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lunes, 31 de agosto de 2015

Beata Isabel, la princesa humilde.

Beata Isabel de Francia, princesa, virgen fundadora. 31 de agosto y 23 de febrero (orden franciscana).

Escultura en el pórtico
de San Germán de París.
Fue hija de Luis VIII de Francia y de la Beata Blanca de Castilla (2 de diciembre), y por tanto hermana de San Luis IX de Francia (25 de agosto). Nació en París, en 1225, y desde niña destacó como su hermano, en la piedad, el amor a la Santísima Virgen María, la oración y la caridad con los pobres. Además, pronto demostró inclinación a la soledad y la vida espiritual. Fue de ingenio despierto y amante de las letras, llegando a conocer muy pronto los salmos, el breviario y la liturgia de la Iglesia. Llegó a tener un conocimiento excelente del latín, tanto que en ocasiones veces corregía los yerros en las enseñanzas de sus capellanes.

Tuvo gran talento para el bordado, confeccionando hermosos ornamentos y paramentos para el culto, de los que alguno se conserva aún. En una ocasión, bordaba primorosamente una capa, y viéndola San Luis le pidió se la regalase. Isabel le respondió “esta es la obra primera que he hecho hilada por mi propia mano, por lo que se la debo a Jesucristo, a quien son debidas todas las primicias”. Se alegró su hermano, conformándose con ser obsequiado con la segunda. Ayunaba Isabel siempre que podía, obedecía puntualmente y jamás tomó parte de las diversiones de las damas de la corte, que, además, eran pocas, pues Blanca de Castilla no permitía diversiones peligrosas ni la ociosidad.

Ambos hermanos quedaron huérfanos muy pronto y su madre quedó como regente, lo cual le sirvió para preparar a su hijo para el trono y a su hija para igualmente tomara el trono de algún reino y fuera una santa esposa y gobernante. Pero Dios tenía otros planes. La pretendió Conrado IV, hijo del emperador Federico II, pero ella había decidido consagrarse totalmente a Dios, y eso a pesar de que el mismo papa Inocencio IV le aconsejó contraer ese matrimonio. Pero Isabel le respondió que “es mucho mejor ser la última de las vírgenes consagradas al servicio Divino, que ser Emperatriz y la primera mujer del mundo”, a lo que el papa le contestó con alabanzas y animándola a servir a Cristo.

En 1252, luego de la muerte de su madre, ocurrida mientras Luis estaba en las Cruzadas, redobló su piedad y oración. Una vez rescatado su piadoso hermano, junto a este fundó en 1257 en Longchamp el monasterio de “La Humildad de Santa María”, para el cual San Buenaventura (15 de julio) y otros franciscanos teólogos de la Universidad de París le adaptaron la Regla de Santa Clara. Llamó a sus religiosas “Hermanas Menores Encerradas”, para las que, además de esta adaptación, la misma Isabel escribió un reglamento. Alejandro IV y Urbano IV aprobaron esta regla, que más que en la pobreza material, “obsesión” de Santa Clara (11 de agosto y 23 de septiembre, invención de las reliquias), insiste en la humildad interior y exterior como primera instancia para vivir cualquier virtud, sean la pobreza, la obediencia o la castidad. A lo largo del tiempo, hasta el siglo XVI, otros monasterios de clarisas tomaron esta regla como norma de vida, en Francia, Inglaterra o Italia. Aunque durante siglos se le ha hecho monja clarisa, la verdad es que no llegó a profesar, sino que vivió en una sección del monasterio, siguiendo todos los oficios con las religiosas, pero sin ser una de ellas. Así podía seguir vida externa, dedicada a la caridad.

Sus confesores, todos franciscanos, declararon en el proceso de virtudes, que tuvo del Señor varios dones: contemplación, lágrimas, así como visiones y éxtasis. Fue muy penitente, no permitiéndose el más mínimo regalo al cuerpo, ni en vestidos o comidas. Las monjas, aún con ser pobres y mortificadas, vivían mejor que ella, al decir de los cronistas (Joinville, por ejemplo). Después de una vida consagrada a Cristo, murió el 22 ó 23 de febrero de 1270, a los 45 años y fue enterrada en la iglesia del monasterio. En el momento de su muerte, las monjas oyeron cánticos angélicos. En 1521 León X confirmó su culto, beatificándola por convalidación, y permitió la celebración de su memoria al monasterio de Longchamp. Aunque solo consta este permiso, desde el siglo XVI se le llama “santa” o “beata”, indistintamente. El permiso de culto sería extendido a toda la Orden franciscana en el XVIII por Inocencio XII. Inés de Harcourt, su principal dama de honor escribió una memoria elogiosa sobre ella, lo mismo hizo Joinville, amigo de San Luis, a quien también biografió.


Fuentes:
-“Año cristiano”. Febrero. Madrid, 2003.
-"Vidas de los Padres, Mártires y otros principales Santos". Tomo VIII. ALBAN BUTLER. Valladolid, 1791.


A 31 de agosto además se celebra a San Ramón Nonnato, religioso mercedario.

domingo, 30 de agosto de 2015

San Pamaquio, el sufrido.

San Pamaquio, confesor. 30 de agosto.

Probablemente hubiera pasado desapercibido Pamaquio, a pesar de ser un cristiano ejemplar, de no ser por su relación con el tempestuoso San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, invención y traslación de las reliquias). Perteneció a la Gens Camilla, y de joven fue educado en la gentilidad. Conoció las artes, la retórica y, por interés más que por devoción, también se formó en la lectura de las Sagradas Escrituras. Fue siendo estudiante cuando conoció a San Jerónimo. En 370 terminó sus estudios y sobre 374 entró en el Senado, cuerpo en el que llegó a ser procónsul. Entre 385 y 388 casó con santa Paulina (30 de agosto), hija de Santa Paula (27 de enero), la fiel y paciente discípula de Jerónimo. En 393 murió Paulina y Pamaquio se entregó a la caridad, donando sus cuantiosos bienes a los pobres de Roma. Junto a Santa Fabiola (27 de diciembre) construyó un hospital en el puerto de Ostia, para acoger a los extranjeros que llegaban enfermos y no se les permitía entrar a la ciudad por miedo a contagios. Las ruinas de este hospital pueden visitarse aún hoy. Visitaba diariamente este hospital y siempre estaba rodeado de mendigos y niños pobres que reclamaban su atención. Y junto con la limosna, se llevaban la atención, la escucha, la palabra atenta y la caricia pertinente. Fue también apóstol de la palabra, pues escribió algunas obras apologéticas, llegando a convertir a algunos de los principales herejes donatistas. San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental) le elogia en una carta, que reproduzco íntegra, por su valía (más que lo que yo pueda escribir):

