayo, los fuegos y explosiones. Su atributo inconfundible es la torre y el copón con una hostia. 4 de diciembre.

San Blas, obispo y mártir: Invocado contra los dolores de garganta, ahogamientos y atragantamientos, sobre todo de niños. Protector contra todos los males de garganta y respiratorios, anginas de pecho, amigdalitis, dolor de muelas, tos ferina, enfermedades de la piel (ampollas, impétigos, dermatitis, quemaduras, úlceras, eczemas, hinchazones). Abogado contra los dolores de cabeza y estómago, fiebres, males de vejiga y urinarios e hidropesía. Invocado contra las picaduras de serpientes, las enfermedades en los caballos, cerdos y en general, de toda clase de animales. Patrono de médicos, cardadores y comerciantes de lana, tejedores, sastres, sombrereros, zapateros, curtidores, carniceros, yeseros, canteros, albañiles y carpinteros. Su atributo propio son dos velas cruzadas, amén de otros. 3, 11, 15 (Iglesia Oriental) y 22 de febrero (Iglesia Ortodoxa Griega).

Retablo mayor de la ermita dedicada a
los Catorce Santos Auxiliares en
Zeneggen.
Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir: Patrona de las jóvenes y niñas, vírgenes, enfermeras, estudiantes universitarios, profesores, sabios, filósofos y teólogos, científicos, predicadores, oradores, escritores, poetas; abogados, abogados, notarios, bibliotecarios e impresores de libros. su atributo principal, la rueda de púas la ha convertido en abogada de molineros, alfareros, afiladores, carreteros, curtidores, cordeleros, hilanderos, tejedores, costureras, modistas, diseñadores de moda, sastres, zapateros, barberos, peluqueros y comerciantes de tabaco. Se le invoca contra los males respiratorios, dolores de parto, dolencias de articulaciones, trastornos cerebrales, dolores de cabeza, tiña, migraña, enfermedades de la lengua, úlceras, tumores de gargnta y boca. Además, es patrona de la buena muerte y para encontrar a los ahogados. Tanto en Oriente como Occidente es una de las grandes "sanadoras". Se le conoce fácilmente por una rueda de púas que le acompaña, además de la espada martirial. 25 de noviembre.

San Cristóbal de Licia, mártir: Es patrón de peregrinos, viajeros, motoristas, transportistas en general. Protector de los deportes de motor, las fortificaciones, los balseros. Se le invoca contra las inundaciones, las tormentas eléctricas y el granizo. Auxiliador contra la peste, el hambre, las heridas y el dolor de muelas. Abogado de niños, embarazadas, paisajistas, jardineros, vendedores de fruta,  encuadernadores, tapiceros, carpinteros, pintores y modistas. Sanador de los males de la peste bubónica y los accidentes de viaje. Reconocible por llevar siempre al Niño Jesús al hombro. 10 y 25 de julio, 16 de noviembre (en Cuba), 28 de abril (martirologios escoceses) y 9 de mayo.

San Ciriaco de Roma, diácono y mártir: Es patrono de los trabajos forzados. Se le invoca contra la posesión demoníaca, tentaciones, especialmente a la hora de la muerte. Patrono contra todas las dolencias de ojos. Su iconografía común es revestido de dalmática, sujetando al demonio con una cadena. 8 de agosto.

San Dionisio de París, obispo y mártir: Invocado contra los dolores de cabeza, posesión diabólica, rayos, tormentas y granizo. Viste de obispo y lleva su cabeza en las manos, como los santos cefalóforos, de los que es el más conocido. 9 y 16 de octubre.

San Erasmo de Formio, obispo y mártir: Abogado de las parturientas, torneros, marineros, pescadores, cordeleros, hilanderos y tejedores. Se le invoca contra los peligros del mar, naufragios, maremotos, tormentas eléctricas. Protector contra cólicos, dolores abdominales, problemas estomacales, diarreas, estreñimiento y contra las epidemias del ganado. Su atributo característico con sus entrañas enrolladas en un palo, o en ocasiones una jarcia de barco. 2 de junio y 4 de mayo (Iglesias Orientales).

