domingo, 11 de junio de 2017

"Lo que está reservado para nosotros es el cielo".

Santos Félix y Fortunato, hermanos mártires. 10 y 11 de junio, 14 y 19 de mayo.


Imagen venerada en Foggia.
Los dos vivieron a finales del siglo III, y eran cristianos reconocidos por su predicación y caridad. En 295 el emperador Diocleciano emitió un edicto de persecución, y a la provincia de Aquileia fue enviado el prefecto Eufemio, para hacer cumplir la ley. Apenas llegó a la ciudad, se dirigió al templo de Júpiter, donde organizó sacrificios, a los que debían ir todos los habitantes de la ciudad, sin excepción. De entre los cristianos, algunos fueron por miedo, otros por aparentar, algunos huyeron y seguramente lo más, se negaron rotundamente a participar en el sacrificio. Entre estos estuvieron nuestros santos que, no siendo de la ciudad, se presentaron allí aposta, como cristianos valientes. Eufemio entonces mandó que los apresaran y los llevaran a su presencia. Cuando los soldados les prendieron, los dos hermanos clamaron: "Tú, oh Dios, eres nuestro refugio de una generación a otra: antes de que los montes fueran elevados, o la tierra y el mundo fueran hechos, Tú eres Dios desde los siglos de los siglos. Amén." Luego les pusieron cadenas en el cuello, manos y pies, y así los presentaron ante Eufemio, y comenzó el interrogatorio.

Eufemio: ¿Cuáles son sus nombres?
Félix: Mi nombre es Félix, mi hermano se llama Fortunato y ambos somos cristianos.
Eufemio: ¿Eres natural de esta ciudad, o de dónde vienes?
Félix: Hemos venido a esta ciudad desde un pueblo vecino, no muy lejos. Vimos que el pueblo adoraba ídolos vanos, y resolvimos irnos a los bosques, prefiriendo estar con las bestias salvajes que con los idólatras.
Eufemio: ¿No has oído el edicto del emperador, que los que adoran a Cristo deben morir muertes dolorosas?
Félix: Lo oímos, pero obedecemos a un rey en el cielo, que no tiene comunión con los ministros de Satanás".

Eufemio mandó les azotaran con varas, a lo que los santos respondieron orando pacientemente. Eufemio les recriminó: "Estáis locos, los emperadores se irritan mucho contra los que invocan el nombre de Cristo". "Cuanto más ardiente es su ira" – replicó Félix – "más brillante es nuestra gloria". Eufemio se rió con sorna y les dijo: "Miserables, si ordeno que os corten las cabezas, ¿qué gloria ganaréis por eso?" Fortunato entonces le respondió: "La gloria que esperamos es espiritual, celestial, no es como la de este mundo, porque este mundo pasa, y toda su gloria; pero lo que está reservado para nosotros es el cielo, que es eterno. Es lo que Dios ha preparado para los que creen en Él. ¿Y qué sois tú y tus príncipes, y toda tu pompa y gloria, sino humo que es arrastrado por el viento?"

Entonces Eufemio, muy enojado, ordenó que los hermanos fueran atados al potro y les quemaran los costados con antorchas. Félix y Fortunato entonces alabaron a Dios: "Señor, Rey de los santos ángeles, envía al Arcángel Miguel para que nos ayude y confunda a todos los que adoran imágenes esculpidas, y se deleitan en dioses vanos. Que queden quebrantados, y nosotros seamos liberados. Nuestra ayuda está en el Nombre del Señor, que hizo los cielos y la tierra". "Estas son palabras vanas" – dijo Eufemio – "venid y sacrificad al gran Júpiter, y encontrarás verdadera salvación". Félix respondió: "Nuestra salvación es muy diferente de lo que prometes; Cristo es nuestra salvación". Entonces Eufemio mandó derramaran aceite hirviendo sobre sus estómagos, pero los santos no cejaron en su alabanza. Y el prefecto, exasperado por su resistencia, mandó a los verdugos que les rompieran las mandíbulas con mazas. Y Fortunato, mirándole fijamente, le dijo: "¡Oh, ministro del diablo, busca un tormento más salvaje si quieres!, pero sabe que el Ángel del Señor está junto a nosotros y alivia a nuestros miembros sufrientes". En ese momento un funcionario dijo a Eufemio: "De nada sirve intentarlo más, ordena pues que sus cabezas sean cortadas y termina este espectáculo, antes que el pueblo se soliviante". Y Eufemio dio la orden, y con un golpe de la espada, los dos mártires recibieron su corona.

Su nombre aparece inscrito en todos los martirologios desde el siglo IV. En algunos aparecen en diversos días, pero siempre se refieren a los mismos. Sus Actas son antiguas, aunque no originales, sino que presentan algunos añadidos. Aun así, se consideran auténticas. Una tradición posterior los hace oriundos de Vincenza, donde se venera su supuesta sepultura y reliquias, menos una parte que fueron donadas a Chioggia, cerca de Venecia. Otras reliquias se veneran en Abdinghof, Paderborn.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 11 de junio además se celebra a
San Achaz, niño.
La Traslación de San Gregorio Nacianceno.

sábado, 10 de junio de 2017

Bardo, el bardo.

Beato Bardo de Maguncia, obispo. 10 de junio.

Su "vita" fue escrita a raíz de su muerte, y según esta, Bardo nació en Wetterau, en una familia noble, pues sus padres fueron Adalber y Cristina de Habprahteshoven. Cuando tenía 5 años un pariente le regaló un casco militar, un cordero y un salterio, para recordarle siempre las tres virtudes que debía tener para ser un buen hombre: valentía, inocencia y piedad. Y pronto usó del niño de ellos, pues con su salterio se dejó enseñar por una vieja ama de su casa, la cual le enseñó todos los salmos. no en balde su nombre es "bardo". Y ya mayor, en agradecimiento, Bardo cuidó de ella hasta su fallecimiento.