Agustín saluda en el Señor a Pammaquio, señor eximio y justamente digno de ser acogido, e hijo amadísimo en las entrañas de Cristo:
Tus buenas obras germinan con la gracia de Cristo y te han hecho para nosotros muy honorable, famoso y amadísimo entre sus miembros. Si viese yo tu semblante cada día, no te conocería mejor que cuando miré y conocí, reconocí y amé tu interior, decorado con la hermosura de la paz, radiante con el brillo de la verdad, en el candor de un solo hecho que presencié. A éste hablo, a éste escribo ahora, a éste, querido amigo mío que se ha mostrado a mí, aunque está ausente en cuanto al cuerpo. Sin embargo, ya antes estábamos juntos, vivíamos reunidos bajo una misma Cabeza. Si no vivieras arraigado en el amor de la misma, no te resultaría tan amada la unidad católica, no hubieses amonestado con tales palabras ni hubieses animado con tal fervor de espíritu a tus colonos africanos, establecidos en ese país en que nació el furor donatista, es decir, en el centro de la Numidia consular. Les amonestaste con palabras, les animaste con gran fervor espiritual a que siguiesen lo que pensaban que un varón tan destacado y grande como tú sólo podía aceptar después de haber reconocido la verdad. Separados de ti por tan larga distancia de lugar, hablan de marchar bajo la misma Cabeza y ser contados para siempre contigo entre los miembros de ella los que por su precepto te sirven y obedecen temporalmente.
Reconociéndote y abrazándote en esta hazaña tuya, me regocijé para felicitarme contigo en nuestro Señor Jesucristo y enviarte esta carta de congratulación, como índice de mi corazón y amor. Ya no pude hacer más. Pero te ruego que no midas por ella la fuerza de mi amor. Trasciende tú la carta, después de leerla, con un vuelo invisible, que se realiza en el interior; llégate con el pensamiento hasta mi pecho y mira lo que aquí se piensa de ti. Al ojo de la caridad se abrirá el sagrario de la caridad, que tengo cerrado para las bagatelas tumultuosas del siglo cuando allí adoro a Dios. Aquí descubrirás los deleites de mi alegría por tan buena obra tuya, deleites que no puedo manifestar con la palabra ni expresar con la pluma; deleites ardientes e inflamados en el sacrificio de alabanza de aquel que te inspiró el querer y te ayudó a poder. Gracias a Dios por tan inefable don.
¡Oh, cuántos senadores hay que, como tú, son hijos de la santa Iglesia! Deseo que realicen en África una empresa semejante a la que celebro por ti. Pero es harto difícil exhortarlos a ellos, mientras nada se arriesga felicitándote a ti. Quizá ellos nada harán, y hasta podrían poner asechanzas para engañar a los débiles, como si en su ánimo estuviésemos ya vencidos por los enemigos de la Iglesia. En cambio, tú hiciste de tu parte algo para confusión de esos enemigos y para alcanzar la libertad de los débiles. Por eso me contento con que leas tú mismo con amistosa confianza esta carta a los que puedas hacerlo con derecho cristiano. Estimulados por tu ejemplo, podrán creer que puede hacerse en África lo que quizás actualmente piensan que no se puede lograr, y por eso se retraen. En cambio, no quiero contarte las insidias que los herejes traman con torcido corazón; me he burlado de ellos porque piensan que valen algo en la posesión de Cristo. Pero podrán contártelas mis hermanos. Los recomiendo con interés a tu excelsitud, para que no alimenten un temor superfluo en esta tan grande e inopinada alegría que celebramos por la salud de esos hombres tuyos. Por ellos exulta, gracias a ti, la Madre Católica.
Su amistad con San Jerónimo se vio enturbiada por la radicalidad de este último, propicio a defender la verdad católica con rudeza e ironía. La cuestión fue que Pamaquio pidió a Jerónimo refutase a Joviniano, hereje que negaba la excelencia de la virginidad. Jerónimo respondió encendidamente al hereje, pero para valorar la castidad y la elección virginal denigró el sacramento del matrimonio y la vida conyugal, lo cual, por supuesto, ofendió a Pamaquio y otros cristianos casados, que se sintieron ofendidos ante las consideraciones de Jerónimo. La respuesta de este fue su “Apología a Pamaquio”, donde aunque rebaja el tono, sigue considerando la vida matrimonial inferior a la virginidad. También se vio Pamaquio envuelto en la polémica entre Jerónimo y Rufino, sacerdote erudito, entusiasta de Orígenes, con el que Jerónimo tuvo años de discrepancia. Todo por malentendidos, pues Rufino en realidad no compartía las herejías que algunos predicaban partiendo erróneamente de los escritos de Orígenes. Pero para San Jerónimo, que también había sido amante de estos escritos, el hecho de que hubiera herejías que tomaban a Orígenes como principio, ya le supuso emprender una guerra contra las obras de Orígenes y todo aquel que las promoviese.

Volviendo a Pamaquio. Algunos dicen que ya viudo fue monje, o presbítero, pero lo más certero es que permaneció como laico célibe entregado a la caridad y la oración. En 410 murió en la paz del Señor.


Fuentes:
-http://www.augustinus.it/spagnolo/lettere/lettera_058_testo.htm
-"Vidas de los Padres, Mártires y otros principales Santos". Tomo VIII. ALBAN BUTLER. Valladolid, 1791. 


A 30 de agosto se celebra además a Santa Rizza de Koblenz, eremita.

viernes, 28 de agosto de 2015

San Vivien, de entre guerras, la paz.

Vidriera de la iglesia de Saint Vivien, Rouen.
San Vivien de Saintes, obispo. 28 de agosto y 13 de enero (traslación de las reliquias). 

Según la Miracula Sancti Viviani", este era hijo de un pagano y de una cristiana llamada Maurella. Aunque fue educado en las costumbres y tradiciones galo-romanas, el paganismo no hizo mella en él, y a los 16 años, con alegría de su madre, fue bautizado por San Ambrosio de Saintes (28 de agosto). Su mente despierta y las influencias de su padre le hicieron escalar puestos en el servicio público, llegando a ser gobernador de distrito. A los 33 años, se hastió del mundo, lo dejó todo y se fue adonde su obispo, que conociendo su piedad y sabiduría, le concedió el presbiterado. Cerca del año 450 Ambrosio murió y el clero y el pueblo eligieron a Vivien para sucederle como obispo. Aunque se negó, nada pudo hacer al aparecer sobre él una paloma blanca, que fue tomada por todos como signo de elección divina.