San Eustaquio, mártir: Invocado contra las disputas familiares, para no caer en el infierno, las tentaciones, la pérdida de los hijos, los niños, las modeduras de serpientes, las quemaduras y las infecciones en general. Abogado de los cazadores. Su atributo proncipal es un ciervo con cruz entre las astas, pero no hay que confundirle con San Humberto, pues este fue obispo. 20 de septiembre.

San Jorge, soldado mártir: Patrono de los ejércitos de la caballería, hospitales de guerra, policías, militares, jinetes, soldados, arqueros, talabarteros, fabricantes de armas, hojalateros, herreros, toneleros, mineros, exploradores, boy scouts, excursionistas, sederistas, alpinistas, agricultores, pastores, prisioneros de guerra y artistas. Se le invoca contra la peste, lepra, sífilis, diversas enfermedades de la piel (de humanos o caballos), males de oído y vista. Abogado contra el riesgo de guerra, escarnio, odio y persecusiones religiosas, caídas, derrumbes y terremotos. Protector del ganado, especialmente de caballos y vacas. Su iconografía clásica le pone montado en un caballo y agrediendo a un dragón. 23 y 24 de abril; 6 de mayo, Iglesia antioquena; 15 y 25 de abril, martirologio pseudojeronimiano.

San Gil, ermitaño y abad: Es el único no mártir del grupo. Es patrón de mendigos, herreros, lisiados, paralíticos, marginados, ermitaños, leprosos, guardabosques, pobres, fabricantes de flechas. Invocado contra el cáncer de pechos, la lactancia materna, heridas incurables, úlceras, dolores de pecho, epilepsia, miedo a la oscuridad, pesadillas, locura y enfermedades mentales, esterilidad, peste negra, fobias, enfermedades de caballos y demás animales. Abogado para tener una buena muerte. Se le reconoce porque suele llevar una flecha en el pecho y es acompañado por una cierva. 1 de septiembre y 15 de junio (invención de las reliquias).

Estampa moderna.
Santa Margarita de Antioquía, virgen y mártir: Patrona de las mujeres embarazadas, parturientas y comadronas, de los panaderos y pasteleros, agricultores, campesinos estudiantes. Se le invoca contra infertilidad, abortos y accidentes durante el embarazo, la falta de leche materna, calambres, heridas, males de riñones, dolores de espalda y faciales. La iconografía suele confundirla con Santa Marta, aunque si la vemos saliendo del dragón, es Margarita. Suele ser muy representada junto a Catalina y Bárbara. 20 de julio.
 

San Pantaleón, mártir: Es el gran hacedor de milagros de Oriente. Patrón de médicos, cirujanos, farmacéuticos, dentistas, barberos, enfermeras, parteras, panaderos y lecheros. Protector de los animales domésticos. Invocado contra dolores de cabeza, tuberculosis, dolores de pies, depresión, plagas de langostas y diversas enfermedades del ganado. Suele ir representado con una caja de medicamentos, o en un paso de su martirio: atado con las manos sobre la cabeza. 18 de febrero y 27 de julio.

San Vito, niño mártir: Patrono de las casas reales germana y sajona. Abogado de la juventud y los niños, mineros, vinateros, vendimiadores, posaderos, matrimonios y familias, bailarines, actores, comediantes, acróbatas, magos, farmacéuticos, mancos, cojos, sordos, mudos, ciegos, mendigos, caldereros, fundidores, herreros y cerveceros. Protector de perros, aves de corral, como pollos y gallinas, para preservar la castidad. Invocado contra la posesión diabólica, urinesis, epilepsia, histeria, rabia, las mordeduras de serpientes, obesidad mórbida, narcolepsia, neuropatía, convulsiones, rabia, piernas zambas, irascibilidad, enfermedades de los ojos, problemas de audición y la infertilidad. Patrono de la siembra y las cosechas, contra tormentas, rayos e incendios. 15 de junio.

En algunas listas y representaciones se añade o sustituye a alguno de los anteriores San Leonardo de Noblat (6 de noviembre), patrono de presos, agricultores y sus ganados. Su atributo típico son las cadenas.


Fuente:
-"Die vierzehn Nothhelfer". WILHELM HEINRICH RIEHL.