A los 10 años comenzó a estudiar en el célebre monasterio de Fulda, para prepararse para la carrera eclesiástica. Un día halló las Obras de San Gregorio (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal) y comenzó a leer sobre los deberes de los pastores para con sus súbditos; por lo cual los monjes se rieron de él. Pero él solo respondió "¿Quién sabe si algún rey me elegirá para gobernar un día?" Y ese día llegó. En 1027, cuando Bardo tenía 18 años, subió al trono imperial Conrado II de Franconia, cuya mujer, Gisela de Suabia, era pariente de Bardo. Inmediatamente le nombró abad de las abadías de Kaiserswerth y Hersfield, a pesar de su corta edad. Cosas de nobles y del "cesaro-papismo". Pero Dios proveyó y Bardo fue un buen abad, pues gobernó con prudencia y caridad, ajustándose a la Regla. Además, amplió la hospedería y el hospital para los pobres.

Un día en que estaba de visita en la corte, le halló el arzobispo Heriberto de Maguncia, que le dijo con sorna "¡Eh, abad!, me parece que tu báculo estaría en mi mano mejor que en la tuya". "Si lo piensas así" – replicó Bardo – "no será difícil para ti conseguirlo". Cuando llegó a su celda en el castillo, dio el báculo y una rica patena a un monje para que los llevase al arzobispo de regalo. El monje obedeció y cuando regresó, preguntó a su abad por qué había obrado así. Bardo respondió: "El cielo sabe que pronto serán míos de nuevo". Y efectivamente, en 1030 el arzobispado de Maguncia quedó vacante y le fue entregado a nuestro beato, que tenía 21 años.

Suponemos fue ordenado presbítero para la ocasión, pues ese mismo año cantó la misa de Navidad en Goslar. O era su primera misa, o de las primeras, pues la "vita" dice que estaba nervioso y el sermón fue un desastre, por falta de unción y profundidad. El emperador se irritó y pensaba que había dado tal obispado al monje más ignorante del imperio. Y más aún cuando la misa del día siguiente la cantó el obispo de Tréveris, el cual predicó con maestría. Y los reproches no se hicieron esperar. Le llamaron "monje burlón", "incapaz de predicar", y algunos consejeros llegaron a pedir al emperador que lo depusiera. Y llegó el día de San Juan Evangelista, cuya misa le correspondía cantar de nuevo a Bardo. Algunos monjes le pidieron no lo hiciera, pero nuestro beato se encomendó al santo apóstol y predicó regiamente, como nunca se había oído en el reino. Conrado II, de mucho mejor humor le invitó a su mesa diciéndole "me has devuelto el apetito, hoy es cuando es día de Navidad para mí".

Anécdotas como esta aparte, Bardo fue un modelo de prelado. Era penitente y orante. Jamás comió carne ni bebió vino, luego que en una ocasión se embriagase y un joven paje se burlara de él. Era caritativo, vivía pobremente y visitaba frecuentemente su diócesis. Evangelizó la región, fundó monasterios e iglesias y proveyó a los presbíteros pobres, además, fue azote de muchos poderosos que oprimían a los pobres. En 1036 completó la construcción y embellecimiento de la regia catedral de Maguncia, iniciada por San Willig (23 de febrero). En 1049 presidió el Sínodo de Maguncia, donde condenó la simonía y el amancebamiento de los presbíteros. El Domingo de Pentecostés de 1051 celebró misa para la familia imperial en Padeborn, y al terminar se sintió enfermo y murió el 10 de junio siguiente, cerca de Fulda. Fue sepultado en la iglesia en Dorneloh, y de allí sus reliquias se trasladaron a su catedral, donde se veneran.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 10 de junio además se celebra a
Santos Getulio y compañeros mártires.
San Landeric de París, obispo.

viernes, 9 de junio de 2017

Pelagia, del suelo al cielo.

Pregunta: Es verdad que los ortodoxos no veneran a Santa Apolonia porque se suicidó lanzándose a la hoguera? Hay otros ejemplos de santas o santos que se hayan dado la muerte a ellos mismos antes que ser martirizados?

Respuesta: Sobre Santa Apolonia (9 de febrero) puedes leer en este artículo, en el que dejo claro que es un error considerarla suicida. Y ya la explicación la da el mismo que escribe la carta: Apolonia se arrojó en la hoguera en la que, de todos modos, iba a ser lanzada. Sobre otros santos, durante tiempo creí que no había casos como el de la "santa de las muelas", pero resulta que sí. Tenemos varias, entre ellas a:

Santa Pelagia, virgen y mártir. 9 de junio.

Sobre ella tenemos un testimonio de primera mano y fuera de toda duda, y es un sermón de San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal). Pelagia alcanzó la gloria imperando Diocleciano, cuando, huyendo de los que la querían apresar, se lanzó por una ventana alta para no ser violada, y halló la muerte. Su persona al parecer era conocida cuando el Crisóstomo predica sobre ella. Y como él es un grande, me limitaré a transcribir dicho sermón, para conocer a la santa. Otras cosas podría añadir sobre leyendas posteriores que la asimilan con la leyenda de Santa Pelagia (8 de octubre), la pecadora y penitente, pero sería echar a perder las palabras del ilustre Boca de Oro:


"Alabado sea Dios, hermanos míos, que la muerte nada tiene ya de terrible, y ha llegado a ser el juguete y diversión del sexo más frágil, y más tímido. Unas mujeres, ¡qué digo yo! unas niñas la desprecian y la insultan. Las vírgenes apenas salen de la infancia, y ya se atreven a oponerse al infierno, sin recibir ningún daño. Esta gracia os debemos también, con otras muchas, ¡oh Jesús, Hijo de la Virgen! Vos sois divino Esposo de todas las que guardaron pureza, y quien disteis a vuestra esposa Pelagia ese valor, que la presentó generosamente a la muerte, anticipándose a la sentencia, y a la ejecución, y excusando al juez y a los verdugos un delito. No porque ella no estuviese preparada para todos los tormentos que hubieran querido hacerla padecer, ni porque no los hubiese padecido con alegría; sino porque sentía perder la corona de virgen por alcanzar la del martirio. Temía ella el poco respeto de aquellos hombres, que no tienen más castos los ojos que lo restante del cuerpo, y así quiso ella misma huir de sus miradas, y salvar su extrema pureza.