Le tocó hacer frente a las dificultades de un Imperio que hacía agua por todas partes: corrupción, crisis de fe, neo-paganismo, y lo peor: los bárbaros asolando las fronteras del Imperio y adentrándose en los territorios cristianos. Se dio todo a todos, al decir de San Pablo, protegiendo a los refugiados, acogiendo a monjes que huían y fundando nuevos monasterios, organizando la caridad e incluso los servicios públicos y militares de su ciudad. También comenzó la construcción de la catedral de San Pedro, que hubo de interrumpir por la irrupción de los herejes arrianos procedentes de España. Eran cristianos, pero no se detenían ante cualquier botín que pudieran arramblar, y con más deseo aún si eran bienes de los católicos. Saintes fue atacado, y los que no huyeron, fueron apresados y llevados a Tolosa. Con ellos se fue San Vivien, que desechó el cómodo carro y caballos que le ofrecieron los nobles, para usar un simple carro tirado por bueyes. Llegados a Tolosa, Vivien veneró las reliquias de San Saturnino (29 de noviembre). Luego se retiró a un monte, para hacer oración en soledad y pedir a Dios ayuda e inspiración. Estando allí, un arriano le robó sus bueyes para transportar lo que había saqueado en diversos sitios, pero apenas los sacó de la cuadra, quedó paralizado, por lo que clamó a Dios y pidió perdón al obispo a gritos. Oyéndole Vivien, fue, le perdonó y el hombre quedó libre. Además, se convirtió a la verdadera fe de Cristo.

Este portento llegó a oídos de Teodorico II, rey de los visigodos, que quiso conocer a Vivien, para lo cual le invitó a su mesa. Al llegar vio que la mesa estaba ocupada por obispos arrianos. El rey quiso honrar a todos los prelados dejándoles beber de su propia copa. Al llegar a Vivien, este le dijo: "Su Majestad, como líder de la iglesia, solo puedo aceptar esta copa a menos que cambie a la verdadera Iglesia", y se retiró de la mesa ante el enfado del rey, para pasar la noche junto a la sepultura de San Saturnino. Esa noche Teodorico tuvo un sueño en el que le era revelada la santidad y la razón que tenía Vivien, por lo que a la mañana fue a verle y disculpándose, le ofreció le pidiese lo que quisiera. Vivien aprovechó para pedirle: “me gustaría diera la libertad a todo mi pueblo y le devuelva todos sus bienes". Teodorico aceptó y les dejó libres y con sus posesiones restituidas. Saintes recibió triunfalmente a su obispo, llevándole en andas a la catedral en construcción. Entre todos se dieron a la tarea de la reconstrucción de la ciudad, volviendo a la vida cotidiana.

Pero poco duró la paz: en menos de dos años aparecieron los sajones ante las puertas de la ciudad. Allí estaban los ejércitos, y cuando ya socavaban las murallas de la ciudad, de pronto un estruendo de armas y gritos de soldados desde dentro de Saintes, creó confusión entre los sajones, que huyeron despavoridos ante aquello. Y fue cosa de milagro, pues los soldados eran pocos y la mayoría del pueblo estaba orando junto a su obispo, al que “responsabilizaron” de aquel milagro. Finalmente, puedo concluir la construcción de su amada catedral, pero supo por revelación que no vería la dedicación. Reunió a su clero, les dio a conocer su próxima muerte y designó a San Troian (30 de noviembre) como sucesor. Efectivamente, murió la víspera de la dedicación de la catedral, celebrándose su funeral a la par que la consagración del templo. Curiosamente no fue sepultado en la catedral, sino a las afueras de la ciudad, tal vez con la intención de levantar una iglesia dedicada a su memoria sobre su sepulcro. Pronto comenzaron los milagros junto a su tumba: paralíticos, artríticos, lisiados, etc. Entre ellos, una pobre mujer, cuyas uñas crecían hacia adentro de sus manos ya había quedado imposibilitada de trabajar, visitó al santo, y haciendo oración halló la sanación de su mal, pudiendo mantener a sus hijos.

En una fecha incierta, pero antes de 1020, sus reliquias fueron trasladadas al célebre monasterio de Figeac, competidor en los ámbitos material y espiritual de la vecina abadía de Santa Fe de Conques. Es en este contexto en el que se escriben las obras "Miracula Sancti Viviani" y "Translatio", que rellenan las lagunas que la vida y culto del santo se tenían, y lo hace con portentos comunes a otros santos, y sin mucha crítica. En Rouen tiene una iglesia y plaza dedicadas a su memoria.


Fuentes: 

-"Office de Saint-Vivien, évêque de Saintes". Rouen, 1845.
-"Les sociétés de l'an mil: Un monde entre deux âges". PIERRE BONNASSIE. Bruselas, 2001.


A 28 de agosto además se celebra a San Julián de Brioude, mártir.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Hirióme con una flecha...

La Trasverberación de Santa Teresa. 26 y 27 de agosto.
"Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla; aunque muchas veces se me representan ángeles, es sin verlos, sino como la visión pasada que dije primero. En esta visión quiso el Señor le viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman querubines, que los nombres no me los dicen; mas bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros y de otros a otros, que no lo sabría decir. Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento". (Vida 29, 13).

Con este texto anterior describe la Santa Madre un fenómeno místico cuya base es el amor entre Dios y la criatura humana. Siendo el amor de Dios inconmesurable, perfecto y puro, los efectos que causa en el alma son casi indescriptibles por el místico, que tiene que recurrir a imágenes para poder expresarlo. La santa lo vive como un dardo encendido, pero otros lo experimentarán de otra manera. Santa Margarita de Alacoque lo describe como un intercambio de corazones, donde Dios posee el corazón de la santa hasta casi suplantarlo, purificando los afectos, emociones y movimientos. La Beata Ángela de Foligno (a quien la Santa es probable leyera), lo describe como "una guadaña" que entra en el corazón una y otra vez, y la deja en plenitud de Dios. San Pío de Peltreccina lo describe con un suceso que es casi exacto al de la Santa Madre. 

Otro texto de la santa, repite la experiencia como un tipo de oración, y ella misma reconoce que utiliza imágenes comparaciones cotidianas como explicación ante lo inefable del hecho y sus efectos:
"Otra manera harto ordinaria de oración es una manera de herida, que parece al alma como si una saeta la metiesen por el corazón, o por ella misma. Así causa un dolor grande que hace quejar, y tan sabroso, que nunca querría le faltase. Este dolor no es en el sentido, ni tampoco es llaga material, sino en lo interior del alma, sin que parezca dolor corporal; sino que, como no se puede dar a entender sino por comparaciones, pónense estas groseras, que para lo que ello es lo son, mas no sé yo decirlo de otra suerte. Por eso, no son estas cosas para escribir ni decir, porque es imposible entenderlo sino quien lo ha experimentado... Porque las penas del espíritu son diferentísimas de las de acá". (Rel 5, 17).

San Juan de la Cruz da una explicación de este fenómeno en "Llama de amor viva", y aunque no menciona a la santa Madre, es evidente que se basa en su vivencia para explicar la trasverberación del corazón:
Corazón Incorrupto de la Santa Madre.
"...la llaga del cauterio de amor no se puede curar con otra medicina, sino que el mismo cauterio que la hace la cura, y el mismo que la cura, curándola la hace; porque cada vez que toca el cauterio de amor en la llaga de amor, hace mayor llaga de amor, y así cura y sana más por cuanto llaga más. Porque el amante, cuanto más llagado, está más sano, y la cura que hace el amor es llagar y herir sobre lo llagado, hasta tanto que la llaga sea tan grande, que toda el alma venga a resolverse en llaga de amor. Y de esta manera, ya toda cauterizada y hecha una llaga de amor, está toda sana en amor, porque está transformada en amor.