A 8 de agosto además se celebra a
Santos Ciriaco, Largo y Esmaragdo, mártires.
San Altmann de Passau, obispo.

jueves, 6 de agosto de 2015

San Joscelin, eremita

Catedral de
Luxemburgo.
San Joscelin (Schetzel o Gisilain) de Luxemburgo; ermitaño. 6 y 11 de agosto.

La primera reseña sobre este extraño santo, es una nota necrológica laudatoria redactada por San Achard (15 de septiembre), discípulo de San Bernardo (20 de agosto) y fundador del monasterio cisterciense de Santa María de Hemmerod. Según esta, habiéndose fundado el monasterio, San Bernardo encomendó a Achard fuera a la soledad donde el eremita Joscelin tenía su celda a ofrecerle formar parte de su recién fundada Orden del Císter.

Joscelin era tenido como un ángel encarnado, vivía en constante contemplación y conocía los misterios divinos por revelación directa de Dios, sin haber estudiado nunca, ni las Escrituras ni teología. Achard nos dice que "se podría decir de él lo que dijo el Señor acerca de Juan el Bautista: que no comía ni bebía". Andaba desnudo, con y solo con sus largos y enmarañados cabellos malamente cubría su cuerpo cuando hallaba a alguien, aunque solía huir de la gente, a la que consideraba una distracción de la presencia de Dios. Vivía en cuevas, riscos, bajo los árboles, donde le sorprendiera la noche, y solo se alimentaba de hierbas y agua, siendo las bellotas, un manjar que pocas veces se atrevía a probar. En esta vida de soledad y penitencia extrema vivió diez años, soportando el frío y el calor, las lluvias y los soles. Los últimos cuatro años de su vida, coincidieron con crudos inviernos en los que le era imposible hallar hierbas o raíces que desenterrar, por lo que en ocasiones se acercaba a las granjas, donde masticaba la paja o la avena destinada a los animales. Alguna mujer piadosa le daba en ocasiones un pan de salvado, pan de los pobres, aunque siempre dejándoselo a distancia, pues no se acercaba nunca a las mujeres. Pero incluso estos gestos de caridad solo los acpetaba si le premitían trabajar en algo en la granja, y siempre elegía las más pobres, sabiendo que le darían alimentos bastos y escasos. A veces le tiraban algunos trapos o mantas de lana, para que se cubriese, aunque él no se avergonzaba de su desnudez. Mas bien "debían avergonzarse los que se cubrían con varias mantas en invierno, mientras los pobres no tenían con que cubrirse", decía. 

Uno de estos inviernos tan crudos, le sucedió esto: Estando tumbado en el suelo, le cayó encima una nevada tal que le cubrió una capa de un codo de espesor, cubriéndole todo el cuerpo, excepto un agujero que fue quedando en torno a su boca, a causa del aliento caliente que salía de esta. Una liebre se sintió atraída por aquel calorcillo y fue exvavando hasta toparse con la boca del santo. Se acostó junto a su cara y el santo jugueteó con ella un rato hasta que entendió que estaba accediendo a una ditsracción pueril, alejándose de la presencia de Dios, y espantó al animalito. Y esta, según Achard, fue la tentación más fuerte que el santo sintió en toda su vida, pues ni la carne, ni el mundo, ni el demonio le hacían mella.

La reputación de un hombre tan santo, desprendido, paciente, muhilde y orante se extendió por toda Francia y fue cuando San Bernardo supo de él, y admitió que aquella vida solo podía llevarse por obra del Espíritu Santo, que mueve los corazones según los carismas que derrama en estos. Y aquí retomamos la historia con la que empezamos: cuando Achard, junto a unos monjes comenzó la búsqueda del eremita. Y no le fue facil, pues este, sabiendo por revelación, que unos monjes le buscaban para honrarle y ofrecerle su hábito, huyó a la soledad más recóndita, pero finalmente le hallaron y Achard le suplicó desde lejos que, en consideración al venerable abad de Claraval, le permitiese hablar con él. Solo el nombre de Bernardo, cuya fama conocía Joscelin pudo hacer el "milagro" de que el arisco ermitaño hablase con los monjes.