Hasta entonces los hombres aún no habían dado ejemplo de un temor tan delicado: presentábanse todos en los tribunales y allí afectaban dar señales de un valor extraordinario. Y así fueron las mujeres, a quienes la flaqueza, y la timidez natural del sexo exponen más a las injurias, y a las afrentas, las que inventaron este género de muerte, anticipándose a las sentencias. Este fue el motivo que obligó a Pelagia a escogerle: que si yendo a recibir la palma del martirio, hubiese estado segura de conservar el precioso lirio de la virginidad, no hubiera tenido la menor dificultad en comparecer ante los Jueces, pero incierta de lo que podía suceder, la pareció que sería imprudencia el exponerse a perder una corona. Este fue, pues, el partido que tomó. Así evitó llegar a ser un espectáculo peligroso, dando con su presencia materia a un fuego impuro, profanando su hermosura, y dando inocentemente un placer delincuente: en una palabra, exponía un cuerpo virgen a todos los ímpetus de un brutal instinto. Y así el extremo deseo que tenía de comparecer pura a los ojos dé Jesucristo, la resolvió a no dejar la habitación de las mujeres sino para pasar inmediatamente al cielo.

Sin duda hay una grandeza de alma en un mártir en arrostrar, sin inmutarse, a los verdugos que le rodean; y verlos, sin conmoverse, ojear, digámoslo así, sus entrañas con garfios, y uñas de hierro. Pero aún es mucho más de admirar la acción de Pelagia: el sentimiento se debilita por la duración o por la violencia, o también por la diversidad de tormentos. O si conserva alguna vivacidad, la muerte no parece entonces más terrible, sino más deseable: viene a ser un remedio necesario a los grandes males que se padecen, y en fin, libra al alma de la tiranía insoportable de los suplicios. Pero sucede aquí lo mismo. Pelagia todavía no había sufrido cosa alguna: su cuerpo está en todo su vigor: tiene toda la salud de una juventud floreciente y así necesita de una fuerza de espíritu extraordinaria para dejar la vida por una muerte violenta. Y si la paciencia de un mártir es digna de vuestra consideración, ¿qué sentimientos no debéis tener por la generosa resolución de esta doncella?
Detengámonos un poco, y consideremos de espacio todas las circunstancias, que hacen esta acción digna de la admiración de todos los siglos. ¿Quién no se quedará pasmado de ver semejante presencia de espíritu en una virgen joven, sin experiencia, que jamás ha salido de su casa, ni aun de su habitación, que no conoce al mal, sencilla, y sin artificio, resolverse en un momento, y tomando un partido tan contrario a la naturaleza? Hállase de repente a la puerta de su aposento una tropa de soldados: llaman a ella con furia: la citan a que comparezca ante el Juez, y se ven casi precisados a llevarla a pesar de su resistencia. No estaban entonces con ella ni padre, ni madre, ni ama, ni criada, ni amigo, ni vecino, ni algún otro que la aconsejase. Toma ella misma el consejo. ¿Y cómo se atreve ella a responder a los soldados? ¿Cómo tiene valor para mirar a estos hombres terribles? ¿Cómo puede articular una sola palabra? ¿Cómo puede respirar? Pero aun hace ella más: concibe este pasmoso proyecto: acaba de formarle, lo aprueba y lo ejecuta. Y esto en un solo momento.

Ved aquí de qué manera: Al ruido que los soldados hicieron a su puerta , bajó de su cuarto, y los abrió; pero sabido el motivo que los traía, les pide su permiso para volver a subir y mudarse de vestido. Le fue concedida esta gracia. ¿Pero qué uso hizo de ella? Mudó en efecto de vestido y en lugar de una vestidura expuesta a ser rota o manchada, toma una que no puede ser ni comida de gusanos, ni gastada con el tiempo. Ved aquí aún para mí otro nuevo motivo de pasmo, y confieso que no puedo dejar de admirar bastantemente, así la facilidad que los soldados tuvieron en concederle lo que les pidió, y la poca desconfianza que mostraron, debiéndoseles hacer sospechoso todo a tales gentes; y en fin, la poca precaución que tuvieron para impedir que se saliese con su intento. Ni se me diga que el caso era tan extraordinario, que no había que admirar que los soldados no lo hubiesen ni previsto, ni impedido. Porque no es la primera que se haya dado la muerte: ya se han visto algunas que se han arrojado en la corriente de un río [tal vez se refiere el santo a Santa Domnina e hijas], otras se han atravesado el pecho, otras se han puesto un dogal al cuello. Pero esto fue que en efecto cegó Dios de tal suerte a los soldados, que ni se les ocurrió la trampa que Pelagia les armaba. Escapóse, pues, de sus manos, como una inocente tortolilla se escapa de las redes de un pajarero; y como una cierva, que se ha salido de los lazos que los cazadores le tenían puestos, no se detiene hasta que se haya salvado en algún bosque o sobre algún peñasco escarpado, inaccesible a los tiros de los monteros, e ignorada de su ojeo; del mismo modo, habiendo caído Pelagia en manos de los soldados, y hallándose encerrada en su propio aposento, como entre redes , se desprende felizmente, toma su carrera: se retira y gana, no un peñasco elevado, sino lo más alto del cielo, desde donde mira con placer, y en una entera seguridad, los lazos que acaba de evitar; y se ríe de los cazadores, que se retiran llenos de confusión y vergüenza.