Y en esta manera se entiende la llaga que aquí habla el alma: toda llagada y toda sana. Y porque, aunque está toda llagada y toda sana, el cauterio de amor no deja de hacer su oficio, que es tocar y herir de amor, por cuanto ya está todo regalado y todo sano, el efecto que hace es regalar la llaga, como suele hacer el buen médico. Por eso dice aquí bien el alma: ¡Oh llaga regalada!


Este cauterio y esta llaga podemos entender que es el más alto grado que en este estado puede ser, porque hay otras muchas maneras de cauterizar Dios al alma que ni llegan aquí ni son como ésta, porque ésta es toque sólo de la Divinidad en el alma, sin forma ni figura alguna intelectual ni imaginaria.
 

Pocas almas llegan a tanto como esto: mas algunas han llegado, mayormente las de aquellos cuya virtud y espíritu se había de difundir en la sucesión de sus hijos [alusión a la santa], dando Dios la riqueza y valor a las cabezas en las primicias del espíritu según la mayor o menor sucesión que había de tener su doctrina y espíritu."

Pero, el origen de esta forma de relación íntima con Dios y su explicación hemos de buscarla mucho más atrás. No hay que olvidar que los místicos beben de las Escrituras, y el Cantar de los Cantares fue para muchos, entre ellos la Santa, allí leemos "Vulnerasti cor meum" en Ct. 4, 9, haciendo del corazón ese "sitio" poderoso del encuentro entre Dios y el alma.

La fiesta de la Trasverberación llegó a la Orden del Carmen Descalzo en 1726 con categoría de Doble de Segunda Clase, y a 27 de agosto. Ese mismo año el rey Felipe V pidió al papa que la Fiesta pasase a celebrarse por toda la Iglesia de España, lo cual fue concedido por Clemente XII el 11 de diciembre de 1733. Posteriormente pasó al 26, aunque Alba de Tormes, donde se custodia el corazón traspasado e incorrupto de la Santa, la celebra aún a 27. Luego de la reforma litúrgica derivada del CV II, se acentuó el carácter simbólico y místico del hecho más que el aspecto físico de la llaga visible en el corazón de la Santa. Al mismo tiempo, quedó con categoría litúrgica de memoria obligatoria para las monjas carmelitas descalzas y memoria libre para los religiosos y terciarios, pero fue suprimida del Calendario Español.

lunes, 24 de agosto de 2015

La leyenda de San Bartolomé.

San Bartolomé, Apóstol. 25 de febrero (Iglesia Armenia), 11 (Iglesias Orientales) y 18 de junio (Iglesia Copta); 24, 25 y 29 (Iglesia Jacobita) de agosto; 20 de noviembre (Iglesias Etíopes); 4 (traslación de las reliquias) y 8 de diciembre (Iglesia Armenia).

Hoy me tomo la licencia de transcribir literalmente un resumen de la leyenda de San Bartolomé. No me gusta copiar tal cual, porque se pierde estilo y no es un trabajo de mérito. Pero me ha parecido interesante como forma de mostrar lo importante que puede ser el lenguaje, el estilo y la argumentación a la hora de trasmitir un hecho. Es un texto del siglo XIX, al que solo he hecho algunas correcciones ortográficas, para adecuarlo a la gramática actual. Espero os guste:

El santo sostiene su propia piel arrancada
"San Bartolomé, a quien el Evangelio cuenta siempre el sexto en el número de los doce Apóstoles, fue galileo, de condición tan humilde como todos ellos, siendo de oficio pescador; pero eran muy puras sus costumbres. Fue hijo de Tolmai, como lo da a entender su propio nombre; porque “Bar” en hebreo significa lo mismo que hijo. Creyeron algunos que San Bartolomé fue aquel Natanael que San Felipe llevó a la presencia del Salvador, de quien el mismo Señor hizo aquel bello elogio, cuando dijo: 'Veis ahí un verdadero israelita, en quien no hay dolo ni artificio'. Pero San Agustín impugna esta opinión, asegurando que Jesucristo no escogió a Natanael para apóstol suyo, precisamente porque era doctor de la Ley; y no quería valerse para el ministerio evangélico de letrados ni de sabios, sino de hombres idiotas y groseros, a fin de que resplandeciese visiblemente su omnipotencia en una obra tan grande, en la cual no había de tener parte alguna la humana sabiduría.

Fue este santo Apóstol uno de los que más mostraron su generosidad y su fervor en seguir a Jesucristo. Luego que fue llamado al apostolado, todo lo dejó, y nunca pensó volver a tomar lo que una vez había dejado. Algunos otros apóstoles, después de su vocación, volvieron al ejercicio de pescar; pero San Bartolomé no se apartó de su divino Maestro, siendo uno de los mas ansiosos por acompañarle a todas partes, de los mas embelesados con sus conversaciones, de los más atentos a sus discursos, y de los más adictos a su divina persona. Hacía fiel compañía a Jesucristo, y fue el más continuo testigo de sus milagros. Hallóse presente en Cafarnaum cuando el Salvador sanó al criado del Centurión, en Naím cuando resucitó al hijo de la viuda; y fue testigo de la milagrosa curación de aquel hombre poseído del demonio, que dueño de su cuerpo, le tenía privado del uso de la lengua y de la vista. Asistió también con su Maestro en las bodas de Caná, donde fue testigo del milagro que hizo convirtiendo el agua en vino (1); y también concurrió en el convite de Simón el Fariseo, cuando se convirtió aquella famosa pecadora María Magdalena. En fin, pocos milagros hizo el Salvador en el espacio de su vida de que no hubiese sido testigo San Bartolomé. (…)