Achard le ofreció los regalos de reliquias y objetos sagrados que Bernardo le enviaba, y Joscelin los veneró sin aceptarlo, pues ni cosas santas quería poseer. Achard le ofreció los respetos de parte de San Bernardo y como este le había mandado, le ofreció tomar el hábito cisterciense, prometiéndole que en un monasterio igualmente podría vivir en soledad y penitencia. Joscelin le respondió: "Bendito sea Dios por tu padre abad, un hombre verdaderamente apostólico; y tan bueno que ha pensado en mi, aunque yo soy sólo un pecador miserable" - y añadió - "pero yo vivo fuera de su obediencia, y no la necesito", desechando formar parte de la Orden del Císter. Y luego de unas palabras de edificación espiritual para los monjes, encomendarse a las oraciones de Bernardo, se dio la vuelta y sin más, desapareció entre los riscos.

Y no se le vio más hasta que Dios le reveló que moriría pronto, y entonces bajó a la iglesia más cercana, recibió la Eucaristía y a los pocos día murió, el 6 de agosto de 1139. Fue enterrado en esta misma iglesia y su tumba se convirtió pronto en fuente de milagros y meta de peregrinos. A los pocos años las reliquias se trasladaron a la iglesia del castillo de Luxemburgo, donde se veneran aún. En Colonia hay otras reliquias suyas. Aún se vereran la "schetzelhöhle" (la cueva de Schetzel) y la "schetzelbrunnen" (manantial de Schetzel), donde se le invoca contra la parálisis. 


Fuente:
-“Vies des pères, martyrs et autres principaux saints. Volumen 11. JEAN-FRANÇOIS GODESCARD. París, 1824.


A 6 de agosto además se celebra a 
San Hormisdas, papa.

Y se recuerda la memoria del Venerable Antonio Margil de Jesús, franciscano. 

miércoles, 5 de agosto de 2015

San Abel, el derrotado de Reims.

San Abel de Reims, obispo. 5 de agosto.

Al parecer era de origen escocés o inglés, y había cruzado a la Galia en busca de la floreciente vida monástica, que halló en la abadía de Lobbes, donde profesó. Fue hombre versado en las Escrituras y gran teólogo, un sacerdote piadoso y muy pastoral. Eran tiempos difíciles para la relación Iglesia monarquía, pues Carlos Martel dominaba férreamente la Iglesia, ponía y deponía obispos y abades, y más de uno accedió a alguna sede o monasterio a cambio de sobornos. En 720 había colocado a Milo obispo de Tréveris, como obispo de Reims, nombramiento por el cual Milo pagaba altos impuestos que sacaba al pueblo. También había muchas sedes vacías, porque la mayoría de sacerdotes no quería aquella situación, ni acceder a un episcopado a partir de trampas, esclavizando a su diócesis.

En 741 murió Martel y subiendo Pipino “el Breve” al trono, la Iglesia comenzó a arreglar aquella situación escandalosa. San Bonifacio (5 de junio) participó activamente en los concilios de Lestines y el de Maguncia, donde destacó Abel por su defensa de la Iglesia, y la necesidad de la corrección moral del clero y fieles. En 743 el concilio de Soissons elevó la diócesis de Reims a arquidiócesis, y Abel fue elegido para la sede, siendo su primer arzobispo, sucediendo a San Rigoberto (4 de enero y 17 de junio). Y fue gracias a las influencias del papa San Zacarías (3, 15 y 22 de marzo) y de San Bonifacio, lo cual indica el predicamento que tendría entre el clero. Así pues, Bonifacio destituyó a Milo de Reims, obligándole a tomar solamente su diócesis de Tréveris. En 744 Pipino aprobó gozoso su proclamación, pero Milo no se quedó tranquilo. Aprovechándose de la lejanía del papa, el rey y san Bonifacio, que andaba de nuevo por Alemania, comenzó a hacerle la guerra a Abel. Calumnias, robos, intento de asesinato, todo lo intentó para volver a hacerse con la sede de Reims. Fueron unos años duros, para el santo Abel, pero no muchos, pues siendo monje en su corazón, se apartó decepcionado del gobierno de la sede, para volver a su retiro en Lobbes. Finalmente, murió en la soledad, dedicado a la oración y el estudio el 5 de agosto de 770. En 1409 las reliquias se trasladaron a Binche.