Imaginémonos al Gobernador sentado gravemente en su tribunal, rodeado de sus ministros, prontos todos los instrumentos para atormentar a la niña Pelagia, y un tropel de pueblo, que la curiosidad junta alrededor de él. Hagámonos cargo por otra parte, cuando ve volver a sus soldados, a quienes aguardaba con tanta impaciencia, y creyendo desde luego que traen a la virgen, que se apodera de estos idólatras una tonta alegría, y devoran ya con anticipación la presa que se figuran no estar muy lejos. ¡Qué susto, qué tristeza, qué desesperación, cuando ve llegar a estos emisarios del tirano con las manos vacías, bajando los ojos de vergüenza, y sin acertar a referir su extraña ventura! Cuando el casto Josef se vio instado de su ama s satisfacer una vergonzosa pasión que le tenía, dejó entre las manos de esta Egipcia la capa, de donde le había agarrado, y se ausentó: pero Pelagia, no habiendo querido ni aun siquiera sufrir que las manos impuras de los soldados la tocasen, quiso por sí misma despojarse de su cuerpo, habiendo tomado su vuelo hacia el cielo. Verdad es que les dejó este cuerpo, pero en un estado, que les daba más confusión que alegría, como que les sería inútil, no pudiendo ser ya ni de su crueldad, ni de su brutalidad el objeto. iDe este modo dispone Dios todas las cosas para el fin que se ha propuesto, muchas veces contra las leyes ordinarias de la naturaleza, o de la prudencia humana! Muchas veces gusta cumplir los designios de sus siervos cuando se creen desesperanzados; y tiene el placer de desbaratar los proyectos de sus enemigos en el momento en que todas las cosas parecen prometerles un favorable suceso.
¡En qué pena, en qué embarazo no se halló nuestra joven mártir! ¡Qué facilidad, al contrario, no tienen los soldados para ejecutar su comisión! Hiciéronse dueños de su casa: tiénenla presa en su poder: está sola y es una niña, y con todo eso la pierden. Por otra parte Pelagia, sin socorro, sin defensa, sin fuerza, acometida de una tropa de bestias feroces prontos a echarse sobre ella, se escapa de sus dientes homicidas, se salva, y hace vanos y sin efecto alguno los esfuerzos que hacen contra ella soldados, jueces y gobernadores de Provincia. Reconozcamos aquí el brazo de Dios, y adoremos su poder, y su bondad. Él es quien saca a Pelagia de un paso tan peligroso: lo que no se puede negar por poco que se examine, el modo de que muere porque en fin, ya se han visto muchas personas caer de muy alto, o no herirse sino ligeramente, o haber quedado un brazo roto, o un pie quebrado, y vivir todavía muchos años después. Pero Dios no permite que Pelagia conserve una vida que quiere ella perder: manda a su alma deje al punto su cuerpo, y contento con esta primera salida que acaba de hacer contra su enemigo, la retira del combate, y la corona, como si hubiese acabado de vencer. Porque no penséis que esta muerte sucede según el curso ordinario de la naturaleza: es un orden particular de Dios, que determina a su movimiento.

Por lo demás, se dejaba ver este cuerpo, no sobre una cama de respeto, sino sobre la desnuda tierra. Pero, ¿pero se ha de creer por eso, que hallándose en este estado, fue privado de los honores sepulcrales? No por cierto, la tierra misma que lo sostenía, tenía parte en ellos. Más digo: los mayores honores que se le hubieran podido hacer, no igualarían jamás al que recibía de estar tendido sobre el polvo por el nombre de Jesucristo. Lo que el mundo llama oprobio, lo que comúnmente pasa por una injuria entre los hombres, viene a ser el colmo de la gloria cuando se sufre por Jesucristo. Verdad es que el lugar en que estaba este sagrado cuerpo, no tenía cosa considerable en la apariencia; pero los ángeles lo guardaban, y el mismo Jesucristo estaba en él. Y si algunos amos agradecidos no se avergüenzan de asistir al entierro de algunos esclavos suyos, Jesucristo, el más agradecido de todos los Señores, y el más tierno de todos los Esposos, ¿rehusará honrar con su presencia las exequias de una Esposa, que acaba de dar la vida por él? Esta virgen no tiene más sepulcro que un poco de arena, que ni siquiera la cubre, pero su epitafio contiene la historia gloriosa de su muerte. Está vestida de una ropa más preciosa que la púrpura de los Reyes, en donde entre los lirios de la virginidad, brillan las rosas del martirio. Con estos ricos y majestuosos adornos se presentará ante el trono de Jesucristo.
Procuremos, hermanos míos, hacernos un vestido semejante durante nuestra vida, para ser adornados de él en nuestra muerte. El oro, y la seda, que cubren los cuerpos en este mundo, no adornarán el alma en el otro. Y aun me atrevo a asegurar, que todos esos soberbios adornos, que se ven en nuestros sepulcros, nos atraen menos la consideración de los hombres que sus sátiras. ‘Este Grande’ – dirán ellos – ‘lleva consigo su fausto, hasta más allá de la sepultura, y aun en los brazos de la muerte sacrifica al lujo, y a la vanidad’. ¿Queréis ser alabados cuando ya no existiereis? Haced de suerte que la virtud y la piedad os levanten un sepulcro. Decidme, ¿os detenéis en los de los Reyes por brillantes que sean en oro y piedras preciosas? No por cierto; pasáis adelante hasta llegar a postraros delante del sepulcro una simple doncella, en el que por todo adorno no halláis más que la virginidad, el martirio, y la fe".


Fuente:
-"Las Verdaderas actas de los Martires". Tomo III. Teodorico Ruinart. OSB. Madrid, 1776.