Preso el Salvador del mundo por los judíos, fue general la consternación en todos los Apóstoles. Aunque ya estaban muy prevenidos por todo lo que habían oído al Hijo de Dios acerca de su pasión, con todo eso se llenaron de tristeza, de espanto y de pavor. Sobrecogió tanto el dolor a Bartolomé viendo a su divino Maestro tan maltratado, que se estuvo encerrado todos los tres días de la pasión en la casa donde se habían hospedado en Jerusalén derramando continuas lágrimas. Enjugáronsele con la resurrección del Salvador; hasta la ascensión estuvo con los demás en la escuela de Jesucristo; y desde la ascensión hasta el día de Pentecostés retirado en el cenáculo. En aquel día, que fue el quincuagésimo después de la resurrección; en aquella solemnísima fiesta, llamada Pentecostés, el Espíritu Santo, cuya inmensidad llena todo el universo, sin dejar el cielo, vino a la tierra, santificada ya con los trabajos del Salvador, haciéndola sensible su particular presencia por la admirable profusión de sus dones, y por una comunicación más admirable de su persona, de que se sintieron llenos todos los Apóstoles y todos los discípulos. Con efecto, se hallaron todos abrasados en aquel fuego divino, iluminados con sobrenaturales luces, y recibieron desde entonces el milagroso don de lenguas. En el repartimiento que hicieron entre sí de todas las regiones del universo tocó a nuestro santo Apóstol la misión de la Licaonia, de Albania, de las Indias orientales y de la Armenia. Llevó a ellas el Evangelio en hebreo, que ya había escrito San Mateo. Extendió las luces de la fe en todas las provincias por donde pasaba, y no fue el menor de sus milagros la multitud prodigiosa de conversiones que hacía. Dice San Juan Crisóstomo que hasta los mismos gentiles se admiraban de aquella repentina mudanza de costumbres, y que en las regiones por donde transitaba San Bartolomé se miraba con asombro la pureza, la templanza y las demás grandes virtudes que resplandecían en los nuevos fieles.
Habiendo dado todas las providencias que juzgó necesarias para la conservación de la fe en Licaonia, en la Albania y en las Indias orientales, dejando en ellas operarios formados de su mano, pasó él mismo a la Armenia, que algún día había de ser el campo más fértil de su mies y el más glorioso teatro de su celo. Llegó a una de las ciudades principales, donde a la sazón estaba el Rey con toda su corte ; y luego que el Apóstol entró en el templo, donde el demonio daba oráculos por boca de un ídolo llamado Astarot, enmudeció este; silencio que llenó de pasmo a los armenios, y de consternación a toda la ciudad. Acudieron a otro ídolo, por nombre Berit, para saber la causa de tan funesto suceso. Respondió el demonio por su boca, que la causa era la presencia de cierto hombre llamado Bartolomé, apóstol del verdadero Dios, y que lo mismo le sucedería a él si aquel hombre llegaba a entrar en su templo. Añadió, que no daría oráculos Astarot mientras no echasen de allí a aquel hombre; porque cien veces al día, y otras tantas a la noche, hacia oración a Dios, acompañado de una prodigiosa multitud de espíritus bienaventurados que le escoltaban y le defendían. Quedó admirado el pueblo de este testimonio que, obligado de Dios y a su pesar, dio el demonio de la virtud milagrosa de nuestro Santo, y entró en una impaciente curiosidad de conocer al Apóstol; pero conociendo los sacerdotes que iría por tierra su estimación si el Santo llegaba a ser reconocido, pusieron en molimiento todos sus artificios para perderle. Buscáronle por espacio de tres días, pero en vano, porque Dios le hacía invisible, hasta que habiendo lanzado al demonio de muchos cuerpos, y dado salud a muchos enfermos desahuciados, sus mismos milagros le descubrieron.
Espectacular escultura en la catedral de Milán.
El santo aparece desollado completamente.
Esparcida la fama por todas partes, no le conocían ya por otro nombre que por el de Apóstol del verdadero Dios y el obrador de milagros. Llegó presto a noticia de la corte el ruido de sus maravillas, y teniendo el rey una hija poseída de un furioso demonio que la atormentaba cruelmente, deseaba con ansiosa impaciencia ver al santo Apóstol. Apenas se puso en su presencia San Bartolomé, cuando la princesa quedó libre de aquel infernal huésped y queriendo el rey mostrar su agradecimiento con magníficos presentes, el Apóstol le dio a entender que no había venido a buscar oro ni piedras preciosas, sino la salvación de su alma, y la conversión de sus vasallos. “Vengo”, añadió el Santo, “a daros a conocer al verdadero Dios, único criador de todo este vasto universo; y que solo él es digno de nuestro amor, de nuestra adoración y de nuestros religiosos cultos. Vuestros ídolos son órganos de los demonios; adoráis lo más execrable que hay en toda la naturaleza; esos que llamáis dioses son los mismos demonios; y para convenceros, señor, de que es verdad todo lo que digo, quiero que el más acreditado de vuestros dioses confirme, mal que le pese, todo lo que yo os predico”. Aceptóse luego la condición; y el rey, acompañado del Santo y de toda su corte, se encaminó al templo; pero apenas puso el pié en él San Bartolomé , cuando el demonio comenzó a gritar que él no era dios, que ni había ni podía haber más que un solo Dios, y que ese era Jesucristo, a quien el Apóstol predicaba. Hecha esta confesión, mandó el Santo al demonio, en nombre de Jesucristo, que al instante y sin réplica hiciese pedazos todos los ídolos de la ciudad. Obedeció, y en el mismo punto todos ellos fueron reducidos a polvo. A vista de tan estupenda maravilla quedaron tan movidos los corazones, como convencidos los entendimientos; convirtióse toda la ciudad, y después de algunas instrucciones recibió el Bautismo el rey y toda la corte. Siguieron el mismo ejemplo doce ciudades principales, rindiendo la cerviz al yugo de Jesucristo; y habiendo cultivado San Bartolomé aquella viña por algún tiempo, la proveyó de dignos ministros del altar, obispos y predicadores.

No podían menos de pensar en la venganza todas las potestades del infierno viéndose tan maltratadas. Los sacerdotes de los ídolos eran el oprobio de la nación, y conociendo que no era posible pervertir al rey Polemon, en cuyo corazón había echado la Religión profundísimas raíces, recurrieron a Astiages, hermano del mismo Príncipe, que reinaba en una parte de la Armenia. Era Astiages idólatra supersticioso, y resolvió vengar la afrenta que hacía a sus dioses aquel desconocido extranjero. Convidóle artificiosamente a que pasase a sus Estados, y San Bartolomé, que ninguna cosa deseaba tanto en este mundo como derramar la sangre por Jesucristo, corrió apresuradamente a la corona del martirio. Así fue; pues no bien había puesto los pies en la corte de Astiages, cuando el tirano le hizo desollar vivo. No parecía posible tormento más cruel; pero el Santo le sufrió con tan invicta paciencia, que hasta los mismos gentiles quedaron asombrados. Y como en medio del cruelísimo tormento no cesase de predicar la divinidad de Jesucristo y las grandes verdades de la fe, mandó el tirano que le cortasen la cabeza. Créese que sucedió esto el día 25 de agosto, y que el día antecedente había sido desollado por amor de Jesucristo; siendo acaso este el motivo por que algunas iglesias celebran su fiesta el día 25, que fue el de su muerte, y otras el 24, que fue el de su suplicio.

Presto vengó el cielo la muerte de nuestro Santo con un visible castigo. Así Astiages como todos los sacerdotes, cómplices de su delito, fueron inmediatamente poseídos del demonio, que después de haberlos atormentado de un modo horrible por espacio de treinta días, al cabo de ellos los ahogó a todos. Los Cristianos se apoderaron del cuerpo de San Bartolomé, y le enterraron en una caja de plomo, haciéndose luego glorioso su sepulcro por multitud de milagros. Pasados muchos años, los gentiles se hicieron dueños del lugar donde estaban las santas reliquias, y las arrojaron al mar, el cual llevó la caja de plomo hasta la isla de Lipari, no lejos de Sicilia. Pero habiéndose apoderado los sarracenos de esta isla hacia la mitad del siglo IX, este precioso tesoro fue trasladado a Benevento, de donde el año de 983, siendo emperador Oton II, fue transportado a Roma, donde es reverenciado con singular devoción de los fieles”.