Fuente:
-“Vies des pères, martyrs et autres principaux saints. Volumen 4. JEAN-FRANÇOIS GODESCARD.


A 5 de agosto además se celebra a 
Santa Afra de Ausburg, mártir.
Beato Guillermo Horne, cartujo mártir. 

martes, 4 de agosto de 2015

San Molua, el abad de los milagros.

San Molua de Clonfert, abad. 4 de agosto.

Artesa donde bebían los animales del santo. Grabado del XIX.
Sobre este santo son unánimes los martirologios irlandeses, que le consideran unos de los padres del monaquismo celta, santo milagroso y de grandes virtudes. Y todos coinciden en señalar su memoria a 4 de agosto. Los “Hechos de San Molua”, traducidos al latín en el siglo IX se conservan varios códices en prestigiosas bibliotecas. Pero esto no quiere decir que no escape a la leyenda. La mayor parte de su vida nos llega por la obra “Florilegium insulae sanctorum seu Vitae et Acta Sanctorum Hiberniae”.

Según esta, Molua (también Moluach, Lugith, Lugaidh o Luan) su padre se llamó Carthach, y su madre fue Ochla, natural de Ossory. De su niñez se cuentan muchas leyendas: Una dice que un día se bebió una bota entera de vino, sin emborracharse, sin embargo, su padre se emborrachó solo con aspirar su aliento al ir a besarle. Aún de niño realizó varios milagros, como sanar a su padre de un cáncer, y no solo eso, sino restituirle la pierna amputada previamente con motivo del tumor. A uno que les guardaba el ganado le sanó de dolores de cabeza. Úlceras, dolores de muelas, cojeras, en fin, todo tipo de males y dolencias sanaba el niño Molua en personas y animales. Incluso los animales enfermos sanaban si bebían agua en la artesa donde bebían los animales del santo. Un abrevadero o artesa, tradicionalmente tenido como el del santo se conservaba hasta el siglo XVIII. Otros portentos más, como aquel que cuenta que mientras pastoreaba sus rebaños, cayó una tormenta terrible, pero su hoguera en la que se calentaba no se apagó, antes bien, un ángel la mantuvo ardiendo y la aumentó para que otros pastores pudieran calentarse en medio de la lluvia y el viento. Hasta el siglo XVI una cruz marcaba el supuesto sitio de la hoguera milagrosa.


Aún de niño fue confiada su educación a San Finian de Clonard (5 de abril y 12 de diciembre) y de San Comgall de Bangor (10 de mayo). Una leyenda paralela a la “vita” dice que pasando San Comgall por un bancal de juncos junto a un monje, vio un resplandor saliendo de estos y unos ángeles que custodiaban el sitio. Envió Comgall a un monje a ver que era aquello y este, dando una patada en los juncos, vio un bebé en medio, lo levantó y lo puso en su axila. Al volver, contó lo visto y enseñó al niño, a lo que Comgall  dijo: "Mi-lua (patada), hijo de ocha (axila); este será su nombre", dando pie a otro de los nombres por los que se le conoce: Moluach. Esta leyenda dio pie a creer que el santo había sido abandonado por sus padres cuando es posible que el cambio de nombre fuera, si acaso fue, cuando estos lo dieron a Comgall para su educación. ¿Tal vez no era un bebé, sino un niño crecido, que descansaba mientras pastoreaba? En el cielo lo sabremos. 


Como fuera, el santo abad le tomó bajo su protección, profetizando que estaba llamado a pastorear rebaños más grandes, y encaminarlos al cielo, profetizando que sería, como él mismo, fundador de monasterios. Era el niño Molua de ingenio despierto, por lo que pronto aprendió las letras, y en breve se introdujo en las Escrituras, los Padres Apostólicos, etc. Pasados los años y llegado Molua a la juventud, Comgall le admitió a la profesión monástica y le eligió como abad para fundar un monasterio. Molua y sus monjes se dirigieron primero a Monte Luachra, Limerick, donde el rey local fue generoso con ellos, pero finalmente decidió establecer el monasterio en Conflert, tierra de sus parientes maternos. Para este monasterio escribió una Regla, que la tradición dice fue leída y aprobada por San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal). En breve el monasterio se vio rebosado de monjes y de aspirantes a tomar el hábito, por lo que fundó un nuevo monasterio en Hy-Figinte. Otros monasterios de los que se le hace fundador en realidad fueron fundados por monjes elegidos por él, y aunque no sea padre de estos asentamientos, lo es al menos espiritualmente.