A 9 de junio además se celebra a
Santos Primo y Feliciano de Roma, mártires.
Beata Diana de Andallo, virgen dominica.

jueves, 8 de junio de 2017

Fe, agua y ermita.

Pregunta: existe alguna santa llamada Helga? Me gusta mi nombre. México.

Respuesta: Sí que existe, y me parece bien te guste tu nombre, pues feo no es. Tienes a:

Reliquias de Santa Helga.
Santa Helga de Bregenz, ermitaña. 8 de junio.

Nació en Bregenz, en una noble familia austríaca. Sobre 1070 se retiró a la soledad junto a sus hermanos, el Beato Merbot (3 de septiembre) y el Beato Diedo (15 de marzo). Al llegar a un río, Helga se despidió de sus hermanos, para adentrarse en la espesura de Schwarzenberg, pero antes, tomó agua del río y la puso en su delantal. Diedo se fue a Andelsbuch y Merbot a Alberschwende. En Schwarzenberg Helga derramó el contenido de su delantal, y al punto brotó una fuente milagrosa que hasta el día de hoy es venerada. En agradecimiento, los lugareños le ayudaron a construir una ermita. Helga vivió hasta 1115, luego de unos años dedicados a la oración y la penitencia; al momento de su muerte, todas las campanas de la región repicaron solas. Fue sepultada en su propia ermita, luego iglesia parroquial. Sus reliquias se venera aún. Se le invoca contra los males de la vista, y desde hace algún tiempo, la invocan los estudiantes para obtener buenos resultados en los exámenes.


Fuente:
https://www.heiligenlexikon.de


A 8 de junio además se celebra a
San Medardo de Noyon, obispo.
San Miguel de los Santos, religioso trinitario.
San Maximino de Aix, obispo.

miércoles, 7 de junio de 2017

Contra la sordera ¡un campanazo!

San Mériadec de Vannes, obispo. 7 de junio.

Fue este uno de los santos más venerados de la Bretaña rural durante siglos. Numerosos milagros, bendiciones y devociones estaban ligados a su persona. Después de la Revolución Francesa, el racionalismo del siglo XIX y la creciente descristianización de los siglos XX y XXI, su culto ha ido en picado, aunque aún se conserva fuerte en diversos puntos. Sus orígenes son oscuros y legendarios. La mayoría de hagiógrafos y estudiosos le hace oriundo de Gales, aunque leyendas bretonas le hacen descendiente de Conan Mériadec, el primer rey de la Armórica. Los que defienden su nacimiento en Gales, le relacionan con los testimonios de Cornualles, que le hacen compañero de San Guigner (14 de diciembre), aunque este santo habría muerto en 455 y nuestro Meriádec en 666, más de 100 años después. 

Fue educado, según la leyenda, en la casa real (de Gales o Armórica), y luego abandonó todo para ser eremita en una celda cerca de Pontivy, donde por su predicación y estupendos milagros, logró tener discípulos y convertir a muchos a Cristo. Entre ellos a una feroz banda de asaltantes, que dejaron a la gente en paz, y no solo ello, sino que en adelante les ganó para asistir a los pobres. Mériadec vivía pobremente, en constante ayuno, oración y penitencia, y lo poco que recibía como limosna, lo daba a los pobres, no queriendo tener más que aquello que sus manos produjeran.

Por esta vida virtuosa fue ordenado presbítero por San Guenganton (10 de mayo y 27 de septiembre), obispo de Vannes. A la muerte de este santo obispo, en 659, Mériadec fue elegido para sucederle, pero se negó, por lo que cuatro canónigos fueron a su ermita y le llevaron a la fuerza a la catedral, donde fue consagrado obispo. Esto dice la leyenda, pero al parecer Mériadec fue un obispo de los itinerantes, nada extraño en la iglesia celta y bretona. Eran monjes evangelizadores que, para que su labor fuera más fructífera y organizada, eran ordenados obispos, con lo cual podían establecer normas, disciplina, ordenar presbíteros y organizar las iglesias locales con más autoridad. Una vez que la iglesia local andaba, el obispo itinerante continuaba su labor evangelizadora donde se le llamara o le enviara el papa o algún arzobispo. Mériadec aparece como itinerante, por ello tantos lugares reclaman su presencia mediante milagros y capillas dedicadas a su memoria. Pero ciertamente, la diócesis de Vannes fue la que más gozó de su presencia. Voló al cielo en 666, luego de decir las palabras de Cristo "Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu". Fue sepultado en la catedral y pronto su tumba fue fuente de milagros a los devotos.

San Mériadec sana a una sorda.
En Pontivy, en su antigua ermita, es donde su culto es más fuerte aún. Se le invoca contra los dolores de oídos y la pérdida de la audición. Aún se usa un reloj que fue del santo para bendecir a los peregrinos. Igualmente se hace pasar a los devotos bajo una campana, la del santo, que se hace sonar, invocando la intercesión de Mériadec, contra la sordera. Una fuente de aguas milagrosas mana junto a la ermita e igualmente forma parte de su culto, pues de sus aguas se beben para hallar la salud.


Fuentes:
-"Les Petits Bollandistes". Tomo VI. MGR PAUL GUÉRIN.
-"Les vies des saints de Bretagne". DOM GUI LOBINEAU. Rennes, 1725.
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.


A 7 de junio además se celebra a
Beata Ana de San Bartolomé, virgen carmelita.
San Deochar de Herrieden, abad.

martes, 6 de junio de 2017

San Agobard de Lyon.

San Agobard de Lyon, obispo. 6 de junio.