Y termino con sus patronatos e iconografía. San Bartolomé es patrono de los profesionales que trabajan con cuero o piel, como los carniceros y comerciantes de pieles, curtidores, zapateros, sastres, cortadores, encuadernadores. Además es patrón de los pastores, agricultores, mineros y transportistas de sal, mercaderes de queso. És invocado por las mujeres en el parto, contra los trastornos nerviosos, las convulsiones, los males de la piel como úlceras, eczemas, llagas incurables. Otras reliquias del santo, dudosas todas, se hallan por otras partes del mundo.

Fuente:

-“Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año”. Agosto. JEAN CROISSET. S.I. Barcelona, 1863.

(1) De hecho no falta quien diga que era el novio de estas bodas.

domingo, 23 de agosto de 2015

Santa Ebba o Elba, dos o una.

Santa Ebba “la anciana”.
Catedral Episcopal de Eyemouth.
Pregunta: Deseo pedir antecedentes de la historia de Santa Elba. Entiendo que fue abadesa en Gran Bretaña y su nombre deriva de Elfa. Mi madre llevaba ese nombre.

Respuesta: Hay dos santas con este nombre, que en origen es Æbbe, normalmente trasladado a Ebba y en ocasiones a Elba. Las vidas y leyendas de las dos se mezclan entre sí, hasta el punto que las vida de una se complementa con la de la otra. Intentaré explicarlo lo mejor que pueda, separándolas: 

Santa Ebba de Coldingham, “la anciana”, abadesa. 23 de agosto.
Fue hija de Ethelfried “el Devastador”, hermana de San Osvaldo (5 de agosto) y Oswy de Bernicy, y tía de San Oswin mártir (20 de agosto). Su padre fue asesinado por su cuñado San Edwin (12 de octubre) en 616, y su hermano Oswy la prometió con un príncipe escocés, pero Ebba había hecho un voto de virginidad, por lo que se opuso con firmeza al matrimonio. A espaldas de su hermano tomó el velo de religiosa de manos de San Finan de Lindisfarne (17 de febrero). Ante esto, Oswy no pudo hacer nada, por lo que le regaló unas tierras en las orillas del río Derwent, donde la joven fundó su primer monasterio, llamado con el tiempo  “Ebbchester” o sea, “casa de Ebba”, cuyas ruinas en las que hay una capilla, aún pueden verse. Pero su gran monasterio y campo de acción fue Coldingham, aunque no se sepa el porqué del cambio. La leyenda dice que su escocés pretendiente la persiguió y ella, junto a sus monjas, huyó a esta localización. El mar la protegió rodeando el sitio y retrasando al príncipe durante tres días, en los que las religiosas llegaron a la cima de un promontorio que miraba al océano. Luego que el mar se retirase, Ebba elevó una oración y dos fuentes milagrosas surgieron de las piedras, una en la cima para las monjas y la otra en la base, para los habitantes y peregrinos. Esto dice la leyenda, pero los historiadores concluyen o que el cambio se debió a la excelente situación del sitio o que simplemente la primera fundación es legendaria.

Allí fundó Ebba un monasterio al estilo del de Santa Hilda de Whitby (17 de noviembre), es decir, mixto, de hombres y mujeres separados entre sí, que compartían la iglesia. Cada comunidad tenía su prior y priora, y una abadesa las gobernaba a ambas. Santa Etheldreda de Ely (23 de junio y 17 de octubre) y San Cuthbert de Lindsfarne (20 de marzo y 4 de septiembre, traslación de las reliquias) fueron discípulos de Ebba, aunque el segundo lo más claro que sacó fue lo pernicioso del trato cercano con mujeres, que llama “plaga” a la sociedad de monjas y monjes. Y que "la belleza de las vírgenes atraían a los hombres, inquietaba su ser, y terminaban poseyéndolas". En 30 años, y bajo el mandato de Ebba, la relajación de costumbres se hizo dueña del monasterio, y la santa fue advertida por uno de sus sacerdotes, San Adamnan (21 de septiembre), que había sido un gran pecador en su juventud, y para dedicarse a la contemplación y la penitencia, se había retirado en Coldingham. Era muy penitente, ayunando tres y cuatro días a la semana. Siempre oraba de pie, salvo los domingos. En fin, que un día en que estaba paseando junto a Ebba, contemplaban la bella iglesia, los edificios, los jardines, y le dijo: "Todo lo que usted ve aquí, abadesa, tan hermoso y grande, pronto se convertirá en cenizas. Se me han revelado los males que ocurren en esta casa, y el castigo que está preparado para ella. Solo en tu celda y tu cama se guarda la regla. Todos los hombres y las mujeres están dormidos al bien, y despiertos al mal. En lugar de orar y leer en sus celdas, organizan comilonas en ellas, reuniones con músicas, cantares. Tus vírgenes, en lugar de meditar sobre las cosas divinas, tejen prendas finas para ellas mismas o para sus amantes. Por lo tanto una pesada venganza del cielo se prepara contra esta casa y sus habitantes”. "¿Por qué no me lo dijiste antes?" -preguntó Ebba sorprendida - "Temía hacerlo" – respondió  Adamnan -"Por no molestaros. Pero tened este consuelo: la destrucción de esta casa no se llevará a cabo en sus días".

Ebba comunicó a ambas comunidades las revelaciones y el castigo que vendría sobre el monasterio si no había enmienda, y durante un tiempo, mientras ella vivió, la vida monástica se enmendó y florecieron las virtudes y el monasterio ganó prestigio. Pero por poco tiempo, pues al morir Ebba, el 23 de agosto, entre 679 y 683, la relajación volvió al monasterio con indignación y sorpresa de todo el país. Los escándalos de Coldingham indican la incapacidad de su abadesa, una santa mujer, pero no dotada para el gobierno. Como concluye, Alban Butler “no era una Hilda, capaz gobernar una institución y a sus miembros”. Y el castigo aunciado llegó en 683, cuando el monasterio fue arrasado por el fuego, que destruyó los edificios y acabó con la vida de casi toda la comunidad.


Santa Ebba de Coldingham "la joven" 2 de abril y 22 de junio (dedicación de su altar)


Fuentes:
-http://www.stebba-coldinghampriory.org.uk
-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.



A 23 de agosto además se celebra a Santos Claudio, Asterio, Neón y compañeras mártires.

sábado, 22 de agosto de 2015

San Hipólito el Elocuente.

San Hipólito, obispo y mártir. 22 de agosto.