Alban Butler nos regala una anécdota del santo abad, que recuerda en su sabor a la sabiduría de los monjes de la Tebaida: Vivía en el monasterio un monje con celda propia (en los monasterios no era lo habitual, sino los dormitorios comunes), que no permitía compartirla con otro monje. Un día fue a visitarle Molua, y lo halló sentado junto al fuego. El monje le invitó a sentarse junto a él, para evitar el frío. Al punto, el monje hubo de salir y al volver halló al santo abad corriendo alrededor del fuego, y le preguntó: "¿qué haces, padre?". Y le contestó el santo: "Pues que es una lástima que no se pueda obtener todo el calor de este fuego y se desperdicie el de la zona donde no estoy sentado", a lo que entendió el monje su egoísmo, compartiendo celda y fuego desde entonces.


Fue confesor y director espiritual del obispo San David de Gales (1 de marzo), por elección divina, pues nos dice la leyenda que queriendo elegir un confesor entre los monjes irlandeses, estando a punto de embarcar, se le apareció un ángel que le dijo que salvo para elegir a Molua, no cruzara el mar, pues perecerían todos en un naufragio. Hizo caso el santo obispo, se dirigió a Conflert, conoció a Molua y nació entre ambos una relación espiritual profunda. De confesor no podemos llamarla, pues la confesión, como la conocemos hoy, no nacería en la Iglesia hasta mucho más tarde.
 

Ya mayor, perdió un diente y le dijo al monje que le atendía en ese momento: "Hijo mío, hazte haga cargo de este diente, que un día vendrá cuando puede ser necesario, por lo que no lo entierres conmigo cuando yo muera”. Y veremos pronto que pasó. Luego de una vida entregada a la penitencia, la oración y la extensión de la vida monástica, poco tiempo antes de morir llamó a San Dagan (3 de enero), obispo de Achad, para consultarle sobre su sucesor. Dagan le recomendó a San Lactan (12 de enero), recomendación aplaudida por el santo. Visitó al eremita San Cronan de Roscrea (28 de abril), el cual le reveló que sus días estaban cerca. Cuando regresaba a Conflert, encontró un pantano, por lo cual él y su acompañante, el monje Stellan, se desviaron del camino, hacia Tuaim Domhnaigh. Allí, a la orilla del lago tuvo una visión y preguntó a Stellan: “Si uno ve al mismo tiempo la familia del cielo y la de la tierra, ¿con cuál de las dos debería ir?" Stellan respondió: "Con la del cielo". Y le dijo el santo abad: "Amado hijo, dame entonces el Santísimo Sacramento, porque veo que mi familia de los cielos espera que yo pueda ir con ellos". Y recibiendo el Sacramento, falleció en brazos de su discípulo, el 4 de agosto entre 605 y 608. Stellan llevó el cuerpo a Conflert, donde recibieron sus veneradas reliquias. Queriendo unos monjes de uno de los monasterios fundados por Molua, una reliquia de su santo abad, se dirigieron a Conflert, donde los monjes se negaban a abrir el relicario, ante lo cual, el monje que poseía el diente del que hablamos antes, recordó las palabras del santo, y les entregó la muela, con lo que todos quedaron contentos.
 

A mediados del siglo VII ya es mencionado entre los padres de la Iglesia irlandesa. En el siglo VIII, aparece en el "Feilire" de San Oengus (11 de marzo), una especie de martirologio en versos, donde se le llama “campeón” y dice que “grande es mi confianza en él”. Una iglesia dedicada a su memoria existe en Killaloe, donde se le invocaba como abogado contra la lepra, lo cual difundió la leyenda acerca de que los últimos 20 años padeció lepra, por lo que en ocasiones se le llama Molua “ el leproso”.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-http://omniumsanctorumhiberniae.blogspot.com.es


A 4 de agosto además se celebra a
Santa Eudoxia de Heliópolis, mártir.
San Eleuterio, mártir.

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