Nació alrededor de 769 y fue originario de alguna región franca. Aunque el inefable Tamayo Salazar fantasea con que nació en España, de donde huyó a Francia durante las incursiones de los sarracenos. Fue secretario y obispo auxiliar, con derecho a sucesión, del arzobispo de Lyon. Cuando este falleció, reinando Luis I "el Pío". Una de las primeras cuestiones que enfrentó Agobard fue la del obispo Félix de Urgell, que había sido desterrado por San Carlomagno (28 de enero y 29 de diciembre, traslación de las reliquias) por su cercanía a la herejía nestoriana. Félix se refugió en Lyon, donde le condenaron los Sínodos de Narbona, en 781, y Ratisbona, en 792. Igualmente, en Frankfurt y Aquisgrán, 794 y 799, respectivamente, se le condenó, pero Félix continuó en sus declaraciones a pesar de la sabia reconvención de nuestro santo, que le veía frecuentemente. En 818 moriría Félix sin renunciar a sus errores teológicos.

Fue Agobard implacable con la cuestión judía. Escribió su "Insolens Judaeorum", repleto de denuncias, no todas exactas, sobre la cuestión de los judíos, su preponderancia en los reinos francos y el peligro de su acercamiento al poder, la economía y la religión. Normalmente les presenta como una amenaza a la unidad política y religiosa del imperio franco que ya comenzaba a perfilarse. Denuncia como trabajan en domingo, venden carne en cuaresma, prestan con usura, vendían esclavos cristianos a los moros en España, incluso niños. Además sobre este asunto escribió numerosas cartas a prelados, príncipes y abades, entre estos a su amigo San Adelhard de Corbie (2 de enero). Y estas denuncias le valieron persecución por parte de los judíos, que protestaron ante el rey Luis. Este, para evitarse problemas con los influyentes judíos, decretó que Agobard debía dejar de denunciar a los judíos. Este, pensando que era imposible que el rey defendiera a los judíos, pensó que la carta era falsa y no la acató. Los judíos se rebelaron contra el obispo quemando algunas iglesias y matando a algunos cristianos. Y Luis solo atinó a sugerir a Abogard que dimitiera de su sede, para que la paz llegara a Lyon; incluso llegó a escribir a algunos prelados para que le convencieran, entre ellos a San Wala (31 de agosto), hermano de Adelhard. Y Luis, aunque no logró la deposición, tampoco removió sus privilegios a los judíos.

Agobard también tuvo que hacer frente los magos paganos que aún quedaban en su sede, que asustaban al pueblo con toda clase de presagios y profecías. Anunciaban que habría castigos, plagas terremotos si no se sacrificaba a los dioses protectores. Cualquier enfermedad, mal o guerra era para ellos un signo de maldición. Agobard, por su parte, predicaba la paz de Cristo, su misericordia y que los males venían por la mano del hombre pecador. Se oponía a las guerras, buscando la justicia y el imperio de la ley frente a la injusticia de los hombres, aunque fueran poderosos. Por ello sobre 830 fue desterrado luego que el imperio se dividiera entre los tres hijos de Luis, trayendo las conocidas peleas, traiciones y bajezas entre ellos. Agobard y su coadjutor San Barnard (23 de enero) tuvieron que huir a Vienne por culpa de Thierry III. El pueblo de Lyon se sublevó y el santo pudo volver a su sede. En adelante trabajó por el Evangelio en paz, hasta el 6 de junio de 840, cuando voló al cielo.


A 6 de junio además se celebra a
San Felipe el Diácono.
San Iarfhlaith de Tuam, eremita y obispo.

domingo, 4 de junio de 2017

San Quirino, el de la piedra.

San Quirino de Siscia, obispo y mártir. 4 de junio.

San Quirino. Halsteren.
Sobre este santo, cuyas reliquias fueron veneradísimas en otro tiempo, hay algunas incertidumbres. Primero, las Actas, que aunque parecen antiguas, al mismo tiempo son tardías, con respecto a la fecha del martirio. Segundo, el periplo de su culto presenta muchas sombras. Pero esto no implica que sea inexistente ni todo lo que sepamos acerca de él sea falso.

Imperando Maximino y Galerio, ambos enviaron sendos edictos a sus gobernadores en las provincias romanas, para que los cristianos fueran sometidos a la ley, según la cual debían adorar a los dioses del imperio, y de no hacerlo por propia voluntad, esta fuera doblegada bajo tormentos. Gobernaba la sede Siscia, en Panonia, el obispo Quirino, el cual fue llamado al tribunal por el Teniente de Gobernador, llamado Máximo. Quirino huyó, pero fue apresado en el camino. Cuando fue preguntado por esto respondió: "Yo no huía, sino que obedecía a las órdenes de mi Maestro, que nos tiene dicho: 'Si os persiguieren en una Ciudad, retiraos a otra'". Preguntado sobre quien era ese maestro, Quirino dijo: "Es Jesucristo, que también es el verdadero Dios". Y al ser amenazado por huir de la justicia y no poder escapar, replicó: "El Dios que nosotros adoramos, está siempre con nosotros y en cualquier lugar que nos hallemos, nos puede socorrer: conmigo estaba cuando me prendieron, y en este mismo instante en que os estoy hablando me fortifica, me confirma y Él es quien por mi boca os responde".
Así, el interrogatorio continuó:

Máximo: -Parece que no buscas esos largos discursos sino para dispensarte de obedecer: ten, lee con respeto esos divinos caracteres [los edictos imperiales], y no dilates más el someterte a las órdenes que contienen.

Quirino: -No los tocaré de ningún modo, porque están llenos de impiedad, y porque contra el mandato expreso de Dios, obligan a sus siervos a sacrificar a vuestros dioses, que no son sino divinidades imaginarias. No sucede así con mi Dios: él está en el cielo, en la tierra, y en el mar. Está en todo lugar, y sobre todas las cosas, porque las contiene, y encierra todas.