Lo primero que nos llama la atención y nos hace sospechar, es que de este santo se conocen sus obras, o al menos las que le atribuyen, y sin embargo, de su vida lo que nos ha llegado es un batiburrillo de datos contradictorios entre sí, algunos de ellos. No son pocos los Padres de la Iglesia que se refieren a él, como San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) y San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal), que le llama “fuente de luz, testigo fiel, doctor santísimo, y varón lleno de dulzura y caridad”. Y es que sus obras fueron vastas: contra los herejes para probar la verdad de la Santísima Trinidad, homilías con motivo de festividades, tratados sobre la Encarnación y Resurrección de Cristo, un ciclo pascual de dieciséis años, una crónica de la Iglesia desde los orígenes hasta 222, comentarios sobre las Escrituras y los misterios de Cristo, etc., profecías sobre el Anticristo y el fin del mundo a partir de interpretar a los profetas bíblicos (en 1661 se halló en la Biblioteca Vaticana este tratado). Y sin embargo, de él nada.

San Jerónimo dice basarse en sus comentarios a las Escrituras, San Gelasio (21 de noviembre) dice era arzobispo primado de toda Arabia, pero el martirologio pseudojeronimiano le hace obispo de Porto, en la desembocadura del Tíber y cerca de Roma. Focio dice que fue discípulo de San Ireneo de Lyon (28 de junio y 23 de agosto) y de San Clemente de Alejandría (4 y 5 de diciembre), y a su vez, maestro de Orígenes. Eusebio igualmente le hace obispo y además, mártir. Ahogado, según calendarios orientales del siglo VIII, y Baronio lo confirma señalando que él conoció en el Porto, el pozo en el que lo lanzaron y una iglesia en ruidas dedicada a su memoria. Si bien el martirologio le hace padecer el martirio en 235, San Gregorio de Tours le sitúa alcanzando la gloria en 251, imperando Decio. Para poder casar todas estas noticias hay que ponerlo constantemente en Oriente y Occidente al mismo tiempo, como maestro de unos y discípulo de otros.

En el siglo XVI, en las famosas excavaciones romanas, se halló una estatua de mármol de un San Hipólito, obispo, sentado en cátedra y con una estela en la que aparecía el ciclo pascual atribuido al santo. Luego otros documentos arrojaron luz, sobre que allí había habido una iglesia dedicada a la memoria de San Hipólito, aunque algunos creen que fue al mártir romano del 13 de agosto. Para más inri, a 30 de enero aparece un San Hipólito presbítero y mártir, escritor prolífico e igualmente ahogado por causa de Cristo. En resumen, lo más probable es que haya habido un obispo mártir al cual se le ha dado la autoría de varias obras apócrifas y anónimas.


Fuente:

-“Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año”. Agosto. JEAN CROISSET. S.I. Barcelona, 1863.


A 22 de agosto además se celebra al Beato Bernardo de Offida, religioso capuchino.

viernes, 21 de agosto de 2015

La Cruz por único lábaro.

En el siglo XVII, el célebre escritor y hagiógrafo, Fr. Thierry Ruinart, OSB. rescató del olvido viejas Actas de Mártires, conocidos o no, a las que el llamó “sinceras”, y con ese título las publicó: “Sinceras Actas de los Mártires”. Aunque él las da por reales, hay que matizar este “sincera”, pues aunque algunas son actas tardías, elaboradas y poco fiables, son “sinceramente” los documentos originales o copias de estos, que cimentaron las leyendas, devoción y culto a muchos mártires. La edición española de 1776 lo confiesa en el prefacio del primer tomo: "De estas Actas nos ha quedado un gran número, que aunque no tengan toda la pureza e integridad de las primeras [originales] y aunque visiblemente se observen muchas faltas (...) no nos parece que se deben enteramente desechar. En el mismo orden es necesario colocar las Actas que, aunque verdaderas en su origen, las han corrompido manos ignorantes o temerarias, añadiendo falsos milagros o diálogos entre los jueces y los mártires. Con las luces de la crítica se separa lo verdadero de lo falso".

Como sea, son obras de interés, que fueron traducidas a varias lenguas y durante el XVIII hasta el XX se consideraban rigurosamente ciertas y de valor científico. Hoy su valor es hagiográfico e histórico, pues aunque las Actas no sean tan "sinceras", aportan datos, fechas, lugares, situaciones precisas, perfectamente constrastables. Además, algunas de estas Actas aportaron luz a cultos de los que poco se sabía, confirmando incluso lo que la devoción popular trasmitía de boca en boca. Y, en todo caso, este no es un blog de ciencia ni historia, sino un espacio para hablar de santos, reales o no. Es el caso de los santos que hoy traigo, de los que se sabían datos dispersos, tenían un culto, pero las fuentes principales se habían perdido. Ruinart halló las Actas, tardías y de poca fiabilidad (incluso puede notarse a partir de que punto son los añadidos), en el monasterio de Selvamaioris de Burdeos, Y se refieren a:



Acuarela moderna.

Santos Bonoso y Maximiano, soldados mártires. 21 de agosto.

Eran, según las actas, estos dos soldados aguerridos miembros de la legión Hercúlea, una de las más prestigiosas del Imperio Romano. Eran cristianos convencidos y vivían su fe abiertamente, como se podía vivir desde la paz de Constantino. Llegado al trono Juliano el Apóstata, conocido así por abandonar la fe de Cristo y retomar el paganismo como religión propia y del imperio, fue cuando ganaron el premio nuestros santos. Ordenó Juliano que todos los lábaros fueran cambiados y se quitara la cruz y el nombre de Cristo de ellos, para volver a los antiguos símbolos paganos, representativos de los otrora dioses del Imperio. Bonoso y Maximiano se negaron a hacerlo, y al mismo tiempo se negaron a adorar a dios alguno que no fuera el Único Dios y a su Hijo Jesucristo.

"Nosotros hemos recibido de nuestros padres una religion que profesamos y a la qual estamos obligados. Pero a vuestros dioses ni los conocemos, y mucho menos adorarlos". Fueron las palabras de Bonoso cuando lo conminaron a sacrificar. Y al amenzarles con los tormentos, respondió "No nos intimidaréis tan fácilmente". Le dieron trescientos azotes con plomadas, mientras el juez, también de nombre Juliano le decía "líbrate de estos tormentos: haz lo que te se pide". Y Bonoso solo sonreía burlándose de él, y le decía "Digo que no adoramos sino a un solo Dios que es el verdadero y que en quanto a los demás dioses, ni sabemos de dónde, ni quiénes son."