M: -Buen hombre, ¿qué fábulas nos estás vendiendo? Vamos, toma el incensario en la mano, ven, y sabe hoy día que hay dioses que tú no conocías aun. No te pesará el haber obedecido, y esta sumisión te dará muchos grados de inteligencia. Procura, pues, persuadirte a ti mismo la necesidad de ser obediente, y si todavía no estás convencido de la existencia de nuestros dioses, finge estarlo a lo menos. Si no, bien puedes esperar toda suerte de tormentos, y al final una muerte horrible

Q: -Esos tormentos con que me amenazas no harán más que aumentar mi gloria, y esa muerte horrible con que crees espantarme será un paso a una vida eterna si no me hago indigno de ella: para evitar esta desgracia resuelvo no obedecer a vuestros Emperadores y someterme solo a mi Dios. Yo no creo que vuestros dioses sean dioses, y no quemaré incienso sobre el altar de los demonios. Yo no conozco otro que el altar de mi Dios; y sobre este altar es sobre el que he ofrecido más de una vez sacrificios de agradable olor

Y así, por el estilo, se recrean las Actas en los interrogatorios, en los que se desgrana la fe católica sobre Dios, Cristo y su redención, las virtudes cristianas. También mencionan promesas de riquezas o de ser sacerdote de Júpiter, pero como el santo rechazara todo esto, le amenazan con apalearlo y enviarle ante Amancio, el Gobernador de Panonia. Finalmente, Máximo, cansado, mandó le cargaran de cadenas y le metieran en una cárcel. "La cárcel no me da ningún miedo" – replicó entonces Quirino – "esta será para mi una habitación agradable, puesto que estaré allí con Dios, que está siempre con los que le aman y le adoran". Y encadenado fue metido en una prisión. A media noche, mientras Quirino oraba, un gran resplandor iluminó la celda, y convertido el alguacil, llamado Marcelo, pidió al obispo perdón por sus pecados y reconociendo a Jesucristo como verdadero Dios, fue bautizado por Quirino.

A los tres días fue enviado Quirino a Panonia, a ser juzgado por el Gobernador Amancio. No estaba Amancio, por lo cual hubo de esperarse que regresara de Escarabancia (la actual Oedembourg). Pero Amancio no quiso juzgarle, así que le llevó consigo a Sabaria (la actual Szombathely). Al salir de la ciudad se le acercaron al santo unas mujeres que le ofrecieron pan y vino para alimentarse y reconfortarse. Cuando el santo alargó las manos para tomarlos, las cadenas cayeron por milagro, pudo bendecirlos y comer, y luego, pacientemente, esperó a que los soldados le encadenaran de nuevo, sin huir. Al llegar a Sabaria, Amancio le hizo conducir al teatro, y comenzó el interrogatorio: 

Martirio de San Quirino.
Amancio: -Di si todo cuanto ha pasado en el interrogatorio que has prestado ante Máximo es verdad. Me pareces un poco terco en tus opiniones.

Quirino: -He confesado al verdadero Dios en Siscia: jamás he adorado a otro que a Él: Él es el único y verdadero Dios

A: -Mucho trabajo me cuesta el mandar que te atormenten en la edad en que te veo. (…) Obedece a los edictos y sirve a los dioses

Q: -No os detenga mi edad, pues la fe que conservo inviolable a mi Dios, me puede hacer superior a los tormentos más horribles. Y así no esperéis que me retracte, porque ni las dulzuras de una vida feliz, ni los horrores de una muerte cruel, podrán jamás hacer que mude un solo artículo a mi creencia. Mi alma está inalterable a todas vuestras invectivas

A: -¿Qué es lo que os hace correr hacia la muerte, para que no quieras mostrar alguna deferencia a las órdenes de vuestro Príncipe, y algún respeto a la religion? (…) Prolonga tus días por un poco de sumisión, y no muestres tan gran repugnancia en obedecer nuestras leyes

Q: -Un hombre que amase la vida, o cuyo espíritu estuviese debilitado por la edad, podría rendirse a tus discursos. Pero yo, que he aprendido de mi Dios que una vida que no está sujeta a la muerte, se debe seguir inmediatamente a esta, no cuido de retractarme: yo arribaré fiel a su término

A: -Puesto que opones siempre una terca resistencia a todo cuanto nos ha parecido conveniente decirte para someterte a las órdenes de los Emperadores, es necesario que sirvas de ejemplo a todos los cristianos.

Entonces, Amancio mandó que le atasen una rueda de molino al cuello y fuera sumergido en el río Raab. Lo ejecutaron los soldados, pero por milagro, la piedra no se hundió enseguida, sino que Quirino permaneció con medio cuerpo fuera del agua, predicando a Jesucristo y convirtiendo a muchos durante mucho tiempo. Finalmente, luego de pedir a Cristo que le llevase a su reino, se sumergió del todo y murió ahogado, en 303. El cuerpo habría sido hallado río abajo, donde fue sacado del agua y sepultado en secreto. Luego de la paz de San Constantino (21 de mayo), se elevó un memorial en el mismo lugar. Las reliquias fueron veneradas durante siglos junto a la puerta de Escarabancia, de la ciudad de Sabaria. Sin embargo, en el siglo VIII, reinando el papa San Zacarías (3, 15 y 22 de marzo), se cuenta de una donación de las reliquias del santo y una traslación desde Roma, adonde habrían sido llevadas previamente, hasta el monasterio de Fulda, donde efectivamente, se le venera. ¿Son las mismas reliquias y el mismo santo, u otro santo de igual nombre? En el cielo lo sabremos.
Se le invoca contra los dolores en las piernas y la gota, probablemente por una confusión con San Quirino de Neuss (30 de marzo). 


Fuente: 
-"Las verdaderas actas de los mártires". Tomo III. RUINART. Madrid, 1776.


A 4 de junio además se celebra a 
Santa Nennoc de Ploërmel, abadesa. 
San Metrófanes de Constantinopla, obispo.

sábado, 3 de junio de 2017

Santa Oliva de Agnani.

Santa Oliva de Agnani, ermitaña. 3 de junio.

Sobre esta santa poco se sabe, salvo lo que su leyenda cuenta, acerca que fue eremita cerca de Agnani, en el siglo VII. Era de noble familia y huyó de sus bodas para refugiarse en un monasterio. Allí vivió entregada a Jesucristo y, finalmente, murió siendo ermitaña. Agnani venera sus reliquias con gran devoción. En el siglo XII se le "canoniza" formalmente al consagrar un altar y elevar sus reliquias. En 1564 las reliquias se trasladaron a la catedral, al ser demolida la iglesia de la santa. En el siglo XVIII una porción de las reliquias fueron trasladadas a Wladislavia, Polonia.


A 3 de junio además se celebra a
San Kevin de Glendalough, ermitaño y abad.
San Liebhard de Meung-sur-Loire, ermitaño y abad.

viernes, 2 de junio de 2017

San Eugenio I.

San Eugenio I, papa. 2 de junio.

Eugenio nació en Roma, y se cree fue hijo de un presbítero de confianza de los papas. En 653, luego que el papa San Martín I (13 de abril) condenara la herejía monotelita (propagaba que la voluntad humana de Cristo era en todo absorbida por la voluntad divina, quedando anulada la primera) en el Concilio de Letrán de 649, fue desterrado y apresado por el emperador Constancio II, creyente del monotelismo. Quedó la sede romana vacante un tiempo hasta que el mismo emperador logró fuera elegido su candidato, nuestro Eugenio. Aunque el legítimo papa vivía, San Martín dio su asentimiento a la elección para evitar cisma. Pensaba el emperador que Eugenio le seguiría la corriente, pero el santo sucesor de Pedro fue igualmente combativo con la herejía. El clero romano, por si acaso, le hizo responder con la verdad católica al emperador.

Eugenio recibió a San Wilfrith de York (24 de abril y 12 de octubre, traslación de las reliquias) cuando hizo su primera visita a Roma y luego formarse para ser el gran apóstol que fue. Fue también un papa preocupado por los pobres y enfermos de Roma. Murió en 657, muy pronto para que el emperador tomara represalias contra él y su defensa de la fe católica. 


Otros santos papas son:

San Esteban I. 2 y 30 de agosto.
San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Agapito I. 22 de abril y 20 de septiembre, la traslación.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Calixto I. 14 de octubre.
San Hormisdas. 6 de agosto.
Beato Gregorio X. 10 de enero.
San Julio I. 12 de julio.
San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.
San Marcos. 7 de octubre.

San Gelasio I. 21 de noviembre. 

San Agatón. 10 de enero. 
San Lucio I. 4 de marzo.
San León IX. 19 de abril.
San Aniceto. 17 de abril.
San Alejandro I. 3 de mayo.
San Gregorio VII. 25 de mayo.
San Celestino I. 6 de abril
Beato Benedicto XII. 25 de abril.

jueves, 1 de junio de 2017

San Simeón, carmelita.

San Simeón de Treveris, ermitaño carmelita. 1 de junio.

Su leyenda, algo confusa, le hace nacer a finales del siglo X y oriundo de Siracusa. Fue educado en Constantinopla y luego vivió como ermitaño en la Tierra Santa, primero junto al Jordán, y luego con los "carmelitas" de Belén, donde tomó el hábito. A continuación, en una comunidad monástica de Belén. También formó parte del monasterio eliano junto al Mar Rojo, y finalmente fue religioso del monasterio de los carmelitas del Monte Sinaí, donde fue ordenado diácono. En todos estos conventos dejaba un sabor a oración, penitencia, obediencia y humildad. Era muy piadoso y devotísimo de la Virgen María. En el Sinaí conoció al Duque de Normandía, que le eligió como consejero mientras estaba duraba la Primera Cruzada. Cuando el Duque regresó a Normandía, Simeón recibió un aviso del cielo que debía acompañarle. Así que entró en Europa.

Las leyendas son muy confusas, y le hacen ser compañero de peregrinaje por Tierra Santa del legendario arzobispo San Poppo de Bamberg (16 de junio). Según la leyenda, el santo obispo pidió a una monja del monasterio fundado por Santa Severa (20 de julio) que le hiciera unos zapatos. La monja, que amaba al santo, los hizo y los hechizó para que Poppo no pudiera negarse a cohabitar con ella. Ambos pecaron, y el santo para olvidarla regaló los zapatos a su vicario, que los aceptó sin saber eran embrujados. También pecó el vicario con la monja, y así, según la leyenda, todos los frailes y presbíteros de la región, se probaron los zapatos, y pecaron. En fin, que se supo lo ocurrido, los zapatos fueron exorcizados, la monja echada del monasterio y los presbíteros fueron castigados. Por este pecado, San Poppo peregrinó descalzo a Tierra Santa, y a este viaje llevó consigo a nuestro Simeón.

Celda del santo.
Porta Nigra.
Una vez que regresaron a Europa, Simeón se encerró en una celda en la torre de la Porta Nigra, en Tréveris. El abad del monasterio de San Maximino (29 de mayo) quedó a cargo de ser su superior. Allí vivió el santo una vida de oración y penitencia hasta 1035, cuando voló al cielo. En 1042 fue canonizado por el papa Benedicto IX, siendo el segundo varón en serlo, el primero fue San Ulric de Ausburg (4 de julio). Una capilla dedicada a su memoria fue construida en el sitio donde estuvo su celda, y allí estuvieron sus reliquias hasta 1400, cuando fueron trasladadas a la iglesia de San Gervasio. En 1802 esta iglesia fue demolida por orden de Napoleón, y a finales del XIX fue construida una iglesia dedicada a San Simeón, y allí se veneran sus reliquias.


Fuente:
https://www.heiligenlexikon.de


A 1 de junio además se celebra a
San Ronan de Bretaña, obispo.
San Elías y compañeros mártires.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...