Juliano hizo traer a Maximiano, al que conminó a sacrificar a los dioses y a cambiar los estandartes del Emperador. Maximiano, como su compañero, dijo: "Haced que esos dioses os oigan, y os hablen, y entonces podremos darles incienso. Pero son sordos, mudos, insensibles e inanimados, ¿como habéis podido vosotros adorarlos? No sucede así con nuestro Dios: su poder es grande; y la esperanza que tenemos en él está fundada sobre ese mismo poder". Y recordándole que antes el mismo Emperador y el juez habían sido cristianos le dijo "Pero ya lo sabéis tan bien como nosotros, este Dios nos prohíbe dar cultos a unos ídolos mudos, y sordos". Y mandó Juliano los atormentasen a ambos en el potro. Y les decía: "Ya estáis sobre el potro: los verdugos no aguardan sino la última orden para atormentaros. Obedeced, y dejad de arrastrar con vuestro exemplo a vuestros compañeros al mismo delito. Haced voluntariamente lo que se os ha mandado: quitad de vuestro estandarte las figuras que hay en él, y poned las imágenes de los dioses inmortales". Pero en balde, pues los mártires le respondieron: "No podemos obedecer al Emperador con esas condiciones, y no hemos de ofender a la soberana majestad del Dios vivo invisible, e inmortal que adoramos".

Mandó Juliano fueran estirados en el potro, y golpeados al mismo tiempo, pero Dios hacía a los Santos permancer como insensibles a los golpes. Mandó meterlos en una caldera de pez hirviente, pero la llama de elevó por encima de los dos soldados y bajó convertida en un suave rocío que los refrescaba. Los judíos y los paganos que veían como los dos mártires no morían, los acusaban de magos y hechiceros. Llegó la noticia al prefecto Segundo Salustio, que era favorable a los cristianos y quiso ver el portento. Ante las acusaciones de los paganos, les dijo a estos: "Denme a los sacerdotes de nuestros dioses: yo los haré echar en esta caldera, y se verá si salen tan sanos y tan enteros como estos dos cristianos". Y así lo hicieron, pero como en buena leyenda, apenas tocaron la pez, se consumieron totalmente, solo quedando los huesos embadurnados. Juliano, estupefacto por la irrupción del prefecto, decidió encarcelar a los santos, los cuales aprovecharon esta estancia en la prisión para confortar y alentar a otros cristianos prisioneros por su fe. Al cabo de siete días les mandó llevar Juliano agua y un pan en el que hizo grabar un sello con una antigua divinidad. Bonoso y Maximiano se negaron a comer aquello, para no caer en la idolatría, siendo por su constancia, consolados por Cristo. "De nada te ha servido tu artificio: no hemos querido gustar vuestro pan siquiera: Aquel en quien creemos, nos ha dado otro y te advertimos que Jesucristo nuestro Dios te hará dar cuenta de los tormentos que hemos padecido".

Por segunda vez les llevaron a juicio, e igualmente se negaron los mártires a sacrificar, ni a aceptar el nuevo lábaro con símbolos paganos. Juliano mandó les echaran en una fosa de cal, diciendo "que invoquen a su Dios, veremos si viene a socorrerlos". Siendo arrojados al hoyo y vertida la cal, los santos invocaron a Dios: "Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, que te ha dignado librarnos del poder de nuestros enemigos: seas alabado y glorificado por todos los siglos. Amén", y quedaron cubiertos totalmente por la cal. Dejaron pasar un rato, pensando que les hallarían quemados, al sacarles no solo les hallaron vivos, sino sanos. Juliano los encerró entonces en un estrecho y oscuro calabozo durante doce días. Al cabo, lo abrieron, y hallaron que los dos soldados eran iluminados por dos antorchas que no se consumían. Les llevaron panes que antes habían sido ofrecidos a los ídolos, pero los rechazaron. Entonces entró en acción Hormisdas, hermano de Sapor, rey de Persia, que había servido a Constantino y a su hijo Constancio. Este les dijo a los mártires: "Orad por mí, que soy gran pecador , para que yo sea salvo como vosotros", palabras por las que aceptaba a Cristo.

Por tercera vez fueron interrogados y amenazados con las fieras del anfiteatro, a lo que respondió Bonoso: "Esas bestias con que nos amenazas, no las tememos nosotros: iremos a combatirlas y a vencerlas en nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, que es el Dios que adoramos, como único y verdadero". Muchos de los presentes, que durante el largo proceso se habían convertido a Cristo, clamaron: "Nosotros tampoco adoramos mas que a un Dios y estamos prontos a acompañar a la muerte a nuestros hermanos, que están aquí".Y Segundo dijo a Juliano: "Por lo que a mí toca, de ninguna manera apruebo este modo de proceder tan violento, y no pretendo emplear los suplicios para obligar a las gentes a obedecer", y dijo Bonoso "yo os suplico, hombre de Dios, por el Dios que adoráis, os acordéis de mí en vuestras oraciones". Había allí otros dos miembros de la Legión, llamados Joviano y Herculiano, a los cuales  mandó Juliano cambiar los estandartes. Pero estos respondieron: "Señor, somos cristianos, y recibimos el bautismo el mismo día que Constantino nuestro padre, y nuestro Emperador le recibió en Aquilona, cerca de Nicomedia. Quando este gran príncipe se acercaba a su fin, nos hizo jurar ser siempre fieles a los Emperadores sus hijos, y a la Iglesia nuestra Madre". Y con esto ya no necesitó más Juliano, sino que mandó decapitar a Bonoso, Maximiano y a todos aquellos que habían confesado a Cristo. Estaba allí el obispo San Melecio de Antioquía (12 de febrero), que les acompañó hasta el sitio del martirio, fechado  el las calendas de octubre (finales de septiembre) de 362. Y las Actas terminan con la enfermedad de Juliano, que murió con la boca llena de gusanos, pero invocando misericordia: "Dios de los cristianos, ten compasión de mí, acude a mi socorro: ven, y recibe mi alma". Y murió, convertido en el último momento.

Culto y reliquias:
El poco conocimiento que de estos santos se tenía, por haberse perdido las Actas, forjó la leyenda sobre que eran hermanos, teniendo 20 años Bonoso y 18 Maximiano. Habrían padecido el martirio en 308 imperando Diocleciano, o sea, ante de la paz de Constantino, lo cual no tendría sentido si el motivo principal del martirio fue la negativa a cambiar las insignias cristianas por paganas (tema controvertido también, por cierto). Su culto fue escaso hasta que en el siglo XVII, de pronto, la leyenda popular cuenta que se hicieron presentes por medio de sus reliquias en Arjona, Jaén. Una leyenda como tantas de los pueblos españoles. Lo cierto es que se hallaron unos huesos con signos de violencia, una moneda conmemorativa de la "aniquilación" del cristianismo. Estos huesos y cráneos se veneran como los de los dos santos mártires. Aquí podéis leer esta leyenda si os interesa: http://www.arjona.es/modulos.php?modulo=contenido&pid=10


Fuente:
-"Las Verdaderas actas de los Martires". Tomo III. Teodorico Ruinart. OSB. Madrid, 1776.
Aquí podéis leer una de estas Actas íntegras: San Casiano de Tánger.


A 21 de agosto además se celebra a Santos Luxorio, Cisello y Camerino, mártires.